jueves, 22 de marzo de 2012

DE MEZQUINDADES Y FRAUDES DESTAPADOS EN LA CIENCIA.

Posiblemente desde tiempo inmemorial estemos instalados en la sociedad del fraude. Ahora se destapan con mayor alegría –y eficacia política- pero han existido siempre. Lo que pasa es que la ideología interna de las organizaciones y el lenguaje institucional los han tapado siempre. ¿A quién no le han llegado noticias de la existencia cajeros de bancos importantes que habían sustraído continuadamente y al ser descubiertos se adoptaba una solución de tapadillo para no “dañar” el buen nombre de la institución? Ruíz Mateos, López de Letona y Mario Conde no fueron los primeros, antes muchos habían metido la mano en la caja. ¿El Corte Inglés ha dado lugar alguna vez a un escándalo por las prácticas inapropiadas de algún gerente de planta? ¿La Conferencia Episcopal ha reconocido con rapidez los casos de pederastia y abusos con menores? ¿Los frecuentes escándalos sexuales y financieros en el ejército no se han intentado mantener siempre en sordina? ¿Muchos de los innumerables booms periodísticos no fueron simplemente patrañas e invenciones; y en su vertiente de comunicación científica no son sino “la voz de su amo”? ¿Las siderales deudas de los clubes de fútbol no se han terminado siempre asumiendo por los españoles con un plan de “regularización” y un quítame allá unas parcelas urbanizables y unas torres? ¿En las administraciones públicas, mucho antes de esta “crisis” arrasadora que terminará por hacer desaparecer cualquier mínimo derecho "estatutario" del funcionario de base, no se han violado de manera continuada y sistemática las relaciones de puestos de trabajo y la carrera profesional reglada sin que nadie se escandalizase? ¿El estructural fraude económico del CSIC ha recibido alguna vez algún correctivo? ¿No hubo un ministro de Sanidad, de carrera académica dudosa, que se proclamó con desparpajo epígono de Hwang Woo-suk?

La insistencia del periódico EL PAIS en ir sacando uno de los fraudes característicos del CSIC, en este caso concreto el de un veterinario contratado en la Estación Biológica de Doñana cuando ha callado cual tumba mora en el caso Fernando Belinchón, o en la sorpresiva aprobación en el último Consejo de Ministros de Zapatero, a finales de 2011, de un anticipo de Fondos FEDER al CSIC, para –según se ha dicho oficialmente, pero cabe albergar serias dudas de ingeniería financiera- la construcción de la nueva sede del Instituto de la Grasa. Para el engrasamiento del sistema financiero del CSIC, ese diario se limitó a reproducir la nota de prensa de Moncloa, y sobre el drenaje de fondos europeos a bolsillos particulares en el caso Fernando Belinchón se guardó un táctico y sepulcral silencio. Todo hace pensar que en esto de la prensa no hay puntada sin hilo, que la noticia del veterinario de Doñana se plantea como una mina antipersonas de espoleta retardada. Y el viejo Dacio Gil se malicia que va dirigida contra la Secretaria de Estado de Educación Montserrat Gomendio Kindelán que acampó durante una época en el Museo de Ciencias y algo tendrá de lo que avergonzarse. Habrá que esperar qué más interesa destapar en este asunto menor dentro del esperpéntico CSIC en el que todo cabe y nadie nunca es responsable de nada.

El viejo Dacio Gil viene recopilando y clasificando desde hace bastantes años, con paciencia de entomólogo, datos sobre el fraude en la ciencia que es mucho más que el fraude científico. Ya dispone de datos para abordar una especie de Tratado de la Infamia Científica en todas sus vertientes. Quienes no la conocen de cerca tienen una idea venerable de la ciencia cuando la realidad es bien distinta: es un endiablado foco de poder, de fraudes, de insidias y miserias humanas. La ciencia, qué sea la Ciencia, la construyen los hombres. Como organización tiene los mismos males endémicos que la Universidad, y puede decirse que va un paso por detrás: reductos medievales fortalecidos por la adaptación del modelo burocrático francés. Ignacio Sotelo ya lo advirtió en 1993 en una conferencia en Granada (y fue demoledor más tarde en una serie de artículos en EL PAIS): “ La Universidad burocrática española (y el CSIC que le sigue sin alcanzarla, sostiene Gil), herméticamente cerrada en sí misma, en la que sin salir del mismo edificio, se puede recorrer todo el escalafón, de estudiante a rector, es capaz de aumentar su presupuestos sin que haya motivado lo más mínimo a profesores y alumnos”. No es casualidad que el gran Alejandro Nieto concibiese dos de sus obras cimeras (La organización del desgobierno y la tribu universitaria) tras su paso por la presidencia del CSIC. Desgraciadamente, visto lo visto, del CSIC son hoy predicables aquellos endémicos males que detectase el joven Nieto en la burocracia española del franquismo: Parasitismo, prebendalismo y esclerosis.

Pero ya se detendrá el usufructuario terapéutico de esta Tribuna Alta Preferencia sobre el fraude y la manipulación en y por la ciencia. Es de esperar que la salud quebradiza del viejo Dacio Gil otorgue tiempo para ello. Hoy quiere mostrar un exponente de la miseria del ser humano también en el campo científico, como prueba de que no es oro todo lo que reluce. Y que no es oro lo demuestra el que en Mexico hubo una tiranía ilustrada en tiempos del dictador Porfirio Díaz que se hizo llamar Los Científicos...Más o menos como los tecnócratas de este siglo XXI intentando posicionarse privilegiadamente en el nuevo modelo económico y productivo.

Hoy quiere traer a esta Tribuna Alta Preferencia, para destacar la distancia sideral que separa la ciencia oficial organizada de la auténtica ciencia, a Nikola Tesla, un auténtico científico teórico y además aplicado que no ocupa lugar destacado en el oficial Olimpo científico, precisamente por la ineptitud, envidia, estrechez, codicia, mezquindad y maldad humanas.

Vaya por delante que Tesla descubrió el movimiento de la corriente alterna (AC frente a DC) a partir de una bobina de alta frecuencia y su prodigiosa mente concibió y sentó las bases científicas de muchos inventos en el campo de la electricidad: rayos X, iluminación sin cables, tubo catódico, los tubos fluorescentes de alto rendimiento, invención de la radio que luego le vampirizó Marconi, el barco a mando a distancia, fuentes eléctricamente secuenciadas, el avión de despegue vertical y otros muchos inventos, producto de una mente extraordinariamente privilegiada. Hasta sus estudios de la transmisión de la energía por la piel dieron lugar a la silla eléctrica.

