viernes, 2 de noviembre de 2012

AGUSTÍN, LIBRE: SIEMPRE NUESTRO.


La desoladora noticia le ha sobrecogido al viejo Dacio Gil mientras, para alejarse del tremendo ruido electoral que nos percute sin piedad, contemplaba la belleza de un mar con forma de mujer. No estaba completamente embebido en el mar-mujer porque se encontraba leyendo a otro gigante de pelo crespo, decir brillante y admirador del amor y la mujer-guitarra; a Félix Grande y su monumental y emotiva Las Rabáiyátas de Horacio Martín. Desprevenido como estaba para asimilar el hachazo, el veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia se ha sumido en un profundo duelo del que le será difícil salir. Recientemente había venido a la Tribuna don Agustín para recordarnos a todos qué es el pueblo, cómo hay que entender la realidad de la institucionalidad democrática y dónde estan los fundamentos de las raíces humanas de la indignación y la disidencia. Lo hizo escoltado de lo más granado de la inteligencia actual: Zygmunt Bauman e Ignacio Sotelo. La imagen de los tres sabios se proyectaba larga, fecunda, hermosa, llena de contenidos.

Agustín García Calvo fue siempre un valiente. Reunía desde muy joven todas las cualidades para ser encumbrado por el régimen franquista: de cuna acomodada, de una camada de universitarios que apuntaban ya como figuras literarias, de brillantez intelectual simpar, jovencísimo catedrático de instituto y, casi simultáneamente, sucesor en la cátedra salmanticense de Unamuno y Tovar; todo apuntaba a un futuro jalonado de laureles dentro de una institucionalidad española provinciana y pacata. Pero a don Agustín –al jovencísimo, inquieto y viandante Agustín- ese traje y corbatita ocuros y esa camisa blanca sin esperanza le quedaban ostensiblemente estrechos, su potencialidad hacía estallar unas costuras que amenazaban con paralizar todos y cada uno de los movimientos de su fecunda mente. Enfrentarse al franquismo (al primer franquismo, al que luego han ido sucediendo los posteriores, con otros nombres y otros hombres) era opositar a los fuegos del infierno. Don Agustín, consciente de que siempre era el número 1 en cualquier oposición, decidió ser libre y por ello perdió la cátedra a una edad en la que otros más mediocres siguen llevando la cartera del cátedro para ir haciendo méritos para poder alcanzarla rondando los 40. Eso le costó también sinsabores y presiones cercanas. La suerte estaba meditada y echada: intentaría ser libre y a fe que lo ha conseguido hasta que ha decidido partir hacia otros  montes preñados de eterna primavera. También los Dioses tienen sus secuelas de múltiples huérfanos con duelos irresueltos.

Desgraciadamente el viejo Dacio Gil es un hombre insignificante, del montón. Su extracción social y cronológica no le permitieron ser de los privilegiados que se codearon con don Agustín en sus academias (Escuela de estudio libre) aledañas a la gran vía madrileña, o en los cafés Manuela o Ruiz, pero por allí se le podía encontrar siempre rodeado de bellas ninfas y de acólitos. Tampoco pudo Gil ser de la élite que peregrinaba mensualmente a su santuario de los bajos de La Boule d’Or en París, pero ha tomado buena nota de los relatos de Azúa, Sánchez Dragó, Sánchez Ferlosio, Escudero, Savater o Racionero sobre sus encuentros báquicos, intelectuales y lingüísticos con el Maestro. Siempre disidentes.

Tras el honesto exilio, Leguina y Amancio Prada, entre otros, recuperaron a Agustín García Calvo como necesaria luminaria, aunque el espíritu naturalmente disidente y rebelde no le permitieran traspasar el umbral de la institucionalidad. Afortunadamente la editorial Lucina, su medio natural de expresión, permitió el contacto con unos seguidores inquebrantables. Recelaba de los medios de manipulación de masas pero antológicas son sus lejanas columnas en El País, La Razón y en algún suplemento dominical. El Ateneo de Madrid y una memorable reciente conferencia en la Fundación March, en la que repasa su texto vital y su contexto social, han sido los medios de espresión de su pensamiento.

La niña de sus ojos ha sido, a no dudar, Lucina su cuidada editorial zamorana. En ella hemos podido beber sus alumnos de la UZLED (universidad zamorana libre de educación a distancia). Al hilo de sus cuidados lenguaje y presentaciones teníamos oportunidad de reflexionar junto al Maestro sobre el poder, los medios de masas, los deportes, el amor, la felicidad, la pareja y tantos temas más. El hoy casi inencontrable texto cartas de negocios de José Requejo es un prodigio de formas y de fondo, que recuerda de alguna manera al gran Fernando Pessoa.

