martes, 30 de agosto de 2011

ESTRAMONIO Y CONSTITUCIÓN: ¡FUE SATANÁS! ¡FUE SATANÁS!

Pasa lo mismo que a la pobre novicia María Rosario, a la que cortejaba el Marqués de Bradomín en Sonata de Primavera: Que termina trocando al amoroso aristócrata asediador por el mismísimo Satanás. Así pasa también desde la transición, que venimos cuidando la intangibilidad del texto constitucional para preservarlo de depravados malhechores y ahora, de golpe y porrazo y con una urgencia que nadie acierta a comprender, el supremo desmochador de instituciones más o menos sólidas se alíe con la otra casta del Régimen para violar el espíritu tan celosamente guardado en orden a defender la democracia. Para comprobar la auténtica faz de este Movimiento Nacional del siglo XXI no hay más que fijarse en don José Blanco: Se le han puesto el aspecto y los modales de aquellos falangistas de primera hora o de aquellos alféreces provisionales devenidos en generales, que a base de negocios turbios dentro de las instituciones llegan a hacer bastante dinerito y a aparentar orondos potentados cuasi mafiosos. Salvando las distancias, es el nuevo Martín Villa o el José Solís de turno. Regordete ya, con trajes a medida de sastre, remachado al coche oficial y a la visa institucional. Es la viva imagen del Régimen, como la de don Javier Arenas, ayer niño de la UCD y hoy abuelete del tercio “bien” del Movimiento.

Son todos iguales y por eso no han dudado en actuar de consuno para coludir el espíritu constitucional y, de paso, desvencijar todo el derecho constitucional que todos habíamos aprendido con esfuerzo y contribuido a respetar.

Esto de la reforma constitucional express es como aquella Novena Ley Fundamental que se preparó para continuar la reforma política potfranquista. Y han tenido que ser Zapatero y sus secuaces (¿Quiénes si no?) los que reduzcan la Constitución a mera Ley Fundamental del Reino tutelado por Franco. En el plano local, es franquismo del más rancio. En el internacional, puro remedo de aquel Tony Blair que no dudó pasar la apisonadora por las conquistas sociales para poder enriquecerse de manera privada.

La verdad es que los españoles no aprendemos ni de la historia ni de la semiótica. Parece que hubiéramos sido narcotizados por la constante ingesta de ensaladas de estramonio facilitadas de matute para restañar las continuas heridas inferidas por el proceder arbitrario y demagógico del tercio sindical del Movimiento Nacional (PSOE) junto con la Banca de siempre (March y compañía). Son las heridas, los callos aplastados por la bota de ese tercio sindical liderado por Zapatero y las almorranas secuela de tanta sodomización social violenta. Y, claro, tanto estramonio y tanto aprendiz de brujo han terminado por colocarnos a todos al borde del precipicio, pues existe un abismo entre la cualidad fácilmente perceptible del mal y los mecanismos intelectuales que hoy disponemos para enfrentarnos a él. Todos creíamos que no iba en serio, pero como advirtió el sabio Montaigne, en el capítulo IX de sus Ensayos (De los mentirosos) “el bien es cierto y limitado, el mal infinito e incierto. No me determino a asegurar que yo fuera capaz de salir de un duro aprieto o de un peligro evidente y extremo, de emplear una descarada y solemne mentira.”

Hay que reconocer, sin un ápice de broma, que esto de la crisis no es nada nuevo. Es una nueva manifestación de la maldad humana que se ha presentado recurrentemente a lo largo de la historia. Asistimos hoy a un auténtico cataclismo social, a una epidemia del miedo, a un institucionalidad moralmente fraudulenta. O, por decirlo en expresión afortunada, vivimos un fracaso intelectual y lingüístico frente al Mal. Asistimos hoy a una exacerbación del principio maligno mediante sucesivas crisis y epidemias que tan acertadamente describiera Ian Mc Ewan en su novela sobre Europa titulada Los perros negros: "un principio maligno, con una fuerza que avanza periódicamente para dominar y destruir las vidas de los individuos o los países, luego se retira y espera la siguiente ocasión".

Por así decirlo, el diablo, Satanás, se ha vuelto invisible e irresponsable. Nadie es capaz de identificar al promotor del Mal finaciero, pero es evidente que existe. Oculto e invisible pero existe y lleva a cabo su designio maligno sin la menor dilación y sin compasión alguna. No conocemos a esa minoría organizada (ahora financiera, antes de“heterodoxos”) que gusta de atentar contra la Soberanía de Dios y la Soberanía de los entes territoriales. Tal vez estemos necesitados de algún aparataje hermenéutico, tal como la Semiótica del Miedo que trabajosamente construyese Yuri Mihailovich Lotman, pues es fácil aceptar en estos momentos de crisis estructurales financieras aquella máxima suya de que no es la amenaza la que crea el miedo, sino el miedo el que crea la amenaza.

Más que miedo es pánico colectivo. Y ya se sabe que tras el pánico aparece indefectiblemente la Caza de Brujas, tan presente en la historia del hombre sobre la tierra y que tan susceptible es de analizar bajo perspectiva semiótica. A la violencia imaginaria suele suceder una insospechada persecución de humanos contra humanos. Y tiene todos los visos de ser cierta la afirmación de que el paroxismo que recorrió Europa en los siglos XVI y XVII con la incesante Caza de Brujas, con un miedo y una violencia injustificables, andando el tiempo contribuyó al éxito de la imprenta, al otorgar a la literatura demonológica una envergadura sin precedentes.

Exactamente lo mismo que le ocurre hoy a la vieja Europa-museo con eso de una crisis financiera que nadie acierta a comprender y describir, pero cada cual columbra que es para imponer, sea como sea, un nuevo modelo productivo. No en vano –apuntaba Lotman, en base a un documento del s. III d. C., cuyo autor sería Marco Municio Félix- es precisamente en una crisis similar sobre la que se construyó el predominio del cristianismo: todo empezó con las habladurías, los rumores y los chismes de la masa anónima (se hablaba de un malhechor que había sido crucificado, de una esclava y de un asno) que nacen en una atmósfera de miedo y sin los cuales dicha atmósfera no habría existido.

Para conseguir los objetivos ocultos del poder (también oculto), luego vendrá la persecución de brujas y brujos, y la atmósfera de sospecha creciente que terminará afectando también a los propios jueces, que ajustician inocentes sin temblarles el pulso, quienes reconocerán con el tiempo, buscando la absolución ciudadana, que también ellos fueron tentados por Satanás en la redacción de sus sentencias que trajeron la muerte a demasiados inocentes. Vamos, que son humanos, demasiado humanos. La eterna Fiesta de los jueces en torno al cántaro roto. Y como reza la tesis de Yuri M. Lotman en su ciclo de conferencias sobre el análisis semiótico del cataclismo social: Los horrores de varios siglos se desvanecen de tal modo en tres o cuatro décadas, que cuesta creer que hayan existido. Y es entonces cuando aparece el mito de que el miedo y el fanatismo son fruto de una época casi prehistórica.

El viejo Dacio Gil quiere trascender su evidente indignación con todo lo que está pasando. No quiere sentir vergüenza de no tener vergüenza y por ello ya ha empezado a hacer acopio de lecturas que le puedan orientar en su refugio anti-ortodoxos financieros, si es que tuviera que abandonar su casamata en la Tribuna Alta Preferencia:
1. Los demonios de Loudun, de Aldous Huxley.
2. Las brujas de Salem, de Arthur Miller,
3. Los perros negros, de Ian Mc Ewan.
4. Las brujas de Eastwick, de John Updike.
5. Inquisición española: poder político y control social, de Bartolomé Bannassar
6. Auto de Fe, de Elias Canetti.
7. Modernidad y Holocausto, de Zigmunt Bauman.

Recomendaba Ignacio de Loyola aquello de “en tiempo de tribulación no hacer mudanza”, pero una mudanza intelectual que nos desamodorre a todos parece tanto necesaria como imprescindible. Basta ya de estramonio servido en bandeja por las huestes del Movimiento Nacional.

¿Crisis? ¿Quién dijo Crisis?

¿Brujas? ¿Pero existen las brujas? ¿Y quién las caza?

¡Satanás! ¡Fue Satanás!

martes, 23 de agosto de 2011

MEMORIAL FERNANDO BELINCHÓN (LA CARRERA DEL CSIC ...Y SU MEMORIA).