Nikola Tesla es un claro exponente de las corruptelas del sistema oficial de ciencia en sus aspectos políticos, militares y, sobre todo comerciales. Tesla fue encarnizadamente perseguido por Thomas Alva Edison (un inventor que odiaba a los científicos teóricos) en su intento comercial de desprestigiarlo. Edison, un hombre sin escrúpulos y ávido de financiación pública y réditos comerciales y políticos no dudó en engañar a Tesla como hacen los vulgares subdirectores en las administraciones con sus subordinados de buena fe: prometiendo, sin mediar acuerdo por escrito, una recompensa que nunca se cumple. Edison propuso 50.000 dólares de la época a Tesla si éste conseguía sincronizar el sistema de electrificación de sus oficinas. En poco tiempo Tesla lo tuvo no sólo sincronizado sino que produjo alrededor de 30 patentes que Edison se apropió. Cuando Tesla cumplió con creces el trato y reclamó su parte, Edison le espetó “Tesla, usted no comprende el sentido del humor de los norteamericanos”. Edison, muy protegido por políticos y financieros, y extremadamente celoso de la valía de Tesla siempre trató de desprestigiarlo. Está todo documentado en lo que se conoce como “la batalla de las corrientes”

Incluso su valedor financiero George Westinghouse también se aprovechó –aunque no le maltrató en su reputación científica- de las patentes y royalties de Tesla, además de perjudicarle en cada fusión empresarial (no se olvide el pujante negocio de la electricidad y el papel de las grandes empresas eléctricas, como la General Electric Company). Tesla murio sólo y arruinado en el hotel New Yorker, donde vivía merced a la amistad con su propietario (que se resarcía con el rendimientos de alguna de sus patentes). Murió despreciado por unos envidiosos enemigos que se habían hecho ricos y famosos, en muchos casos a su costa, y que lo llamaban el loco Tesla. Para mayor espacio a la sospecha y a las dudas, Tesla apareció muerto tres días después de haber contactado con las autoridades militares norteamericanas para mostrarles su invento del “rayo de la muerte”. El FBI incautó inmediatamente a su muerte sus últimos trabajos, entre ellos “el rayo de la muerte” así como otros más y mandó poner bajo custodia, se supone que para proteger el interés general (?), todas sus patentes. Una parte de los documentos desaparecidos se ha revelado hace poco gracias a la Freedom of Information Act, que permite desclasificar documentos secretos con el paso del tiempo. Otros muchos han desparecido sospechosamente .

Nikola Tesla fue un niño extraordinariamente reservado y estudioso, además de muy culto. Se dice que llegó a dominar 20 lenguas y que podía recitar libros enteros de memoria. Entre ellos el Fausto de Goethe. No fue un hombre avispado en las finanzas ni en las intrigas para obtener fondos, por eso refulge con luz propia su frase lapidaria “los últimos 29 días del mes son los más duros”. El viejo Dacio Gil tiene a Nikola Tesla como el producto de lo que es la ciencia oficial organizada, fuertemente penetrada de insidias y miserias de todo orden. Una mente cultivada teóricamente y con una gran capacidad de visualización se ha visto eclipsada en la historia por personajes ávidos de glorias políticas y Eldorados múltiples. Salvando las distancias, Teslas hay y habrá en todas las épocas.

El viejo Dacio Gil podría extenderse en detalles sobre este científico singular, pero para quienes puedan encontrarse interesados en la vida y milagros del genio Nikola Tesla acaso sea mejor recomendar que acudan a la exposición que lleva su nombre. Aún dispondrán de una semana para acudir a la exposición que en su honor se ofrece en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físiscas y Naturales y en la que encontrarán múltiples datos de la vida e inventos de este hombre, además de poder accionar a discreción su “huevo de Colón” y la ruidosa iluminación sin cables. De seguro profundizarán luego en una vida sumamente interesante y esclarecedora del contexto social en el que se inscribió este prolífico inventor y negado financiero.

De mezquindades, envidias y luchas de poder está sembrado el campo de la Ciencia. Y el periodismo científico no se encuentra muy ajeno a todas estas miserias humanas.

martes, 13 de marzo de 2012

ORGANIZADORES A LA VIOLETA.

El viejo Dacio Gil arde en deseos de cumplir su anunciada promesa y contar todo lo acontecido en el seminario recientemente organizado por la Troba de Prejubilados Truncos del banco y cuyo lema ha sido “Capital erótico y déficit sexual masculino”. Pero el último post de recuerdo a Quique Camoiras y la labor de preparación personal de los temas del seminario han hecho que se le produzca al veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia un cruce de asociaciones que es necesario aventar para que no reconcoman más el ánimo del achacoso Dacio Gil.


En el mundo en que vivimos, las grades decepciones -cada vez son más enjundiosas y continuadas- siempre se terminan achacando a problemas de organización. Se contemple el ámbito que se contemple, cuando la decepción ya ha sido aprendida por la mayoría, se endosan la totalidad de los males a la organización. Y de inmediato se empiezan a poner las bases para armar una nueva organización. Los viejos como Dacio Gil tienen suficientes datos –y vida transcurrida- para corroborar esta inexorable ley del péndulo: el eterno retorno de las organizaciones. Retornan con la cara lavada y algún nuevo aditamento ornamental, pero vienen a ser las mismas. Eso pasa tanto en la organización de la educación de los jóvenes como en el funcionamiento de los órdenes territoriales. Pasa con los hospitales y pasa con los juzgados. Y lo mismo puede decirse de las instituciones financieras ya sean cajetines, cajitas o cajones desastre. ¿Alguien recuerda hoy que hubo un tiempo en que los bancos se identificaban con todos sus nombres y apellidos en vez de los largos acrónimos actuales? Cambios que han sido consecuencia y reflejo de su sistema de organización. Pasa lo mismo con la política ya que quienes aspiran a llegar a detentar el poder mediante “elecciones razonablemente limpias” (Adam Przeworski) dicen rebelarse contra el sistema institucional existente y emiten múltiples promesas organizativas que luego quedan reducidas a meras adaptaciones lingüísticas y/o levísimos revoques de fachada. Y no digamos lo que ocurre en la actual crisis de la organización familiar que todo se achaca a una deficiente conciliación de la vida familiar y la (sumidero) laboral. El papel de los abuelos y los tíos respecto a los hijos hace que se esté volviendo, sin nombrarla, a la denostada familia tribal que subvenía todas las necesidades y carencias.