Este desconsolado –por viejo y por devoto del Maestro- Dacio Gil carece de las cualidades elementales para hacer una semblanza de un gigante como Agustín García Calvo por eso, en símbolo de sentido homenaje, transcribe una vez más, en estas épocas de enorme ruido electoral planetario, el artículo del diario El PAÍS de 24 de mayo de 1993 que condensa su firme –¡y muy actual, a pesar de los casi 20 años transcurridos!- convicción sobre las deformaciones institucionales de la democracia: ¡No vote! ni deje de votar. Hay cosas que hacer del gran AGUSTÍN GARCÍA CALVO:

Si todavía se cree usted que en unas elecciones democráticas se está jugando algo que le importe al público para nada, entonces este anuncio no vale para usted. Ande y vote. Si, después de tantos años (y siglos) de Democracia, cree V. todavía que el cambio de las caras y nombres de los figurones de turno va a tocar al Sistema en algo que no sea cambiar para seguir igual, si piensa V. que alguno de ellos puede hacer otra cosa que lo que está mandado, o sea, en definitiva, servir al Desarrollo, o sea al Capital, que es lo mismo que el Estado, si piensa que alguno de ellos va a poder, por ejemplo, mover un dedo contra la Banca o contra el Automóvil o contra la Televisión, en ese caso, deje V. de leer este anuncio, y pase al grueso de las hojas de este mismo Rotativo, que le ofrecerán abundantemente las declaraciones de Fulano o de Mengano y las diatribas de Zutano con Perengano, y las correcciones de las listas electorales y cómo anda la temperatura de los sondeos o pronósticos de las Agencias autorizadas.

En fin, si sigue V. dispuesto a aguantar el gasto milmillonario de dinero, de pinos papeleros y de horas preciosas que le va a costar a V. la fiesta de las Elecciones, y lo recibe con la misma paciencia y naturalidad que los caprichos de los vientos y las lluvias, entonces es que no nos entendemos y que no era con V. con quien estábamos hablando.

Pero, si no tiene V. tanta fe y tanta paciencia, si sospecha V. que en el Desarrollo se cumple (y mejor que nunca) lo que ya su abuelo le decía de que, con otros collares, los mismos perros, puede que sea momento de que atienda V. a las razones que en esta Agencia le ofrecemos, y que discurra con nosotros a ver qué es lo que podemos hacer ante esta avalancha la gente de sentido común que quede por acá abajo.

Farsa periódica

No votar, por supuesto. Pero las cosas han llegado a tal estremo, el Desarrollo se ha desarrollado tanto, que ese NO de "no votar" se ha quedado demasiado corto; que con la astención no basta (y hasta puede tranquilizarle baratamente la conciencia, y que crea V. que con astenerse ya está haciendo "algo positivo", o sea, en definitiva, votando a su manera), y que hace falta inventar maneras más eficaces de decirle NO a esta periódica farsa y estafa milmillonaria con que el Poder aburre y entretiene juntamente a su Masa de Personas.

La astención, mire usté, no puede ser un método suficiente, porque nunca puede llegar a ser tanta (digamos: menos de un 15% de votantes entre los censados, menos de un 5% de la población) que los dejara a Ellos, como se dice, en bragas, y denunciara por sí misma el engaño y que la gente se ha dado cuenta de que las Elecciones y Votaciones pertenecen íntegramente al Aparato del Poder y que a la gente no le sirven para nada (para nada más que para dejarse convertir en Masa de Personas).

Y a lo mejor se hace usted ilusiones al respecto, y sueña con esas tasas de astención del 80 y tantos % o del 90. Pero no se las haga usted: ese camino está cerrado. Cierto que nos cuentan que en Estados Unidos, donde no en vano llevan padeciendo el Régimen más tiempo, se han alcanzado en ocasiones tasas halagüeñas. como del 30 y pocos % de votantes; pero eso lo más que puede mostrarle es la potencia del engaño, y cómo el Estado (o sea, el Capital) puede llegar a arreglárselas con margen tan escaso para seguir como si nada, haciendo creer que Él representa al pueblo y que en las votaciones se espresa la voluntad del pueblo.

Pues no: a pesar del inestimable apoyo de los sencillamente perezosos (que es también una legítima manifestación del hastío y del escepticismo popular, y sin ellos poco íbamos a hacer los astencionistas a conciencia), con todo, la astención no puede llegar a ser tanta, por la propia ley de las Mayorías: así como, dentro de la votación, la Mayoría vota siempre lo que está mandado (y en esa seguridad se funda el Régimen Democrático), así también, antes de la votación, aquellas personas de la Masa que tengan que decidir si votar o si no votar, acabarán siempre, en su mayoría, yendo a votar, como está mandado y como es natural y conforme a las conciencias respectivas. Así que...

