jueves, 21 de marzo de 2013

DONDE PONGO LA VIDA PONGO EL FUEGO.



La sociedad del espectáculo ya no puede vivir sin las conmemoraciones y los específicos días de evocación. Sin embargo, las confiscaciones estatales se prestan malamente a la lírica. Vivimos en la actualidad un mundo de nudas (¡y hasta desnudas!) confiscaciones de derechos sociales, civiles y económicos. Desde 1999 la UNESCO tiene establecido el 21 de marzo como día mundial de la poesía y, a duras penas, se van sucediendo las celebraciones como mejor se puede, presidido todo por aquella duda dirimente expuesta por Theodor W. Adorno de si realmente tiene cabida esa modalidad lírica después de los horrores consentidos -y cometidos por una parte importante de ella- por la humanidad bajo el influjo de toda una organización con pretensiones de máxima científicidad: la de Alemania en el III Reich.   


Auschwitz es el paradigma que ha quedado asociado a la duda sobre la posibilidad poética del ser humano. En la actualidad los horrores se recubren de eficiencia economicista y “financismo”. Ese parece ser el Olimpo actual como demuestran los aparentemente desmesurados agasajos a los inspectores del COI. Esa es la noticia del día: la mayoría de las instituciones (menos Urdangarín y algunos otros) involucradas en seducir a los inspectores de una organización que no es gubernamental y se dedica más al espectáculo que a la pura competición atlética (como demuestra la segregación de la lucha grecorromana y la posible admisión del pádel acompañando al golf). Hoy en España, pues, parece obligado invocar al poeta  Vladimir Maiakovski y a sus Conversaciones con el inspector fiscal. Maiakovski es conocido –además de por su espíritu revolucionario derivado hacia el anarquismo- por los  poemas de amor dedicados a su amante Lili Brik, por sus sátiras sobre la burocracia ( las obras teatrales La chinche y Los baños, además de los poemas la Burocraciomaquia  y Horrores de papel) y por su sublime y sobrecogedora despedida la mañana del 14 de abril de 1930 a través del poema  ¡A todos! en el que intercala un impactante y seco  Lili ámame mientras reclama al gobierno que se ocupe de asegurar una existencia digna a su “ familia”:
¡A Todos!
No se culpe a nadie de mi muerte y,
por favor, nada de chismes. Lili ámame.
Camarada Gobierno, mi familia es:
Lili Brik, mi madre, mis hermanas y
Verónika Vitaldovna Polonskaya.
Si se ocupan de asegurarles una existencia digna,
gracias.
Por favor, den los poemas inconclusos a los Brik,
ellos los entenderán. Como quien dice,
la historia ha terminado.
El barco del amor
encalló en la vida cotidiana.
Y estamos a mano tú y yo.
¿Entonces para qué
reprocharnos mutuamente
por dolores y daños recibidos?

El viejo Dacio Gil ya se ha posicionado antes sobre su mayor disposición a la prosa y especialmente al ensayo. A pesar de ello, tiene sus propios poetas de culto:
Se estremece con el coraje de Anna Ajmatova en Requiem  mientras, de la lectura de los versos, se la imagina esperanzada dentro de aquellas largas filas ante las cárceles de Leningrado intentando identificar a cada cual de los detenidos. Ha intentado ser  discípulo aplicado de Lucila Godoy para aprender de las cartas de amor y desamor de Gabriela Mistral, intentando besar al modo como la chilena lo enumera primorosamente en el poema de la misma rúbrica, y ha aspirado casi siempre a acostarse sobre el corazón de la amada, tal como se despide Lucila de su amado Miguel Magallanes (Te amo mucho, mucho. Acuéstate sobre mi corazón. Nunca nadie fue más tuyo ni deseó más hacerte dichoso). Por otra parte, ha tratado de conjugar siempre la palabra felicidad girando sobre la primera sílaba, fe, tal como mandaba Carlos Edmundo de Ory.   
Aprendió de Federico Hölderlin la importancia del entusiasmo, comprobando en propia carne que el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona. Ha procurado no olvidar el consejo de Diótima a Hiperión para no desaprender nunca del amor, intentando extraer la lección del poder del sufrimiento. Mario Benedetti le ha enseñado que es posible conjugar el amor y la oficina: que cabe una contabilidad de horas de amor; que puede hallarse siempre un jefe capaz de quedarse ronco de decir mierda y no; que no hay oficina sin amor, ni contabilidad con sólo verdades o mentiras; que tampoco pude haber ningún trabajo sin la esperanza de quedar yo con la roja mancha de tus labios/ tú con el tizne azul de mi carbónico.  Asimismo, ha repasado más de mil veces Áspero mundo (el éxito de todos mis fracasos) y reconoce en Ángel González la voz más desesperanzada, y a la vez aplicada en el amor, de la poesía española, tal como resplandece, verbigracia, en Todo amor es efímero:

Ninguna era tan bella como tú
durante aquel fugaz momento en que te amaba
                                                    mi vida entera.  

O esta otra espléndida lección vital:

Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.
Donde pongo el amor, tengo la herida.
Donde dejo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo y juego 
lo que me queda; un resto de esperanza. 
Al siempre va, mantengo mi postura.
Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza. 
Pero nunca o amor, mi fe segura:
jamás o llanto, pero mi fe fuerte. 

De igual modo, con las bitácoras vitales y la clarividencia social y musical de Luis García Montero, el viejo Dacio Gil ha aprendido a mirar el mundo con  su presbicia a cuestas, a relativizar su vejez y a transitar, de la manera menos frustrante posible, por la historia libre de la dignidad desde el otoño hasta el invierno; habita ya en habitaciones separadas:

¡Que lepra de banderas!
¡Que decencia de números podridos!
¡Que paisaje de escombros!
(...)
No hablo de ilusiones
sino de dignidad, y de mis gafas,
cristales trabajados que me ayudan
a comprobar el precio de las cosas,
a buscar los teléfonos que quiero, 
a recorrer los libros,
a mirar los periódicos.

Y estar aquí,
en una compartida soledad,
para ver lo que pasa
con nosotros. 

Luis García Montero aspira a ser un hombre digno, no le gusta -como él mismo mantiene- "convivir con los infiernos" y su brillantísima y clarividente cabeza, sensible a todo lo social, va dejando marcas en un camino que debería ser seguido; como estas de La dignidad es la huella de la conciencia: 

Ya tiene muchos años
y tal vez ha cumplido su destino.
Nunca buscó la guerra, pero todas
las batallas más tristes
le pasaron por la puerta de su casa.
Casi siempre ha perdido, y cuando los ejércitos
que decían luchar por sus ideas
gozaron la victoria, comprendió los motivos
de su desconfianza.
Comprendía también que los sueños se pierden 
y cambian los finales.
No quiso mendigar
delante del amor o de la muerte,  
para que la limosna no manchase su orgullo.
Es el orgullo seco un último refugio
de aquellos que conservan sus razones
después de haber perdido la esperanza.  
Cuando sentada en el vagón del metro
ve llegar la historia llena de promesas,
triunfos. medallones y bolsas de mercado, 
se suele levantar para dejarle asiento.  
Es muy vieja la historia que se siente de joven, 
tan vieja como ella,
y ni siquiera sabe dar las gracias.
Educada la mira, se aparta y le murmura
siéntese usted, señora,
yo me bajo en la próxima estación.  

Por el cordobés poeta y artesano de los aforismos Vicente Núñez ha tenido conocimiento el usufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia  de todas las denominaciones de ese exceso de carencia que es el amor Coincide con el poeta de Aguilar de la Frontera en que el supremo diálogo está en el piel con piel; también concuerda en que la amistad es ladrona del amor, así como que amar es ponerse en peligro de muerte.
Su poesía compilada en Mío amor tiene una especial luz. Así, por ejemplo, en Libros

En el frío papiro de turbios editores
volqué aquellas ansias de mi pasión límite.
¿Era eso la vida? Asco me dio de ella.
Con qué clarividencia sentí que estaba muerto.

O en esta otra, Razón de amor:

Lo que de amor yo supe
lo aprendí desamándote.
Por eso te idolatro
mejor que si te amara. 

Acaso esta institucional modalidad recordatoria de los dias mundiales de tal cosa, tenga un efectivo valor. Al menos en el caso de la poesía, hacen que el ser humano no se olvide en este tráfago diario de que dispone de formas de manifestación bastante mejores que la violencia modal que nos asola y amenaza de continuo.

Y, lo más importante: que con esos instantes de evocación, siquiera breves, se consigue proyectar en los interesados una potente luminaria sobre su manera de representarse el mundo en momentos como los actuales de noche preñada de profunda oscuridad en la que se atreven a aparecer los más variados y deformes espectros.    
  

 
 
  









martes, 12 de marzo de 2013

¡QUE NO NOS DOBLE EL VIENTO!: VOLVER A LA ESPERANZA DE VERDAD.