El viejo Dacio Gil vivió este primer aprendizaje de la decepción siendo muy joven, cuando hacía el servicio militar. Un servicio militar que, por aquel entonces, comenzaba a renovarse admitiendo las barbas entre la tropa. Es recuerdo indeleble cómo en la formación de revista para la obtención del pase de fin de semana el oficial de día, si necesitaba retener a un determinado número de soldados para la actividades de sábado y domingo (en un cuartel en el que nominalmente figuraban -siempre escaqueados ya que jamás pisaron aquellas dependencias cuarteleras- gran número de toreros, dado que el coronel era presidente de una institución taurina de renombre), miraba fijamente la barba del joven Dacio Gil y señalando marcialmente con el dedo índice de la mano derecha las relucientes botas del soldado Gil le espetaba de seguido mirándole fijamente a los ojos: "arrestado de fin de semana; esas botas no están suficientemente limpias". Esa circunstancia se repitió al menos tres veces y eso que el arrestado de fin de semana había encargado a su santa madre que le comprase el betún que sacase más lustre del mercado y se aplicaba con espíritu deportivo al embetunado. La organización militar decía admitir en su seno la barba, pero sus integrantes parece que no la toleraban. Pero la gran decepción con la organización militar se le produjo al entonces joven Gil cuando apenas le restaban tres meses para licenciarse, al acercársele circunspecto y confidencial el veterano que-él sí- se licenciaba en esos días para ponerle al corriente del largo y continuado desfalco habido en aquellas dependencias (en rigor, una cadena sin fin) y la inexcusable necesidad de mantenerlo oculto por el bien de todos, incluida la organización, inflando exponencialmente los arqueos y los inventarios. El joven Gil esa noche no durmió del susto, pero en los tres meses que le restaban de soldado actuó como un veterano más y, a su vez, unos días antes de licenciarse puso en antecedentes a su sucesor para que siguiese la rueda. Nunca pasó nada. Los mandos fueron ascendidos, los soldados, entre ellos Dacio Gil, pudieron seguir licenciándose y celebrarlo en Segovia, siendo de suponer que el desfalco continuado se cuadraría maquillado en instancias superiores o se perdería entre las cuentas de Gran Capitán (nunca mejor dicho) ante la falta de perspicacia de la intervención oficial. Andando el tiempo el ejército se modernizó, se suprimieron las levas y se profesionalizaron todas las estructuras existentes. Nunca hemos sabido si continuaron desviaciones organizativas de similar calibre. Podemos suponerlo, visto lo que ocurre en todas las organizaciones sin excepción.


Volviendo a la actualidad, ninguno de los eventuales seguidores de este blog -si es que los hubiere- parece haber reparado en que el funcionario Briones, al que se aludía en el anterior post, era un funcionario, sí, pero un funcionario de la AISS que se había integrado en el sistema de “mérito y capacidad” constitucional por el método de los multitudinarios bautizos de arrianos tan al uso en toda época. El proceso es universal. Ejemplos parecidos se han producido, sin ir más lejos, en la Alemania reunificada con los funcionarios de la STASI: quienes vigilaban la vida de “los otros” se integraron sin distorsiones excesivas en las estructuras federales. Lo mismo aconteció en la URSS como denota la figura paradigmática del presidente Vladimir de Putin.


Soñamos con una sociedad organizada pero nunca alcanzamos el ideal, la prosa puede siempre con el verso. El actor Carmelo Gómez puede servir de ejemplo plástico. Veamos el porqué.


Carmelo Gómez es coprotagonista junto a Juan Diego Botto en la película de Gerardo Herrero Silencio en la nieve, basada en la magnífica novela de Ignacio del Valle El tiempo de los emperadores extraños sobre la División Azul del en otros tiempos aclamado y admirado general Agustín Muñoz Grandes y sus voluntarios. El tema de la División Azul resulta paradigmático pues era una organización iceberg que transitaba sin rumbo ni objetivos concretos por un conflicto bélico que a los españoles no debía afectar en aras a la neutralidad proclamada oficialmente. Tanto la organización como sus integrantes eran presentados por la propaganda oficial como auténticos mitos valerosos. La novela de Del Valle y las imágenes de Herrero muestran perfectamente cómo la organización ni mucho menos era como la pintaba los voceros del régimen sino que reflejaba todas y cada una de las miserias humanas tanto individuales como colectivas. Miserias como la Violeta, un juego de consecuencias vitales en el que todos participaban, incluidos los mandos superiores que tenían terminantemente prohibido el juego de la ruleta rusa. Carmelo Gómez, rezumando sabiduría popular en el papel del sargento Estrada, asume –mientras ayuda a desentrañar la madeja del “mira, mira que te mira Dios”- que la vida y las organizaciones son así: que nada se asemeja a su estatuto de creación, que la individualidad debe quedar disuelta en la organización para no destacar en demasía aplicándose al estricto ver, oír y callar. Tanto la novela de Ignacio del Valle como la película de Gerardo Herrero, deberían estudiarse en las Escuelas de negocios y en los departamentos de Ciencia de la Administración de las universidades pues muestran las entrañas de una organización sui generis que se mueve a la deriva pero en la que se aprecian los atributos reales y míticos de cualquier pretensión organizatoria institucional.


De nuevo con Carmelo Gómez como hilo conductor se tienen elementos para analizar las perversiones de las organizaciones. Gómez interpreta magistralmente a Elling en la adaptación teatral de la novela Hermanos de sangre del autor noruego Ingvar Ambjornsen. La obra muestra el fracaso –o, por mejor decir, el radical desenfoque- de las políticas sociales en el llamado Estado de Bienestar. En un contexto agridulce –cuando no sinceramente triste, aunque de gran ternura- Elling muestra la base esquizofrénica de la sociedad y sus organizaciones vicarias mostrando el núcleo duro de las imperceptibles fronteras entre normales y “anormales”: sólo un papel y un informe oficial los diferencia. También Elling debería ser material didáctico en escuelas de negocio y universidades en todos los ámbitos de organización social.


Con pequeños retoques cosméticos, creamos "nuevas" organizaciones sobre las precedentes, que a su vez servirán como armazón a las subsecuentes. Así nos vamos engañando con mitos como eficacia, eficiencia, productividad o conciliación. La Unión Europea es un claro ejemplo aunque nos pese reconocerlo.


Todo lo achacamos y lo esperamos de la organización salvífica. Y así nos luce el pelo.


El usufructuario terapéutico de esta Tribuna Alta Preferencia –que no se ha caracterizado nunca por ser un hontanar de humoradas-no puede por menos que recordar aquella anécdota (¿o será un chiste?) que se contaba de un club de "relaciones liberales" para la intrépida élite selecta procedente de las muy reputadas Escuelas de Negocios en el que un día se fue la luz por un espacio prolongado de tiempo y entre un mar de jadeos y gemidos se oía tronar ¡Organización! ¡Organización! Al poco rato otra vez: ¡Organización! ¡Organización! Así unas cuantas veces más. En ese torbellino de gemidos y jadeos al fin se hizo la luz. En ese momento, un maqueado bróker se elevó sobre los demás y dijo: Organización, coño, organización. Que aquí somos 20 tías y 5 tíos y en lo que va de apagón es la tercera vez que me dan por culo…

martes, 6 de marzo de 2012

TU NO ESTÁS LOCO, CAMOIRAS.