No cabe duda que se trata de una especie de tribu que vive parasitando aún de la Residencia de Estudiantes. Aquellos cachorros de la burguesía hispana tenían los divertimentos propios de su condición social: lawn- tennis, cross-country, su Café de Negrín etc. No todos los españoles podían permitirse esos divertimentos aunque aspiraban, (¿cómo no?) a hacer realidad aquel viejo apotegma de “mens sana in corpore sano”.

El actual CSIC se sigue empeñando en mantener esa que dicen tradición atlética y hace previsión cada año en sus presupuestos de una partida (es de suponer que ese dinero no se lo lleva nadie y sirve para pagar el agua, los dorsales, las camisetas y los jueces federativos) para el apoyo logístico y estratégico de un evento que no tiene una gran repercusión social ni deportiva, no se vaya a creer. Se mantiene por estrictos términos de propaganda y para provisionar una partida de acción social bajo veste de deporte estricto. Ahora la denominan con el pomposo nombre de Carrera internacional de la Ciencia, cuando antes lo era con el más humilde Carrera del CSIC. Cuestión de gabinetes de prensa y propaganda. Que de eso sabe mucho al actual CSIC y sus lobbies políticos, económicos y sindicales.

Este año la carrerita (es un corto trayecto de 3000 metros) casi va a coincidir con la retirada de alguno de los signos políticos franquistas que adornan y presiden la institución desde hace años. Con un empeño digno y honesto Cristina Calandre tiene perfectamente documentada la pervivencia de los símbolos franquistas en el CSIC y la indeleble impronta del camino recorrido por los fondos económicos en épocas del OPUS DEI y posteriores y a ella se remite -y somete- el viejo Dacio Gil así como al torrente de datos existente sobre el CSIC como ariete fundamental para la financiación de la Prelatura Personal para Escrivá de Balaguer. Miguel Fisac lo reconoció con la gallardía propia de buen manchego y brillante arquitecto social. Afortunadamente hay constancia escrita que otros han desarrollado.

El viejo Dacio Gil se entera de nuevo por ABC (¿cuál es el coste de la filtración de noticias? ¿Existe fondo de reptiles en el CSIC?), el vocero oficial del PSOE de Rafael Rodrigo Montero y su familia científica y acientífica, de la voluntad de retirada de los símbolos franquistas doblando ya el año 2011 y tras el escándalo de la sustracción continuada de fondos (resumido perfectamente por Cristina Calandre en “Tiempo de Historia”, Quitados del frontispicio del CSIC los títulos y símbolos de exaltación franquista). Por lo que se ve, los actuales jerifaltes del CSIC y sus sindicatos agregados y pensionados quieren hacer que hacen en eso de la memoria histórica pero parecen haber perdido la memoria en recordar al sujeto y al objeto de su más reciente desfalco, que dicen ¡en paradero desconocido y con él todos los libros de registro, incluídos los informáticos!

Una martingala más de Rafael Rodrigo Montero y sus secuaces (¿o, en realidad, es secuaz el señor Rodrigo de otros señores de la impunidad?), pues todos saben que Fernando Belinchón vive aún y que no está en paradero desconocido ni se llevó todas las pruebas de su actuación delictiva sólo o en compañía (o presencia) de otros.

En pro de que resplandezca la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad (a lo que no se está acostumbrado en el CSIC, a fe que es cierto) el viejo Dacio Gil propone desde esta Tribuna Alta Preferncia que la carrera del CSIC, la pomposa Carrera Internacional de la Ciencia se denomine a partir de ahora Memorial Fernando Belinchón, de la misma forma que otras carreras se llamaron Premio Conde de Villapadierna, Memorial Antonio Blasco o memorial José María Cagigal. ¿Qué por qué? Pues muy sencillo, por aquello del “coge el dinero y corre…”. Por pura evocación de la velocidad en la desaparición y perseverancia metódica en el entrenamiento en el saqueo.

En esta primera edición deberían participar de corto , además de Rafael Rodrigo Montero, Eusebio Jimenez Arroyo, María del Mar García Ferrer y Carlos Manual Abad, así como otros tantos más. Tantos como fueron los que conocieron el garlito y callaron como tumbas moras mientras se repartían suculentos premios económicos cada semestre. Los premios a los ganadores debería entregarlos algún familiar del señor Belinchón o, en su nombre, alguna de las habilitadas que debieron ir firmando con el tiempo las actuaciones delictivas. Caben, desde luego, muchas más acciones en recuerdo de Fernando Belinchón y sus cómplices y encubridores voluntarios o forzosos, pero no cumple al viejo Dacio Gil proponerlas. Salvo que lo que se pretenda sea tapar a toda costa los detalles minuciosos del desfalco con el manto de la desmemoria histórica, para que no quepan indicios siquiera de cómo puedan estarse financiando, diercta o indirectamente, determinados sujetos de la participación política.

Todos saben de memoria -hasta los voceros del ABC en el que, casualmente, escribe César Nombela ex presidente del CSIC con el PP- el nombre de Fernando Belinchón y sus actuaciones; como saben que el retrato de Albareda preside con su inquietante dedo separado las dependencias del CSIC; como saben que allí se viene practicando con descaro la impunidad guatemalteca. Y no hace falta ser Marie France Hirigoyen para saber que desde hace mucho tiempo en el CSIC se lleva a cabo el más negro acoso moral a quien decide intentar levantar las alfombras. Se trata de una organización con una altísima toxicidad, tal y como recordaba el 22 de agosto de 2011 en sus páginas centrales el diario EL PAIS al conectar acoso moral en el trabajo con mala organización laboral. Rodriguez Zapatero tiene cumplido y exhaustivo conocimiento de todo ello. El Fiscal General del Estado también conoce de todo ello de manera pormenorizada. Los diferentes ministros del ramo tampoco podrán nunca alegar desconocimiento. Ni tampoco los jueces. ¿Cómo han defendido todos ellos el interés general y atajado la desviación de poder? Obvio: con la conocida metodología Zapatero...

El CSIC es una larga y descarada concatenación de escándalos en plena época constitucional y en un sedicente Estado de Derecho. Es de general conocimiento y sabido es por casi todos. ¿Y por qué callan todos? Es bien sencillo, porque es una institución fallida, un espantajo, un atrapa proyectos europeos de toda laya y el conomiento general de tamaña falsedad dañaría las bases del régimen. En esto, como en otras cosas, rige la máxima de Caifás: es preferible que muera un hombre justo a que se desacrediten las instituciones de todo un pueblo.
¿A alguien se le ha pasado por la cabeza que Fernando Belinchón fuese inocente? Posiblemente no sólo Fernando Belinchón haya sacado tajada. Las tajadas, como bien se sabe, pueden ser de diferentes tipos. Y a muchos apetecen o necesitan de ellas.

Carrera de la ciencia; carreras en el CSIC; “coge el dinero y corre…”; oído cocina: un proyecto atrapado más tras vestir convenientemente al mono. Y sus dineros se drenan y se pierden como una exhalación.

De memoria se sabe cómo es todo en el CSIC. Tal vez lo mejor fuese olvidarse definitivamente del CSIC y trocear el nuevo árbol de la ciencia distribuyendo sus actividades reales (no las ficticias) por las universidades que verdaderamente quieran investigar y hacer ciencia. Otra posibilidad sería suprimirlo de plano y definitivamente, ignorando para siempre sus historias de financiación espurias y sus impunidades y dudosas glorias en el atropello continuado de los derechos y la dignidad humanos más básicos.

Memorial Fernando Belinchón. Preparados…, Listos…,Ya: Toma el dinero y corre.

EL BAÑO DEL PAPA

En estos días, al viejo Dacio Gil le pasa lo mismo que al filósofo dedos torcidos de la película feminista holandesa Antonia; que no puede comprender, aunque lo intenta incesantemente, todo lo que está pasando a su alrededor. Se ve inclinado indefectiblemente al juego de la asociación de ideas y eso le desazona.

Por un lado la espectacular y recurrente demostración de fuerza de la Iglesia de Roma le produce un enorme vértigo vital. Ver a las juventudes perfectamente distribuidas en aquella enorme explanada de cuatro vientos trae de inmediato a la mente de este viejo Gil la imagen de las juventudes hitlerianas aclamando a su líder.