Es de una hipocresía aplastante mofarse desde España del movimiento de contestación al que presta imagen Beppe Grillo y respetar –y a veces reverenciar- a cualquiera de los políticos o de la autoatribuida élite institucional hispana. Ni en el ejercicio de la más grande prudencia cabe el respeto a nadie en este escenario institucional-mediático mientras el ciudadano honrado hace cuentas en la frialdad de su cuarto para cuadrar las monedas y conseguir terminar el mes. Ya no cabe ni siquiera la cínica petición de público perdón que algunos escenifican como parapeto de los demás. Los españoles nos hemos acostumbrado demasiado fácilmente a desviar la mirada cuando la agresión es máxima. En ese estado de aparente indiferencia, llegamos a aceptar bovinamente, por ejemplo, que agencias estatales en cuyo seno se establecieron una madeja de desfalcos legales e ilegales salden los atropellos con la creación de etéreas y formalísticas “Unidades de calidad” sin haber recuperado lo desfalcado ni siquiera reprendido a los actores directos o indirectos. ¿Podemos llamar a esto reingeniería de procesos? ¿No entraña un nuevo retroceso en la búsqueda de la verdad, cuando no vil encubrimiento?


Tal vez nos hemos vuelto a extraviar en la senda de la ejemplaridad y aceptamos de grado y sin rechistar argumentos como el de la señora Barcina, la jefecilla de Navarra, que espeta con desparpajo que eso (lo de llevarse privativamente crudo el caudal público) lo hacía todo el mundo en época de vacas gordas. Vano intento de justificar lo que no puede justificarse en serio. Es tan inverosímil como pretender mantener la licitud de los órganos superiores del CSIC cobrando siempre un plus en las dietas de viaje por encima de las legalmente estipuladas. ¿Que así se hacía aunque  los viajes eran los mismos para todos los desplazados? Si, pero es que eso no es ni lícito, ni igualitario, ni honesto ¿Sería eso razonable y ejemplar siquiera retrotrayéndonos a la época del becerro de oro? Los estómagos agradecidos –o los bolsillos ídem con las migajas- de quienes debían controlar e intervenir ni rechistaron en su momento. ¿Los sindicatos representados en los órganos de dirección y asesoramiento de la agencia eran entonces ciegos y sordos? ¿Acaso estaban comprados con diferentes sinecuras corporativas o individuales? Se podría escribir perfectamente un libro sobre todas estas prácticas: No sólo Hitler. Por doquier aparecen los verdugos voluntarios deslumbrados por migajas o destellos de hojalata. Recuérdese que era el tiempo de la ética pública y la calidad total… ¡y hasta del camelo de la pomposa responsabilidad social corporativa! En vez de interés general, responsabilidad social corporativa, también en las agencias públicas servidas por funcionarios espléndidamente remunerados con doble régimen jurídico para tener bien cubierto el riñón. Puro contrasentido como ha demostrado la evolución histórica. Como el contrasentido esencial de que una agencia estatal cuente con una Fundación para su maniobrabilidad. En modo alguno para alcanzar objetivos sociales inalcanzables desde al ámbito de la agencia. Las Fundaciones de las agencias estatales (o de las universidades) son mera ingeniería para, entre otros privilegios, poder compatibilizar sueldos públicos con los de la persona moral ¿Verdaderamente son persona moral en tiempos de general inmoralidad? ¿Son necesarias para concitar a la sociedad civil y económica o son mera redundancia organizativa? Puro contrasentido, si bien se mira. Parece claro que, pese a tibias proclamaciones interesadas, desde las instituciones nadie pretende regenerarse en la España del trile institucionalizado institucionalmente, bajo veste de que todo no pueden llegar a conocerlo los ciudadanos. Los que ahora participan de las jeremiadas, en su momento robaron-o indujeron o consintieron- a mansalva. No se ha salvado casi nadie de quien pudo y quiso…incluso hasta apeteciendo las simples migajas... ¿Qué hacen ahora? Reasignan efectivos, duplican funciones, desvisten al mono y vuelven a colocar al mismo mono otro torpe aliño indumentario. El tiempo volverá a poner todo al descubierto. Así se teje en el telar de Penélope.

A no dudar, los españoles estamos necesitados de un Beppe Grillo que empiece a levantar las tapas del alcantarillado: aparecerán múltiples espías, mucho comemierda y muchísimo excremento. Es precisa la voz de alguien con crédito social que enarbole la esperanza de un régimen totalmente nuevo en el que el fuego flamígero (metafórico, por supuesto; no sea que algún soplón escondido quiera emplumar al viejo Dacio Gil en algún aquelarre judicial de los que tanto abundan por invocar el fuego salutífero en las organizaciones) purifique algo el ambiente. Esta asfixia es socialmente más devastadora que una epidemia de cólera.

Desde esta Tribuna Alta Preferencia no se aprecia a casi nadie que pueda representar en España un papel similar al de Beppe Grillo. Acaso el más indicado fuese el Santo Padre Luis Landero: tiene un largo background, cultura, conoce los confines del afán y mira con la distancia que caracteriza al sabio. También, si su mala salud de hierro no fuera un impedimento, Antonio Gala sería un magnífico aglutinador, sus diarias verdades del barquero en La tronera recuerdan a Peter Noll y son de ejemplar clarividencia y humanidad. El viejo Dacio Gil piensa –aunque no con excesiva imparcialidad, pues siente predilección por este brillante catedrático de ciencia política- que Palinuro, Ramón Cotarelo, sería también un espléndido, brillante y lúcido aglutinador; aúna como nadie, juventud y madurez; sabiduría académica y noble gramática popular. Jamás tuvo miedo alguno.

Fuera de cualquier duda, la figura que hubiera cumplido a la perfección el papel de aglutinante que lleva a cabo Grillo en Italia nos abandonó casi recién doblado el siglo XXI. Un granadino ya intentó despertar las conciencias en pleno despunte del becerro de oro y las sevillanas. Desde la Transición misma. Por ello fue denostado por unos y por otros y hasta se llegó a propalar, en desesperado intento institucional por desacreditarlo, que le financiaba el coronel Gadafi o que lucía un espectacular mercedes de color blanco por las calles de Granada. Lo cierto es que sus recitales eran una congregación de fieles rebeldes que se adelantaban a ver, como él, las enormes posibilidades del sistema democrático pero también la pesada losa del franquismo sociológico. Su tierna transición de la rebeldía a la copla pasando por el amor es de las más bellas trayectorias habidas entre la gente de la cultura. Un ejemplo de humanismo y humanidad. El viejo Dacio Gil desde bastante joven, coincidiendo con la época en la que Carlos Cano se prestaba a una concatenación eterna de aclamados bises en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, se ha rendido a la sensibilidad y a las cualidades vitales, artísticas y humanas del granadino. Le conmueven aún muchas de las letras de sus canciones. También el sentimiento con que las expresaba. Ante el descrédito institucional imperante hoy, el cantor no se habría mantenido callado ni mordido la lengua: no le doblaba el viento. Se habría posicionado sin tapujos, como hizo siempre. Dado que ya no puede ser aquí en la tierra la figura que galvanice a la gran masa de desafectos, este viejo Dacio Gil lo propone como símbolo coherente de la esperanza de este incipiente y pujante movimiento, que sea uno de sus mejores mentores desde el Olimpo. Cualquiera de sus canciones de protesta y rebelión propuestas desde el disco de 1977 “A la luz de los cantares” en adelante podría valer de proclama, al modo que se utiliza el Grandola vila morena de Zeca Alfonso en Portugal en las ocupaciones del espacio público reclamando la dignidad de los cuidadanos. Valgan unas cuantas estrofas espigadas:

La Morralla: Quien no ha visto un árbol seco/no sabe que una calandria contra más calor más canta/contra más canta más sol. Contra más sol más jaleo/ la copia del tiroteo: que se acabe el mangoneo “pa” que empiece la función…Por la misma morralla esa que nunca ni “pa” dios calla/ la del punto y la raya que hasta los pelos está cuando estalla/ la que da la batalla y no recibe ni una medalla/ la que hace que el pobre pise alacrán y salte la valla/ la que el pan elabora, saca el aceite y nunca me falla/ de esa misma morralla; morrallita soy yo.

Con permiso: Voy caminando te va a salpicar/ vente a la copla déjate llevar/ los andaluces-no hay más que escuchar-/ abriendo la boca se nos ve el plumar. Se oye mejor mi canto cuando está en su lugar/ que es donde lo “maura” la pura “realiá”/ aquí traigo un ejemplo de lo que soy “na” más/ el pueblo y sus contornos es “toa” mi verdad/ soy de la serranía, la salitre, la mar/ la vega, las marismas, el campo, el olivar/ fandango cortijero, los trovos, el verdial,/ murgas campanilleros: la copla popular.

El caso Almería: Si por Gergal pasaras, la curva de la muerte,/ lleva claveles rojos y acuérdate de Juan/ y acuérdate de Cobo -que nadie olvide nada que quien olvida paga-, acuérdate de Luis./ Así acaba esta historia que con sangre escribieron. / De toda aquella vida sólo queda el horror./ Así acaba esta historia de sombra y de tiniebla. / Para que no se pierda aquí la dejo yo.
¿Qué pasó en Almería?, ¡pobre Almería! ¡ay Almería!

Política no seas saboría: ¡Bendita sea la boca que sabe a la gente unir/ alrededor de una copla que a todos nos da de vivir!/ Copla que arde en la garganta y es la luz de la razón/ devolviendo la esperanza como un clavel de pasión./ Política no seas saboría y arrímate un poco al querer,/ que no se escape la vida por esa herída que abre el poder/ Escucha la guitarra loca y llena tus ojos de sol/ al ritmo de los cantantes, fertilizantes marcando el son,/ el son del entendimiento con una miajita de corazón.