Mala época es esta para los funcionarios. Y peor que se avecina con la necesidad imperiosa que tienen los detentadores de las instituciones públicas de allegar como sea fondos para justificar la financiación estatal (y la suya) y difuminar los alegres dispendios de los que vienen estos lodos. En la actualidad el recurso más fácil para sus objetivos es detraerlo de las nóminas de los funcionarios y a ello se aplicarán con denuedo en los próximos años al modo que dejó marcado la señora exministra Vogue Elena Salgado, cuyo odio a los funcionarios databa de su paso por la Dirección General de Clases Pasivas, en la que tienen entrada todos los datos de los activos pensioniles de los funcionarios jubilados. Ahora la señora Salgado ha elegido Endesa y Chile para no tener que recurrir, precisamente, a la Dirección General de Clases Pasivas cuando llegue el momento de solicitar su pensión si es que ha sido alguna vez funcionaria. Llegado el caso lo hará, pues esta gente no perdona un duro… ¡Menudo morro tienen estas aristócratas de género dentro del PSOE! Después de que la remasterizada señora De la Vega se beneficie del dorado dolce far niente en un nuevo "cuarto turno" en organismo fallido, anacrónico y hoy absolutamente fantasmal como el Consejo de Estado, cementerio de elefantes y elefantas que no hacen absolutamente nada.La élite de la Nada. Órgano consultor del prodigo Estado en bancarrota cuando España es ante todo un enorme engendro polisinodial: Consejos, Agencias y entidades para todo, incluso para lo más escatológico. Con razón el sustituto de la exministra “chilena”, el señor Montoro, ha hablado con una solidez impropia de un político: la institucionalidad pública como huída del derecho. Veremos si se atreve a recortar o sólo es pura cosmética.

A lo que vamos, que el viejo Dacio Gil se pierde en lo que tiene apariencia de accesorio. Dentro de la categoría “funcionario” hay de todo, como en botica: hay funcionarios ejemplares, hay empleados públicos corruptos, y los hay también sumamente corruptos. Hoy en día se tiende (interesadamente, como aquel inspector fiscal al que aludía Vladimir Maiakovski) a demonizar a los funcionarios para emplearlos de “chivo expiatorio” de unos desfalcos institucionales que tendemos a ver hoy en día como completamente naturales. Y tampoco puede negarse su existencia porque ruidosos desfalcos han llevado a cabo funcionarios de abrigos de pelo de camello, rectos de Max Mara, de paño de Zara, de las filiales del Cortefiel de Gürtel y hasta sin abrigo, como el de Nikolai Gogol. En la España del pelotazo el que no ha desfalcado es porque no ha podido. Muchos funcionarios ni lo han intentado porque no estaba a su alcance. Y muchos de los que los han perpetrado, auspiciado o consentido han encontrado luego cobijo en los nichos ad hoc previstos en la legislación vigente para esos casos. Enfangados en la mísera miseria se viene acudiendo a los sueldos de los funcionarios rasos para que financien las alegrías y la cleptomanía de los ahora en dorado buen recaudo. La virtud recompensada a la que aludía Alejandro Nieto en su memorable artículo sobre aquel funcionario de toda la vida.

Porque -con ciertos matices- siempre hubo épocas, casi siempre las más duras, en la que por lo general ser funcionario era sinónimo de “pobre pero honrado”. A eso se le llamaba probidad funcionarial, que era un timbre de honor para quien se predicaba tal nota. Eran tiempos de escaseces materiales pero de sana prodigalidad ética y moral. Tiempos de pluriempleo, familias numerosas y ropa y libros escolares heredados del primogénito hasta el menor de los hermanos. Del pisito en vez del adosado. Entre los funcionarios había boxeadores; vendedores de monedas, sellos y boletos de lotería (no premiados) domingueros en la Plaza Mayor; alpinistas; peluqueros a domicilio; chicas de alterne en Chicote; seminaristas; escritores; directoras de teatro; administradores de fincas; contables; el “bedel de los pájaros”; tarotistas; locutores nocturnos de radio y cientos y cientos de pluriempleos insospechados cuya cotización a la seguridad social en muchos casos quedaba en el aire. Compaginaban empleos para sobrevivir, sin desdoro de la función pública y atendiendo siempre el interés general. También estaba, por supuesto, quien apresuradamente al terminar la jornada se dirigía al teatro para representar su papel. Eso en el caso de actuar en la capital, que cuando era en las fatigosas giras por todo tipo de localidades hispanas con teatrito era precisa la baja por enfermedad y la benovolente colaboración de los compañeros en la atención de la ventanilla o la emisión de las minutas mientras duraba la ausencia.

El viejo Dacio Gil cuando era joven husmeaba y archivaba todo lo que se refiriera a la burocracia: desde Max Weber a Kuron y Modzelewski, pasando por Víctor Pérez-Díaz. De aquella época data su devoción por Alejandro Nieto que había sabido plasmar en un enorme libro y en innumerables conferencias y trabajos su erudita inmersión en los fondos del océano burocrático más allá del plúmbeo Derecho Administrativo. El por aquel entonces joven Dacio Gil recopilaba cualquier material que intuyese que aludía a la burocracia: libros, artículos, cancioneros, películas… Diríase que ejercía de burocratólogo en ciernes y acaso esa haya sido su auténtica frustración (su déficit sexual masculino, en palabras más modernas de Catherine Hakim). En los años del declive de la UCD y del fiasco del mundial de fútbol y Naranjito tuvo noticia el usufructuario terapéutico de esta Tribuna Alta Preferencia de una película sobre un funcionario que es ingresado en un manicomio por un quítame allá unas pintadas, y termina constatando en propia carne que los manicomios no eran tan dispares a las burocracias y a la vida misma. Llegando el protagonista a incurrir en una de las desviaciones sexuales tan comunes hoy: enamorarse de una monja (¡y que monja!: la escultural Esperanza Roy). El viejo Dacio Gil recuerda perfectamente que se fue al cine Urquijo (hoy cerrado como otros tantos más) a ver Tu estás loco, Briones, una obra de Fermín Cabal para el teatro que el director Javier Maqua había llevado al cine confiando su protagonismo a Quique Camoiras, que conocía el mundo de la burocracia por su condición de funcionario del INP. La película no recibió críticas favorables pues en 1980 España se encontraba en pleno fulgor del destape y la transición política, ergo cientificismo pseudomarxista , pero el ahora viejo Dacio Gil recuerda que quedó impresionado con el actor Enrique Pérez Camoiras en el papel del funcionario Briones. Fue la única película que Quique Camoiras protagonizó como cabeza indiscutible de cartel aunque fue un excelente actor de reparto en tantas otras, como aquella Cristobal Colón, de oficio descubridor rodada en Almería y en la que participaron como figurantes jóvenes que hoy son ilustres profesores. El joven Gil incorporó a Quique Camoiras a la nómina de sus actores de culto a pesar de la envidia de su pasado entre mujeres esculturales en la revista (sana envidia que invadía a los oscuros funcionarios ansiosos de carne contorneada, excepto a los de la censura que se habían hinchado a contemplarla libidinosamente en sus también oscuros gabinetes) y como empresario teatral de comedias de enredo. Eran tiempos en los que, sobre todas las cosas, se aspiraba a que el verbo se hiciera carne: a que se impusiese la racionalidad democrática en todo.