Asimismo, con enorme pena comprueba también Gil que no sólo los jóvenes aclamaban al papa de la iglesia romana. Allí, el domingo, estaban en sitio preferente la flor y nata finaciera de los Botín, los Rato, los Koplowitz y demás instalados financiaros –incluido también el parvenú Ignacio Garralda prototipo actual de la deriva económica española- como si del cónclave financiero de la novela Todo Modo de Leonardo Sciascia se tratase. Le consta al viejo Dacio Gil que no estaban Roberto Calvi, ni Paul Marcinkus, ni Michele Sindona. A su vez, ignora el veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia si allí se encontraba también, y en sitio relevante, la familia completa de los Ruíz Mateos o la familia Isla o el presidente del Tribunal Supremo Carlos Divar junto al viejo jurista Mendizabal Allende, hoy también generosamente cobijado en la nómina de la aseguradora de Garralda, aunque es de suponer que sí estuvieran al ser el JMJ 2011 un acontecimiento para católicos de todas las adscripciones. Mientras, los jóvenes peregrinos, según la jerarquía de la congregación que los representaba y dirigía, ocupaban la periferia de la explanada, cuando no el extrarradio. Masa y Poder que diría Canetti. O más sangrante aún: Movimiento e Institución en la concepción de Francesco Alberoni. Difícil de entender desde la pretendida humildad cristiana esa enorme manifestación de fuerza de la Iglesia de Roma. Todo abrumador, desmesurado. Espectacular en el más rancio concepto de Guy Debord. El alma como bandera. El espíritu como idea-fuerza publicitaria.

Los políticos españoles "a la violeta", tan contentos todos (más unos que otros, pero posibilistas todos intentando sacar tajada de la labor de los Hidden Persuaders eclesiales) creyendo que se estaba marcando el camino indeleble de las próximas elecciones: unos para remarcar su tendencia a la mayoría absoluta y absolutista y los otros (los consentidores, cómplices y encubridores de todo esto) para intentar salvar unos muebles que no se merecen salvar: Oremos fervientemente los librepensadores y los descreídos para que se precipiten al vacío como lo hizo la UCD, pues no merecen otra cosa. Cargadas de pedernal, dinero negro, demagogia barata e inmundicia sus alforjas, el batacazo debería ser descomunal, histórico. Plenamente merecido. En nada se diferencia lucifer Rubalcaba del querubín Ignacio Garralda, como todo el mundo sabe y de Todo Modo.

Estas jornadas -como las guerras- han dejado un buen número de damnificados y perjudicados, ya que nada es como parece y nos cuentan los medios de comunicación en este corto y tormentoso ferragosto en el que los becarios se afanan en su meritoriaje. Como le pasó a María que no pudo acercarse cuando su trabajo se lo permitía a la calla Prim para ver la representación de La fiesta de los jueces, pues era imposible atravesar los mil cinturones policiales que decían proteger a la marea humana encandilada con el teólogo Ratzinger devenido en Benedicto XVI. Menos mal que pudo al fin ver la representación -y bien contenta que está de ello- el sábado por la noche. Como es el caso del sensato, sensible, respetuoso e intelectual y fraterno amigo Guillermo que hubo de soportar las sucesivas embestidas (literalmente las embestidas) de sendas ciudadanas exasperadas por las incomodidades y el fraude en los créditos de transporte adquiridos con anterioridad, perpetrado por el alcalde del Movimiento Ruíz Gallardón. El pobre Guillermo (ejemplar de la antiviolencia de cualquier género) pagó el sucesivo malhumor de la ciudadana que decía no poder respirar con tanta gente en el autobús y de la otra ciudadana que se desquitó con él por no poder colocar su maleta al no caber ni un alfiler en un bus repleto de peregrinos incapaces no ya de ceder el sitio reservado a tal fin a los viejos, discapacitados o embarazadas, sino de hacer hueco a una maleta. ¿Quién paga la exasperación? La gente de bien, la educada, como pasa siempre. El ciudadano de Madrid usuario del transporte público ha sido objeto de varios fraudes, perpetrados todos por las instituciones que deberían representarlos. Verdadero síntoma de lo que está pasando: el antecedente a la tragedia, a la conflagración…

Lo de las fuerzas de seguridad es otro abuso: empujones, interdicciones carentes de razón, manifestaciones de fuerza bruta. Todo modo en estado puro. Algún semiólogo analizará cabalmente en su momento el mensaje de tanta fuerza policial en el viaje papal. Otro síntoma más de la situación desesperada que vivimos. El estado policiaco en la ciudad museo y escenario.

Respecto a la discusión bizantina (¿o será vaticana?) sobre las inmanentes e inminentes ganancias económicas que genera la visita papal, el viejo Dacio Gil no puede más que sonreír con cierta malicia: fuegos de artificio para engañar en caliente nuevamente a la ciudadanía malhumorada con razón. El mesonero con quien la joven Cuca y el viejo Dacio Gil departieron el pasado sábado no se quejaba, pero reflexionaba como Sancho Panza con la realidad por bandera: su razonabilidad te causaba escalofríos. Decía que él no había visto un duro de más en estos momentos de crisis y que los conductores de autobuses italianos que comían su menú de 9 euros en su local también se quejaban de que aquello no era negocio incluso para ellos.¿De quién ha sido el negocio, pues? Tal vez para Arturo sí lo haya sido, pero es que Arturo se entrevera con todos los poderes, él es poder tangente.

El viejo Dacio Gil siempre se acuerda en estos casos de la magnífica película El baño del papa (Uruguay; 2007; Fernández-Charlone). Trata de la visita papal al departamento de Cerro Largo de aquella República Oriental, más concretamente a la localidad de Melo en 1988. En esa ocasión un emprendedor (Beto) abrumado e incitado por las noticias en los medios de los beneficios que reportará la visita del papa se empeña en construir un baño público para huir de la miseria. El viejo Dacio Gil no va a destripar el film. Aconseja vivamente su visionado ahora, en caliente. Como todo lo uruguayo –tan querido al viejo Gil- la película es sopesada, sentida, humana, respetuosa, realista. Una joya para los sentidos y un material inmejorable para analizar lo recientemente acontecido desde el plano humano, de la existencia privada (privada de casi todo lo material, pero inmensamente rica en lo espiritual). Para comprobar la enorme distancia existente entre la masa y el poder (político, fronterizo y mediático); entre el movimiento y la institución. Entre lo que dicen los medios y lo que refulge en lo cotidiano más pequeño. Entre la realidad y la imaginación fomentada por los persuasores ocultos.

Madrid no es Melo. Melo reúne aún las enormes raíces humanas que Madrid ya ha perdido. El poder es el mismo. La corrupción también. Y la Iglesia romana intenta siempre y en todo lugar mantener su capital simbólico -fruto de su violencia simbólica-, jugando con la tradición y el modernismo. Un ex presidente del CSIC, como César Nombela, nos lo ha intentado contar desde las páginas de ABC: ciencia y conciencia…

El baño del papa. Sí, el baño del papa.

martes, 16 de agosto de 2011

¿QUIÉN MANDA EN EL BESO?

Algo pasa con el amor. En los momentos actuales de preponderancia del equivalente moral a la guerra, en los que ni los mismos economistas se aclaran con síntomas, dolencias y medicinas preventivas y paliativas, parece que sólo el amor da respuesta a nuestras preocupaciones. El diario ABC de ayer 15 de agosto entrega gratuitamente con el diario (escuálido a más no poder en el veraniego agosto) un ejemplar del ensayo de Enrique Rojas titulado El amor: la gran oportunidad. Tú puedes conseguir un amor duradero. Posiblemente no sea el mejor libro para iniciarse en profundizar sobre estos temas del amor. En la actualidad hay mejores libros sobre el amor como los de los españoles Manuel Cruz (Amo, luego existo) o Javier Sádaba (El amor y sus formas), o los de los franceses Pascal Bruckner (La paradoja del amor), Alain Badiou (Elogio del amor), André Compte- Sponville (El amor la soledad) o Luc Ferry (Familia y amor). Incluso desde el punto de vista de terapia es más interesante y recomendable el libro de María Jesús Álava Amar sin sufrir. No obstante, es de agradecer la entrega de la edición no venal del ensayo de Rojas, que no es sino una especie de reedición sintetizada de su libro de 1997, El amor inteligente. Corazón y cabeza: claves para construir una pareja feliz.

