miércoles, 30 de enero de 2013

ESTADO COLECTIVO DE DISONANCIA COGNITIVA

Abrumado por el insano clima político-mediático, el viejo Dacio Gil se había hecho la promesa de alejarse lo más posible de tanta bullanga informativa y ejercer la condición a la que verdaderamente aspira: la de apátrida, como un día lo fueran la gran Hannah Arendt, Sandor Màrai y tantos más. Apátrida en la época de la fiera globalización económica. Recelando de los ladridos de los canes de una prensa que representa exclusivamente los intereses de los instalados y regresado aún más descreído de Ecuador, ha comprobado in situ que la situación era tal como se veía desde la avenida de los volcanes de Von Humboldt: ridícula, liliputiense. Ahora corrobora el viejo Dacio Gil que se está urdiendo una magna y gigantesca tabula rasa para que los españoles no terminen descubriendo que todo, -¡todo!- estaba podrido, desde las instituciones más altas a las más bajas. Tal como todo va a apareciendo, el trile parece estar en el ADN de los españoles; o al menos eso es lo que nos ladran los medios cada día sin que seamos capaces de reaccionar cabalmente. En ese contexto el veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia se había autoimpuesto de ahora en más silencio y meditación. Con aplicación se ha intentado sumergir en la Satyagraha (verdad, amor y no violencia), tal como le recomienda una inquieta demócrata real ya seguidora de Ramin Jahanbegloo, antes de asumir la doble dimisión personal: la interior y la exterior.


El silencio autoimpuesto se ha visto quebrado por la necesidad de expresar la íntima convicción de que existe verdadera urgencia en facilitar a los ciudadanos sesiones de diván con psiquiatras y psicoterapeutas en orden a que reaccionen antes de que degeneren de verdad en sus dolencias. Mal que bien hemos resistido hasta aquí el acoso institucional y mediático pero las fuerzas ya están bajo mínimos, como los ahorrillos... Esos profesionales de la salud mental deben enseñarnos a comprender e intentar trascender la inmensa violencia económica y simbólica que nos viene infligiendo el Monstruo Amable. El dilema es cómo podrán los ciudadanos acceder a estos profesionales ahora que las SS reducen todas y cada una de las prestaciones y la formación continuada ha quedado reducida al sumidero virtual on line. El “clima infame” y el “síndrome de preferencia única” ya fueron expuestos, sin demasiado éxito popular, por Piero Rocchini (La neurosis del Poder; Alianza 1993), el psicólogo de la Asamblea italiana, allá por 1992 cuando quedó al descubierto toda la porquería de la tangentopoli, tan similar a lo que ahora se destapa cada día en España.

Lo cierto es que se detecta en toda la ciudadanía una enorme perturbación cognitiva, emocional y relacional. Dado el contexto y los términos del discurso mediático, pareciera que cada cual llevásemos dentro un prevaricador o un agiotista, llegando a suponer que eso se nos notase en el semblante a todos y cada uno de los ciudadanos, como si el robar o ser anacoretas fiscales nos hiciera libres. O eso o la cara de enajenados que nos delataría tras tanta violencia simbólica y monetaria, asimilada o no. Alguien debería enseñarnos asertividad (verbigracia, a los funcionarios de bien -el buen funcionario confrontado al "buen" gobierno- frente a Montoro o Beteta), a eliminar las cogniciones nefastas y a domeñar las inhibiciones. A defendernos del acoso modal (y, por supuesto, moral) que desde las instituciones y sus voceros se despliegan con saña. En estos casos, ni siquiera las viejas víctimas del acoso institucional (aquellas a las que juececillas y juececillos poco valientes como, por ejemplo, Teresa Delgado Velasco, Berta Santillán Pedrosa o Francisco de la Peña Elías sistemáticamente han negado el pan y la sal bien por el servilismo acrisolado de estos sedicentes jueces imparciales con los acosadores institucionales, o bien, por su propia y acendrada incuria e insensibilidad social) se encontraban curtidas para afrontar este tipo de violencias continuadas devastadoras. Víctimas del acoso institucional mientras eran desfalcadas las cajas de organismos como el CSIC y otros (aquí, visto lo visto, no se salva ni uno siquiera) en épocas de pretendida bonanza económica y de hacer la vista gorda a todos los comportamientos inapropiados. Henos aquí, ahora, con la violencia simbólica y material recrudecida hasta límites paroxísticos. ¿Acoso moral generalizado? ¿Cómo denominar a este acoso en el equivalente moral a la guerra en el que nos encontramos, en el que la corrupción juega un simple papel accesorio? ¿Es o no es maltrato institucional tanta prevaricación, tanta desviación de poder, tanto cohecho…?

Sólo los psicólogos y psiquiatras podrían devolvernos en este momento el necesario impulso vital para resistir y recuperar la autoestima individual y grupal, de sacarnos de la indefensión aprendida, de la condición de idiotas morales a la que tratan de postrarnos a fortiori para poder hacer de nosotros lo que les pete y, como colofón transitorio, una monumental tabula rasa, como si se tratase de un concurso de acreedores más (uno de los múltiples, inducidos o deducidos; ficticios o reales) del que se saldrá exclusivamente a riesgo y ventura y sólo a expensas de la economía particular del ciudadanos de a pie. Sólo ya los psicólogos y psiquiatras podrán ayudarnos a cultivar una aptitud para administrar los diferentes desafíos emocionales que se nos vienen preparando.

Ya es significativo que haya tanta unanimidad en los más recientes libros de análisis político que hablan todos sobre la mentira política, el gobierno de las emociones y cosas por el estilo. Quien quiera irse preparando para sobrevivir al temporal y cobrar cierta ventaja hermenéutica para el futuro (escueto pertrecho, pero pertrecho al fin entre tanto ruido) que -si es que está a su alcance- se lea con atención la última obra de Marie France Hirigoyen titulada El abuso de debilidad y otras manipulaciones (Paidós 2012) y, mientras avance en la lectura, le irá recorriendo el cuerpo un gélido escalofrío. Y el que no sea capaz de leer todo el libro (aunque se lee con facilidad, dada su claridad y sus ejemplos de conocimiento general) que lea y relea el último capítulo: verá plasmada la realidad circundante, el ámbito de la manipulación político-mediática y las secuelas mentales que llaga a producir.

En vez de religión o educación para la ciudadanía debería impartirse obligatoriamente en colegios, universidades y todo tipo de trabajos, una asignatura entre la psicología social y la victimología que enseñase a defenderse a cada cual del enorme acoso modal (y moral, por su propia naturaleza) del que está siendo víctima y, tal vez, siendo colocado en la posición de verdugo voluntario con sus semejantes. Dentro de esa disciplina docente para todo el mundo, podrían subdividirse apartados relativos a los diferentes tipos de manipulación y a aprender a discriminar el juego de medias verdades y mentiras de las que se viene prevaliendo las instituciones y sus adyacentes giratorios (antes llamados Lobbies) que nos aturden con grandes proclamaciones líricas mientras se llevan hasta el reloj del difunto  estándo el pobre corpore insepulto rodeado de allegados y deudos. También alguien con espíritu de servicio a la colectividad debería descifrarnos la exacerbada dimensión dramatúrgica de la política y las coordenadas psicosociales en las que se viene desenvolviendo como doctrina del shock. No en vano Zygmunt Bauman ya dejó sentado hace bastante tiempo que la política no es sino la modulación de la angustia y la ansiedad. En un libro de 1993 (el jardín de las delicias democráticas; FCE argentina) que también pasó casi inadvertido en su época por sus confrontaciones con el status quo, pero que hoy es rabiosamente actual, Philippe Braud explicaba con detalle los dispositivos psicoafectivos que se organizan alrededor del ejercicio del poder (antológica es su frase “una de las paradojas de la democracia pluralista reside en que combate mucho más la indiferencia por la cosa pública que la ignorancia”) y el uso del escándalo político (“la vida democrática es percibida de forma lamentable como un espectáculo de clase B en el que se oscurece la visión del interés general y se desmoronan tanto el desinterés como la abnegación por el bien público”) que se dirige a fomentar la optimización de la indiferencia . Se han diseñado tantos y tan diferentes métodos de engaño que alguien deberá ayudarnos a salir del estado de disonancia cognitiva en el que pretenden postrarnos. Además de idiotas morales aspiran a que seamos débiles cognitivos irrecuperables, que lleguemos a vender nuestras convicciones no por 20 dólares sino por 1 solo, como demostró Leon Festiger en su experimento allá por el lejano 1957.

Algo muy serio se está cociendo. Sólo resta saber cuándo nos lo presentarán amasado ya. Este constante bombardeo de transparencia corruptiva parece querer conducirnos al grado óptimo de indiferencia, al punto exacto de la manipulación institucional.

Este es tiempo de psicólogos y psiquiatras. Ni la duda racional parece caber ya.

viernes, 18 de enero de 2013

LA MIERDA FLOTA.


Ciertamente, todo tiene su fin. La beca estupendamente pensionada de la ATP expiró y el viejo Dacio Gil recompuso su petate y, con todo el dolor de su corazón, puso rumbo a España dejando con sus bufidos al gran Tungurahua. Le verdad es que cuando uno sale de España y con la distancia tiene la suficiente perspectiva caballera no añora casi nada. En España un principio fundamental e incontrovertible de la convivencia es que la mierda flota y eso se nota en la distancia. Se percibe a lo lejos que es un país en completa descomposición en el que sólo los carroñeros institucionales sacan partido.

En Latinoamérica se comprueba que existen diferentes sistemas de convivencia distintos al español, que la economía informal (a esa a la que vergonzantemente aspira la Europa que sólo es ya un museo) es tomada como mal menor y la gente recela de las mafias informáticas del Estado (de la connivencia que impera en la gobernanza para coludir a la clase media) en eso de regularizarse. Las regularizaciones están ideadas para los defraudadores y en Latinoamérica aún resiste el pueblo anteponiendo el amor a la codicia. Se trata de pueblos que han sufrido mucho y variado. Y eso a pesar de la fuerte penetración de los intereses capitalistas a través de la ética protestante de los poderosos vecinos del norte. La gente de bien se pregunta de qué le sirve que el Estado le controle en todos sus ingresos si allá (como acá) es endémica la plaga cleptocrática que termina devastando las cajas colectivas. Los ecuatorianos saben mucho de bancos malos y de bancos regulares. Ahora conocen también la guerra de guerrillas despiadada que desarrollan determinados medios de comunicación con la colaboración de esa derechona reaccionaria que despliega con desvergüenza su soberbia y su falta de humanidad: están acostumbrados a explotar a los pobres, unas veces haciendo el caldo gordo a los militares y ahora a las mafias chinas y norteamericanas. Determinada prensa es vergonzosa en américa latina: dobermanes como en España (donde ABC y RTVE representan un papel propagandístico y embaucador deplorable). 