Camoiras no estaba loco. Simplemente optó acertadamente en su encrucijada vital por terminar dedicándose a hacer reír a sus semejantes (funcionarios o no; administrados o no) con las comedias en vez de dejarse la vida en las diarias solemnidades burocráticas rayanas en la banal comicidad. A buen seguro San Pedro o su cancerbero suplente se lo habrá recordado el pasado jueves al pedirle las credenciales y darle la bienvenida en el mundo de la gente presuntamente buena donde es dable pensar que escasearán los cómicos (y no digamos las vedettes) y esté repleto de sólidos burócratas de impoluta trayectoria beata como don Laureano, el padre Albareda y tantos otros. Quienes con el tiempo terminamos decepcionándonos con la racionalidad burocrática (y ahora desgraciadamente casi también con la democrática), nos desencantamos de los encantos de la legitimidad legal-racional y sufrimos las perversiones de la desnuda (otro desnudo más prosaico) razón instrumental quedamos huérfanos en este seco invierno. Huérfanos del saber hacer teatral del funcionario-actor-empresario teatral Enrique Pérez Camoiras, Quique Camoiras, que hizo una polifacética labor teatral acorde con los tiempos que corrían. Como pasa siempre en esta España, ha sido a la hora de los obituarios cuando la crítica y el público han sido más sinceros y unánimes cantando las virtudes y alabanzas de un pequeño pero monumental teatrista avant la lettre que desde bien niño había marcado sus vocaciones profesionales (no, no era funcionario interino ni de carrera a los 6 años; en esa época no se explotaba a las criaturas…pero casi).

En televisión, Camoiras tuvo un papel secundario en la serie Los ladrones van a la oficina. Ahora que los ladrones no tienen necesidad de ir a la oficina para robar, sino que quitan y quitan derechos adquiridos económicos a los funcionarios desde los grandes centros de datos informáticos de El Escorial (policía), León (tráfico) o vaya usted a saber qué localidad para las demás detracciones en serie, de seres humanos agradecidos es recordar a un hombre que, entre otras muchas cosas, hizo lo que le gustaba: hacer reír.

No. Camoiras no estaba loco. Conocía la burocracia funcionarial pero le atrajo más la revista de piernas largas y alto capital erótico. Optó por la comedia que ayuda a la gente a evadirse de los problemas. Pero como actor teatral no le arredraba nada y podía con todo.

El viejo Dacio Gil, burocratólogo frustrado, siempre le recordará en el papel del funcionario Briones: dando una lección hilarante de cómo cualquier sociedad presuntamente organizada difiere poco de un manicomio. El Panóptico del que nos hablara Bentham, desarrollase Foucault y nos recuerda de vez en vez Zygmunt Bauman.

miércoles, 29 de febrero de 2012

EL IMPERIO DE LOS SINSEXO.



El 26 F, día del estallido de la Primavera Rayista, ocurrió lo que siempre ocurre en estos casos: la lección popular fue ejemplar, el despliegue policial “egipcio” totalmente desmesuarado y sin proporción alguna y los “poderes fácticos” se encargaron con su lenguaje institucional (y algo siniestramente chulesco en el caso de Fernández Borbalán) de imponer su cínica compulsión aparentando –sólo aparentando- que todo procedía del orden natural de las cosas, despojando con ello a la festiva y ardorosa afición rayista de un alto porcentaje de su merecida victoria. Luego vino el mamoneo de toda la vida por parte de los “medios”: la prensa hizo una interpretación sesgada de lo acontecido denominando “golazo” o “tacón de oro” un simple centro (de tacón, eso sí) a la olla para que se intentase una segunda opción. El balón terminó entrando mansamente en la red entre una selva de piernas (unas más salvajes que otras, precisamente las de los niñatos señoritos). La prensa es así, cuenta sólo lo que le reporta réditos económicos, le va bien cultivando el espectáculo mediático, necesitado de cierta aristocracia popular. Aplica aquel apotegma de “no dejes que la realidad te estropee un brillante titular”. De haber sido de esa rocambolesca manera un gol del Rayo se habría insinuado el “churrete” o, en el mejor de los casos, la carambola.

Vallecas fue una fiesta en todos los sentidos, en el futbolístico y en el democrático también. Nada que ver con el sosias del Principe Felipe junto a su bella esposa votando el referéndum constitucional en Siria. Nada que ver con la masacre del estadio de Port Said ni en la pacífica afición festiva ni en los miles de GEOS. Otra cuestión son los ultrasur esos, cantando su cara al sol particular. Cosas...

Excitado con tanta manipulación se encontraba aún cuando llegó a casa el viejo Dacio Gil desde la Tribuna Alta Preferencia, pues las emociones y la indignación habían sido grandes. Echó una hojeada liviana a la prensa e indagó qué se podía ver en la tele para olvidarse un tanto de la tiranía del statu quo. Como los prejubilados truncos hemos sido convocado al banco para una próxima reunión que versará sobre Capital erótico y déficit sexual masculino, el programa de La 2 que recomendaba el ABC y que EL PAIS silenciaba por completo, captó la atención del rayista Gil. Era Documentos TV, se titulaba El imperio de los SinSexo, una producción francesa. La elección sin zapeo previo fue un acierto completo y también una esperanza pues denota que en la cadena pública caben aún programas interesantes. Pura sociología de la modernidad líquida. Antología de los daños colaterales afectivos. Posible profecía de lo que no sólo nos espera sino que está enseñoreándose ya de las relaciones actuales en las que la dominación es ya sobre uno mismo como individuo, toda vez que parece desaparecido el modelo hegemónico machista del que hablan las aristócratas de género. El “Yo y mis cachivaches” que diría el Ortega del siglo XXI. Una exposición sin ambages de las tendencias dentro del capitalismo erótico.