La murga los currelantes: íntegra. Es el espejo mismo de lo que pasa hoy, pasados más de treinta años.

Verde, blanca y verde: Amo mi tierra. Lucho por ella. Mi esperanza es su bandera

El Salustiano: Yo no creo que el sombrero les toque en la tómbola / a esos gachós trajeados que viven de “na”./ Que lo roban, lo roban, con cuatro palabritas finas lo roban.

Viva la gracia: Ahora sé que eres tú lo que mueve la vida del árbol en la primavera/ lo que mueve la voz de los hombres cuando por los hombres luchan y mueren./ No quiero acabar con tristeza ni hielo esta carta amarga./ Ahora sé que las nubes se alzan y canto este canto:
«Por mi boca ya asoman las flores que regó con llanto en tu vientre amoroso este pueblo que te ha embarazado.»

La especulación: ¡Ay cómo me voy a callar!/ ¡Cómo no me voy a creer/ que el que no cambia deprisa/ tenga en Suiza mucho parné!/ Y así se explica el por qué “haiga tantico” follón:/ que el que no grita no mama/ no se va a la cama con su biberón.

A ver los barcos venir: De las penitas mejor ni hablar: Se acabó las vacaciones y la gente en los vagones, ¡a aprender idiomas van!...

Los jornaleros se van: Integramente, pero especialmente: No puede ser, no debe ser/ hermana mía, yo bien lo sé./ Si todos unídos y el pueblo atrevido/ decimos ¡basta! no habrá otra vez.

Las Murgas de Emilio el moro : No sé por qué te lamentas en vez de enseñar los dientes/ ni por qué llamas mi tierra a aquello que no defiendes./ Si en vez de ser pajaritos fuéramos tigre bengala/ a ver quién sería el guapito de meternos en una jaula.(…) Contraviento, contraviento yo me muevo a contraviento./ Y es por mi mala cabeza que me muevo a contraviento/ y me paso de la raya que a mí no me dobla el viento.

La metamorfosis: En su totalidad, pero especialmente: Tiempo de los enanos, de los liliputienses,/ de títeres, caretas, de horteras y parientes, / de la metamorfosis y la mediocridad/ que de birlibirloque te saca una autoridad.

Es tan grave la concatenación de afrentas sociales que se vienen destapando, tan patente el completo descrédito institucional y el vacío de gobierno político-social que se hace necesario decir un  ¡Basta! claro y concluyente. 

Ramón Cotarelo goza de enorme prestigio. El sentido de la música de Carlos Cano podría servirle de contexto.

¡Que no nos doble el viento! Pasémonos de la raya en la denuncia.  
Como todos ellos -y sus verdugos voluntarios, no sólo Hitler- se pasaron con sus ingenierías y reingenierias. Lo mismito, pero mucho más honesto.

miércoles, 6 de marzo de 2013

TRABAJOS DELICADOS Y CONFIDENCIALES PARA EL ESTADO.


Sea cierta o no, existe la creencia de que a los cadáveres, por un tiempo, les siguen creciendo el pelo y las uñas. Existe esa apariencia pero es de controvertida explicación. Puede que lo que se dice no sea verídico desde el punto de vista científico, pero lo cierto es que los científicos sociales constatan cotidianamente que los regímenes políticos totalitarios, en sus últimos estertores, tratan de aferrarse a la vida estableciendo rocambolescas y secretas manipulaciones. Es lo que pasó en el franquismo. Todo apunta a que esto es lo que parece acontecer ahora en la España repleta de muñidores, espías, comisionistas, acosadores y abusadores de debilidad en general.

Lo cierto es que la actualidad es puro franquismo, con la totalidad de las instituciones en estado de ruina, derruídas por unos y por otros y, a pesar de la fuerte seguridad pública y privada, expuestas al pillaje bien aristocrático bien rastrero. Nadie responde de nada, más allá de que los sedicentes representantes del pueblo actúan a espaldas de este y a favor de banqueros y especuladores coludiendo los intereses de quienes les pagan por ejercer su representación. Los representantes, los gestores, los altos funcionarios, los banqueros y los que se intitulan garantizadores se prostituyen en plena calle, en las iglesias o en los palacios. Tal da, la concupiscencia económica es la misma. Cuentan quienes tienen los datos y se vieron implicados que en la muerte de las instituciones que precedió al óbito del dictador se compraba y vendía de todo para apuntalar al régimen o a determinados detentadores de las palancas del mismo. Dicen que fue clamorosa la compra del festival de eurovisión trufada de forzada dialéctica catalanismo y centralismo (lo mismito que ahora mismo). Sostienen quienes lo vivieron en primera fila que la copa de Europa de selecciones nacionales celebrada en España también se compró. El viejo Dacio Gil desconoce o no recuerda bien qué intermediarios secretos “prestaron colaboración” a aquel remedo de gobierno español (en aquella época la dictadura de Franco) de manera “delicada y confidencial”, pero lo cierto es que la gente se echó a la calle para celebrar los la-la las de Massiel y el gol de Marcelino a Lev Yashin, ante tanta penuria y desconsideración institucional del régimen militar. Seguramente no sería Francisco Paesa quien ejerció de muñidor pero alguien prestó con éxito –y cobró- estos trabajos de índole internacional que enardecieron el espíritu nacional.

En materia de secretos de Estado –y de alcoba- no hay transparencia que valga, por mucho que se empeñen Gaspar Ariño y Juan Antonio Sagardoy, cetáceos de la universidad franquista. En materia de agios y convolutos de Estado no cabe acountabillity. Sería un contrasentido. Ni los miembros del servicio secreto, ni los de la brigada político social, aparecen  nunca en el BOE tras su nombramiento. Los agentes externos se mueven en el sigilo. 

Sentado excepcionalmente ayer frente al televisor, cual si se tratase de la tribuna alta preferencia, el viejo Dacio Gil intuyó que aquello era obra de los servicios secretos públicos o privados, funcionarios o comisionistas. Pensó en Corinna. Debía tratarse de un trabajo delicado y confidencial con resultado exitoso. Con los chuzos de punta sociales que está cayendo sobre la casa real, parece que había que apuntalar todo lo que suene a real. Pura utilización interesada del capital simbólico. Además, en un estado de depresión social generalizada, los detentadores de las instituciones –y sus consultores externos que se lucran asesorando de manera más o menos íntima- tenían que intentar apuntalar la caída del Lobby que comanda Florentino Pérez. Es el emblema en época de Franco y en el siglo XXI. La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María y escindida entre Messi y Cristiano no podía permitirse que sus ciudadanos descendiesen a las más bajas catacumbas del ánimo. En Egipto todo se precipitó por un partido de fútbol, harto el pueblo de tanta manipulación y desvergüenza. Algún asesor de imagen debió de pensar en la discreción y los encantos de Corinna, desechando las excelentes vinculaciones de la reina con Turquía, o de Francisco Paesa para que las cosas no fueran a mayores evitando la explosión social desencantada. En España todo gira en torno al fulbol, no hay otra sustancia. Los catecismos del As y el Marca son el sustrato ideológico del régimen, en ellos beben la mayoría de los ciudadanos para intentar olvidar las penurias. Por eso al Arriola de turno o al periodista económico que se desempeña en la cosa de la casa real se les podría haber ocurrido quizás el buen hacer –y el buen vestir- de Corinna. Al real había que salvarlo al precio que fuese, sin que se notase mucho ni la respiración asistida ni el equipo médico habitual. Una cierta inteligencia sólo se acuerda de Chavez para denostarlo, sin reparar en su papel de cohesión en el latinoamericanismo.

Será difícil convencer a los españoles de que el príncipe profesa la fe colchonera. Se ha vendido que es atletista de convicción, pero de otros colchones distintos a los de su regio padre. Llegado el tiempo deberá preparar sutilmente  el gatillazo y pasarse al real, como ha pasado con casi todos los jóvenes  sobrinos del viejo Dacio Gil, que dejaron de ser socios del rayito para hacerse del real. Es ley de vida, servidumbre voluntaria a la trepanación simbólica del ric@s y famos@s. Llegado el momento el príncipe se olvidará de Alí Babacan y recordará difusamente (los secretos oficiales tienen una memoria difusa) a Cüneyt Cakir y… de Corinna. Serán todos agua pasada: ¡que corra el vino!.

El viejo Dacio Gil recuerda perfectamente a Ali Babacan y a Antonio Rigo. El primero, también turco, expulsó en Glasgow a tres jugadores rojiblancos, se ganó el encono eterno de los colchoneros. Al balear Antonio Rigo se le ocurrió pitar un penalti al real (entonces símbolo franquista) medio metro fuera del área; literalmente fue lapidado y acosado mediáticamente hasta la extenuación. Lo de Babacan se olvidó con el tiempo, lo de Rigo al real nunca, se convirtió en una especie de  santón negativo del jacobinismo. Por eso todos los árbitros, los de aquí y los de allá, juegan con un sistema de presunciones siempre favorables al real; hacen como los jueces de verdad-mentira: tienen dos varas de medir…por la cuenta que les tiene. Y el pueblo lo acepta con resignación cristiana. Anterior al cristianismo actual del real y de casi la mitad (el votante mediano) de los españoles.