No: no puede V. quedarse tan tranquilo con no votar en estas Elecciones, con no participar positivamente con su voto en este tejemaneje y en el sempiterno recuento de la Mayoría, no: la istitución de las Elecciones y del Voto es demasiado importante y fundamental para el Dominio como para que nos podemos contentar con eso.

Hace falta encontrar maneras más ingeniosas y eficaces de decir NO a la Votación en bloque, NO al Sistema Democrático entero y en su pleno desarrollo, de hacer ver cómo la gente se vuelve de espaldas a esa fúnebre fiesta y se dedica en tanto (como si no retumbaran los bombos ni relampaguearan los mascarones) a seguir con sus inventos y tareas por acá abajo.

Y a buscar con nosotros esos métodos de decir NO es a lo que esta Agencia, modesta en sus contingentes, pero no en sus ambiciones, le está invitando por el presente anuncio.

Ya se irán encontrando. El camino se hace; precisamente por eso "no hay camino". Imagine lo que sentimos de los líderes y Sindicatos que proclaman por las paredes "Sin empleo no hay Futuro", haciéndoles el caldo gordo a los Productores de la Nada y Creadores de Puestos de Trabajo.

Pero el pueblo no tiene Futuro. Porque es que, a diferencia de Usted y de un servidor, el pueblo nunca muere. Por eso no tiene Futuro. Por eso tiene que irlo haciendo.



A partir de ahora las peregrinaciones (los años santos Lucinanos) a ver los Codex Agustinus y a recibir los panes que no saben su masa buena ya no habrán de ser a la conventual Zamora sino a esos montes preñados de eterna primavera con aromas de blancos azahares sobre la tierra.

Agustín García Calvo. Siempre libre. Gigante entre gnomos. NUESTRO por los siglos de los siglos.







viernes, 19 de octubre de 2012

VIOLENCIA INSTITUCIONAL Y ESTATUTO DE LAS VÍCTIMAS.



Abocados estamos inexorablemente a esa falacia cognitiva que es en la actualidad la “jornada de reflexión”. Las campañas electorales han devenido, por definición, ruido empaquetado que produce aturdimiento inducido. Eso parece ser lo que se pretende: que no haya reflexión ni elección racional. Viene pasando desde hace bastante tiempo atrás. Muñecos somos todos de las empresas de marketing político. Eslabones instrumentales para intentar dotar de cierto matiz de legitimidad a las camarillas que dominan las bambalinas y se van repartiendo cargos y canonjías elección tras elección. Pura ley de hierro de las oligarquías. Este año con las tres elecciones autonómicas de primera división unidas en casi el mismo lapso de tiempo hay una marcada novedad: la agenda electoral ha venido establecida por el espantajo del independentismo. En esto los catalanes de CiU han vuelto a saber cobrar ventaja: con una mano agitan el guante del independentismo con sus banderas y escarapelas y con la otra mano –desnuda de mitones para poder cazar al vuelo hasta el último céntimo- se llenan las alforjas con los dineros propuestos por el gobierno, detraídos de los presupuestos generales del estado, si se prestaban a llevar a cabo la maniobra de distracción. Lo han hecho siempre así, pero esta vez, dados los gravísimos problemas pendientes de solucionar, parece haberse ido demasiado lejos por parte de promotores y ejecutores del nuevo “agio” electoral. En un monumental esperpento, gallegos, vascos y catalanes debatiendo sobre Mas o menos independencia o centralismo. Aquí ya no hay programa o planes futuros de actuación concreta, todo se ha reducido a hablar de Mas arrinconando los aspectos que afectan a los bolsillos y a la propia vida de todos los ciudadanos . A saber cuántos dineros “reservados” (los dichosos costes ocultos de transacción) ha costado esta monumental campaña de distracción. Los políticos de todas las adscripciones sin distinción deben de estar inmersos hasta el corvejón en esta pomada porque nadie ha levantado –ni tímida ni enérgicamente-la voz denunciando tamaña mascarada. Los telediarios y los periódicos han monopolizado hasta ayer mismo el marco informativo con este debate constitucionalmente inane que beneficia sobremanera a los “nacionales” y a los “catalanistas (PP y CiU y otros más en vía de regreso en los otros comicios). Un debate que ha dejado pinzadas en su esencia a las demás fuerzas políticas –salvo el caso singular del PNV al que la argucia electoral le ha pillado con los deberes hechos-. Han quedado todos en bragas, si no es en cueros, pero aparentando que están luciendo sus mejores ternos electorales. Lo mismo dicen que es para evitar  “los males de la Patria”. Y, como puede suponerse, esta mascarada innecesaria a estas alturas del partido entre rescate y rescate, cuesta un porrón de millones que dicen que no disponemos de ellos.