América latina debe menos de lo que se ha dicho a la Madre Patria. Así, por ejemplo, la América conquistada por españoles y portugueses heredó un sistema jurídico de base romano germánica que ha devenido ineficaz por todos los costados debido al auge del derecho mínimo de raíz anglosajona y de la tiranía de la ética pública que terminó por poner en el desván de los trastos viejos el sistema de garantías que distinguía entre culpables e inocentes. Ahora en aquellas latitudes se descubre -como aquí-  que lo que se estila es eso de los inocentes-culpables y los culpables-inocentes; es decir, los fractales de Mandelbrot , el caos jurídico. Y a ello se aprestan los jueces, como en Europa y en el vecino gringo: a arbitrar la nada enfrentada al poder.

Pero a lo que iba, que el viejo Dacio Gil tiende a perderse por senderos poco recomendables. Desde Latinoamérica se contempla a España con tristeza. Se la ve con dimensiones liliputienses y sumergida en el mismo albañal de siempre: cloacas en la política, engaños y fraudes en las administraciones, pestilencia en los medios de desinformación, codicia irrefrenable en los instalados de siempre, egoísmo corporativo, codazos entre las togas para aumentar privilegios, la ciencia inventando su propia road movie...

Desde fuera uno añora poder encuadrarse en aquella condición de apátrida que engalanó a los intelectuales más descollantes del primer cuarto de siglo pasado. Jugando a las comparaciones España siempre sale mal parada con el término de comparación: sin proyecto colectivo, con la mentira como emblema institucional, con la babosa blandenguería opusdeína de Gallardón y su troupe engañando al pueblo con tasas, justicia gratuita (?), víctimas, fiscalitos y juececillas a la violeta mientras los “amiguitos” (compañías aseguradoras, bancos y empresarios de la cuerda sobre todo) se llenan los bolsillos con los restos del naufragio y con la mayoría de los españoles gritando socorro. El daño que Gallardón causa al erario público es -lo ha sido siempre- incalculable, le encanta beneficiarse con la pólvora del Rey (la real y la metafórica). Actúa como si sintiese que Dios le iluminara siempre.

La talla de un país se mide por el nivel de su oposición y lo cierto es que España se encuentra en este caso bajo mínimos. A lomos de su “Monstruo amable”, las huestes de la oposición profesional (Rubalcaba, Valenciano , Jiménez, López y demás amiguetes ) trata, desvergonzadamente, de gestionar los resentimientos y la indignación de mucha gente civil y funcionarios. Y lo mismo puede decirse de los demás, pues las huestes de Díez y las de Lara y Valderas hacen lo mismo -lo de siempre- violando la esencia misma del lenguaje y la decencia. Mientras, en el seno de la administración, en la que el PP está aplicando un rigor nazi con los funcionarios de base, los grandes cuerpos sacan partido a cencerros tapados: inspectores de hacienda, inspectores del banco de España, fiscales, jueces y demás cuerpos y cuerpecillos especiales. Al PP no le gustan los generalistas. El PP actúa en la administración con las corruptelas propias de las UTEs: proclama los principios de la demolición creadora pero se aplica con denuedo al quítate tú para ponerme yo (es decir, a sus amiguitos) en eso de contratas y subcontratas. La historia juzgará en sus justos términos el enorme spoil system que los tecnócratas del PP están aplicando cual si de nazis se tratase con los pobres judíos (especialmente los funcionarios). Intentarán poner en práctica la solución final.

En esa labor de zapa ya tienen sus corifeos en el garlito. Recientemente un catedrático de derecho administrativo (del Opus Dei) no ha tenido empacho en publicar un libelo titulado “Regenerar la democracia, reconstruir el Estado” que sonroja solo el hojearlo, así que puede suponerse el estado de ánimo que se tiene cuando se terminan los cinco capítulos y los dos anexos. Esta gente, incapaz de detener el descrédito del derecho administrativo, se dedica ahora a echarle toda la culpa a García Pelayo y a la expropiación de Rumasa… En su delirio, el desnortado autor explicita su añoranza de López Rodó (y seguro que también de la LPA) y culpa de todo a los socialistas …y a los profesores de Ciencia Política…. Seguro que el señor Ariño Ortíz no tiene abuela y sus ojos no alcanzan a abarcar el diámetro de su ombligo y el de sus compis del Foro de la Sociedad Civil. Pretenden hacernos tragar a la "sociedad civil" como antaño se pretendía con el aceite de ricino. 
Ni a la suela de los zapatos de Alejandro Nieto llega el exdiputado valenciano del PP con su libro de pseudo-regeneración de España aunque es evidente que ha tratado de emular el éxito del autor de el desgobierno de los público y de la organización del desgobierno. Con ingenuidad propia de un adolescente el profesor-jurista-exdiputado cifra sus esperanzas (¿aguirres?) en ¡la Ley de Transparencia y Buen Gobierno! de la que pretende valerse, como capote de engaño, el gobierno en la tarea desamortizadora para redistribuir el poco saldo existente entre los de su confesión.

Que Dios nos pille confesados a los que no somos del Opus Dei y renegamos de toda la clase política y de su “extraña pareja” los altos funcionarios.

España es un pútrido albañal. Se ve desde lejos.

martes, 25 de diciembre de 2012

EL GRAN EYACULADOR.


De niño uno tiende a pensar que su Rey es un ser pluscuampotente, que ninguna actividad ni mujer se le resiste. Tiende a atribuirles capacidades superiores a las normales. Uno se muestra incapaz de imaginarlo impotente, desnudo o acuclillado esforzándose en abluciones sobre el sanitario. Andando el tiempo se van desvaneciendo las certezas y comienzan a surgir las dudas en relación con las cohortes de validos, favoritas, amantes, secretarias de alta dirección, jefes de prensa y demás advenedizos que tienden a poblar la Corte. Cohortes múltiples en la Corte única. Algo parecido ocurre con las reinas. No necesariamente es ésta una tendencia histórica privativa de los Borbones. Sic transit gloria mundi. En definitiva, cuando uno carece de la información y los conocimientos suficientes –e, incluso, cuando está sobradamente documentado- piensa que su Rey es el gran eyaculador. Se fantasea con sus dotes naturales y sobrenaturales; con sus posturas y aventuras. Si su potencia política y social –y la económica si añadimos su familia política y sus allegados- es de derecho divino, su capacidad eyaculadora debería de ser extraordinaria tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo. Son cuestiones casi axiológicas que los gabinetes de prensa, las bien retribuidas estructuras administrativas de las Casas Reales, hacen que nos penetren cada día un poquito más. Perfuman con aristocrático saber nuestro ecosistema. Pero, no, por Dios, no somos penetrados físicamente por estos egregios (recios y regios) eyaculadores. Es una cuestión de ingeniería suasoria motivada por la necesidad social de certezas institucionales que tenemos los humanos.

Hay, sin embargo, otro tipo de eyaculadores nobles y regios. Puro antecedente de las aristocracias actuales. Son también metáfora social. Eyaculadores que se han corrido mil y una veces. Que es obligado que se sigan corriendo con elegancia y distinción. Se tienen ganado a pulso el status de mitos sementales. Frankel es el último exponente de esta aristocracia eyaculadora. 200 amantes al año es una buena cifra. Así, año tras año, tras haber demostrado en el campo de batalla su valía. De esa especie de Nacho Vidal cobrará su Casa Real 200.000 euros por relación… ¡Y sin tener que vender las exclusivas fotográficas a las revistas del corazón o terminar participando en esos programas del corazón de vómito presto!. Frankel eyaculará sobre sus bellas y escogidas partenaires con esmero y calma. Sin precipitarse, sin eyaculación precoz. Asesorado por los mejores científicos y mamporreros institucionales del príncipe Khalid Abdullah. Unos tanto y otros tan poco. Unos matarían por eyacular con tranquilidad y otros hasta llegan a cansarse de tan distinguida actividad y necesitan al mamporrero, al maestro de safaris, al jefe de prensa o al director de protocolo que le seleccione las mejores chicas. Ya lo apuntaba el príncipe Yassupov, curtido en mil aventuras amatorias cortesanas, cuando reflexionaba, atrapado en su adictiva pasión por la joven y perfecta diosa amatoria Michéle en la novela de José Luis Álvarez La caza del zorro: “Querer comprender el mundo…Ese esfuerzo inútil me recuerda siempre la imagen de la princesa María Luisa, aquella tarde, en las caballerizas de Santa Margherita, cuando trató de chupársela al caballo. Lo único que consigue uno es atragantarse.” Al accedido recientemente a la categoría de gran eyaculador, ganador 13 debies de Ascot e hijo de Galileo y Kind, le dedicaba unas sentidas letras Fernando Savater en El País del 30 de octubre de 2012. La Polla de potrancas se denomina aquella carrera hípica latinoamericana que supo ganar el gran jinete uruguayo Irineo Leguisamo (Legui). Frankel nunca ganó ese Grand Slam de carreras pero hoy por hoy es la polla de potrancas.

Pero, la verdad, hablar de los grandes aristócratas eyaculadores turba a los no iniciados. En esos casos el subconsciente se traslada de inmediato a la figura del Gran Masturbador plasmada por Dalí. Al viejo Dacio Gil no le cabe  entrar en este caso en cuestiones estéticas; carece de cualificación suficiente. Hay otro gran masturbador de infausto recuerdo político que sí puede ser calificado por Gil. No cabe duda, no puede ser otro que el señor Rodriguez Zapatero, gran masturbador social, político y económico. El mismo que recientemente -en alarde de fina intelectualidad- nos recordaba, al hilo del macromontaje Mas-referendum del que se benefician PP y CIU, una verdad más de su pensamiento Alicia: La obviedad de que España es… ¡una democracia jurídica! Con lo que está cayendo en el devastado mundo jurídico y judicial hispano, el miembro de la entelequia Consejo de Estado, recuerda una obviedad vacía de contenido. El que nace barrigón tontería que lo fajen...