Vaya por delante que en el humilde entender del viejo Dacio Gil el árbitro turco Cüneyt Cakir era hasta la fecha un buen trencilla, lo tiene escrito en una entrada antigua en esta Tribuna Alta Preferencia. Por eso la labor del intermediario ha tenido que ser verdaderamente delicada, sensible y confidencial. No se ha podido limitar a deslizar el típico reloj de oro o  la tarjeta “gratis total” en el Corte Inglés como tradicionalmente se hacía en la casa blanca en la época franquista. Por lo bien conseguido sustantiva y adjetivamente parece obra de Corinna, o tal vez de Ingrid.

Puestos a escoger, mejor será Corinna, aunque nos cueste un riñón, a que la depresión futbolera acumulada a la depresión social y económica desemboque ineluctablemente en algaradas callejeras ante los palacios o los hospitales. Lo real debe seguir siendo real, como bien sabe el marqués de del Bosque.

A lo mejor el arbitraje fue ejemplo de excelencia en un partido límpido donde los haya (con la excepción sempiterna de algunos aguerridos defensas del real) y lo de Corinna podría haber sido solo un mal sueño inducido por los medios para goce de unos y lenitivo de otros muchos. Todo en aras a la transparencia turbia que se nos avecina. Aquí paz y goce –para algunos- y allá la promesa de gloria… para casi todos.

Es lo que hay. Sin resquicio para apenas algo más.





martes, 26 de febrero de 2013

SIMONES ESTILITAS CON VISTA CANSADA.



Tal como corren los tiempos, y dado el desconcierto del ciudadano normal ente tantísima presión mediática, escasean los sabios a los que acercarse para que ayuden a intentar comprender lo que está aconteciendo. Los medios de comunicación deforman más que informan: Esa es la tragedia del tiempo en que vivimos, que el cuarto poder mantiene una relación morganática con los tres tradicionales poderes (también amancebados entre ellos) bajo la atenta mirada de esa entelequia gestora que es el “mercado”. Ha mutado su sentido aquella proclama que enfatizaban a los cuatro vientos Horacio Guaraní y Mercedes Sosa titulada Si se calla el cantor: que hoy ya sólo los “humildes gorriones de los diarios” (los becarios) pueden aportar aire fresco al análisis de lo que viene aconteciendo. En esto del periodismo hay mucha aristocracia que hace todo lo posible por cerrar el paso a los jóvenes. Aplican el mismo proceso de socialización que ellos sufrieron con los jefes de redacción y superiores.

El lector inquieto que se gaste cada día una parte de su escueta soldada en prensa escrita (la radio y la TV son ruido e interferencias sublimadas y la lectura a toda velocidad en los bares a la hora del desayuno es como un vistazo rápido a internet sin reflexión que valga) para, en la serenidad de la lectura pausada, tratar de comprender todo lo que sucede, estará perplejo. Debe de acercarse a las columnas fuertemente pertrechado de casco de seguridad, gafas de soldar, tapones para los oídos, guantes profilácticos, condón, pre y post cinturón de castidad y hasta patucos sanitarios. Subidos a la columna hay santones que imparten una doctrina que termina confundiendo al lector. O, lo que es peor, conducen hacia lo denominado "políticamente correcto", a la ideología del mercadeo político, económico o social. Hay que tener extremo cuidado con lo que paren estos columnistas instalados, ya que prácticamente ninguno se parece ni de lejos a Simón el estilita.

Viene todo lo anterior a cuento de las últimas elecciones italianas. Italia en materia de análisis político y de las organizaciones es, aunque cueste reconocerlo, fascinante; mucho más que EEUU o China. Desde la época del gobierno del pentapartito y el consiguiente reparto de los ministerios y del flujo de información relevante, el viejo Dacio Gil procura analizar lo más cerca que puede la escenificación política que allí se produce. Mucho antes de la irrupción de Berlusconi tras el escándalo de la Tangentopoli. El veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia sigue, como es de suponer, el fenómeno Beppe Grillo desde su inicial presencia electoral hace algunos años. Es el símbolo del descontento y la indignación con el sistema, con el régimen y con la eurocracia. Es, además, el germen de lo que parece que habrá de ser la participación política en los años venideros –al menos en Europa- donde la gente ya está harta de los sumideros, cloacas, cencerros tapados, omertás, mesas camillas, amantes, convolutos y demás prácticas mafiosas entre unos y otros; sean señores o sean escuderos. Italia ha sido siempre un campo pionero  de experimentación política. Aquí siempre se han terminado calcando hasta el milímetro las modalidades allí puestas en práctica. De manera ineluctable y hasta eficaz pero vergonzante. ¿O Jesús Gil no era un remedo cañí de Berlusconi? ¿O los partidos tradicionales españoles no han hecho exactamente lo mismo -¡lo mismo!- que el dueño del Milan y no sólo con el fútbol? ¿El reciente fuerte hedor fétido hispano no es un calco de Sicilia? ¿No refulge en Europa el Todo Modo de Leonardo Sciascia allá donde se mire? ¿Nuestro Consejo del Poder Judicial no es una desgraciada copia del italiano? Ejemplos que se pueden multiplicar hasta la extenuación.

Pues bien, recientemente dos columnistas excelentemente retribuidos se han manifestado, sin conocer el fenómeno a conciencia, en relación con el Movimiento 5 estrellas. Uno de ellos es, además, catedrático de ciencia política e historiador (¿será al que cita sin nombrarlo Ramió al referirse al rabo de la ciencia política?), que ha dado bandazos políticos hasta encontrar acomodo en El País. El viejo Dacio Gil reconoce que le pasa lo mismo que con Javier Pérez Royo, que no lo lee casi nunca, que le aburre sobremanera por carecer de chispa y, por consiguiente, hondura y visión de la jugada futura; parecen cetáceos, les es imposible estar a la altura (o, más bien, a la bajura) de los tiempos. Pero este sábado se descolgaba con una columna titulada Anarcofascismo, antisistema que el viejo Dacio Gil se detuvo a leer. En menuda hora: le pareció un desatino, una enorme falta de empatía por una alternativa a la que hay que dejar, al menos, que se despeñe por su cuenta. ¿Y si contuviera elementos correctores a las enormes fallas del sistema democrático actual? Elorza recurre a la mirada retrospectiva y habla de fascismo ignorando el descontento que embarga a los ciudadanos y la nula respuesta del sistema, de los bancos y de los eurócratas. Elorza ni siquiera otorga el elemental beneficio de la duda: excomulga de plano a Grillo y a sus votantes, que le han aupado a ser la candidatura con más apoyos electorales, sin contar las coaliciones electorales.

Otro aristócrata aferrado a su marmórea columna de carrara es el polifacético Arcadi Espada que se atreve a pontificar tal como si fuera Juan Pablo III. En el diaro El Mundo hoy pontifica sobre Opera bufa (traicionado en el subconsciente por el otro efecto, el Haneke) y llega a afirmar con desparpajo “los ciudadanos italianos que han votado a Grillo merecerían, en efecto, que les gobernara Grillo”. La columna parece fruto de una mala noche de insomnio o escrita bajo los efectos de una “turca”. Estos instalados ya sólo parecen creer en Monti, Almunia, Matutes, Solana y similares. Su aristocratismo  acaudalado (aunque alardeen de vehículos con 25 años de antigüedad) no les alcanza para ponderar los efectos salutíferos de los nuevos movimientos sociales informales. La gente sin expectativas tiene pleno derecho a no votar o a votar a quien le pete y haya sido capaz de pasar la criba del estatuto de elegible. Estos aristócratas se han socializado y ascendido en las organizaciones formales y les cuesta analizar movimientos sin férreo aparato. Parecen preferir que la mayoría de descontentos terminen otorgando su voto a organizaciones tradicionales, a partidos del tipo de los  Cayo Lara o  Rosa Díez. La fórmula abierta de  Grillo parece que no les gusta. Prefieren la mala y mentirosa tragedia de los instalados a la comedia de los aspirantes a otra cosa distinta, al intento desesperado de alternativa a la tecnocracia y al marujeo económico. Lo más probable es que el Movimiento 5 estrellas termine fagocitado por sus propias contradicciones, por el sistema parlamentario, por el régimen político-mediático o por la propia corrupción que infecta cualquier organización y hasta por las connivencias del sistema de garantías y las aspiraciones personales de los miembros del “Poder Judicial”. Hay que ser muy valiente y honesto para hacer frente al Monstruo Amable de todos los colores y no defraudar al votante. Hay, además, múltiples zancadillas y tentaciones de diverso calado, pero el intento merece ser tenido en cuenta. O eso o la abstención. Lo demás es seguir echando combustible a una maquinaria mafiosa. Blanca o negra, pero mafiosa.