Es de suponer que las razones que han animado al ABC a ofrecer la obra de Enrique Rojas haya sido el evento de la JMJ y la visita papal a Madrid. En ese objetivo, el autor escogido por el ABC vendría a ser el más indicado a esos efectos finalistas, como denota la bibliografía así como el contenido del libro. Parecería un cebo para atraer a la compra del diario durante estos días bajo el influjo del “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” o el lema “Dios es amor”. Con todo, es, además de un buen punto de partida, un síntoma de lo que está sucediendo al hombre y la mujer actuales en estos momentos de equivalente moral a la guerra. Una guerra de consecuencias letales aún no completamente manifestadas y en la que se nos da a entender que nadie concreto la hubiese desatado y en la que fuese completamente imposible identificar a los responsables y a sus beneficiarios directos. Un equivalente de guerra que hace quebrar eso de amarnos los unos a los otros (sobre todo a “los otros” incursos todos -unos y otros- en concurso de acreedores afectivos y EREs amorosos donde fuesen imprescindibles quitas de ternura) y no parece tener Dios benevolente ni Congregación apaciguadora alguna.

Las caricias, los abrazos y los besos son las más antiguas formas de comunicación emocional de los seres humanos: compartir lo que se tiene y lo que se desea tener. El beso mojado, el llamado “francés”, exige participación activa de las dos personas, reciprocidad, entrega y respuesta a lo que hace el otro. El beso es –junto con el abrazo y las caricias- tal vez la mayor manifestación de amor pues transmite sentimiento sin tener que articular lenguajes verbales. Incluso el silencio total es su contexto. Dado que se trata de un acto en el que se comparte, es difícil determinar quién manda en el beso. No es sencillo identificar a una persona “besadora” profesional, como tampoco puede afirmarse que el beso sea una mera técnica que se aprenda en seminarios y magisterios. Se suele decir entre las mujeres que en el beso puede llegar a saberse como será el amante, pues el hombre que no sabe usar los labios –dicen- nunca llegará a dominar ninguna parte del cuerpo cuando de hacer el amor se trate. Dado que a las mujeres les encanta besar, pues suelen aplicar en ello los cinco sentidos, acaso esté cargada de razón la afirmación anterior.

Al viejo Dacio Gil le gusta profundizar y adentrarse en el significado y alcance de la relación íntima, en detrimento del análisis de las instituciones públicas y sus derivas, colonizaciones y perversiones. Por eso prefiere explorar entre los confines de los besos, esa manifestación del amor prólogo de la más íntima cercanía sensual. Por eso se interroga buen número de cuestiones: ¿Quién manda en el beso? ¿Se besa a ciegas o sólo se entornan los ojos para concentrase en el beso? ¿Qué lugares son más propicios para besarse? ¿Qué duración tienen los besos? ¿Cómo termina un beso y quién precipita su final? Esas son las cuestiones que intenta desentrañar el viejo Dacio Gil para encontrar la luz en la noche oscura a la que deriva pública y económica nos ha conducido con descaro. Y ha de reconocer que aún no ha encontrado en libros y teorías la respuesta científica completa ni el recetario práctico. Conjetura, eso sí, que tal vez sea necesario un seminario presencial y un fuerte compromiso del corazón. Esa era la razón que se esgrimía para justificar que las prostitutas no besasen nunca a sus clientes.

Sabido es que en materia de besos el poema cimero es el de Gabriela Mistral de esa misma rúbrica. Pero este poema no apunta siquiera quién manda en el beso, aunque Lucila Godoy parece sugerir que manda o bien quien tiene más experiencia o bien la propia hembra: Yo te enseñé a besar: los besos fríos/ son de impasible corazón de roca/ yo te enseñé a besar con besos míos/ inventados por mí para tu boca. Sin embargo es opinión comúnmente aceptada que en el beso manda el seductor, que vendría a ser el llamado a interrumpirlo a su conveniencia. T.S. Eliot marcó esta línea en su poema “el sermón del fuego”´(Él le otorga un final beso protector,/ y baja a tientas por la oscura escalera/ Ella se vuelve y se mira un momento en el espejo/ sin advertir que su amante ya no está; / su cerebro formula un vago pensamiento:/ “Bueno, el asunto terminó ya, y me alegro que así sea”.). Y aunque el uruguayo Mario Benedetti introdujo también en el poema La espera aquello del beso de despedida, el de Paso de Toros se inclinó siempre por la eficacia máxima y sublime éxtasis del beso y el abrazo artesanales.

El usufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia se permite disentir de la teoría del seductor con mando en beso, pues cree que ésta se mueve en una cierta confusión: Por así decir, si el beso de amor apasionado tiene más eco que un cañón, atribuir a quien seduce el dominio del beso es incurrir en la misma confusión en que incurren los “polemólogos a la violeta” cuando identifican a quien inicia las hostilidades con el ganador de la guerra. No existe petulancia alguna en la siguiente afirmación, pero quien se haya visto incurso en un auténtico beso de pasión, en la fusión de dos sentimientos, habrá podido comprobar cómo le cambian las tornas al seductor trocando muchas veces su posición inicial por la de seducido. Esa es precisamente la grandeza de un beso: que es radicalmente incierto quién manda en él, al deber ser, por esencia, equitativo.

¿Manda quien introduce primero la lengua con más vigor en la boca del ser amado? ¿El que obstaculiza el progreso de la lengua del otro? ¿El que más profundo llega? ¿El más rápido? ¿El más lento? ¿El que entorna los ojos para concentrar sus sentidos? ¿El que demuestra constante control visual? ¿Manda en el beso el más creativo?
Sandor Márai deja abierta también esa serie de interrogantes. En su recientemente publicado “La gaviota” hace una magistral descripción del beso:
El beso es un hecho y podría ser uno de tantos que, propiciados por un momento especial, intercambian hombres y mujeres millones de veces; un beso, porque en el fondo de la vida humana está el beso; un beso, porque sólo a través del beso los cuerpos pueden exteriorizar lo que persiguen a lo largo de la vida; un beso porque entre hombre y mujer sobran las palabras. El beso ya es un hecho, pues ha llegado el momento, ese momento inaplazable, en el que todo lo que pueda ocurrir sin que medie el beso carece de sentido. Es ese gesto ávido e inevitable, ese momento torcido y maravilloso de dos epidermis resecas, por encima de costumbres, impulsos y ritos; ese mordisco dócil; ese gesto de rapaz domesticado que el hombre aún conserva en sus nervios y en sus labios como atavismo de lo que, en los inicios de los tiempos y la vida humana, era terrible, sangriento y mortal… Se han besado porque no han podido evitarlo. Y no dicen nada.
Se trata de un silencio carente de patetismo, como si temieran interpretar el beso erróneamente incluso en silencio: darle un sentido distinto, más retorcido o falso que el que perciben es ese momento, cuando las olas derivadas del mismo empiezan a recorrer su cuerpo y su sistema nervioso. ¿Qué clase de beso ha sido? Se pregunta él. Hay besos que enlazan y unen, y hay besos que aclaran las cosas y separan de inmediato. Quienes se besan -¿acaso es una acción, o un beso de verdad más bien sucede?- saben ya al instante siguiente si se trata de un beso que une o separa. Hay besos ligeros que flotan en el trastero de la memoria como adornos de colores de una verbena… Éste ha sido uno de esos besos ligeros que a veces el instante esparce, como la mano divina el confeti sobre los bailarines de un vals. Y, ya que no sabe responder a la pregunta, calla.
Ha sido un beso familiar, decide entonces. Y de pronto lo embarga una extraña serenidad: Hay momentos en que la vida madura y todo se vuelve profundo y sencillo, tanto como debe de serlo el instante de la muerte. Eso es lo que siente ahora, cuando oye su propia voz susurrante
.
Márai describe minuciosamente los componentes del beso, al modo que hace el viejo Eguchi (la casa de las bellas durmientes. Yasunari Kawabata) al recordar los besos con la joven esposa del extranjero que se apresuraba a regresar a Kobe con sus hijos pequeños, o el intento de beso al diente torcido de la joven dormida. Márai y Kawabata -y tantos otros- enseñan el embrujo de los besos.

Mande quien mande en el beso francés, es una experiencia que nos sitúa entre la tierra y el cielo. Mas o menos lo que –salvando las distancias- se pretende en las jornadas JMJ.