Pero sí. Existe, efectivamente, un gran eyaculador. Al viejo Dacio Gil le impone respeto pero le gusta mirarlo en su posición de dominador activo. El usufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia gusta incluso de sumergirse en alguno de los fluidos que emanan de sus entrañas. Le pasa como como a aquel protagonista del cuento de Joaquín Leguina contenido en su libro Cuernos: le gusta mirar casi a hurtadillas, como de reojo, escuchar sus bramidos y bufidos previos y posteriores a la eyaculación y relajarse con sus poluciones. Eso sí: intentando no atragantarse como la princesa Margarita con el alazán de la novela La caza del zorro.

El viejo Dacio Gil siempre ha sentido la duda de si eso del Cielo y el Infierno no serán cuentos chinos que modulan desde tiempos ancestrales el miedo y pánico humanos. Con Umberto Eco, alberga Gil la duda de si las sucesivas transformaciones de la tradición cristiana han terminado trastocando las cualidades de uno y de otro lugares y en la actualidad no sea preferible el Infierno al Cielo. Dada la belleza de los lugares a los que el ser humano ha puesto denominaciones tales como Garganta del infierno o pequeño infierno, cabe albergar serias dudas. Cuenta la tradición que a la entrada de la imponente iglesia de La Compañía (de Jesús, de los jesuitas) en Quito, iniciada en 1605 y terminada en 1768 albergando en su seno más de 7 toneladas de oro, se instalaron unas mamparas para que los indígenas (al parecer “infrahumanos” a criterio de los colonizadores y cristiniazadores) no pudieran introducirse en el templo y mezclarse con los creyentes. A ambos lados de aquel receptáculo preventivo y cribatorio se instalaron en 1626 sendos cuadros de Hernando de la Cruz de inequívoca influencia en el proceso de aculturación de los indígenas que, entretanto, retenidos en la entrada, escuchaban los cánticos litúrgicos y aspiraban el incienso que inundaba el templo: a la derecha de la entrada El Infierno; a la izquierda El Juicio Final. Llama mucho la atención el cuadro de El Infierno pues en él trataron de plasmarse los 7 pecados capitales y se aprecia en la parte baja del enorme lienzo la figura de Mariano Rajoy ejerciendo su profesión junto a prostitutas, mercaderes avaros y codiciosos así como los demás pecadores con rostros asustados por la proliferación de llamas, serpientes,  cuerpecillos de jorobados y de los más diversos tiznados Luciferes y Satanases. El impacto iconográfico del enorme cuadro es grande, ciertamente, pero no puede olvidarse que la historia ha juzgado de diferente manera, según la época, las inequívocas pulsiones humanas y animales del amor. Aquellas sempiternas preguntas que se va planteando todo amante tienen cabida en el contexto: ¿Qué culpa tengo yo de estar perdido en esta soledad que me desgarra lentamente todo mi universo? ¿Por qué caminos me perdí? ¿Adónde me llevó el amor? ¿Qué culpa tengo yo de ir detrás de un sueño? ¿De qué me debo arrepentir si no hay pecado en amor? ¿Qué culpa tengo yo de dar la vida por un beso? ¿Qué culpa tengo yo de ser amante, de dar amor así, a manos llenas? Cuestiones todas que inmortalizase Rocío Jurado en la canción Volcán de amor y fuego.

El agudo lector habrá asociado ya las reflexiones de este viejo Dacio Gil sobre por qué le gusta sumergirse en los flujos que expulsa el gran eyaculador. Incluso habrá llegado a la certera conclusión que ese imponente sujeto no puede ser otro que la garganta ardiente o el pequeño infierno, el volcán Tungurahua, en estos días totalmente activo expulsando nubes de vapor y ceniza y emitiendo incandescente lava por su cráter. Al viejo Gil le sorprendió el virulento desperezamiento del gigante Tungurahua el pasado viernes 14 entrado ya el mediodía. Se encontraba en Baños de “Agua Santa” (para otros sólo de Tungurahua, a pesar de la influencia “milagrosa” de la virgen de la iglesia de los dominicos de aquella bella localidad) para relajarse en las aguas termales que manan a más de 70 grados directamente de la misma pared del volcán junto a una larga cola de caballo de agua bien fría. Ya en 2004 el viejo Gil quedó impactado por este lugar y sus aguas mineralizadas amarillas que dejan el cuerpo y la mente en la más absoluta relajación. En uno de los baños termales de esta segunda estadía, a pesar de la incomodidad los cercanísimos bramidos y explosiones del volcán cada tanto en tanto, se acercó a Gil uno de los muchos amables lugareños para confraternizar con quien, por su aspecto de Papá Nöel, parecía un foráneo que se encontraba en la gloria y le espetó de súbito: "El infierno no puede ser tan malo como dicen si causa tanto bien a todo el mundo. ¿No le parece?" Y, en efecto, el Tungurahua (garganta ardiente en quechua) debe de ser así, pues los ecuatorianos se acercan a los baños sin miedo alguno a las eyaculaciones de la imponente mole que manifiesta gran vitalidad y  pasión salida de sus entrañas. Como un hombre grande, el Tungurahua brama y bufa cuando se corre, suelta vapores y esperma magmático, vuelve a derramar sus rugidos y esparce su calorcito. Así una y otra vez en corto espacio de tiempo. Lo hace cada vez con más frecuencia, con una cadencia de minutos. Se manifiesta como un ser multiorgásmico que proyecta su energía y placer sin decrecer su semen volcánico. Si las aguas, que constantes fluyen de su enorme y cálida panza, causan tanto bien, ¿cómo puede ser que su enorme corrida, en el climax de su estado pasional, pueda llegar a causar enormes destrozos humanos y materiales?  Las pasiones son así cuando se desbordan, sin duda. Y el ser humano no es sino una insignificante molécula en el inmenso e indominable marco de la naturaleza.

El viejo Dacio Gil anheló recurrir en aquellos instantes a Vicente Araña Saavedra, sabio y descreído vulcanólogo -ya jubilado- del CSIC que enseñó a Gil, allá por 1999 ( cuando la reactivación del Tungurahua y la devastadora erupción de los bancos malos en Ecuador; precisamente antes de que la insólita estructura administrativa del CSIC manifestase su más cruda faz de desnudo Mobbing para con el viejo Dacio Gil), al tratar sobre posibles convenios y subvenciones de la red vulcanológica hispana, que los volcanes tienen también vida sexual propia. En homenaje al Tungurahua, a Ecuador, a los ecuatorianos y, por supuesto, a ese canario de pura cepa que es Vicente Araña, deléitese el lector de este post con este extracto de la entrevista del periódico La Opinión de Tenerife de 24 de octubre de 2011:

Usted ha dicho alguna vez que los volcanes tienen más vida interior que algunas personas, y que, incluso, gozan de una prodigiosa vida sexual...
-Eso es completamente cierto. Al Popocapepelt, por ejemplo, el emblemático volcán situado a las afueras del D.F, sus vecinos mexicanos le llaman don Gregorio. Y hay cientos de leyendas sobre aventuras sexuales y amores despechados entre volcanes y volcanas, a las que llaman así por su morfología más curvulenta o que evoca a los órganos femeninos. En algunos lugares, se suele decir que la erupción de un volcán obedece a que ha montado en cólera a causa de los celos, porque su volcana se la ha pegado con otro volcán...
En general, ¿son más coléricos los volcanes que las volcanas?
-Su cólera está más documentada. Hay leyendas muy curiosas, como, por ejemplo, la relativa a la formación volcánica de Fuerteventura. Se dice que la causa de que allí apenas sí se han creado regueros de pequeños volcanes, muy planos y alineados por la superficie, obedece a las huellas de un volcán muy grande que, enfurecido por los celos, salió corriendo a sumergirse en el mar y los pisó a su paso...

¿Alguien duda de quién es el Gran Eyaculador? Volcán de amor y fuego.
En otra ocasión, si Gil logra documentarse sobre ello, habrá que hablar de las Virgenes Multiorgásmicas…





sábado, 8 de diciembre de 2012

CULONAS, PAJAS, CIENCIA Y BIENVIVIR.



España es cada vez más frecuentemente un país poco serio. El gran y recientemente desaparecido Agustín García Calvo siempre puso sobreaviso de la falta de seriedad de la RAEL y de todas las academias de la lengua. O estás instalado en el Establishment o no cuentas para la academia. Eso es lo que ocurre ahorita mismo en el trance de incorporar un jurista a esa institución que acompañe a Eduardo García de Enterría. Se barajan dos nombres: Por un lado, Santiago Muñoz Machado, epígono de Enterría y, en su día, asesor de un importante grupo de comunicación. Los poderes en  conflicto de la epoca se encargaron de lapidarlo, literalmente. Por otro lado, Antonio Garrigues, cabeza visible del Bufete Garrigues, Lobby por excelencia entre los españoles, representante de importantes intereses privados que giran en derredor de lo público. Ocioso es conjeturar quién devendrá en académico: Garrigues sin duda alguna. Y, sin embargo, si algún jurista prestigioso tiene contraídos méritos suficientes, ese es Alejandro Nieto García que viene utilizando en todas sus obras un prístino castellano que refulge más que el de, verbigracia, Cebrian. Lo que pasa es que Nieto, un sólido jurista público, ha escudriñeado, cual antropólogo con métodos de entomólogo, los lugares más recónditos –y fétidos- de las organizaciones formales, dejando al descubierto que lo único que prevalece es el interés informal, el inconfesado: de eso saben también –pero callan- Machado y, por supuesto, Garrigues. A este paso, Alex Grijelmo, desconocido por casi todos, terminará siendo, de prisa a efe y tiro porque me toca, también académico de la lengua. 

El largo exordio viene a cuento porque el viejo Dacio Gil utilizó todos sus contactos informales para presentarse al premio anual que tiene instituido la ATP (asociación de truncos prejubilados). El de este año es especial, pues trata de conmemorar 1812. En la ATP rige escrupulosamente el principio de mérito y capacidad: además de un currículo y una memoria, quien opta al premio debe de aceptar someterse a un examen de rapidez mental y disposición científica. Ni que decir tiene que, dado que en la ATP se encuentra afiliada la creme de la creme de la intelectualidad, obtener el premio no es moco de pavo, se necesitan mil y un recursos… de todo orden. A tal fin, gastó su soldada –además de en las exacciones municipales que manu militari chupan de la nómina del viejo Dacio Gil- en invitar a comer a amigos y conocidos en orden a que arrimasen el hombro a la causa y, especialmente, en halagar a los detentadores del poder informal: sabido es que en una organización formal no eres nada sin el apoyo de los jefes informales. Eutimio Cañizarreta, con su buen saber hacer, ha sido un inestimable introductor de la embajada del viejo Dacio  Gil.