El imperio de los SinSexo se refiere a la realidad erótico-amoroso-sexual del Imperio del Sol Naciente y el sexo poniente en el que son valores esenciales la elegancia en los modales y la cortesía en el trato social. Sabido es que siempre se ha considerado que Japón goza de una cultura sexual muy rica en cuanto a ocio sexual, exhibición de belleza, cortejo y atractivo sexual y encanto de las mujeres. Sánchez Dragó lo ha publicitado sin tapujos y por ello fue criminalizado por las sectas feministas y retro-progres no hace mucho. Pero Japón es también uno de los países del mundo con más baja actividad sexual dentro del matrimonio. En esas coordenadas se presenta el documento exhibido por La 2 el 26 F (día de la Primavera rayista y del invierno sexual) en el que van apareciendo mujeres y hombres que desvelan su desafección amorosa, su tedio por la conquista, su desinterés por el climax compartido, su radical indiferencia por el gozo en pareja. El espectador termina convencido de que no son monstruos, sino productos culturales de una época. Los datos aportados son estremecedores pero verídicos: Estoy cansado/a; relaciones sexuales -cuando existen- cada medio año o a años completos; desaparición del sexo en las parejas estables de 40 o más años; dóciles muñecas (y muñecos en breve, si fuese cierto aquello de la igualdad de apetito sexual entre géneros) que se prestan a hacer el amor en todas las posturas del kamasutra; elegantes y discretos bares de copas y compañía femenina; fantasías sexuales solitarias en el “video-vox” con gran variedad de efectos especiales; etc., etc., etc.

Resulta obvio que la realidad va muy por delante de la ficción, y se comprueba que la escena de la película de Patrice Leconte La maté porque era mía (Tango), no hacía sino constatar la realidad en aquella reflexión en voz alta del juez Paul (Philippe Noiret) cuando lanza un florilegio de piropos a su amante…que resulta ser una gatita. Todo ello es recogido con detalle en último apartado del documento TV El imperio de los Sin Sexo cuando expone los Neko-cafés como círculo afectivo.

Sin darnos cuenta, hemos pasado de la familia nuclear a la monoparetal y de ésta al mundo de los singles con sus mascotas, exponencialmente crecido en la actualidad. Dicen que es una evolución lógica tras el proceso de individualización que sucede a las crisis sistémicas como las que padecemos. Al viejo Dacio Gil el sexo ya le pilla lejano pero reconoce que entiende bien poco de lo que está pasando: Lolitas; bellezas mudas, de tacto sedoso y articulaciones atléticas; eyaculación en vez de amor en orgasmo simultáneo y sincronizado; cabinas en lugar de tálamos; preciosas gatas en lugar de esculturales vedettes de largas piernas y contorneados cuerpos; desiertos sexuales compartidos... cuando no yuxtapuestos... El viejo Dacio Gil quedó aún más turbado y confundido tras ver el documento TV en la 2. Esa noche tardó en conciliar el sueño de tanto repasar el sedicentes Estado de derecho y la idílica igualdad ante la ley que se aplica en los campos de fútbol y en las audiencias judiciales, pero al sorprenderle por fin Morfeo se le apareció el espectro de Nietzsche con su enorme mostacho repitendo sin cesar aquella anfibológica sentencia intempestiva de "El hombre quiere que la mujer sea pacífica; pero en realidad es esencialmente belicosa, como el gato".

El Imperio de los SinSexo es un Documento TV que puede ser visionado en
http://www.rtve.es/alacarta/videos/documentos-tv/documentos-tv-imperio-sinsexo/1333217/ . Merece la pena. Invita a una angustiosa reflexión sociológica. Cada cual (y cada cuala) deberá extraer sus propias conclusiones intentando ser cabal consigo mismo/a, como si se tratase de la contestación a un formulario de tendencias y hábitos sexuales de esos que solía enviar la extinta Sanidad Pública. Contestar el cuestionario... sin inflarlo de las “mentirijillas" que suelen deslizarse en esos casos…

lunes, 27 de febrero de 2012

MAURICE ANDRÉ, LA TROMPETA CELESTIAL.

Cada cual es reflejo de la información recibida y lograda asimilar y de los propios afanes por conocer e intentar comprender. Algunos con grandes cualidades personales, transitando por esas sendas de la indagación, llegan a tener una vasta cultura. El viejo Dacio Gil conserva aún su patológica necesidad de intentar entender y comprender lo que acontece en su derredor y puede proclamar con orgullo que ha perdido poco fuelle su inherente tendencia a rebuscar entre recortes y desperdicios informativos en orden a suplir su déficit de conocimientos. Aunque se tiene por un hombre sensible –ese romanticismo que le ha llevado a no considerarse nunca entre los triunfadores, embarrancado en aparentes estériles combates contra la fealdad moral- nunca ha sido, ni ya llegará a serlo jamás, un hombre de cultura. Lo poco que sabe se lo debe a la generosidad de quienes le distinguieron con su amistad que le abrieron puertas y caminos. Eso es lo que le ocurrió con la trompeta celestial.

El joven Dacio Gil creció en un franquismo cuartelero. La mayoría de edad apenas le alcanzó de soldado (con el INRI de “voluntario”) en una mili obligatoria a la que no encontraba sentido alguno. Entendía bien poco lo que sucedía en aquel cuartel en el que las horas de guadias y refuerzos se hacían interminables y transitaban a golpe de corneta. En aquel cuartel el corneta solía ser alguien que, a lo sumo, sabía tocar la guitarra o la bateria, aunque con el paso de los días podía terminar, si se reenganchaba de chusquero, en la banda de la región militar en la sección de viento metal. El marcial chunda, chunda podía ofrecer una carrera con estrecheces, sin grandes virtuosismos ni metas, pero honrada.

Fuera de la castrante actividad castrense (con el torpe y errado agravante del “voluntariado” que aspiraba erroneamente hacerla más llevadera aunque más larga) el joven Gil identificaba la trompeta con los pasodobles que interpretaban los gitanos callejeros o con el acompañamiento musical de la “troupe” junto al perro y al volatinero.

Trabajosamente, en su afán por cultivar su sensibilidad, el veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia fue descubriendo los violines, el violonchelo, la música barroca con los Albinoni, Vivaldi, Bach; Haydn, Mozart; luego Schubert… Más adelante sus círculos de amistades le introdujeron en Praetorius y de ahí ya pasó a intentar paladear las diferencias interpretativas y de conducción. Pero la gran sorpresa -justo es reconocerlo ahora en honor a los inductores y al protagonista que ha partido- fue que la trompeta recobrase la calificación de instrumento divino, más allá de su identificación con el Apocalipsis. Hasta ese momento, los instrumentos de viento (ni siquiera los pífanos o las flautas "mágicas") no se encontraban entre los predilectos. Ese milagro lo consiguió un virtuoso francés hecho a sí mismo bajo los firmes auspicios de su padre.