Aunque más apropiada parece la propuesta de otro Rojas, Jorge, el alma de Los Nocheros, que invitaba en la canción entre la tierra y el cielo a comer el corazón a besos, a dejar (por tus rincones) pájaros y flores como semilla de pasión. El beso como una semilla de pasión. Así las cosas y analizado el texto de Rojas (de Jorge, aunque en alguna medida también el de Enrique que regalaba el ABC), acaso mande en el beso quien presienta que va a amar a su ser amado más allá de la locura.

El beso. ¿Poder o servidumbre voluntaria?

domingo, 31 de julio de 2011

ENVEJECIMIENTO INSTITUCIONAL.

No hace falta ser experto en la teoría del signo para reconocer que el diario El Mundo del día 29 de julio pasado da en el clavo con la amplia fotografía que inserta en la página 8. Y es más por la fotografía que por el insidioso texto del pie de foto tratando de desmerecer a Bildu sin venir a cuento jugando con los vocablos “nacional” e “investigación”. Cosas del lenguaje electoral subliminal de los periódicos.

Pero ciertamente la fotografía denota perfectamente los signos del régimen de Zapatero, de Rubalcaba y de todos quienes han involucrado durante todo este tiempo su responsabilidad solidaria según el artículo 108 CE. Además del resto de verdugos voluntarios; que voluntarios de ese tipo ha habido por arrobas aunque ahora se apresten todos, como ratas, a abandonar el barco. No sólo Zapatero…

En efecto, en la fotografía en cuestión aparecen con las manos entrelazadas Cristina Garmendia, Patxi López y Rafael Bengoa. Tres genuinos exponentes de una aristocracia del régimen que discurre, en sus privativos intereses, por vías muy distintas a las del resto de los mortales hispanos. Desde luego muy alejadas de los ciudadanos a los que dijeron representar cuando se postularon para gobernar con el apoyo de las clases populares. Vayamos por partes: don Francisco Javier López Álvarez es el prototipo de apparatchik, con un decurso personal, intelectual y profesional idéntico al del señor Blanco: nada por delante, todo por detrás; ni un mero diploma de nada serio; en el mismo aparato político desde bien pequeño con el riñon cubierto. Como otros y otras muchísimas sedicentes socialistas unidos en pareja, don Francisco Javier cuenta con altos niveles de ingresos para la unidad de convivencia familiar al estar unido a Begoña Gil, una extremeña licenciada en filosofía, que también ha venido nutriendo generosamente su economía de las ubres públicas, esta vez municipales. Todo dentro de la más pura ortodoxia económica y personal de la gente del régimen que representa el PSOE.

Cristina Garmendia Mendizabal, Ministra de Ciencia e Innovación es el paradigma del PSOE del siglo XXI. De apariencia más pepera que apolítica –pero compañera de viaje y negocios de familiares de Zapatero y del pretendido catch all electoral que trata de sucederle -, lanza su carrera desde el CSIC y no desde la universidad, lo que ya es significativo y revelador. Exponente máximo de los negocios de innovación (Junto a Carlos Martínez Alonso, el familiar leonés de Zapatero que hubo de abandonar una Secretaría de Estado de “la cosa” por la evidente incompatibilidad jurídica, económica, ética y moral de su cargo público con sus intereses económicos privativos), la ministra de San Sebastián no resiste una comparación honesta y seria en su vinculación con el sector que su ministerio regula y financia. Para entendernos: la ministra del sector es empresaria del ramo con empresa fuertemente subvencionada directa e indirectamente. Con su aspecto de burguesía tradicional vasca, parece que será sin duda -para intentar salvar los muebles o detener la hemorragia- cabeza de cartel electoral en aquella circunscripción. De ahí la fotografía. Por eso la apresurada búsqueda del signo.

Rafael Bengoa aporta la legitimidad de la expertise en el ámbito sanitario. Aúna su condición de consejero vasco de Sanidad. Pocos datos más se conocen de él en esta Tribuna Alta Preferencia. Consejero por el PSE, contribuye con su alícuota al núcleo del mensaje subliminal.

El tema que les ha unido el día previo al anuncio del adelanto electoral ha sido (¡oh casualidad!) el traspaso de fondos e inversiones estatales al País Vasco a través de un Centro Mixto denominado Centro Nacional de Investigación del Envejecimiento. El traspaso de fondos –de esos que se le pierden al CSIC durante años en la gestión del impuesto revolucionario a los fondos europeos I+D+I- recuerda a aquella apresurada engañifa preelectoral que fue la creación del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), en Castilla la Mancha, en Ciudad Real más concretamente. Como todas les ingenierías electorales y todas las martingalas políticas, la publicidad electoral subliminal se recubre también en este caso –como en el extravagante caso de la caza científica- de un noble propósito: detener el envejecimiento, mantenernos a todos jóvenes y lozanos como luce la figura de la señora Garmendia, de natural bien vivida y mejor armada y conservada.

El viejo Dacio Gil, por propia sobrevivencia, gusta de investigar también a título personal sobre el envejecimiento. No puede ser de otra manera en el estado de adolescencia indultada en el que creía estar viviendo eternamente. Al descubrirse un día frente al espejo percibió que su sombra era más grande que su menguante cuerpo. Era la vejez que Joseph Conrad identificó en la cuarentena. Aquellos primeros cuarenta años en los que el viejo Dacio Gil se creía inmune al deterioro temporal. Ahora, abandonada ya incluso la edad tardía, sigue tratando de comprender los misterios del envejecimiento, y lo hace sin la abundancia de medios públicos y privados con que lo viene haciendo el tándem Martínez-Garmendia en el ámbito de la farmacobiología. Lo hace más en el plano humano, salvando las distancias, como lo hizo Schopenhauer anotando todas sus reflexiones en Senilia, o como Yasunari Kawabata cuando poetizó el elixir de la juventud ingerido por la torpe senilidad del viejo, o como, paso a paso, trata de observar el proceso de fría entropía personal Vicente Verdú en sus reflexiones mediáticas. Sin ayudas, sin fondos públicos, sin subvenciones, sin I+D+I, sin farmacopeas g(e)nómicas, sin toda la parafernalia, en fin, de la que generosamente han contado la señora ministra y sus socios para cobrar ventaja en la carrera de la farmacia anti-aging. Una parte del estudio del pastel de la pretendida inmortalidad se anuncia ahora que se radicará en San Sebastián, para hacer una suerte de competencia al CNIO de María Blasco en la carrera de la investigación de los telómeros. Las eternas riñas y disputas de la tribu científica en pro de sus descubrimientos accidentales cuando no inconcretos o falsarios.

Stendhal apuntó que la vejez (que el suizo Beyle cifró en aquellos cincuenta años, a los que el viejo Dacio Gil divisa en una lontananza retrospectiva) era el momento de recordar todos los amores. Más o menos en la línea mantenida por Giuseppe Pontiggia cuando hace desaparecer al protagonista de Larga noche, harto de lo que denomina “desafortunados consensos” matrimoniales, para refugiarse cada noche en casa de una antigua amante para recordar –y no entregarlos al doloroso olvido- los momentos de pasión vividos; utilizando el recuerdo y la memoria como si de una alternativa se tratase entre la huída vital o la muerte segura. Kawabata, en un pasaje de la magistral la casa de las bellas durmientes, identifica en el momento principal de la vejez de una mujer inteligente antes de morir el recordar e imaginar cuántos centenares de hombres la habrían besado. La vejez y su rastro indeleble en la mejor literatura. Sobre la dimensión temporal de los besos se volverá en breve en un próximo post, pero ahora es pertinente intentar comprender –si ello fuera completamente posible- aquel futuro cada vez más próximo de la senilidad.

Con ese señuelo de impedir la visita de la Vieja Dama se ha producido una transferencia de fondos públicos al País Vasco, por parte de la diversificada empresaria genómica señora Garmendia. Nadie parece haberse escandalizado del solapamiento de ámbitos que ya afectó al familiar científico de Zapatero. Nadie parece haber reparado que estábamos ya en campaña electoral para salvar los muebles. Unos muebles -de IKEA, ergo Low cost- en los que no queda ni una sola siquiera de las joyas de la abuela, saqueadas todas mientras la nonna se encontraba aún de cuerpo presente, prevaliéndose los malhechores de nocturnidad, alevosía y allanamiento de morada. El tiempo y los ciudadanos deberían hacer indefectiblemente justicia. ¡Ojalá se pudiese lograr que se largasen todos!