Había llegado a oídos del veterousufructuario terapéutico de esta Tribuna Alta Preferencia que el ansiado premio estaría esta vez sumamente competido por lo que el viejo Gil contrató a un coach de la escuela de Bernardino Lombao para que pusiese su mente como la tabla abdominal de Aznar. En el proceso de selección pasó todas las cribas pero hubo de hacer frente a la pregunta de desempate. Esta era del siguiente tenor: "Enumere a la mayor brevedad las cinco mejores piernas del mundo". Gil tembló al escuchar la cuestión dirimente. Rápidamente le vino a la cabeza Messi, luego Cristiano, más tarde Michu, pero se atascó ahí, no le salían más piernas universales del momento. Angustiado, en estrategia desesperada, dirigió sus pensamientos a las últimas preocupaciones de la ATP y contestó sin vacilación: 1. Beyoncé Knowles; 2. Jessica Alba; 3. Sofía Vergara; 4. Cameron Diaz y 5… (para el quinto lugar hubiese Gil apostado por Adriana Lima pero su subconsciente se dirigió a una gloria nacional de larga trayectoria y dijo: Concha Velasco).
Por su informador dentro del tribunal sabe Gil que nadie como él se acercó al target. Sólo erró en la patriótica Concha Velasco. Le cabe el honor a Gil de haber acertado cuatro de las cinco y de no haberse dejado aturdir por tanto fulbol narcotizante. Ese buen planteamiento (todo oposición necesita una concienzuda preparación) le deparó la obtención del premio: un viaje generosamente pensionado, como los que se solían hacer en las épocas gloriosas de la administración española, que llevaba por lema: culonas, pajas, ciencia y bienvivir, para conmemorar 1812. Y hete aquí que el viejo y achacoso Dacio Gil escribe esta entrada desde el Ecuador pues la conmemoración de la ATP no versaba sobre La Pepa sino sobre el pensamiento y los descubrimientos de Alejandro Von Humbolt.

El viejo Gil no tuvo que preparar concienzudamente su viaje pues lo generoso de la dotación del premio le permitió hacerse acompañar por Cuca que prepara cada uno de los detalles cual si de una agencia de viajes se tratara. La clarividencia de la edad tardía habían permitido dilucidar con solvencia cómo conciliaría Gil el placer de las culonas y las pajas con la compañía femenina. Lo de la ciencia y el bienvivir era en esta caso lo de menos pues sabido es el lecho fraudulento (social al menos) en el que suele dormir la pretendida ciencia. Lo del bienvivir es una cuestión que ya ha sido destacada varias veces en esta Tribuna por lo que huelgan mayores comentarios.

La propia llegada de Gil al aeropuerto de Quito vino a representar el primer sobresalto. La próstata de Gil no perdona en los viajes largos y nada más aterrizar en el aeropuerto urbano de Quito le entraron unas irremediables ganas de orinar atizadas por los largos trámites migratorios. Al alcanzar apresuradamente y tras grandes retenciones por fin el mingitorio, Gil se topó con lo que creyó una pegatina electoral o de turismo (en velada alusión tal vez a Papallacta, Baños de Tungurahua y similares) descartado que pudiese tratarse de una alusión subliminal a las culonas. Rezaba así: “Apunta al centro. Buenos baños, buena gente”. Con las prisas y las retenciones, el viejo Gil comprobó de manera personal lo atinado del mensaje higiénico y lo desatinado de su forma de apuntar al centro: El chorro de Gil salió sin fuerza y en direcciones múltiples como si se tratase de una gastada metralleta de feria. No mojado en ti, cual le hubiera cantado a la culona sino mojado él y mojados todos los alrededores. Ese es un inexorable axioma que los viejos aprenden con la práctica. Y Gil no consigue olvidarlo en todo el viaje: intenta apuntar al centro para hacerse acreedor a buenos baños y a la consideración de buena gente. Hace lo que está en su mano…pero nunca al centro...

Noviembre y diciembre, ya casi verano, es la mejor época para ver a las culonas e intentar comérselas. Hay bastante gente que consagra todo un año a soñar con irse comiendo con delectación una por una (o en grupo, según las posibilidades y gustos de cada cual) a sus culonas. Las culonas no eran la primera prioridad del viejo Gil, aunque a nadie le amarga un dulce. El viejo Dacio Gil creía venir convenientemente  aleccionado, pues sobre culos han versado varios de los últimos seminarios en la ATP, aunque sus gustos no se centran en exceso en las culonas. Las culonas le suelen provocar de entrada un vuelco…en el estómago. Es la hormiga culona (atta laevigata)  un manjar pero no para el paladar del viejo Dacio Gil por mas que sea un exquisito plato sólo posible entre los meses de noviembre y diciembre, primavera austral, en que estas pobres insectos sociales aparecen en tierras de Zamora, casi limítrofes con Perú. La hormiga culona es un formícido volador de color café que penetra en la tierra formando grandes hoyos y llega a alcanzar los 2,5 ò 3 cm de largo. En el cantón de Chinchipe se las prepara de tres maneras: tostadas; en forma de torta como la tortillita de camarones y en un jugoso caldo. El viejo Dacio Gil ha de confesar de que en esta ocasión, a pesar de las fortísimas tentaciones, no consumó el pecado.

Lo de las pajas si es más refinado y personal. La paja te evita enojosas situaciones y en estas cuestiones es mejor estar mil veces amarillo que una colorado. Para una buena paja son necesarios, además de un fuerte deseo, unos sueños especiales y unos recuerdos a la vez buenos y malos, casi de amor y desamor. El viejo Dacio Gil necesitaba con todas sus fuerzas las pajas. Una necesidad vital. Sólo le pasaban por la cabeza las pajas suaves y selectas. El viejo Dacio Gil goza y sufre con la piel (“hambre de piel” denominan los norteamericanos a sus excesos virtuales y su necesidad de cálidos abrazos y besos). Por eso, y por muchas cosas más, se ha alegrado este viejo del reciente premio otorgado por la UNESCO a los sombreros de paja toquilla que se elaboran en las regiones de Azuay y Manabí en el Ecuador. Elogia el destierro del error denotativo del Panama Hut (un hat transmutado en hut), dado que los mejores sombreros se elaboran en Cuenca y en Montecristi, en el Ecuador. Una de las razones, aunque no la única ni más importante de intentar obtener el premio, era hacerse con auténticos sombreros de paja toquilla que, adamás de resaltar su poco eminente testa, cubrieran a ésta de las agresiones solares que le han hecho pasar varias veces por el quirófano tras resultar fallidas varias terapeúticas. ¡Los sombreros de paja toquilla son los mejores del mundo y nada tienen  que ver con los horrorosos tocados de confeccion  industrial de origen chino! Ecuador bien vale un sombrero de paja toquilla.

En verdad el destino del premio de la ATP era para investigar sobre el envejecimiento y elaborar un book para una ulterior discusión en próximo seminario sobre el arte del envejecimiento activo. Con mimo y con detalle preparó el viejo Gil su viaje a Vilcabamba, al Valle sagrado de los longevos. Vilcabamba es en realidad un valle sagrado porque la vida es de una tranquilidad incomparable. Un lugar rodeado de montañas en el que, según se cuenta y se puede constatar, sus habitantes superan con creces por lo general los 100 años de existencia. Leyenda y errores registrales al margen, el viejo Gil soñó durante mucho tiempo beber las naturales  y oxigenadas aguas que manan en su páramo. Los rigores de la higiene hacen que ese agua se encuentre hoy embotellada en botellas de plástico: tributo a la modernidad. El viejo Dacio Gil recomienda para inundarse de paz y postularse para matusalén  un precioso hotel llamado El descanso de Ramses en el que la paz y la naturaleza te penetran en un contexto de un circo de montañas. Un valle a 1500 metros de altitud rodeado de montañas de casi 4000 metros. El viejo Gil promete seguir dando guerra tras atiborrarse de las aguas y la paz de Vilcabamba. Los destrozos del estado post-post-social amenazan con tener a los supervivientes trabajando (o haciendo que trabajan y cotizando a las SS) hasta los 100 años y para llegar a esas cotas hay que estar entrenado. El viejo Dacio Gil ya ha hecho lo que estaba en sus manos a pesar de los bruscos altibajos sufridos en su tensión arterial de tanto subir y bajar desde los 4000 metros. Y para reparar la presión y atesorar energía el viejo Dacio Gil se encuentra en la actualidad sumergiéndose en aguas y lodos procedentes de volcanes activos, aunque no se ha encontrado aún con ningún científico del CSIC y sus redes de emergencia sísmica y vulcanológica. De habérselos encontrado los habría invitado a degustar las hormigas culonas tocados con sombreros de paja toquilla y bebiendo sin parar aguas de Vilcabamba y jugos de todas clase, presididos por los de tomate de árbol.

Y es que el premio de la ATP tenía una incuestionable relación con la Ciencia y el bienvivir. Hoy se suele proclamar que la ciencia, la innovación y las tecnologías son los saberes para el bienvivir. O sea: como las religiones cuando los proclamados descubridores esquilmaron cualquier vestigio de civilización precedente. Los seres humanos iniciados buscan siembre bienvivir aunque tenga que ser a costa de lo que vivan los demás. Bienvividos los hay en todas las profesiones y algunos no han dado nunca un palo al agua. Ahora el CSIC –por poner sólo un ejemplo pedestre- ha anunciado un plan de ajuste anticrisis. Algo se estará cociendo en las cocinas de la Agencia estatal y bueno es decir que viene el lobo cuando la época precedente ha estado plagada de caimanes, víboras, zorras, ladrones, parientes, niños y militares sin graduación que han cometido mil y un desmanes. Mérito y capacidad denominaban al garlito. Todo ello refulge para la historia, no cabe el tabla rasa. Material para victimólogos. Algunos en el contexto selvático han seguido con sus códigos de bienvivir. Y también había culonas y culones por oposición; algunos elaborando y elucidando sesudas pajas mentales.

Pero sobre ello no quiere pensar ahora el viejo Dacio Gil. Reflexiona sobre cómo sobrevivieron los ecuatorianos al crash de 1999. Sumergido en aguas a 52 grados trata Gil de tomar apuntes para la dolarización encubierta que se nos avecina en España. Los ecuatorianos ya nos sacan 13 años de ventaja. 
Veremos qué sucede tras el 28 de diciembre…



lunes, 19 de noviembre de 2012

Y TE DEJASTE AMAR POR MÍ SIN PREGUNTAR.