Maurice André marca un antes y un después en la interpretación de piezas musicales clásicas y modernas con la trompeta. Las grandes composiciones barrocas para trompeta son ejecutadas por André con una maestría hasta ahora incomparable. Sus registros y limpieza sonora son proverbiales. Escuchar el órgano de Bach a través de la interpretación de André a la trompeta es una experiencia sublime. Como tambien es inigualable la audición del concierto de Aranjuez por él interpretado en el que el viento mece amorosamente a la cuerda hasta suplantarla. Lo mismo ocurre con su versión brilantísima del Adagio de Albinoni tal como lo recuperó Remo Giazotto. Con Maurice André la trompeta piccolo gime cual violín o violoncello. Puede afirmarse que, a pesar del complejo de inferioridad sinfónica de los instrumentos de viento metal, cualquier ser mortal no es siquiera iniciado en música si no se ha emocionado previamente con el virtuosismo de André. En uno de sus sueños más raros y más selectos, el viejo Dacio Gil aparece en una audición privada de Mstislav Rostropóvich, David Óistrakh y Maurice André juntos para esa ocasión.

Los biógrafos, autorizados o no, de Maurice André cuantan que fue minero en sus años difíciles y que sufrió en su juventud una afección pulmonar que no le impidió llegar a ser en el arte de la trompeta lo que Paganini en el violín.

Aunque ya no daba conciertos desde 2004, Maurice André ha sido fichado el pasado sábado como trompeta solista para la egregia filarmónica celestial. Dicen que el concierto de acogida en tan selecta Academia se lo ofrecerán Antonio Vivaldi, Tommaso Albinoni y Leopoldo Mozart en la primera parte y Louis Amstrong, Dizzy Gillespie y Miles Davis en la segunda.

Su definitiva partida es una inmejorable ocasión para recordarlo escuchando su obra con el recogimiento que su virtuosismo merece.

viernes, 24 de febrero de 2012

LUCHA DE CLASES.

En los tiempos que corren de dicotomización económica (banqueros, brokers y demás gentuza: ricos; un proletariado cada vez más amplio: pobres) a nadie se le ocurriría exhumar el cadáver de Carlos Marx para sostener eso de la lucha de clases, del conflicto como dinamizador social. Todos parecemos acomodados a nuestro destino y no cuestionamos nada bajo la advocación a una virgen en la que no creemos demasiado (“Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy”). Hasta don Ignacio Sotelo nos inoculaba recientemente la duda (El espejismo del Estado de Bienestar; EL PAIS 18-2-2012) de que ese espantajo que airea con descaro Rubalcaba haya existido nunca en España. Sotelo es de las pocas cabezas lúcidas que se mantienen enhiestas en un país arrasado por la golfería institucional al máximo nivel y al más cutre también: en los palacios y en las cloacas.

Los marxianos de pura cepa –y Cayo Vizcaíno y Llamazares con el disimulo propio de los marcianos que quieren parecer marxianos- simplificarían un asunto tan grave apelando a la dialéctica, a la lucha de clases. Nadie en tiempos de globalización, excepto Toni Negri, se atreve a llamar a una lucha de clases renovada, pues hasta el Movimiento 15M (el único movimiento realmente existente) se cuida de no agitar la metodología marxista para no verse desacreditado por toda la prensa española de derechas, desde EL PAIS a LA RAZÓN.

Pero,-¡qué coño!- a quienes nos quede un ápice de conciencia tenemos que quitarnos los calzones y las braguitas y levantarnos contra tanta injusticia y vejación social. Constituirnos en Tercer Estado y salir a la calle como sans culottes. Sólo nos queda designar a nuestro abate Sieyés particular y lanzarnos hacia la verdadera Revolución, la revolución rayista. Y nuestro Manuel José Sieyès, con el permiso del historiador erudito Pedro J. Ramírez, debe de ser sin duda alguna don José R. Sandoval.

Sans culottes todos. Franjirrojos hasta la médula, bufrandas y sombreros al aire, tomaremos el domingo las calles para contagiar a la ciudadanía que hay que rebelarse contra el statu quo perverso. Un sistema establecido perverso hipostatizado en Florentino Pérez y sus cohechos urbanísticos. La prepotencia económica y mediática madridista se verá contestada por la gente de Vallecas, en la que se integra la extinta clase media, con sus cánticos y su orgullo social de pertenencia. Gozando catárticamente de la desaparición de la escena (sólo de la escena, pues operan con fideicomisarios interpuestos) de la familia Ruiz y de la esperpéntica temporada “concursal” pasada. Metáfora de la España actual judicializada.

Toda revolución tiene su fiesta y en España su inicio está fijado para el día 26 F en Madrid; en el barrio de Vallecas. La Primavera Rayista, tras tanta ostentosa opresión madridista y del florentinismo rampante, se hará notar para la historia. Con los espacios públicos Avenida de la Albufera, Arroyo del Olivar y Payaso Fofó literalmente tomados por los GEOS (hay que repartir míseras dietas en épocas de restricciones salariales aunque sea por causas ficticias de "alto riesgo") los rayistas enseñarán a Occidente cómo se vive una fiesta revolucionaria en paz y alegría. Si, encima, a eso de las 18 horas el resultado ha sido favorable, será la bomba. Los unidimensionalmente madridistas AS y MARCA se aprestarán a destacar que el Sur también existe e ilustrarán al día siguiente sus portadas con imágenes del magnate del ladrillo y del fideicomisario juntos y de otros tantos de cientos de señoritos en el palco a la tradicional hora del segundo plato dominguero. Seguro que ese día la madridista Casa Juan estará semi-vacía a las cuatro de la tarde.

Un partido de fútbol como inequívoca muestra de que aún es válido el análisis dialéctico de la historia. La afición rayista como espita de la Revolución Española. El franjirrojo como símbolo de la primavera en febrero. Un Rayo de esperanza. Un liderazgo carismático y emocional -además de legal racional- en una España huérfana de auténticos líderes y ahíta de mangantes: José Ramón Sandoval.

Hemos tomado demasiado a la ligera a Toni Negri: El rayismo es una sana y gozosa multitud que terminará germinando en un cambio social. El 26 F quedará grabado en moldes de oro para la historia como el inicio de la Primavera Rayista que contagiará al resto de España. El modo franjirrojo de poner coto a una inequívoca decadencia de Occidente ostentosamente llena de esquinas, torres, urbanismo corrupto, financiación pública, Cristianos, Ronaldos, Florentinos y miles y miles de flojos advenedizos y huecos aduladores del poder.

Cabe, sí, la sana lucha de clases en pleno siglo XXI. Un pueblo -mucho más que un barrio de la capital- intentando redimirse como puede de los yugos. El profeta de esta Primavera de brotes franjirrojos es identificado como José Ramón Sandoval que ha incluído en su Estado Mayor a jóvenes e ilustres veteranos que han sabido contagiar a la humilde gente "vallecana" el espíritu revolucionario que portan con orgullo...deportivo.

lunes, 13 de febrero de 2012

EL SUEÑO DE LA RAZON JURÍDICA PRODUCE ASCO.