No, el nuevo Centro Mixto no será un centro para investigar los sentimientos, ni el amor a edades limítrofes, ni de caricias, besos ni dependencias. Terminará siendo lo que cualquier viejo inteligente columbra que será: A lo sumo un centro de referencia (un caballo de Troya) para que la industria farmacéutica genómica siga contando con posibilidades privilegiadas. Verbigracia, puede que verse sobre tioles, F2-isoprostanos, pruebas hormonales en la saliva o pruebas de estrés (no bancario) en busca de cortisol. En el mejor de los casos, para justificar las inversiones, puede que se haga que se indaga sobre los efectos de las dopaminas y las células gliales y otros neurotransmisores en el envejecimiento cerebral. El viejo tema –nunca mejor traído en materia de envejecimiento- de los antioxidantes. Dacio Gil, en su calidad legítimamente adquirida de matusalén, ya se ha posicionado sobre esto y, viendo -como ve- las orejas al lobo, se inclina más por el amor que por la química. Por indagar en los sentimientos y las emociones más que en los preparados específicos farmacéuticos (patentados ya o patentables) que terminan siendo genéricos. Opción investigadora personal más por deformación profesional humanística que por otra cosa: intentar comprender al ser humano en el sic transit gloria (in Scentia) mundi.

Mientras tanto, el viejo Dacio Gil, esperará a que verdaderamente llegue la entrada en funcionamiento efectivo del Centro Nacional de Investigación del Envejecimiento para comprobar si sólo era una forma más de atrapar fondos y vincular inversiones futuras. Si se trataba de un reducto para poder ser manipulado por la ministra cuando sea ya ex, para seguir la tradición de la más rancia familia científica franquista. En el ínterin el veterousufructuario de la Tribuna Alta Preferencia aguardará ávido también el efectivo desalojo electoral de estos embaucadores bajo falsa veste de socialdemócratas. No sólo Zapatero, evocando el plástico titular de Robert Galatelly. El efectivo desalojo se muestra como prerrequisito necesario para la imprescindible ulterior regeneración completa de este régimen a la deriva: Tras el ¡Que se vayan estos! habrá de seguir con el ¡Que se vayan todos! Pero todo a su debido tiempo procesal oportuno, como gustan decir ellos mismos dentro de lo que denominan "el lenguaje culto".

La vejez no puede estar reñida con cierta utopía de raíz humanística, por eso el viejo Dacio Gil permanecerá a la espera de un vuelco electoral, del surgimiento de una suerte de patriotismo social y moral que nos permita superar el equivalente moral –y económico- a la guerra que nos han impuesto para hacer tabla rasa de derechos y conquistas sociales.

Aguardará Gil leyendo a Schopenhauer e intentando cambiar la perspectiva temporal para lograr ese equilibrio que proponen Philip Zimbardo y John Boyd para la gestión del tiempo por venir. Podría intentar esperar escuchando las últimas canciones de Aute, pero ha decidido recuperar para tan oportuna audición qué más quisiera yo, una de las también últimas canciones de José Luis Perales, un autor -entonces barbudo- al que el viejo Dacio Gil conoció en la época más rebelde, hace muchos años ya, en las noches desveladas, esperanzadas y alegres de aquel Drugstore de la calle Fuencarral de Madrid:

Qué más quisiera yo que mis sueños de ayer
hoy fueran nuevos
y encontrarle sentido a una nueva batalla
para luchar por ellos.

Qué más quisiera yo, qué más quisiera
que mi última canción hoy fuera la primera.
Qué más quisiera yo, qué más quisiera
que este otoño que hoy vivo fuera primavera.

Que mi certeza fuera sólo dudas
y que mi noche oscura, luna llena.
Qué más quisiera yo, qué más quisiera
que este otoño que hoy vivo fuera primavera.

Qué más quisiera yo que mi primer amor
hoy fuera nuevo
y poder arrancarlo de ese rincón del alma
dónde se fue durmiendo.

Qué más quisiera yo, qué más quisiera
que esta piel que hoy marchita fuera piel de seda.
Qué más quisiera yo, qué más quisiera
que esta noche contigo fuera la primera.

Que mi seguridad fuera aventura
y que mi madurez, adolescencia.
Qué más quisiera yo, qué más quisiera
que mi última canción hoy fuera la primera.
Qué más quisiera yo, qué más quisiera
que este otoño que hoy vivo fuera primavera.

domingo, 24 de julio de 2011

LA FISTA DE LOS JUECES: EL AMOR EN KLEIST Y EN ERNESTO CABALLERO.

Cada representación que vuelve a ver el viejo Dacio Gil de La fiesta de los jueces por la Compañía El Cruce –y ha de reconocer que se ha hecho ya su más fiel supporter- se hace más hondo el convencimiento de que Caballero es un genio del arte del teatro: se evidencia su inmenso amor a la escena y al ser humano, sin la animalización (animales con aspecto humano) que prolifera por doquier. Vale reconocer que se ha sabido rodear de un elenco de números unos en el reparto, pero es que no es tan fácil una puesta en escena tan actual, tan vibrante y tan humorística. No podemos engañarnos: Ernesto Caballero es pura excelencia. Un número uno. El Pedro Almodovar del teatro. Como también lo son los ocho primeros actores de los que se ha sabido rodear. Santiago Ramos es un animal escénico de primerísimo orden, magnífico hasta en la morcillas que improvisa cuando surge alguna contingente crisis inusitada. Juan Carlos Talavera participa asimismo de la excelencia (sus capotazos previos a tomar asiento en el estrado del juez inspector son la guinda de un espléndido actor, de un José Tomás del arte escénico) con una interpretación inobjetable. Los dos Jorges M alcanzan también momentos cimeros (Martín como secretario ambicioso y magistrado de cuarto turno; Mayor en sus círculos obcecados como Ruperto despechado y como sindicalista judicializado). Silva Espigado, en su brillante papel, presenta una asombrosa similitud con una famosa fiscal de la vida real esposa a su vez de un magistrado estrella, hoy exjuez. Rosa Saboini excelente en el papel de magistrada achispada y desinhibida por un lado y delatora de Lucifer por otro. Karina Garantivá aporta, clavando su personaje, la juventud, la frescura y la marcha de la que tanto carece la solemne magistratura. ¿Qué decir de Paco Torres? Que sencillamente se sale del papel que representa. Resulta imposible poder pensar que no provenga de la carrera judicial con sus clavelitos, su facultad de San Bernardo y su esposa bien vivida. Un actorazo de carácter.

Quien quiera reír a mandibula batiente mientras su cabeza reflexiona sin encallar en el cogito interruptus que no deje de asistir a la representación de la fiesta de los jueces, que todavía puede verla en el teatro Marquina de Madrid dentro de los veranos de la villa. El viejo Dacio Gil ha pulsado opiniones diversas pudiendo constatar que la mayoría de los interrogados se decantan por volver a verla para saborear todos sus múltiples matices. Es merecida la repetición. Bien la merecen ocho actorazos al cual mejor y el más brillante director del momento, así como una “especular” puesta en escena, sinónimo fiel de espectacular. Una representación repleta de sorpresas, de ironía, de sátira, de desnuda verdad. Y de humor, mucho amor… El amor que siempre acompaña al humor.

En este encomio, el veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia no puede olvidar a su admirado Heinrich von Kleist, un romántico de la justicia justa (su obra Michael Kohlhaas debería estudiarse en primero de Derecho en todas las autonomías). La fiesta de los jueces bebe en la brillantez de el cántaro roto que -no por casualidad- se representa en la actualidad en toda Europa como reflejo de la borrachera judicial-democrática que recorre Occidente.