El viejo Dacio Gil acabó el fin de semana realmente acalambrado, además de con la decepción propia de las derrotas deportivas. Su cuerpo declinante no está ya preparado para 20 horas de deporte, por más que haya sido en tiempo no excesivamente lejano un mediano deportista y algo mejor tenista. Calambres en cada milímetro del cuerpo, agotamiento psíquico. De nada ha servido que el viejo Gil se hubiese concentrado a nivel del mar para aislarse de agresiones externas perversas y para intentar contrarrestar la velocidad de bola en la pista de madera centroeuropea. Pero tantas horas frente a la televisión tratando de ayudar a meter la bola entre las líneas checas o de desviarla hacia afuera en las nuestras es una hazaña que acaso no pueda volver a reeditar el veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia. A pesar de los estratégicamente sopesados preparativos el resultado ha sido una derrota aceptada olímpicamente. Una derrota más al viejo Gil no le afecta si es propia pero le duele especialmente por dos tenistas que merecen todo el encomio por lo que representan de lucha y ausencia de ñoñería glamourosa. Ferru ha demostrado en 2012 lo que ya se sabía: que es un enorme deportista y que, en cuanto a técnica de tenis, nada tiene que envidiar a los Nadal o Djokovic. El viejo Gil tiene predilección, empero,  por Nicolás Almagro y su estético revés a una mano. Tiene mucho mérito el murciano pues, de alguna manera, su condición y aspecto nada pijo le han provocado segregaciones injustas entre los niños bien del tenis español y hasta ser rescatado por Ferrero había sido emparedado por la mafia tenística barcelonesa-madrileña. A pesar de todo ello –y su mala cabeza contingente-, Almagro ronda siempre el top 12 mundial con sus enfados, apoyado en su prodigioso swing de revés a una mano y con sus crisis puntuales de autoestima. En conjunto, Almagro ha hecho un altísimo papel en Praga y por detalles mínimos no batió a Berdych. En un quinto punto, sobre madera, y en la altitud centroeuropea bastante hizo. Y, sobre todo, porque delante tuvo un genio del tenis de los que ya no quedan, heredero directo del francés Fabrice Santoro y similar en discontinuo talento a Marcos Baghdatis: imprevisible, con muñeca mágica, talento imaginativo, no mecánico, con múltiples alternativas de juego. Yerra quien, al compararlo con la demostración de número 1 de Ferrer, considere que Almagro ha fracasado. Sólo los profanos en tenis pueden pensar eso. Almagro ha iniciado la necesaria transición del tenis español más allá de los miedos generalizados y las lesiones de Nadal: el historial de victorias se escribe con dolorosas derrotas: fracasos exitosos suelen llamar a esto los “coaches”


En ese retiro voluntario para no molestar ni ser molestado, el viejo Dacio Gil casi se olvidó de la conversación telefónica mantenida la pasada semana con el hermano de la ATP Eutimio Cañizarreta para inquirirle qué había de verdad o qué de martingala en todo ese affaire del generalísimo David Petraeus. De Cañizarreta, a pesar de su perfil mutante propio de su arriesgada y bien retribuida (en dinero y en especies sublimes) profesión o profesiones ya tiene hecha una magra semblanza en esta Tribuna, necesariamente breve en una vida tan intensamente vivida en la que, para desgracia de la masculinidad, todas las hazañas no pueden publicitarse como debería ser debido. El bueno de Cañizarreta no quería hablar de esos temas mediante unos teléfonos rigurosamente vigilados sin previa autorización judicial, “cosas de la seguridad” –dijo. Citó a Gil, dado que las previsiones meteorológicas anunciaban lluvias, en desguaces Latorre en el depósito descubierto de chatarras de la derecha según se entra; sostuvo, sin réplica por parte de este Gil, que eso era lo más discreto y adecuado. Con puntualidad británica propia de Scotland Yard apareció Eutimio enfundado en trenka gore-tex que opacaba su sempiterno aspecto de dandy. Tras las salutaciones protocolarias el donjuanesco casanova (si es que no fuese tal calificación un oxímoron inaceptable en cualquier caso) amablemente disparó toda una batería de preguntas sin mayor transición: ¿Tu, con tu colección de diplomas en la universidad del escepticismo, también has picado el anzuelo? Bah.., como todos, estás cayendo en la ingenuidad más infantil: eres igual de manipulable. ¿Es que no hiciste la mili? ¿Ya no recuerdas lo que veías allí? ¿No dices conocer sistemas electorales y mecanismos de persuasión que distorsionan eso que llaman la elección racional? ¿Realmente crees que los nuevos Aníbales o Escipiones Emilianos de los imperios mantienen periodos de abstinencia sexual como los de la bella Pamela Anderson para que la líbido no distorsione sus inteligentes trabajos o que sean de natural asexuados o se encuentran en situación de supernumerarios en las aventuras galantes? ¡Vamos hombre, Dacio, no me seas cabeza de chorlito! A los generales Pretaeus y Allen y a cualquier militar de los de siempre o de los de ahora, en sus correrías bélicas, les es aplicable la frasecita de la escultural rubia en relación a Dancing with the Star (“Estoy a prueba. Es difícil no pensar en sexo cuando tienes a un hombre sudoroso pegado a ti todo el día. Siento lascivia. Pero lo intento, lo intento”) en todos los casos. Lo que pasa es que en el ejército actual en medio de las guerras mediáticas proliferan las bellas reporteras, espías, personal con graduación o tropa. Las generalas y algunas coronelas ya están demasiado maduras y se les ha pasado ya el arroz guerrero…al menos entre los pares…porque con la muchachada pudiera ser otra historia… -Dacio asentía en silencio con la cabeza, groggy ante tal ensalada de golpes dialécticos que estaba recibiendo en pleno rostro en un contexto fantasmal de pertinaz llovizna en medio de un auténtico cementerio de esqueletos de coches desvencijados y violentados en su ya raquítica osamenta metálica. Víctimas también –pero del otro bando- de la acción del hombre como esas que la DGT recordaba en publicidad pagada a toda página ayer 18 de noviembre, día mundial en recuerdo de las víctimas de accidentes de tráfico. En las guerras y en los accidentes de tráfico –pensaba para sus adentros el viejo Dacio Gil- la verdad es la primera víctima: en unos casos por tanques, drones e infantería real o imaginaria; en otros por aseguradores, abogados, jueces , fiscales y tablas reglamentarias pretendidamente objetivas.

Algo más calmado Cañizarreta, tras el trabajo sucio de su artillería dialéctica, aseveró lacónicamente que el caso era consecuencia de disputas institucionales dentro de un pulso electoral que se conjeturaba igualado. Como el existente entre las policías,  o entre la policía nacional y la guardia civil: juegos de fuerzas, sólo que,en este caso, entre CIA y FBI con la guerra de Afganistán y las elecciones por medio. No leas esas cosas Gil que te vas a volver más gil. Dedica los sábados a disfrutar de esos suplemetos para mujeres que anexan los diarios por un módico precio. -Enseguida entraron en juego los bombardeos aéreos argumentales: ¿No viste la semana pasada el magazine dominical de un diario que insertaba una "imagen infográfica" en un anuncio con apariencia de información (un "remitido" de unos hospitales privados) en el que aparece un bien formado culo de una mujer sólo vestida con unas gafas y un turbante operatorio, sugiriendo estar lista para una operación sin bisturí para esculpir su figura? ¿Y tampoco el de esta semana en el mismo magazine (página 19) y en forma igualmente de "remitido" de la misma red de hospitales, en el que aparece una bellísima mujer frente a un barroco espejo con el pelo recogido y sólo cubierta por un corsé blanco de encaje a medio ajustar sobre el que se impone, imperial en su mensaje icónico, un culo de una belleza excepcional bajo la leyenda "Recuperar las formas. Los últimos avances tecnológicos permiten modelar, alisar y reafirmar el cuerpo en una sesión en poco más de una hora"? Míralo, si puedes; parece haber pasado todos los controles, pero se acelera el corazón sólo de mirarlo. Pues no hay que ser Tzvetan Todorov para descrubir que las nuevas guerras y espionajes se llevan a cabo en medios de comunicación y nuevas tecnologías. Y parecen incruentas, sin bajas ni daños colaterales. Parece regir por todos lados el "Sálvese quien pueda", como todo en esta crisis. ¿Es que no has reparado en las calidades estéticas de los anuncios de Intimissimi, Canova, escenario de fondo (en sus dos versiones) y Un dia en Roma? Tu vista parece estar devastada de tanto leer cosas aparentemente serias. ¿No te quedas extasiado con la radical belleza de Desta Hailé en el anuncio de Gayubo? ¿No te ha llamado la atención el rojo culo de Tena protective underwear? ¿No has puesto atención en la que se nos avecina con los anuncios de las hermanas Cruz en la firma L’agent provocateur? ¿Acaso el culo perfecto que contextualiza el anillo de turmalina y zafiros de las firmas Hemmerle, De Grosogono y Bulgari te ha pasado desapercibido? ¿Y te ha pasado lo mismo con el primer plano de espalda y culo ejemplares que sirven de escenario para el collar de diamantes, platino y tanzanita de Tiffany? ¿Es que no te has fijado en la perla Morellato que luce, insinuando su bello busto, Irina Shayk? Déjate de gaitas, Gil, y analiza las nuevas modalidades de guerra y espionaje total y contraespionaje que acechan por todas partes. La vida –y el mercado… y el disfrute- está en otra parte, tal como anunciase Kundera. Ni Patraeus, ni Allen, ni Paesa, Sanz Roldán ni todos los demás somos de plástico. Hoy hay mucha mujer bella y ambiciosa en todos los frentes. Son mujeres de carácter y lo saben; por eso usan lencería de la firma Gemma en la línea my personality. Y prepárate para lo que se anuncia del desembarco de los pitillo push-up de Marie Claire o los de Yamamay Slim  que se anuncian como recuperadores de silueta con su uso prolongado. A mi –continuaba Eutimio- con esto de los pitillos me pasa como con las oposiciones al CNI, que no a todas valen ni sientan bien; que hay algunas portadores de esas prendas que hacen decaer la libido a bajo cero como el bromuro, aquella sustancia que subrepticiamente se suministraba a la tropa en los cuarteles franquistas. Los pitillo, como el fumar, unas veces hacen bien y otras mucho mal recíproco, agente y paciente; son prendas para juventud o para la primerísima mediana edad indefinida bien esculpida. Bienvenidas sean las mujeres, sobre todo para ampliar nuestros cánones estéticos y comerciales en cualquier tipo de guerra o espionaje emocional o afectivo. Déjate de sandeces solemnes sobre espionaje, Gil. Contextualízalo en eso de los mensajes suasorios en el juego perverso de la elección racional en las que decidía el voto femenino. Ya es hora de que nosotros, con lo que hemos vivido, con la cantidad de situaciones que hemos abrazado y en las que nos hemos metido en mil y una noches de aventuras, nos entrengamos efectivamente en el envejecimiento activo (y tan activo, hasta completar la vida laboral a los 80 años, tal como van las cosas), la solidaridad intergeneracional (con hijos y nietos viviendo a nuestras expensas) y la lucha por suprimir los límites de edad y las fragilidades jurídicas y debilidades psicológicas y emocionales que nos terminarán asolando a todos. Al fin y al cabo esa reciente novela-éxito de la británica Hillary Boyd, Los jueves en el parque, enseña que es posible la pasión de los abuelos sexagenarios mientras los nietecitos juegan por el parque en derredor. Y, si a pesar de cuanto te vengo diciendo, quieres profundizar en los secretos del espionaje y el amor en el océano de libros existentes, léete el de R. y D. Bear la vida en (la) compañía, que creo que está en Crítica, pues en él, entre otras sugerentes cosas, se contiene la siguiente frase : “Si no puedes mantener una relación amorosa en secreto, es que no sirves como agente”. Han hecho explotar la frase (o la relación) en el preciso momento en que interesaba. Sólo porque interesaba, porque en EEUU y en la Conchinchina quien esté libre de cualpa que tire la primera piedra… Y punto y final, amigo Gil, que ya no pienso hablar nada más sobre este asunto de porterillas.