Un mínimo respeto merecen, aunque sea en la distancia, los italianos que han situado a Movimiento 5 estrellas como el más votado, por delante de cada partido que se fusiona en coaliciones electorales  sedicentemente vencedoras y artificialmente mayoritarias. Aunque fuera sólo por eso, el Movimiento 5 estrellas merecería ser respetado esperanzadamente  como alternativa a la abstención. La mente siempre brillante de Ramón Cotarelo (de lo poco lúcido que hay en el patio hispano, por más que tienda a escorarse por inercia) saluda  al nuevo movimiento desde su siempre sugerente y moderno Palinuro. Al menos Cotarelo, con toda la que está cayendo en este erial hispano, lucha por no fosilizarse en los privilegios y por tener una mente lúcida y longeva. Afortunadamente, no todos los que piensan y saben están instalados en el mármol de carrara. Por fortuna, no todos se creen intelligentsia aunque puedan tener atributos intelectivos superiores.

Sin el menor género de duda esta nueva manifestación del laboratorio político que es Italia será copiada a la mayor brevedad en España. Con efectos honestos o perversos. La ingeniería electoral se presta a eso y a mucho más. Pero magnífico es que el electorado manifieste su disconformidad con el régimen, con el sistema y con la madre -o la monja- que les vendió. Que muestren su radical discrepancia con los bancos, los curas, los reyes, los estilitas, los instalados y demás calañas. Discrepancia dentro del sistema vigente. Están hartos de tanto policía, soplón, detective y espía. Luego todos los que husmean en la vida de los otros terminan jueces por una u otra vía, como en Italia, instalados a buen recaudo en el Consejo de la Magistratura. En los cuartos y en las alcobas, sin embargo, ciudadanos corrientes siguen sufriendo. A la mínima oportunidad, lo manifiestan en la calle y, si les dejan, también en el voto.

El viejo Dacio Gil, por fuertes razones vitales y tras analizar lo que se le alcanza, se inclina intelectualmente en la actualidad por la doctrina García Calvo y por la abstención electoral. Eso le parece lo más coherente  frente a tanta insidiosa bullanga. Puro intento de personal elección racional sacudiéndose todas las trampas y zancadillas que emplea el sistema. Entiende que el Movimiento 5 estrellas no hace ni más ni menos que volverse a plantear qué ha de ser de la vida si el que canta no levanta su voz crítica en las tribunas: por el que sufre, por el que no hay ninguna razón que lo condene a estar sin manta. El Cómico Beppo Grillo canta las verdades del barquero. Los mediocres y vividores actores trágico-políticos y sus corifeos nos cuentan – convenientemente distorsionadas para que no se alarme nuestro entendimiento y consienta nuestro bolsillo- las mentiras del banquero.

En principio, y hasta que los hechos no demuestren lo contrario, Beppe Grillo y el Movimiento 5 estrellas no hacen sino intentar que no caiga en saco roto aquella vieja advertencia de Horacio Guaraní de que si se callaba el cantor moriría de espanto la esperanza, la luz y la alegría. Es urgente articular otras modalidades nuevas de participación. Habría que echarlos a todos y construir un futuro inclusivo sin ataduras y grilletes.
Sin dudar: Grillos mejor que grilletes.

viernes, 15 de febrero de 2013

AMOR, INDIFERENCIA CORDIAL, RETAMBUFA Y RABO: GESTIÓN TECNOCRÁTICA CARENTE DE AFECTOS.



Si hubiera siquiera un seguidor de esta Tribuna Alta Preferencia tendría para sí la convicción de que esta debacle hispana viene proclamándola Gil desde la Aurora misma. En “¡Esto es España, Señores!” quedó patentizada la posición del viejo Dacio Gil, como se ha posicionado sin ambages frente a la enorme corrupción existente desde siempre en las administraciones en las que el CSIC es sólo una punta –destacada pero sólo punta, al fin- de una cordillera de icebergs. De la corrupción no se salva ni una sola de las instituciones de la ahora pretenciosamente llamada marca España: está en el núcleo mismo del ADN institucional público y privado. Es lo que con tanto acierto como poca repercusión en los medios de comunicación viene enseñando desde hace años el profesor Guillermo Márquez Cruz sobre esta patología político institucional: Nunca desapareció del todo en España el cacicato estable, sólo se fue adaptando a las circunstancias cambiantes, se ha ido transformando. Siempre ha seguido vigente en todos los ámbitos aquella certera proclamación de principios atribuida a don Antonio Maura: Al amigo: el culo; al enemigo: por el culo; al indiferente: legislación vigente.

Para quien haya pasado por el trance del amor apasionado –el enamoramiento es otra cosa más común- el cantante guayaquileño Julio Jaramillo debe de ser un icono de culto imprescindible. Los boleros, valses y pasillos -y hasta tangos y joropos- entonados por el Ruiseñor de América son reflejo de la vida misma y de todas las aristas de las pasión humana más genuinamente femenina: De ahí el enorme éxito con las mujeres de este hombre de vida acelerada (“Es terrible esta pasión devoradora y que lastima: la mariposa del dolor cruza en la noche de mi vida”) y licenciosa (“licor bendito que quitas los pesares, eres el Dios en mi dolor”). Puede decirse que la discografía de Jaramillo es una auténtica enciclopedia de comportamiento humano, ya sea lógico o absurdo. Se aprecia en la mayoría de sus canciones, como Alma en los labios, la esencia misma de la servidumbre voluntaria y la esclavitud. El viejo Dacio Gil regresó de Ecuador con la firme convicción de aplicarse de nuevo a indagar sobre el amor, con la distancia propia de la edad postardía. No bien aterrizado decidió acudir a la premier de Amor, la película de Michael Haneke para intentar constatar cómo puede pervivir el amor en una pareja de octogenarios cultos, de unos profesores de música cultivados y civilizados en el mejor sentido de la palabra, Georges y Anne (espléndidamente interpretados por Jean- Louis Trintingnant y Emmanuelle Riva). El film demuestra que el amor transitivo, si se le cultiva, consigue llegar a esos confines vitales intacto; sólo transformado por el paso del tiempo y las decepciones vitales. Es el tiempo, y no el amor, el que cambia rostros y perturba almas. Pero el amor puede llevarse hasta las últimas consecuencias en el debate triangular pasión-razón-socialidad. Esencial es la escena de cortesía-amor-dolor en la que el exitoso discípulo  trata de agasajar a los maestros de palabra y obra a través de un CD de su interpretación del Impromptus D899 de Schubert. El Impromptus suena triunfal en un elitista equipo de música, pero su audición es interrumpida abruptamente por Georges cuando su mujer evoca las palabras que se pretenden afectuosas del discípulo. Quedan literalmente desolados por las palabras del joven, brillante y educado pianista. Constatan lo devastador del transcurso del tiempo en el decurso vital a los ojos de los demás. En el film, la tecnocracia es representada en el personaje secundario de la hija: una tecnocracia cordial e indiferente financiera e inmobiliaria. Sin embargo, refulge en el film de Haneke la sabiduría del amor (de la desesperanza) como tan bellamente la describe André Compte-Sponville en Impromptus : la dulzura del duelo personificado en Schubert y en Montaigne (la vida malograda y la ternura del amor que ayuda a soportar la angustia del fracaso). Amor hasta el final, nunca tedio.
Amor, la película de Michael Haneke, es una verdadera obra de arte. En las estéticas palabras de Comte-Sponville que cierran el capítulo 9 dedicado a Schubert (situado entre el 8, “la alegría a pesar de todo” de Mozart y el 10, el “tedio: la verdad en estado puro” de Schumann): Debíamos creer y no se puede. Amar y no se sabe. ¿Ser amados? Si en realidad nos amaran, si pudiéramos ser amados, ¿Acaso Schubert nos haría llorar tanto?


España en la actualidad muestra una carencia absoluta de líderes, se buscan y no se encuentran. Reina una gran mediocridad, por eso despunta con luz propia Ernesto Caballero que viene dotando de brillantez la programación del Centro Dramático Nacional. Aquí han sido reseñados algunos de sus incontables méritos: sus direcciones de escena, la incorporación de obras esenciales de la dramaturgia hispana y extranjera, la categoría Escritos en la escena del Laboratorio Rivas Cherif, los punteros ciclos de la sala de la Princesa y un largo etcétera. En la actualidad y hasta el domingo 17 está en cartel La rendición de Toni Bentley en adaptación e interpretación de la brillante actriz suiza Isabelle Stoffel. Isabelle Stoffel es un prodigio de dicción y de expresión corporal. Un auténtico hallazgo que saca el máximo rendimiento a la obra de Bentley publicada en la colección la sonrisa vertical de la editorial Anagrama. Yerra quien piense que la obra versa exclusivamente sobre –como gusta denominar Antonio Gala- la retambufa. La pasión por la sodomía es sólo el pretexto temático para una excursión sobre el poder, las religiones, las ideologías, las contabilidades, las grabaciones, las convenciones, la confianza y, sobre todo, la auténtica servidumbre voluntaria. Restan apenas tres día para poder tener el privilegio de haber visto a Isabelle Stoffel mostrando su capacidad dramatúrgica y su dominio de los lenguajes. Aquí no hay malentendido que valga, la Stoffel es una joya y lo demuestra sacando el máximo partido al libro de la Bentley. Será difícil encontrar a estas alturas entradas pero quien las pueda conseguir que no lo dude: es la obra del momento. Una polifonía a una sola voz en la que se atisba en el excurso, incluso, la contabilidad b al estilo de Bárcenas y demás tesoreros de los partidos políticos. O, en todo caso, los principios basilares del cacicato estable apuntados más arriba. Y no porque no se cansen de darnos por culo los dirigentes y banqueros con los engaños financieros y contables. La pasión por la sodomía es una causa más noble que las ingenierías financieras y contables y no tiene por qué regirse por las reglas de una legislación vigente (“motorizada”) en la que ya nadie cree.