A Heinrich von Kleist no lo reconocieron como genio sus coetáneos. Eso le dolió al funcionario poeta, aunque no en exceso. Se sabía amado por Henrietta Vogel y abrazado a ella se marcharon ambos para mantener intacto su amor.
Adolfina Sofía Enriqueta compensó con su carta los sinsabores sociales de Enrique. En vez de requisarle las cartas como hizo Dolores Armijo a Mariano José de Larra, el reconocimiento amoroso de la Vogel quedó para siempre junto a ellos en su partida: enumerados todos los extremos de su amor en esta carta datada en noviembre de 1811, apenas horas antes de su eterno viaje compartido:
Mi Heinrich, mi dulce música, mi arriate de jacintos, mi aurora y mi crepúsculo, mi océano de delicias, mi arpa eólica, mi rocío, mi arco iris, mi niñito en las rodillas, mi corazón bienamado, mi alegría en el sufrimiento, mi renacimiento, mi libertad, mi esclavitud, mi aquelarre, mi cáliz de oro, mi atmósfera, mi calor, mi pensamiento, mi más allá y mi más acá deseados, mi adorado pescador, consuelo de mis ojos, mi más dulce preocupación, mi más bella virtud, mi orgullo, mi protector, mi conciencia, mi bosque, mi esplendor, mi espada y mi casco, mi generosidad, mi mano derecha, mi escala celestial, mi San Juan, mi caballero, mi dulce paje, mi poeta puro, mi cristal, mi fuente de vida, mi sauce llorón, mi amo y señor, mi esperanza y mi firme propósito, mi constelación amada, mi pequeño cariñoso, mi firme fortaleza, mi dicha, mi muerte, mi fuego fatuo, mi soledad, mi hermoso navío, mi valle, mi recompensa, mi Werther, mi Leteo, mi cuna, mi incienso y mi mirra, mi voz, mi juez, mi dulce soñador, mi nostalgia, mi alma, mi espejo de oro, mi rubí, mi flauta de Pan, mi corona de espinas, mis mil portentos, mi maestro y mi alumno, te amo por encima de todo lo que hay en mi pensamiento. Mi alma es tuya.

Henriette

P.S. Mi sombra al mediodía, mi fuente en el desierto, mi madre amada, mi religión, mi música interior, mi pobre Heinrich enfermo, mi cordero pascual, suave y blanco, mi puerta al cielo

La Fiesta de los jueces. ¡No dejen de verla! Se arrepentirán si dejan pasar la ocasión de sentir cercana la inmortalidad.

lunes, 18 de julio de 2011

EL CSIC: UNA ORGANIZACIÓN DELICTIVA EN LA QUE SE SIGUE DELINQUIENDO.

Qué razón más grande tenían aquellos tres sucesivos Secretarios Generales del CSIC que, más o menos con unidad de criterio, afirmaban que la silla del Secretario General del CSIC tenía una bomba adosada a su asiento, manteniendo que seguro que cada secretario general saliente suspiraba aliviado al dejar atrás una organización tan anómica, tóxica y repleta de corruptelas mantenidas durante años. Además el CSIC es una organización fallida fuertemente politizada y secuestrada por unos clanes que se aferran a unas sinecuras que vienen de lejos sin que nadie haya tenido los redaños de intentar someterlas a la legalidad. Al menos a la legalidad…

Algo huele a podrido en el CSIC desde hace mucho tiempo, por lo que resulta sorprendente que , tras casi un año que el "caso Fernando Belinchón" es vox populi, ayer el diario ABC filtrase la noticia que se trascribe a continuación, omitiendo sibilinamente extremos y responsabilidades importantes así como sugiriendo que todo ha terminado con la frase "El CSIC ya ha tomado medidas para evitar que algo así vuelva a ocurrir, optando por un nuevo sistema de registro más complejo":
Un funcionario robó al menos 1,6 millones de euros al CSIC durante más de diez años
Ahora en paradero desconocido, fue haciéndose desde 1999 con pequeñas cantidades de fondos europeos para investigación
cristina garrido / madrid
Día 17/07/2011 - 03.59h
Al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) no le salen las cuentas. Uno de los funcionarios del organismo se ha apropiado presuntamente de al menos 1,6 millones de euros de fondos europeos para investigaciones. El robo no se ha producido de un día para otro, si no que el individuo, que se encuentra en paradero desconocido, fue haciéndose con pequeñas cantidades desde, por lo menos, 1999. Así se explicó en la reunión que el Consejo Rector del CSIC celebró el pasado 28 de junio y que queda recogido en el informe de ese encuentro elaborado por la sección sindical de CC.OO., al que ABC ha tenido acceso.
El Banco de España fue el que avisó a la entidad, en la segunda mitad de 2010, de que los datos de una de sus cuentas presentaban irregularidades. El presunto ladrón, el «habilitado de la cuenta de moneda extranjera», según el informe, se encargaba de revisar las remesas de aportaciones de fondos europeos, incorporarlas a un registro y enviarlas a la cuenta de los investigadores.
Su «modus operandi» era sencillo: si al investigador le correspondían, por ejemplo, 24.000 euros para su investigación, él se quedaba con una cantidad pequeña para no levantar sospechas. Y así actuó durante más de una década, hasta crear un agujero en las cuentas del CSIC de más de millón y medio.
La Intervención General del Estado emitió un primer informe en diciembre de 2010 en el que advertía de irregularidades en la habilitación de pagos al extranjero. El CSIC interpuso entonces una demanda penal contra el presunto ladrón, pero ya era tarde. El sujeto, que todavía continúa en paradero desconocido, se había dado a la fuga llevándose consigo todos los libros de registro, lo que hará difícil cuantificar la cifra exacta de la estafa y durante cuánto tiempo se produjo.
El CSIC ya ha tomado medidas para evitar que algo así vuelva a ocurrir, optando por un nuevo sistema de registro más complejo.


El CSIC como organización pública tiene una larga trayectoria delictiva casi desde que cobijaba a la Junta de Ampliación de Estudios para que los cachorros de la burguesía hispana pudieran viajar al extranjero de manera pensionada. Como el Erasmus hoy generalizado en Europa para que los jóvenes se socialicen con los de su edad, alejados de la tutela paterna. Con el Opus Dei la delincuencia económica subió varios peldaños más. Consta por escrito cómo el Opus Dei desvió muy ingentes fondos públicos para financiar la organización creada por Escrivá de Balaguer. Sobre el desvío de fondos en la construcción de los edificios del CSIC sólo hay que seguir la pista a las declaraciones de un ilustre arquitecto que terminó saliéndose del Opus Dei, aunque hay mucho más documentado sobre el desfalco. Varios ministros franquistas se construyeron diferentes chalets a cuenta del presupuesto del CSIC. Los más remilgados se creaban institutos como si fueran fincas privadas.

Con la llegada de la democracia la UCD se planteó seriamente liquidar un organismo tan inútil que duplicaba sus funciones con las universidades. No lo consiguió por el veto de determinadas asociaciones de llamados investigadores que no eran más que empresarios emboscados en lo público gracias a las facilidades de un régimen en el que cabían múltiples compatibilidades de puestos públicos. En esa época los sindicatos del CSIC (los mismos que una y otra vez intentaban boicotear las conferencias del catedrático Alejandro Nieto que en sus años de Presidente del CSIC debió de hacer acopio de datos esenciales para sus brillantes teorías sobre la tribu universitaria y la rampante corrupción pública) se percataron que podían sacar tajada de la debilidad extrema de esa organización reservándose una importante porción de trinque en materia de carreras funcionariales, canonjías, presencia en el Consejo Rector, nepotismo y un largo etcétera. Aquellos jovencitos que entraban a dedo, sigilosamente, sin cualificación alguna y sin contrato de ningún tipo, terminaron enquistándose en la organización haciendo entrar a toda su familia. Literalmente a toda su familia. El mecanismo era bien simple: dada la endeblez de la organización se hacía incorporar a los familiares a cualquier instituto o a la organización central sin contrato siquiera y luego se reclamaba o se agitaba a todos estos “becarios avant la lettre” para que el Gobierno de turno se viera abocado a frecuentes y sucesivos “bautizos de arrianos”.

Así un año tras otro. Políticos de diferente signo sin una carrera científica marcada pasaron por el CSIC. De todos los colores, pero en el PSOE, por aquello de las agitaciones sindicales, hay egregios exponentes: Tijeras, Lisavetzki, Goya, Rubalcaba, Paramio, Pérez Yruela, etc., etc. etc. También en el PP y en el PCE, que no se salva nadie en una organización tan deficiente.

Pueden imaginarse las formas de llevarse a cabo los “bautizos de arrianos”: consursillos, memorias hechas en casa, ejercicios previamente filtrados a los aspirantes a funcionarios que ya pululaban por la casa y muchas tretas más. El resultado salta a la vista hoy. Todos los contratados han devenido a funcionarios. Así las cosas, ya no son personal de animalario sino miembros de la asesoría jurídica (una asesoría jurídica hasta hace bien poco ajena a los Servicios Jurídicos del Estado); personal vario y sin clasificar que son hoy especialistas de I+D+I; físicos que se dedican a la sociología; o –es el caso del concejal de Madrid ex secretario de Estado para el deporte- los que desde 1977 se dedican por completo a la política mientras les iba corriendo el escalafón para tener bien cubierto el riñón llegada la edad de jubilación. Con razón un antiguo Secretario General del CSIC advertía que se tuviese cuidado de qué y con quién se hablaba que te podía terminar perjudicando como persona y como funcionario dada la inextricable vinculación con la política… ¡Hasta ministros procedentes del Instituto de la grasa ha habido en la historia reciente de España!