Prosiguió amablemente Cañizarreta hablando de la acertada  nueva orientación de los debates adoptada por la ATP (asociación de truncos prejubilados)  y terminó proponiendo a Gil que auspiciase el establecimiento como santo civil (absolución del Santo Padre Luis Landero mediante) al vivido y polifacético mendocino recientemente fallecido Leonardo Favio y como himno de la entidad alguna de las canciones del  cantante del amor de voz grave y cineasta de cierto éxito. Apuntó que son un compedio sobre las cosas que sienten los amantes misteriosos y apasionados de cualquier edad, también generalísimos y espías. Y propuso elegir entre las bastantes que se refieren al amor y al desamor cantado de una forma tan convincente que parecen fruto de vivencias biográficas: La conocí en el parque; cómo poder saber si te amo; como un mendigo; quisiera morir ahora de amor; aquella noche de verano; como me duele la piel; tiemblas; que extraño es el amor; amar o morirqué te dirás mañana; sos mi religión; más que un loco; porque yo te amo; quiero aprender de memoria; ella esla cita...

Y en su recuerdo podríamos cantar todos al comienzo y al final de cada sesión general -afirmó Eutimio Cañizarreta a modo de conclusión-, a capella  como solemos hacer, las emocionantes  Anotaciones para Carola; Y te dejaste amar por mi:  El barquito de papel.  Expresan nuestras vicisitudes de lectores, amantes, frágiles y devenidos infotogénicos. Truncos en muchas cosas Gil, como la carrera del generalísimo yanki.

Deshechos todos los eventuales entuertos y ya Gil sin albergar duda alguna, ambos miembros de la ATP abandonamos el desguace de coches y nos prometimos perseverar en el envejecimiento activo y en el cultivo de otros ámbitos mucho más profundos que la política, las elecciones y el espionaje. Además, para ligar o enamorarse ya tenemos noticia de que no sólo hay que pasear por el parque -aún público por poco tiempo- a la perrita o al canario. A cualquiera, civiles, militares o espias, se nos puede aparecer el enamoramiento en el parque entreteniendo los jueves (¿o será cualquier día de la semana ahora que la tribu va a vivir toda junta?) a los nietitos... Mientras los espías y paparazzi a lo suyo: apostados detrás de los bancos, o de los chopos...o leyendo hasta enloquecer uno tras otro todos los correos electrónicos...

jueves, 15 de noviembre de 2012

UN SISTEMA JURÍDICO ABISAL.


La reciente crisis que padece el mundo occidental –que no es tan reciente y que es perfectamente recurrente- no es sólo una crisis del capitalismo. Tiene su raíz en zonas muy profundas en las que no cabe ni la transparencia ni la iluminación solar. La mampostería de nuestros edificios de convivencia se ha ido haciendo con materiales de derribo y de escasa calidad. La hipocresía y el cinismo son los principios esenciales de las instituciones y por eso el sistema de resolución de conflictos es puro decorado de cartón piedra: se mira pero no puede tocarse. Si lo tocas y sientes te duelen el alma y la cartera. Quien, transido de una inusitada buena fe y esperanzada esperanza en el llamado Derecho (con mayúscula, sin que sirva de precedente), intenta ventilar sus eventuales diferencias dentro de la legalidad vigente tiene todas las papeletas para terminar saliendo trasquilado: el juego de los círculos concéntricos del lenguaje institucional terminarán devorando sus esperanzas y violando para siempre sutilmente su buena fe. No hay que ser Mary Douglas para desconfiar –hoy más que nunca- de los voceros institucionales y sus escuderos los medios de desinformación social. Las instituciones se han acostumbrado desde que el mundo es mundo a una prédica impúdicamente falsaria. Mienten a conciencia y se justifican con la débil argumentación de que hay que mantener embridado el fantasma de la “alarma social”. Es completamente normal que cuando el más humano del común de los mortales descubre la tostada que hay detrás de toda normalidad institucional, se tope de bruces con un sistema radicalmente anómico e injusto (en el que priman los intereses informales sobre las proclamaciones solemnizadas) caiga en depresión y se cuestione de qué sirve la vida si al final  por el abuso se decide la jornada.

Sólo los patológicamente ingenuos albergarán la esperanza de que el titular (o su sustituta si se tercia cuando las cosas vengan mal dadas, o así lo decida sibilinamente el titular para eludir propias responsabilidades) del juzgado de  instrucción 51 de los de Madrid va a intentar arrojar luz sobre los excesos de la fiesta mortal de Halloween. Con una “pulcra concepción corporativa” el juez tratará de salvar la responsabilidad de las instituciones implicadas (el mayor ayuntamiento de España), salvaguardando con ello sus propias posibilidades de carrera. Y en esa dialéctica, que Dios pille confesado al que,despistado, pasase por allí en tan infausta deshora. Esa es la tiranía del statu quo y así la entienden escrupulosamente Sus Señorías con un espíritu corporativo que se mama desde su entrada por las múltiples puertas falsas de la carrera judicial (inhumados vergonzantemente los cristianos principios de mérito y capacidad) o internalizado naturalmente desde los primeros balbuceos de sus contactos con el preparador que les socializa de manera incruenta con el sistema. Descarnada ética corporativa, para entendernos.

Viene todo este exordio a cuento porque el viejo Dacio Gil columbra más por viejo que por lo que es: un pobre diablo. A palos ha aprendido la desidia y la vagancia judicial (y ahora quizás la temeridad descontrolada del espíritu corporativo chalaneador y potencial huelguista) que se esconden tras sus solemnes proclamaciones. El sistema jurídico, como no podía ser de otra manera siendo como es un aparato instrumental, no se salva de la falta de transparencia y claridad que padecemos. No penetra en él siquiera un tibio y tenue rayo de sol. Su sima es tan profunda y sucia que cualquier reflexión sobre el orden y el desorden, la culpabilidad y la inocencia, el ser y el no ser, la forma y lo informe, la vida y la muerte es puro divertimento de instalados o ansiosos de pisar las más refinadas alfombras o asistir a los cócteles de mayor lujo. El ciudadano corriente ni estará invitado ni se le esperará de mero espectador.

Pocos jueces y fiscalitos –acaso ninguno- habría ayer en las manifestaciones habidas en toda España. Presionan con la huelga pero odian en su fuero más interno mezclarse con la gente. Se autoperciben granados sociales. Lo han mamado desde biberón del ingreso en la carrera judicial o fiscal, constituye la parte esencial de sus entrañas. Están para servir al poder, sea este visible institucionalmente o no.
Un hombre con una visión tan atinada respecto al mundo de los jueces como el director teatral Ernesto Caballero lo ha vuelto a recordar en su brillante puesta en escena de Doña Perfecta, del burocratólogo canario, el en su tiempo denostado "garbancero", Benito Pérez Galdós. Sin aparecer en escena el juez periquito de la localidad de Orbajosa, la obra  aplica a rajatabla los principios y reglas de la tiranía de lo establecido: todos, desde caballuco o Licurgo hasta la Santa Madre Iglesia personificada en don Inocencio ajustan florentinamente sus diferencias sin un solo salivazo ni empellón; ni siquiera un improperio. Doña Perfecta como símbolo de la deformada institucionalidad democrática que asola España.

Y antes de seguir permita el eventual lector –si es que lo hubiere- que el veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia destaque como merece el elenco de actores que se desempeñan en el teatro María Guerrero de Madrid bajo la dirección de Ernesto Caballero. Prácticamente todos ellos sacan un alto rendimiento a su personaje: Lola Casamayor, Alberto Jiménez, Israel Elejalde… todos, hasta las hermanas Troyas (las jóvenes y brillantes D. Bernardo, M. Gas y V. Vega cuya primera escena junto al tren es verdaderamente cimera) convertidas por Caballero en conciencia social difusa y cronistas de Orbajosa, además de objeto de deseo de la comunidad masculina toda. Mención especial merece para el viejo Dacio Gil, que la analizó con especial ojo crítico, Karina Garantivá que logra su mejor registro a las órdenes de Ernesto Caballero. Para el viejo Gil tiene la Garantivá un atractivo sensual enorme que se nota que tiene prendado a Caballero como director. En una atinada crítica en elperiodistadigital se dice “nos gusta esta Rosario que hace Karina Garantivá, tan lejos del registro habitual en nuestras actrices jóvenes, tan nada guapa y tan poco mona, tan real a pesar de su vertiginoso enamoramiento, tan loca sin serlo”. El viejo Dacio Gil comparte las alabanzas pero sólo si “lo nada guapa y poco mona” se circunscribe al papel de Rosario pues Karina Garantivá es una mujer con una belleza singular y un enorme encanto sensual además de una actriz que mejora con cada papel que representa.