El Teatro Valle Inclán, otro alfil del que se vale Caballero para agitar las conciencias de la muchedumbre que parece desperezarse de su condición solitaria. Exhibe la obra de Albert Camus, el malentendido. En la actualidad asistimos a un redescubrimiento de Albert Camus una vez liberado del baldón que sobre él trataron de diseminar los ortodoxos comunistas franceses. Tony Judt y Zygmunt Bauman han contribuido grandemente a mostrarnos sus valores a vertebrar una corriente de creciente afecto. A Camus le pasa lo mismo que a Slawomir Mrozec, que bajo veste de absurdo o de la absoluta nada hay toda una sólida reflexión sobre la condición humana, sus contradicciones y las aporías de las que trata de valerse y sustentarse. Un mundo de inocentes-culpables y de culpables-inocentes que tanto atrae a Ernesto Caballero. Cayetana Guillén Cuervo se luce en el papel de Marta. Es una imponente María Casares. Representa a la perfección el papel de tecnócrata de la gestión hostelera (sin dinero negro pero con negros augurios). Ningún espectador duda en absoluto que, tras esa imponente fuerza expresiva, la Guillén encarna la indiferencia cordial que caracteriza al Monstruo Amable. Una guapa y brillante (atributos que adornan por siempre a la Guillén) tecnócrata de pensión que no tiene pasiones menores, sólo anhela la muerte de los demás para el beneficio propio hipostatizado en el mar, el sol y el sur. Impacta una mujer tan bella empleando el lenguaje de la élite del poder, de los eurócratas. Impactan las dotes de la intérprete de Marta. Algo más humana, cual si de un funcionario superior se tratase, se presenta la madre (Julieta Serrano), también cimera. Jan y María (Ernesto Arias y Laura Grube) parecen representar al pueblo, bien idealista, bien realista. Dios observa todo el sufrimiento humano y consiente pero calla: el no verbo observa la carne. Yolanda Pallín y Eduardo Vasco se lucen en la versión y dirección de la obra y facilitan una coda final (¿o es el colofón?) en el que la Guillén se sale subida al pedestal. La obra debería ser estudiada y analizada por las secretarías generales técnicas de todos los ministerios y por las escuelas de negocio tipo ESADE, IESE, IE y similares. El lenguaje tecnocrático en el malentendido es teoría managerial cutre pero exacta. La indiferencia cordial termina siempre en los objetivos y la productividad: por conseguir los objetivos los tecnócratas son capaces de aplastar cualquier cosa. Al pueblo lo perciben cosificado. Hasta el 3 de marzo el pueblo, en principio mucho más humanizado, puede acercarse a la plaza de Lavapiés para alcanzar asistir a una verdadera obra de arte y una reflexión sobre los managers y la ideología de los objetivos y la productividad. No es absurdo, es la Nada cotidiana.

Y de gestores y científicos de la administración quiere hablar en esta entrada el viejo Dacio Gil aunque se haya perdido por meandros de Amor (Haneke), retambufa (Stoffel) y lenguaje tecnocrático y malentendidos vitales (Camus, la Guillén y el ilustre elenco). Ahora toca hablar del rabo en muchos casos necesario para sentir o, al menos, experimentar, el amor, la sodomía, la vida como escuela del amor y del dolor y hasta la muerte, tal como recuerda André Comte-Sponville en la recopilación recientemente publicada bajo el sugerente título Ni el sexo ni la muerte. Tres ensayos sobre el amor y la sexualidad.

Es tradicional en España la connivencia de los altos cuerpos de funcionarios, el funcionariato, con la clase política para coludir al pueblo llano. Los tecnócratas aportan la jerga, visten al mono. No habría político vil y desgraciado si no hubiera toda una cohorte de escuderos en la administración para “implementar” las medidas ideadas por los políticos para favorecer a grupos de presión, amigos, conmilitones y familias legales o alegales. Por su parte, los miembros del funcionariato se encargan, a la par que facilitan la siembra de minas a los políticos,  de irse preparando el nicho dorado tanto individual como colectivo para cuando vengan mal dadas. Egoísmo corporativo. La legislación motorizada está repleta de estos nichos o cementerios de elefantes, refugios en los que dormitan quienes contribuyeron a uno o a múltiples garlitos o se llenaron los bolsillos o permitieron que se los llenaran otros. Ninguno de esos funcionarios es nunca responsable de nada. ¿Dónde se encuentra hoy, pongamos por caso, don Carlos Manuel Abad tras el desfalco del CSIC? ¿O don Eusebio Jiménez Arroyo? ¿Dónde reposa hoy doña María del Mar García Ferrer en la administración? Nadie ni siquiera se ha sentido  obligado individualmente a pedir perdón por los demanes. Estas situaciones demuestran que cuando se habla de funcionarios en general se meten en un mismo saco situaciones muy diversas. Patentizan que el tratamiento unitario jamás se da, que es una mera maniobra de distracción de cara a la sociedad. Hay un gran flujo de connivencias en los desafueros administrativos e institucionales. La verdad es que el único tratado de gerencia pública fiable y veraz es la trilogía de Antony Jay y Jonathan Lynn en la que se muestran, con humor inglés, las triquiñuelas de unos y de otros. Todas los demás manuales o tratados sobre Ciencia de la Administración o son impostura o se trata de sesuda camelística aplicativa al estilo del añejo libro de Northcote Parkinson. Excepción hecha, naturalmente, de la obra magna de Alejandro Nieto (que bien es cierto que guardó silencio directo sobre todo lo que vieron sus ojos en el CSIC).

Llama la atención la súbita exhumación de los trabajos de Nieto en recientes muy endebles obras, tales como la de Ariño Ortíz y la que ahora se comenta de Carles Ramió.

Al viejo Dacio Gil le llamó la atención un libro de sugerente título publicado por la editorial Catarata: La extraña pareja. La procelosa relación entre políticos y funcionarios. La verdad es que el libro defrauda y deja en muy mal lugar al pobre Montaigne, padre de la técnica o género literario de los ensayos. El libro de Ramió es una obra de bricolaje bastante basta. Es, por un lado un anecdotario, por otro una diatriba a parte de la Academia menos afín, y, en general, pura propaganda personal y de la formación de gestores públicos para beneficio propio. Qué dice Gil: ni más ni menos que de los pretenciosos directivos públicos, que pretenden ser otro género de líderes. Ni siquiera Alejandro Nieto sale bien parado a pesar del “malentendido” que traduce el redactado: “Este fino, irónico y heterodoxo jurista (se refiere a Alejandro Nieto, claro) ha hecho relevantes aportaciones a esta incipiente Ciencia de la Administración. Pero sus obras más conocidas tienen carácter divulgativo, humorístico e irónico que rozan el cinismo y, en ocasiones, el estrambote. Desgraciadamente los tiempos actuales le están dando bastante la razón: No iba descaminado con sus acusaciones de desgobierno y corrupción (…) sigo pensando que son anécdotas (…) Es una delicia leer sus textos y escuchar sus conferencias pero tiene un efecto perverso que equivale al consumo de alcohol por parte de unos depresivos directivos y otros individuos con vocación de servicio público (que se sirven en su jerga de la indiferencia cordial, apunta Dacio Gil siguiendo a la Marta de Camus). Sus aportaciones generan una rápida euforia para luego desembocar en una depresión mucho mayor.” En pleno ejercicio masturbatorio ensayístico el señor Ramió concluye cual barón de Münchausen : “Yo desaconsejo leer estos ensayos de Alejandro Nieto a mis alumnos…” ¡Toma ya! El pobre Nieto arrastrado por los pies hasta las paredes del embalse como hacen Marta y su madre con Jan, para convertirlo en carbono 14 húmedo. Acaso se trata de un malentendido pues el señor Ramió -al igual que el jurista Ariño Ortíz- no alcanza ni en el mejor de sus escorzos a abrochar los cordones de los zapatos de Nieto aunque lo utilicen como cita de autoridad…vergonzante. Para don Carles, el magistrado –también jurista- Baena del Alcazar  es Dios (y el difunto Prats un semi-Dios) y él parece declararse su apóstol predilecto. A los demás apóstoles les reparte mandobles a distro y siniestro o les aboca a la retambufa más vil. A otros los ignora, tal vez por desconocimiento.