Un caso muy notorio fue el de aquel administrativo que llegó a ser subdirector económico del CSIC, con apellido como el de los habitantes de los monasterios, y que terminó siendo procesado por disponer de fondos públicos para aplicaciones distintas a las legalmente establecidas, esto es: por prácticas financieras heterodoxas y delictivas. Como puede observarse nada nuevo representa el caso Fernado Belinchón que ahora interesadamente se filtra a la opinión pública mientras se ha tenido retenido en la oscuridad durante casi dos años, acaso para ir elaborando mientras tanto una coartada pública. ¿Es que no hay “culpa in vigilando” en este grave caso? ¿Es que los sucesivos responsables de la actividad económica del CSIC se han ido de rositas sin ser investigado su comportamiento? ¿No existe en el Estatuto de la Agencia un listado de responsabilidades, desde el Presidente hasta el habilitado, pasando por los subdirectores y el Secretario General? Todos tienen nombres y apellidos y cada semestre se han venido repartiendo suculentas sumas aparte del sueldo reglado y los complementos como cualquier funcionario. ¿Han desaparecido todas las pruebas, o, como pasó con Jesús Gil en Marbella, se las endilgan al desaparecido para hacer tabula rasa? Demasiada casualidad. Demasiada inversa banalidad del mal económico. Demasiada tierra quemada. Los sucesivos responsables ciertamente eran auténticos incompetentes, pero sus responsabilidades son evidentes. Y no pueden quedar impunes siquiera en el interregno de un adelanto electoral. Parece que todo intenta silenciarse para que el castillo de naipes que es el CSIC no se desplome con estrépito. ¿En qué ha afectado el silencio a la tramitación de la Ley de Investigación? Esa es la cuestión.

El que ahora se saque a la luz el caso como si fuera la actuación aislada de un funcionario (laboral digital devenido a funcionario por las perversiones inmanentes del sistema CSIC) inescrupuloso huele a chamusquina. Parece obvio que al menos en la etapa de Carlos Martínez y su sucesor Rafael Rodrigo unos determinados grupos se han financiado generosamente del CSIC. Y que se ha carecido de transparencia y veracidad. Por activa o por pasiva. Y no son sólo sospechas. El CSIC está históricamente ligado a las financiaciones espurias y alegales.

Más de dos millones de euros (y pueden ser muchos más, visto lo visto) no se sustraen durante lustros en una organización moderna y limpia que sirve con objetividad los interesas generales. Eso cabe en una organización descontrolada, de hueco formalismo tenue, tóxica a más no poder. No hay que ser Iñaki Piñuel para aseverarlo. El CSIC desprecia lo que ignora, y el derecho, la ética y la moral son ignorados sistemáticamente en cuanto se cruzan con los intereses soterrados. Su funcionamiento varado está en el siglo XIX.
El mundo de los convenios es otro claro ejemplo. Uno de los Secretarios Generales del CSIC–con larga trayectoria en la administración del Estado- se alarmaba en su día de que un miembro de un instituto cualquiera pudiera suscribir convenios con instituciones públicas y privadas sin que ello se supiera en los servicios centrales y vinculando siempre a la organización. Había miles de casos como ese y lo intentó racionalizar. El viejo Dacio Gil sabe de lo que habla pues le costó media vida –o la vida entera, mediante la muerte civil impuesta- intentar someter a la legalidad un mundo tan desbocado. Los representantes del CSIC mintieron a discreción y con descaro pleno ante los órganos judiciales.

El CSIC se mueve por camarillas (“cuídate de indisponerte con cualquiera de los dos grupos dominantes, son peligrosos; intenta hacer tu trabajo y no salir del despacho para que no vayan a por ti” le recomendó un día ese Secretario General del CSIC) que se van sucediendo en el tiempo y controlan toda la vida interna de la organización. Por eso es impensable que el caso Fernando Belinchón se presente como un caso aislado. Y esas camarillas, representadas todas en el Consejo Rector, se reparten las gabelas, que hasta la fecha han sido bastantes y sustanciosas. Certificándose entre ellos mismos.

El veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia puede dar fe del comportamiento mendaz, delictivo y mafioso mantenido por altos representantes del CSIC en los procedimientos judiciales por Mobbing. Con documentos que comprometen la honestidad, el respeto de la legalidad y la ética de esas camarillas. Puede decirse que en el CSIC impera una versión rastrera de la impunidad guatemalteca. Tras tantos años de prácticas heterodoxas e ilegales creen contar con inmunidad en sus continuos desmanes.

Por eso resulta sospechosa la actual elevación a conocimiento público de un desfalco que se mantenía a cencerros tapados. Un desfalco de tal envergadura y durante tantos años es imposible que pasase desapercibido a los superiores si éstos no se estaban dedicando a prácticas similares. Superiores que año tras a año se repartieron cuantiosas sumas por trabajos excepcionales… mientras se robaba a mansalva en su ámbito de responsabilidad. Superiores que en buena lid jamás deberían haber permitido la simple sospecha de ¡desaparición de todos los libros de registro! Desaparición que resulta increíble e inaudita que haya afectado también a los registros informáticos, pues en el CSIC existe una Unidad especializada en informática. Solo en una organización propia de Pancho Villa o extremadamente corrupta cabe un caso como el de Fernando Belinchón sin que afecte, por ejemplo, a María del Mar García Ferrer y Carlos Manuel Abad o Eusebio Jiménez entre otros. No consta que nadie dimitiese motu proprio ni que advirtiese a la sociedad de lo que tenía conocimiento.

Es demasiado simple la historia que ahora se filtra al diario ABC. El CSIC tiene una lúgubre intrahistoria de desmanes económicos (y jurídicos y morales) gravísimos. Unos casos están en libros y hemerotecas, otros se han tapado convenientemente para no desacreditar aún más a una institución tan fallida. Para mantener la falsa apariencia de servicio público.

Los ciudadanos no podemos comulgar con ruedas de molino. Está en juego nuestra moralidad y el futuro de nuestros hijos. El ciudadano Fernando Belinchón no ha podido actuar impunemente durante tantos años sin que se lo cosquen en el CSIC ni en el Ministerio correspondiente que lo supervisa, aunque es sabido que la Intervención delegada de Hacienda ha sido siempre meramente decorativa. Estaba o comprada o anulada en el CSIC. Tiene también nombres y apellidos. Sobre el sistema y la eficacia de las auditorías interna y externa mejor será mantener un piadoso silencio...

Presentar el escándalo del robo del habilitado como un nuevo caso Dioni (¿las sucesivas habilitadas del CSIC tampoco se lo olieron o es que les era más cómodo seguir jugando a favor de obra? Alguna llegó a asesora del presidente actual del CSIC…) no puede dejarnos satisfechos tal como lo presenta el ABC. Deben exigirse responsabilidades al más alto nivel y luego en cascada. Minuciosamente. Y seguir tirando de la manta y levantando las alfombras. Hay mucha porquería en el CSIC. Mierda de años y años. Todo huele a podrido en el CSIC. Hay demasiados muertos y damnificados para que no nos indignemos todos y exijamos transparencia. Caiga quien caiga.

Por el bien de la moralidad pública exijamos que se depuren todas las responsabilidades y se tire de manta…aunque pueda terminar afectando a la financiación de algunos sujetos de la convivencia democrática como la historia tiene registrado ya. Debemos empezar porque haya ejemplaridad pública. Y en el CSIC es evidente que no la hay.

No vale que el tema se haga saltar a conocimiento ciudadano casi como una anécdota en el umbral de la disolución de las Cortes. Es preciso un debate en profundidad aunque termine afectando al funcionamiento mismo de la democracia. Parece todo presentado para que quede protegido de una suerte de Omertá mafiosa construida a modo de coartada perfecta como en los casos Gil y Gil o Dioni …

Parece que estuvieran intentando hacernos creer que, simplemente, hubiera pasado un ángel. Un ángel en el infierno.