Doña Perfecta en la versión final adoptada por Caballero es la representación exacta de la deriva de la democracia española, tan hipócrita, tan pegada a los intereses y alejada de los afectos. Ocasión única para ver reflejada en el espejo plano, no cóncavo ni convexo de las elecciones con agenda de discusión pactada de antemano, la imagen del colectivo drama dramatizado de los españoles en sus instituciones. No parece haber pasado el tiempo ni evolucionado las relaciones  institucionales.

Quien también tiene una idea precisa y cabal del sistema de garantías en el capitalismo socialdemócrata es el británico Ken Loach que en su último pulcro producto, La parte de los ángeles, muestra una descarnada semblanza del sistema jurídico británico, sus sistemas de compensación comunitarios y las remotas salidas de los miembros del lumpen para poder sobrevivir dentro el sistema. Loach tiene una fina sensibilidad para describir estéticamente los submundos que la gente llamada de orden se niega no ya a reconocer, ni siquiera a ver, en ese desorden organizado que hemos convenido en llamar la crisis. Capitalismo y lumpenproletariado; integrados y apocalípticos virtuales; ventajistas de chaleco, cuello blanco y labia pseudocientífica coexisten sin convivir con excluidos, lunáticos, perdidos, raterillos compulsivos y pendencieros. Sus único hilos conductores remotos son el whisky de malta y las inevitables trampas para sobrevivir dentro del capitalismo inmaterial de casino y puja. Para sobrevivir y promocionarse tanto el sistema establecido como el lumpen necesitan de las trampas y el engaño. La falsa ciencia y el sistema judicial y policial hacen el resto estableciendo las diferencias de grado: las aristocracias de los palacios y de los albañales; demonios en las instituciones y ángeles en las cloacas y el submundo. Los atildados timadores bajo los focos y los flashes en las subastas, los excluidos en la subrepticia oscuridad de cavas y bodegas. Intereses multinacionales en la planta noble. Afectos maridados con desdichas en tiendas de campaña o lagares. ¿Y dónde los amores?

La crisis y el descrédito del conjunto del sistema jurídico son graves y paradigmáticos. Nadie da con la fórmula para detener un desmoronamiento capitaneado por el primer iconoclasta del reino, el señor Ruiz Gallardón sólo preocupado por intereses corporativos que le aúpen a una presidencia del gobierno que, a no dudar, sería mucho más oprobiosa que la del gnomo Zapatero. Para colmo, el muy ladino quiere exportar su modelo de modernización jurídica a Guatemala. No conforme con los terremotos y la violencia institucional que asolan al país centroamericano quiere inocularles los virus de un modelo delirante de domolición planificada sin otros modelos de sustitución. El sistema jurídico hispano vislumbra el hundimiento y cada cual agita el espantajo del interés general que encubra sus propios interés privativos-corporativios. Antonio Hernández Gil, un hombre del régimen jurídico, bien instalado de cuna, desde las páginas de ABC viene hablando de miedo y de moral para mantenerse en el mayor colegio de abogados de España en espera de dar el salto a la presidencia del Consejo General de la Abogacía y, quizás, al tribunal constitucional. Mientras tanto se presta a ser el letrado de la reina Sofía en el litigio civil sobre la propia imagen de la consorte contra la empresa de adulterios discretos (¡el orden siempre ha demandado infidelidades y adulterios discretos! ¡Faltaría más!) Ashley Madison. Por su parte, Javier Gómez de Liaño imparte doctrina de vez en vez en su medio natural, El Mundo, sobre las bondades del sistema jurídico y judicial mientras cobra suculentas minutas por sus trabajos de insider e iniciado. Otro tanto hace Baltasar Garzón -en El País, claro- desde la distancia en espera de una rehabilitación más suntuaria que la de Liaño. El celebrity Javier Cremades –también desde el mismo diario de PRISA- blande el pretendido interés general de los abogados –a cuya cohorte de Madrid aspira a presidir como catapulta de carrera y celebridad- para sus interés inconfesos, precisamente hoy que nadie cree en los abogados ahogados con tantas Legalitas, Mapfre y M M recurre multas de tráfico  y demás martingalas e institutos, asociaciones de víctimas de todo, sindicatos de manos y calzones limpios y observatorios jurídicos de la propia Nada. Y, en fin –y cómo no-, el fiscal guatemalteco por excelencia –el de los silencios en el caso del rocambolesco “suicidio institucional por poderes” del abogado Rodrigo Rosenberg Marzano-, sale ahora con la discusión bizantina, propia del juridicismo más rancio, de la primacía de la cláusula rebus sic stnatibus frente al viejo brocardo que esgrimen los ejemplares malos (hoy todos los bancos, banqueros, bancarios y abogados de estos son malos a los ojos de los ciudadanos) del pacta sunt servanda aunque contengan cláusulas exorbitantes. Todos los ejemplares citados son bienvividos. Prototipos del sistema. Todos tratan de prevalerse del caos y el desconcierto imperante en el tema de los desahucios para granjearse la simpatía de la ciudadanía indignada. Cada uno de ellos, en su medio de deformación natural, juega con sus interés inconfesos y blande el trapo de la solidaridad con la cuidadanía. ¡Mentira! Cada cual va a lo suyo y trata de cobrar ventaja en sus pulsos institucionales o institucionalizados: colocarse en los puestos que otorgan canonjías, presionar al gobierno para consolidar privilegios para el futuro.

El derecho y su versión instrumental jurídica y judicial-fiscal es hoy un bien mostrenco. Un bien abandonado, a la deriva. Nadie cree en él como sistema de resolución de conflictos, ni siquiera el juez del 51 de los de instrucción de Madrid a pesar del dolor social padecido tras tanto despropósito: simple expediente corporativo.

Siempre se ha dicho que el Derecho es el lenguaje del poder. Lo malo es que ahora el poder es más invisible que antes y no reside ya en las instituciones. El derecho –decían los cultos- es la ciencia del orden establecido. Hoy el orden establecido es deletéreo. Se decía también que la mejor forma de hacer una sociedad conservadora era aumentando el número de propietarios. La perezosa jurisprudencia habida sobre los arrendamientos contribuyó a que todo quisque quisiese ser propietario. Creían serlo al suscribir sus hipotecas. Craso error. La legislación de principios del siglo pasado protege a los prestamistas. Los políticos siempre han estado auspiciados por prestamistas y otras mafias. Los políticos hacen y reforman las leyes. Y los ciudadanos, en la lógica de la Orbajosa de Galdós y Caballero,  nos solemos tapar nariz, ojos y oídos para que la fiesta siga y nos lleguen las migajas. Un sistema social no llega al delirio si cada cual no contribuye con su parte alícuota. Víctimas pero también verdugos. Voluntarios, eso si. Se llegó a considerar que el sistema no se podía hundir porque estaba implicado todo el mundo. Sólo algunos funcionarios y probos ciudadanos no participaron del engaño colectivo: ni se hicieron agentes de ventas, ni comisionistas, ni colocadores de preferentes, ni soladores sub-sub-sub contratistas, ni alardeaban de coches de potente cilindrara ni de 4X4. Helos ahí ahora pagando los primeros los destrozos de otros que aún guardan réditos en negro y en b aunque aparentan quiebra. Los cataclismos no distinguen a los honrados de la misma forma que en las burbujas se envidia y distingue a los que se pavonean entre signos externos.

Hace falta desahuciar a todo el sistema de garantías institucionales. Se hace precisa una revolución ética. Nada de reformas ni transiciones. Nada de infidelidades y adulterios discretos.

Pero nadie crea que esta entrada titulada un sistema jurídico abisal es un ejercicio de pesimismo. Nada de eso. Puestos a lanzar latinajos, aceptemos que ya no vale eso del Estado quo utimor (del cual usamos), que ha sido esquilmado por unos y por otros. Cuando todo está perdido, antes del recurso extremo a la muerte voluntaria, cabe la vía optimista que sorprendentemente aporta Ken Loach en su magnífico último film la parte de los ángeles: arrebatar las malas artes y los chantajes institucionales de los instalados en el sistema (ya ostenten Auctoritas o Potestas) y practicar sus mismas metodologías mafiosas que han venido practicando protegidas por vinateros selectos, mafias internacionales, jueces, policías, fiscales y altos funcionarios.

Y el que carezca de esos arrestos pero le falte cuajo para la muerte voluntaria debería conformarse con leer e ilustrarse sobre los clásicos como Piero Calamandrei, Adolfo Ravá o Francesco Carnelutti. O buscar la inspiración en aquellos otros clásicos más recientes como el asesor de Allende, el chileno Eduardo Novoa Monreal (El derecho como obstáculo al cambio social) o el jurista y diplomático cordobés Ernesto Garzón Valdés que viene advirtiendo sobre “la calamidad moral”, “el velo de la ilusión” o las instituciones suicidas. O versarse sobre las juristas guatemaltecas Rosa A González y Gladys E. Figueroa (derechos humanos en Guatemala). Sin olvidar los ya clásicos -por olvidados- teóricos del "uso alternativo del derecho" Pietro Barcellona (Alzata con pugno), Luigi Ferralloli (derechos y garantías. La ley del más débil) cuyos postulados han sido sistemáticamente ignorados por los magistrados españoles. O, sin ir más lejos en tiempo y en espacio, interesarse por los trabajos de María José González Ordovás (ineficacia, anomia y fuentes del derecho).
Incluso, los extremadamente tibios y pacatos (esos que proliferan en la magistratura española como setas en primavera y en otoño) pueden encontrar en un libro tan ecléctico como el de Wolfang G. Friedman (el derecho en una sociedad en transformación) un hontanar de dudas sobre esa verdad pretendidamente absoluta que aplican selectivamente a rajatabla sólo a los más débiles: Sed lex, dura lex.  

Quien, con independencia de criterio, discrepe en la actualidad de la enjundiosa camelística que siempre impregna los asertos de Ruiz Gallardón y sus adláteres puede constatar de primera mano la inaplicabilidad real  de  este  sistema jurídico abisal en el que es imposible siquiera un levísimo rayo de luz que nos permita distinguir en la oscuridad a pesar de tanto propagandista interesado.



viernes, 2 de noviembre de 2012

AGUSTÍN, LIBRE: SIEMPRE NUESTRO.