Dado que en esta vida todo es sexo, el catedrático catalán alcanza el primer climax (¿masturbatorio?) cuando habla del “rabo” al contar la anécdota (mecachis, recurre a anécdotas) de una oposición en la que el presidente del tribunal (el viejo Gil se lo representa con bigote invocando a la mater dolorosa) zanjó un asunto señalando que la Ciencia de la Administración era el “rabo” de la Ciencia Política. Pero cuando el autor experimenta la eyaculación es páginas más adelante al  tratar de vender su producto de la formación de directivos públicos y la eventual agencia de evaluación y acreditación de los mismos. Sin embargo, todo no es ensayismo barato en Ramió pues también alude de pasada a los monjes y guerreros en la universidad, al Mobbing en las administraciones públicas o a la deslealtad, la cobardía y el travestismo institucional. Al viejo Dacio Gil le ha llamado la atención el pasaje dedicado a los TAC (los Técnicos de Administración Civil o los Administradores Superiores del Estado) cuando apunta “Las elecciones las habían ganado los TAC” y alude a que para ser presidente del Gobierno hay que tener una agenda de 1000 nombres (“gobernaban de facto los TAC y no el PSOE.” p. 69. Como ahora pasa con los abogados del Estado, apunta el viejo Dacio Gil). Con todo, Ramió acierta en el diagnóstico: “Los cuerpos de élite han tenido la habilidad corporativa de introducirse en los dos grandes partidos políticos que se alternan en el gobierno e introducen e imponen las agendas de ambos partidos (…) La Administración General del Estado lleva tiempo padeciendo la funcionarización de la política y la LOFAGE solo hizo multiplicar esta patología.”

El librito trata de introducir cierto cinismo y hasta humor cuando lleva a cabo las taxonomías sobre el baile entre políticos y altos funcionarios, embarrándose en los mismos lodos que imputa a Nieto. Cuando Ramió decide colocarse la muceta de catedrático de la cosa y abandonar el storytelling  es cuando el ensayo adquiere algo de mayor  seriedad, en el apéndice de la obra (pp 198 a 222): La administración que se espera para después de la crisis: una mutación perversa vale la pena en su prospectiva. La extraña pareja es una obrita, pues, muy dispar en sus contenidos y denota una vez más la dificultad que entraña analizar el oscuro mundo del funcionariato que sigue anclado en Larra y en Pérez Galdós en sus ambiciones de poder. Al menos del libro se saca la conclusión de que en eso de la corrupción hay muchos -pero que muchos- altos funcionarios participando como actores, cómplices o cooperadores necesarios tanto en las cloacas como en los altos palacios. La corrupción no se instala en la sociedad como por ensalmo por decisión de los políticos, hay en su siembra ingentes cantidades de verdugos voluntarios.

Cacicato, amor, sodomía, servidumbre voluntaria, malentendido, confianza, muerte. Dicho todo sin que vibre la genuina pasión humana.

En el lenguaje de la indiferencia cordial reside la clave del fatídico desenlace.

miércoles, 30 de enero de 2013

ESTADO COLECTIVO DE DISONANCIA COGNITIVA

Abrumado por el insano clima político-mediático, el viejo Dacio Gil se había hecho la promesa de alejarse lo más posible de tanta bullanga informativa y ejercer la condición a la que verdaderamente aspira: la de apátrida, como un día lo fueran la gran Hannah Arendt, Sandor Màrai y tantos más. Apátrida en la época de la fiera globalización económica. Recelando de los ladridos de los canes de una prensa que representa exclusivamente los intereses de los instalados y regresado aún más descreído de Ecuador, ha comprobado in situ que la situación era tal como se veía desde la avenida de los volcanes de Von Humboldt: ridícula, liliputiense. Ahora corrobora el viejo Dacio Gil que se está urdiendo una magna y gigantesca tabula rasa para que los españoles no terminen descubriendo que todo, -¡todo!- estaba podrido, desde las instituciones más altas a las más bajas. Tal como todo va a apareciendo, el trile parece estar en el ADN de los españoles; o al menos eso es lo que nos ladran los medios cada día sin que seamos capaces de reaccionar cabalmente. En ese contexto el veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia se había autoimpuesto de ahora en más silencio y meditación. Con aplicación se ha intentado sumergir en la Satyagraha (verdad, amor y no violencia), tal como le recomienda una inquieta demócrata real ya seguidora de Ramin Jahanbegloo, antes de asumir la doble dimisión personal: la interior y la exterior.


El silencio autoimpuesto se ha visto quebrado por la necesidad de expresar la íntima convicción de que existe verdadera urgencia en facilitar a los ciudadanos sesiones de diván con psiquiatras y psicoterapeutas en orden a que reaccionen antes de que degeneren de verdad en sus dolencias. Mal que bien hemos resistido hasta aquí el acoso institucional y mediático pero las fuerzas ya están bajo mínimos, como los ahorrillos... Esos profesionales de la salud mental deben enseñarnos a comprender e intentar trascender la inmensa violencia económica y simbólica que nos viene infligiendo el Monstruo Amable. El dilema es cómo podrán los ciudadanos acceder a estos profesionales ahora que las SS reducen todas y cada una de las prestaciones y la formación continuada ha quedado reducida al sumidero virtual on line. El “clima infame” y el “síndrome de preferencia única” ya fueron expuestos, sin demasiado éxito popular, por Piero Rocchini (La neurosis del Poder; Alianza 1993), el psicólogo de la Asamblea italiana, allá por 1992 cuando quedó al descubierto toda la porquería de la tangentopoli, tan similar a lo que ahora se destapa cada día en España.

Lo cierto es que se detecta en toda la ciudadanía una enorme perturbación cognitiva, emocional y relacional. Dado el contexto y los términos del discurso mediático, pareciera que cada cual llevásemos dentro un prevaricador o un agiotista, llegando a suponer que eso se nos notase en el semblante a todos y cada uno de los ciudadanos, como si el robar o ser anacoretas fiscales nos hiciera libres. O eso o la cara de enajenados que nos delataría tras tanta violencia simbólica y monetaria, asimilada o no. Alguien debería enseñarnos asertividad (verbigracia, a los funcionarios de bien -el buen funcionario confrontado al "buen" gobierno- frente a Montoro o Beteta), a eliminar las cogniciones nefastas y a domeñar las inhibiciones. A defendernos del acoso modal (y, por supuesto, moral) que desde las instituciones y sus voceros se despliegan con saña. En estos casos, ni siquiera las viejas víctimas del acoso institucional (aquellas a las que juececillas y juececillos poco valientes como, por ejemplo, Teresa Delgado Velasco, Berta Santillán Pedrosa o Francisco de la Peña Elías sistemáticamente han negado el pan y la sal bien por el servilismo acrisolado de estos sedicentes jueces imparciales con los acosadores institucionales, o bien, por su propia y acendrada incuria e insensibilidad social) se encontraban curtidas para afrontar este tipo de violencias continuadas devastadoras. Víctimas del acoso institucional mientras eran desfalcadas las cajas de organismos como el CSIC y otros (aquí, visto lo visto, no se salva ni uno siquiera) en épocas de pretendida bonanza económica y de hacer la vista gorda a todos los comportamientos inapropiados. Henos aquí, ahora, con la violencia simbólica y material recrudecida hasta límites paroxísticos. ¿Acoso moral generalizado? ¿Cómo denominar a este acoso en el equivalente moral a la guerra en el que nos encontramos, en el que la corrupción juega un simple papel accesorio? ¿Es o no es maltrato institucional tanta prevaricación, tanta desviación de poder, tanto cohecho…?

Sólo los psicólogos y psiquiatras podrían devolvernos en este momento el necesario impulso vital para resistir y recuperar la autoestima individual y grupal, de sacarnos de la indefensión aprendida, de la condición de idiotas morales a la que tratan de postrarnos a fortiori para poder hacer de nosotros lo que les pete y, como colofón transitorio, una monumental tabula rasa, como si se tratase de un concurso de acreedores más (uno de los múltiples, inducidos o deducidos; ficticios o reales) del que se saldrá exclusivamente a riesgo y ventura y sólo a expensas de la economía particular del ciudadanos de a pie. Sólo ya los psicólogos y psiquiatras podrán ayudarnos a cultivar una aptitud para administrar los diferentes desafíos emocionales que se nos vienen preparando.

Ya es significativo que haya tanta unanimidad en los más recientes libros de análisis político que hablan todos sobre la mentira política, el gobierno de las emociones y cosas por el estilo. Quien quiera irse preparando para sobrevivir al temporal y cobrar cierta ventaja hermenéutica para el futuro (escueto pertrecho, pero pertrecho al fin entre tanto ruido) que -si es que está a su alcance- se lea con atención la última obra de Marie France Hirigoyen titulada El abuso de debilidad y otras manipulaciones (Paidós 2012) y, mientras avance en la lectura, le irá recorriendo el cuerpo un gélido escalofrío. Y el que no sea capaz de leer todo el libro (aunque se lee con facilidad, dada su claridad y sus ejemplos de conocimiento general) que lea y relea el último capítulo: verá plasmada la realidad circundante, el ámbito de la manipulación político-mediática y las secuelas mentales que llaga a producir.