El viejo Dacio Gil se encuentra desde hace varios días sumido en una gran duda existencial. Pondera si merece seguir alzando la voz (y el puño, y la hoz, y el martillo…y muchas más cosas más) en esta Tribuna Alta Preferencia dado el estercolero totalitario en el que nos encontramos sumidos todos junto a la democrática Atenas. Sostiene este Gil que el tradicional cogito ergo sum ha sucumbido ante el cogito interruptus dominante. Si ya no somos nada –y menos que terminaremos siendo-, ¿a qué seguir intentando pensar en voz alta? Si la concatenación de escándalos económicos, judiciales y mediáticos nos han terminado convirtiendo en bienes mostrencos o en semovientes ¿qué sentido tiene intentar sugerir algo a unos eventuales lectores embozados en el silencio o como logoterapia?

Los aires totalitarios que hacen el ecosistema europeo irrespirable parecen aconsejar el silencio o la salida monacal. Cabe, eso sí, el metamorfoseo cínico a lo Rubalcaba pero para esa opción límite hay que tener unas enormes tragaderas, un desprecio absoluto para los distantes semejantes y unas ganas locas por seguir viviendo del cuento de la política insana, pues en la vida real hace muchísimo frío. Cabe, en fin, lanzarse a la calle a mostrar el descontento como los atenienses pero al viejo Gil le pilla en un trance achacoso y en pleno descreimiento en la capacidad de movilización ajena. Escribir en un blog por muy terapéutico que pueda ser parece hoy fuera de lugar con el estado de excepción y la “vuelta a las andadas” que lo domina todo. El veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia siente pánico por lo que se nos avecina y estaría dispuesto a suscribir tilde a tilde el pesimismo antropológico que exhalan las Confesiones de un burgués de Sandor Màrai. Ni los unos ni los otros harán nada por la gente corriente. A lo sumo nos aplicarán la compulsión directa en cuerpo, alma y bienes. En esta piel de toro le pones librea al portero de tu casa y se cree capitán general con mando en plaza y, pistolón en mano, te intimida y tortura hasta la extenuación. Casi casi como el Secretario-Administrador (asalariado del común) en la Junta General de la comunidad de vecinos horizontales: engaño tras engaño, con desprecio absoluto al órgano soberano.

Al viejo Gil no le consuela ni siquiera coincidir en el diagnóstico con el sabio Ignacio Sotelo que le confesaba días pasados -cuando coincidieron ambos el día de la última representación de Los Emigrados en la sala Réplika-, que atisba con pesimismo el futuro de Europa y de los españoles. Que sin juventud rebelde no hay avances sociales relevantes. Y Sotelo no suele errar en sus diagnósticos como ha demostrado con la universidad, la socialdemocracia, Europa, el estado social, el franquismo, el PSOE y cualquier tema que tenga a bien someter a su consideración de sabio.

Que una sentencia judicial sobre un juez proclive al estrellato (el ámbito más totalitario de la sociedad que ya es decir, pues España es un enorme Tribunal de Orden Público en el que las togas de primer, segundo, tercer o cuarto turno hieden) se encuentre hoy en boca de todos parece la prueba del 9 de lo que está pasando. La justicia humana ha sido siempre así: ni la verdad ni la justicia importan; sólo el prurito leguleyista huero. Ahí tenemos si dudamos a la "remasterizada" De la Vega con su amigo del alma (y del cuerpo) Ledesma en el dorado nicho del aconsejamiento perpetuo del fantasma Estado; con “Alicia” Zapatero formando el trío de la Bencina. Que Dios pille confesada a la casta-meretriz de la Justicia cuando nos llegue la hora del Juicio de verdad (si es que es de verdad el juicio universal). Juicio que, al paso que vamos, también será amañado para que unos entren a pie y otros en coche, ya que ante las puertas del infierno es de esperar que nos agolparemos los parias intercambiándonos el aliento como ocurre a la salida del campo de Vallecas Arroyo del Olivar arriba, mientras los señoritos de siempre y los parvenus dejarán ligero rastro de sus caros aromas sin apreturas de ningún tipo y sin la onerosa presencia popular. Todo por la sedicente (y sediciosa) virginidad del Estado de Derecho.

Hubo un tiempo en que los letrados que actuaban ante la sección sexta de la Sala de lo contencioso del Tribunal Superior de Madrid llamaban "el estercolero" a ese juzgado, pues todo lo que no fuese proteger a los delincuentes de la administración los magistrados Teresa Delgado Velasco, Francisco de la Peña Elías et alii dejaban pudrir los temas para no incomodar a los detentadores de las administraciones; todo ello en aras a terminar siendo catapultados ellos a la Nacional, como su colega Cudero, o al Supremo. Y al "justiciable" (sic) que osase moverse defendiendo la veracidad de sus asertos lo amenazaban con las penas de la santa excomunión en forma de injustificable delito de calumnias tramitada en sede corporativa. La amenaza como disuasión jurídica. Asustar con el espantajo. La trampa como modelo. Esa dinámica se ha extendido hoy a todos los órganos judiciales. El sueño de la razón jurídica produce asco. Así de claro. Indiferente la clase de magistrados, “especialistas” o no, a que los delincuentes hayan seguido impunemente delinquiendo en el ámbito de lo público para ocultar sus deslices privados. Aquellos delincuentes se encuentran hoy confortablemente acomodados en su cementerio de elefantes. Esas son las señas de identidad del sistema garantizador que proclama la Constitución de 1978 y que ingenuamente creímos los españoles que serían valores superiores de la convivencia. Constitución, como es sabido, excepcionada hoy en día por los dirigentes bancarios y de la UE. Es decir: la UE como Efraín Rios Montt o los ministros de la Gobernación de Franco.

La golfería se ha enseñoreado de España y ya no hay ámbito que se salve. Del Rey abajo ninguno. Nadie. Asistimos al tiempo de selectas tribus que pactan entre ellas a cencerros tapados despreciando profundamente a la gleba. Todo ello con la colaboración necesaria de los medios de comunicación que se ofrecen al garlito para aparentar cierta transparencia que no es tal. Podría decirse que estamos en una democracia mafiosa pero este Gil no quiere ser tan gil de proclamarlo el primero. Vivimos un sistema que es puro cambalache para iniciados. Pésimo teatro.

En estas coordenadas es más que probable que el viejo Dacio Gil haga mutis por el foro y abandone, pues ahora no está el horno para bollos ni se conjetura que pueda estarlo en el tiempo que está por venir. Se encuentra sopesando -eso sí- si será obligado dejar algunas breves disposiciones testamentarias para conocimiento general. En eso está.

Quede desvelado para quienes se han interesado por las razones del continuado silencio del viejo Dacio Gil. Un silencio autoimpuesto.