La desoladora noticia le ha sobrecogido al viejo Dacio Gil mientras, para alejarse del tremendo ruido electoral que nos percute sin piedad, contemplaba la belleza de un mar con forma de mujer. No estaba completamente embebido en el mar-mujer porque se encontraba leyendo a otro gigante de pelo crespo, decir brillante y admirador del amor y la mujer-guitarra; a Félix Grande y su monumental y emotiva Las Rabáiyátas de Horacio Martín. Desprevenido como estaba para asimilar el hachazo, el veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia se ha sumido en un profundo duelo del que le será difícil salir. Recientemente había venido a la Tribuna don Agustín para recordarnos a todos qué es el pueblo, cómo hay que entender la realidad de la institucionalidad democrática y dónde estan los fundamentos de las raíces humanas de la indignación y la disidencia. Lo hizo escoltado de lo más granado de la inteligencia actual: Zygmunt Bauman e Ignacio Sotelo. La imagen de los tres sabios se proyectaba larga, fecunda, hermosa, llena de contenidos.

Agustín García Calvo fue siempre un valiente. Reunía desde muy joven todas las cualidades para ser encumbrado por el régimen franquista: de cuna acomodada, de una camada de universitarios que apuntaban ya como figuras literarias, de brillantez intelectual simpar, jovencísimo catedrático de instituto y, casi simultáneamente, sucesor en la cátedra salmanticense de Unamuno y Tovar; todo apuntaba a un futuro jalonado de laureles dentro de una institucionalidad española provinciana y pacata. Pero a don Agustín –al jovencísimo, inquieto y viandante Agustín- ese traje y corbatita ocuros y esa camisa blanca sin esperanza le quedaban ostensiblemente estrechos, su potencialidad hacía estallar unas costuras que amenazaban con paralizar todos y cada uno de los movimientos de su fecunda mente. Enfrentarse al franquismo (al primer franquismo, al que luego han ido sucediendo los posteriores, con otros nombres y otros hombres) era opositar a los fuegos del infierno. Don Agustín, consciente de que siempre era el número 1 en cualquier oposición, decidió ser libre y por ello perdió la cátedra a una edad en la que otros más mediocres siguen llevando la cartera del cátedro para ir haciendo méritos para poder alcanzarla rondando los 40. Eso le costó también sinsabores y presiones cercanas. La suerte estaba meditada y echada: intentaría ser libre y a fe que lo ha conseguido hasta que ha decidido partir hacia otros  montes preñados de eterna primavera. También los Dioses tienen sus secuelas de múltiples huérfanos con duelos irresueltos.

Desgraciadamente el viejo Dacio Gil es un hombre insignificante, del montón. Su extracción social y cronológica no le permitieron ser de los privilegiados que se codearon con don Agustín en sus academias (Escuela de estudio libre) aledañas a la gran vía madrileña, o en los cafés Manuela o Ruiz, pero por allí se le podía encontrar siempre rodeado de bellas ninfas y de acólitos. Tampoco pudo Gil ser de la élite que peregrinaba mensualmente a su santuario de los bajos de La Boule d’Or en París, pero ha tomado buena nota de los relatos de Azúa, Sánchez Dragó, Sánchez Ferlosio, Escudero, Savater o Racionero sobre sus encuentros báquicos, intelectuales y lingüísticos con el Maestro. Siempre disidentes.

Tras el honesto exilio, Leguina y Amancio Prada, entre otros, recuperaron a Agustín García Calvo como necesaria luminaria, aunque el espíritu naturalmente disidente y rebelde no le permitieran traspasar el umbral de la institucionalidad. Afortunadamente la editorial Lucina, su medio natural de expresión, permitió el contacto con unos seguidores inquebrantables. Recelaba de los medios de manipulación de masas pero antológicas son sus lejanas columnas en El País, La Razón y en algún suplemento dominical. El Ateneo de Madrid y una memorable reciente conferencia en la Fundación March, en la que repasa su texto vital y su contexto social, han sido los medios de espresión de su pensamiento.

La niña de sus ojos ha sido, a no dudar, Lucina su cuidada editorial zamorana. En ella hemos podido beber sus alumnos de la UZLED (universidad zamorana libre de educación a distancia). Al hilo de sus cuidados lenguaje y presentaciones teníamos oportunidad de reflexionar junto al Maestro sobre el poder, los medios de masas, los deportes, el amor, la felicidad, la pareja y tantos temas más. El hoy casi inencontrable texto cartas de negocios de José Requejo es un prodigio de formas y de fondo, que recuerda de alguna manera al gran Fernando Pessoa.

Este desconsolado –por viejo y por devoto del Maestro- Dacio Gil carece de las cualidades elementales para hacer una semblanza de un gigante como Agustín García Calvo por eso, en símbolo de sentido homenaje, transcribe una vez más, en estas épocas de enorme ruido electoral planetario, el artículo del diario El PAÍS de 24 de mayo de 1993 que condensa su firme –¡y muy actual, a pesar de los casi 20 años transcurridos!- convicción sobre las deformaciones institucionales de la democracia: ¡No vote! ni deje de votar. Hay cosas que hacer del gran AGUSTÍN GARCÍA CALVO:

Si todavía se cree usted que en unas elecciones democráticas se está jugando algo que le importe al público para nada, entonces este anuncio no vale para usted. Ande y vote. Si, después de tantos años (y siglos) de Democracia, cree V. todavía que el cambio de las caras y nombres de los figurones de turno va a tocar al Sistema en algo que no sea cambiar para seguir igual, si piensa V. que alguno de ellos puede hacer otra cosa que lo que está mandado, o sea, en definitiva, servir al Desarrollo, o sea al Capital, que es lo mismo que el Estado, si piensa que alguno de ellos va a poder, por ejemplo, mover un dedo contra la Banca o contra el Automóvil o contra la Televisión, en ese caso, deje V. de leer este anuncio, y pase al grueso de las hojas de este mismo Rotativo, que le ofrecerán abundantemente las declaraciones de Fulano o de Mengano y las diatribas de Zutano con Perengano, y las correcciones de las listas electorales y cómo anda la temperatura de los sondeos o pronósticos de las Agencias autorizadas.

En fin, si sigue V. dispuesto a aguantar el gasto milmillonario de dinero, de pinos papeleros y de horas preciosas que le va a costar a V. la fiesta de las Elecciones, y lo recibe con la misma paciencia y naturalidad que los caprichos de los vientos y las lluvias, entonces es que no nos entendemos y que no era con V. con quien estábamos hablando.

Pero, si no tiene V. tanta fe y tanta paciencia, si sospecha V. que en el Desarrollo se cumple (y mejor que nunca) lo que ya su abuelo le decía de que, con otros collares, los mismos perros, puede que sea momento de que atienda V. a las razones que en esta Agencia le ofrecemos, y que discurra con nosotros a ver qué es lo que podemos hacer ante esta avalancha la gente de sentido común que quede por acá abajo.

Farsa periódica

No votar, por supuesto. Pero las cosas han llegado a tal estremo, el Desarrollo se ha desarrollado tanto, que ese NO de "no votar" se ha quedado demasiado corto; que con la astención no basta (y hasta puede tranquilizarle baratamente la conciencia, y que crea V. que con astenerse ya está haciendo "algo positivo", o sea, en definitiva, votando a su manera), y que hace falta inventar maneras más eficaces de decirle NO a esta periódica farsa y estafa milmillonaria con que el Poder aburre y entretiene juntamente a su Masa de Personas.

La astención, mire usté, no puede ser un método suficiente, porque nunca puede llegar a ser tanta (digamos: menos de un 15% de votantes entre los censados, menos de un 5% de la población) que los dejara a Ellos, como se dice, en bragas, y denunciara por sí misma el engaño y que la gente se ha dado cuenta de que las Elecciones y Votaciones pertenecen íntegramente al Aparato del Poder y que a la gente no le sirven para nada (para nada más que para dejarse convertir en Masa de Personas).

Y a lo mejor se hace usted ilusiones al respecto, y sueña con esas tasas de astención del 80 y tantos % o del 90. Pero no se las haga usted: ese camino está cerrado. Cierto que nos cuentan que en Estados Unidos, donde no en vano llevan padeciendo el Régimen más tiempo, se han alcanzado en ocasiones tasas halagüeñas. como del 30 y pocos % de votantes; pero eso lo más que puede mostrarle es la potencia del engaño, y cómo el Estado (o sea, el Capital) puede llegar a arreglárselas con margen tan escaso para seguir como si nada, haciendo creer que Él representa al pueblo y que en las votaciones se espresa la voluntad del pueblo.

Pues no: a pesar del inestimable apoyo de los sencillamente perezosos (que es también una legítima manifestación del hastío y del escepticismo popular, y sin ellos poco íbamos a hacer los astencionistas a conciencia), con todo, la astención no puede llegar a ser tanta, por la propia ley de las Mayorías: así como, dentro de la votación, la Mayoría vota siempre lo que está mandado (y en esa seguridad se funda el Régimen Democrático), así también, antes de la votación, aquellas personas de la Masa que tengan que decidir si votar o si no votar, acabarán siempre, en su mayoría, yendo a votar, como está mandado y como es natural y conforme a las conciencias respectivas. Así que...

No: no puede V. quedarse tan tranquilo con no votar en estas Elecciones, con no participar positivamente con su voto en este tejemaneje y en el sempiterno recuento de la Mayoría, no: la istitución de las Elecciones y del Voto es demasiado importante y fundamental para el Dominio como para que nos podemos contentar con eso.

Hace falta encontrar maneras más ingeniosas y eficaces de decir NO a la Votación en bloque, NO al Sistema Democrático entero y en su pleno desarrollo, de hacer ver cómo la gente se vuelve de espaldas a esa fúnebre fiesta y se dedica en tanto (como si no retumbaran los bombos ni relampaguearan los mascarones) a seguir con sus inventos y tareas por acá abajo.

Y a buscar con nosotros esos métodos de decir NO es a lo que esta Agencia, modesta en sus contingentes, pero no en sus ambiciones, le está invitando por el presente anuncio.

Ya se irán encontrando. El camino se hace; precisamente por eso "no hay camino". Imagine lo que sentimos de los líderes y Sindicatos que proclaman por las paredes "Sin empleo no hay Futuro", haciéndoles el caldo gordo a los Productores de la Nada y Creadores de Puestos de Trabajo.

Pero el pueblo no tiene Futuro. Porque es que, a diferencia de Usted y de un servidor, el pueblo nunca muere. Por eso no tiene Futuro. Por eso tiene que irlo haciendo.



A partir de ahora las peregrinaciones (los años santos Lucinanos) a ver los Codex Agustinus y a recibir los panes que no saben su masa buena ya no habrán de ser a la conventual Zamora sino a esos montes preñados de eterna primavera con aromas de blancos azahares sobre la tierra.

Agustín García Calvo. Siempre libre. Gigante entre gnomos. NUESTRO por los siglos de los siglos.