En vez de religión o educación para la ciudadanía debería impartirse obligatoriamente en colegios, universidades y todo tipo de trabajos, una asignatura entre la psicología social y la victimología que enseñase a defenderse a cada cual del enorme acoso modal (y moral, por su propia naturaleza) del que está siendo víctima y, tal vez, siendo colocado en la posición de verdugo voluntario con sus semejantes. Dentro de esa disciplina docente para todo el mundo, podrían subdividirse apartados relativos a los diferentes tipos de manipulación y a aprender a discriminar el juego de medias verdades y mentiras de las que se viene prevaliendo las instituciones y sus adyacentes giratorios (antes llamados Lobbies) que nos aturden con grandes proclamaciones líricas mientras se llevan hasta el reloj del difunto  estándo el pobre corpore insepulto rodeado de allegados y deudos. También alguien con espíritu de servicio a la colectividad debería descifrarnos la exacerbada dimensión dramatúrgica de la política y las coordenadas psicosociales en las que se viene desenvolviendo como doctrina del shock. No en vano Zygmunt Bauman ya dejó sentado hace bastante tiempo que la política no es sino la modulación de la angustia y la ansiedad. En un libro de 1993 (el jardín de las delicias democráticas; FCE argentina) que también pasó casi inadvertido en su época por sus confrontaciones con el status quo, pero que hoy es rabiosamente actual, Philippe Braud explicaba con detalle los dispositivos psicoafectivos que se organizan alrededor del ejercicio del poder (antológica es su frase “una de las paradojas de la democracia pluralista reside en que combate mucho más la indiferencia por la cosa pública que la ignorancia”) y el uso del escándalo político (“la vida democrática es percibida de forma lamentable como un espectáculo de clase B en el que se oscurece la visión del interés general y se desmoronan tanto el desinterés como la abnegación por el bien público”) que se dirige a fomentar la optimización de la indiferencia . Se han diseñado tantos y tan diferentes métodos de engaño que alguien deberá ayudarnos a salir del estado de disonancia cognitiva en el que pretenden postrarnos. Además de idiotas morales aspiran a que seamos débiles cognitivos irrecuperables, que lleguemos a vender nuestras convicciones no por 20 dólares sino por 1 solo, como demostró Leon Festiger en su experimento allá por el lejano 1957.

Algo muy serio se está cociendo. Sólo resta saber cuándo nos lo presentarán amasado ya. Este constante bombardeo de transparencia corruptiva parece querer conducirnos al grado óptimo de indiferencia, al punto exacto de la manipulación institucional.

Este es tiempo de psicólogos y psiquiatras. Ni la duda racional parece caber ya.

viernes, 18 de enero de 2013

LA MIERDA FLOTA.


Ciertamente, todo tiene su fin. La beca estupendamente pensionada de la ATP expiró y el viejo Dacio Gil recompuso su petate y, con todo el dolor de su corazón, puso rumbo a España dejando con sus bufidos al gran Tungurahua. Le verdad es que cuando uno sale de España y con la distancia tiene la suficiente perspectiva caballera no añora casi nada. En España un principio fundamental e incontrovertible de la convivencia es que la mierda flota y eso se nota en la distancia. Se percibe a lo lejos que es un país en completa descomposición en el que sólo los carroñeros institucionales sacan partido.

En Latinoamérica se comprueba que existen diferentes sistemas de convivencia distintos al español, que la economía informal (a esa a la que vergonzantemente aspira la Europa que sólo es ya un museo) es tomada como mal menor y la gente recela de las mafias informáticas del Estado (de la connivencia que impera en la gobernanza para coludir a la clase media) en eso de regularizarse. Las regularizaciones están ideadas para los defraudadores y en Latinoamérica aún resiste el pueblo anteponiendo el amor a la codicia. Se trata de pueblos que han sufrido mucho y variado. Y eso a pesar de la fuerte penetración de los intereses capitalistas a través de la ética protestante de los poderosos vecinos del norte. La gente de bien se pregunta de qué le sirve que el Estado le controle en todos sus ingresos si allá (como acá) es endémica la plaga cleptocrática que termina devastando las cajas colectivas. Los ecuatorianos saben mucho de bancos malos y de bancos regulares. Ahora conocen también la guerra de guerrillas despiadada que desarrollan determinados medios de comunicación con la colaboración de esa derechona reaccionaria que despliega con desvergüenza su soberbia y su falta de humanidad: están acostumbrados a explotar a los pobres, unas veces haciendo el caldo gordo a los militares y ahora a las mafias chinas y norteamericanas. Determinada prensa es vergonzosa en américa latina: dobermanes como en España (donde ABC y RTVE representan un papel propagandístico y embaucador deplorable). 

América latina debe menos de lo que se ha dicho a la Madre Patria. Así, por ejemplo, la América conquistada por españoles y portugueses heredó un sistema jurídico de base romano germánica que ha devenido ineficaz por todos los costados debido al auge del derecho mínimo de raíz anglosajona y de la tiranía de la ética pública que terminó por poner en el desván de los trastos viejos el sistema de garantías que distinguía entre culpables e inocentes. Ahora en aquellas latitudes se descubre -como aquí-  que lo que se estila es eso de los inocentes-culpables y los culpables-inocentes; es decir, los fractales de Mandelbrot , el caos jurídico. Y a ello se aprestan los jueces, como en Europa y en el vecino gringo: a arbitrar la nada enfrentada al poder.

Pero a lo que iba, que el viejo Dacio Gil tiende a perderse por senderos poco recomendables. Desde Latinoamérica se contempla a España con tristeza. Se la ve con dimensiones liliputienses y sumergida en el mismo albañal de siempre: cloacas en la política, engaños y fraudes en las administraciones, pestilencia en los medios de desinformación, codicia irrefrenable en los instalados de siempre, egoísmo corporativo, codazos entre las togas para aumentar privilegios, la ciencia inventando su propia road movie...

Desde fuera uno añora poder encuadrarse en aquella condición de apátrida que engalanó a los intelectuales más descollantes del primer cuarto de siglo pasado. Jugando a las comparaciones España siempre sale mal parada con el término de comparación: sin proyecto colectivo, con la mentira como emblema institucional, con la babosa blandenguería opusdeína de Gallardón y su troupe engañando al pueblo con tasas, justicia gratuita (?), víctimas, fiscalitos y juececillas a la violeta mientras los “amiguitos” (compañías aseguradoras, bancos y empresarios de la cuerda sobre todo) se llenan los bolsillos con los restos del naufragio y con la mayoría de los españoles gritando socorro. El daño que Gallardón causa al erario público es -lo ha sido siempre- incalculable, le encanta beneficiarse con la pólvora del Rey (la real y la metafórica). Actúa como si sintiese que Dios le iluminara siempre.

La talla de un país se mide por el nivel de su oposición y lo cierto es que España se encuentra en este caso bajo mínimos. A lomos de su “Monstruo amable”, las huestes de la oposición profesional (Rubalcaba, Valenciano , Jiménez, López y demás amiguetes ) trata, desvergonzadamente, de gestionar los resentimientos y la indignación de mucha gente civil y funcionarios. Y lo mismo puede decirse de los demás, pues las huestes de Díez y las de Lara y Valderas hacen lo mismo -lo de siempre- violando la esencia misma del lenguaje y la decencia. Mientras, en el seno de la administración, en la que el PP está aplicando un rigor nazi con los funcionarios de base, los grandes cuerpos sacan partido a cencerros tapados: inspectores de hacienda, inspectores del banco de España, fiscales, jueces y demás cuerpos y cuerpecillos especiales. Al PP no le gustan los generalistas. El PP actúa en la administración con las corruptelas propias de las UTEs: proclama los principios de la demolición creadora pero se aplica con denuedo al quítate tú para ponerme yo (es decir, a sus amiguitos) en eso de contratas y subcontratas. La historia juzgará en sus justos términos el enorme spoil system que los tecnócratas del PP están aplicando cual si de nazis se tratase con los pobres judíos (especialmente los funcionarios). Intentarán poner en práctica la solución final.

En esa labor de zapa ya tienen sus corifeos en el garlito. Recientemente un catedrático de derecho administrativo (del Opus Dei) no ha tenido empacho en publicar un libelo titulado “Regenerar la democracia, reconstruir el Estado” que sonroja solo el hojearlo, así que puede suponerse el estado de ánimo que se tiene cuando se terminan los cinco capítulos y los dos anexos. Esta gente, incapaz de detener el descrédito del derecho administrativo, se dedica ahora a echarle toda la culpa a García Pelayo y a la expropiación de Rumasa… En su delirio, el desnortado autor explicita su añoranza de López Rodó (y seguro que también de la LPA) y culpa de todo a los socialistas …y a los profesores de Ciencia Política…. Seguro que el señor Ariño Ortíz no tiene abuela y sus ojos no alcanzan a abarcar el diámetro de su ombligo y el de sus compis del Foro de la Sociedad Civil. Pretenden hacernos tragar a la "sociedad civil" como antaño se pretendía con el aceite de ricino. 
Ni a la suela de los zapatos de Alejandro Nieto llega el exdiputado valenciano del PP con su libro de pseudo-regeneración de España aunque es evidente que ha tratado de emular el éxito del autor de el desgobierno de los público y de la organización del desgobierno. Con ingenuidad propia de un adolescente el profesor-jurista-exdiputado cifra sus esperanzas (¿aguirres?) en ¡la Ley de Transparencia y Buen Gobierno! de la que pretende valerse, como capote de engaño, el gobierno en la tarea desamortizadora para redistribuir el poco saldo existente entre los de su confesión.

Que Dios nos pille confesados a los que no somos del Opus Dei y renegamos de toda la clase política y de su “extraña pareja” los altos funcionarios.

España es un pútrido albañal. Se ve desde lejos.