Sólidas razones de peso habrán habido (?) para los tres adelantos electorales casi simultáneos (con la coda de las catalanas en día laborable) que no han sido explicadas claramente a la ciudadanía que, con su voto o su abstención, va a otorgar relativa carta legitimatoria a los vencedores electorales. El viejo Dacio Gil columbra que esta ingeniería electoral tiene mucho que ver con la “escisión” autonómica que se avecina volviendo a las falsas dos divisiones primigenias constituyentes (con Navarra y luego Canarias y Valencia como espectadoras expectantes). Ya se sabe que cuando se alude en el lenguaje culto a “racionalización” se está transmitiendo la idea de embridamiento. Racionalización autonómica, pues. Luego se venderá o no como un diseño de pizarra como aquél que blandió el sr. Guerra tras el fiasco de la LOAPA, pero parece claro que es el pistoletazo de salida para otro tipo de autonomismo. Entretanto, los miembros de la academia dale que te pego a disertar sobre federalismo cuando lo que parece que se tiene planeado es una nueva centralización “racionalizada” con leves aromas federales. La cláusula de comercio que muestra de nuevo su faz de imperativo categórico.

Desde el punto de vista interno del debate electoral, todo apunta a que la operación Emperador es un nuevo cuento chino de los muchos que pueden propalarse desde el ministerio del interior. Una nueva operación Puerto que podría quedarse también en agua de borrajas. Y puede resultar que todo se disuelva como un azucarillo (o una sustancia dopante, o una autotransfusión) por las implicaciones que pueda tener en las inversiones chinas en España. Cuesta creer que las autoridades policiales y financieras se muestren incapaces de detener la ingente y constante fuga de capitales al exterior, a los paraísos fiscales insulares, y hayan demostrado tanta eficacia con los cajones de euros en cartonaje chino. Como los asesores financieros de Botín pero en todo a cien: deslocalización de los dineros. Desde esta Tribuna Alta Preferencia parece que se divisa borrosamente una nueva distracción destacando las capacidades del Estado central en seguridad y ¡hasta en inmigración! No es lo mismo hablar de “los chinos” que de Mario Conde o de la saga Ruiz Mateos, para entendernos. Y los réditos electorales para quienes venden la visión centralista parecen netos…

Con todas estas escaramuzas electorales, habrá que irse preguntado hasta dónde estamos llevando a la llamada postdemocracia cuando hemos pasado de la condición –y su estatuto jurídico consiguiente- de súbditos, a la de pretendidamente ciudadanos y después a la de consumidores. Ahora, con la democracia sin ciudadanos, hemos pasado, como por arte de magia, a tener el estatuto de víctimas tal como lo pavonea el fiscal y petulante protopolítico ministro de Justicia Ruíz Gallardón. En este tema lleva completamente la razón Hester Collyer, la atormentada, enamorada e insatisfecha protagonista de la película The deep blue sea, cuando, al referirse al Fiscal General del Estado, partenaire tenístico y de promoción social de su marido oficial, el juez Sir William Collyer, asevera sentenciando: “¡Los fiscales siempre petulantes!”. Así parece ser el reino de las tierras. Desde esa jactanciosa distancia profiláctica, personajes como los fiscales tratan de aparentar que escriben la historia social de una comunidad. Aunque sea con reformas huecas para ocupar los titulares de los diarios en campañas electorales subestatales.

Habíamos convenido que el Estado de derecho nos había convertido en ciudadanos y ahora en esta escombrera que es el estado postsocial advertimos que hemos alcanzado el estatuto jurídico de víctimas y –según nos adelanta el cursi fiscal siempre político- podremos participar como tales en procedimientos y procesos de todo tipo. La cuestión radica en determinar si participaremos en nuestra condición individual cada vez más desfalleciente de seres humanos o esperarán a que lo hagamos con el aspecto con el que se les permitió comparecer a los judíos en su cita con el gas Ziklon B dentro de un estricto orden alemán que pareció contar con el consentimiento de la gran mayoría de la comunidad internacional. Mala defensa de nuestro acervo de intereses tendremos en esa tesitura de semi-cadáveres conducidos a la solución final. Y esa tesitura hoy parece posible.

Lo peor de todo está en lo que el ministro no ha desentrañado: quienes ostentarán el papel de verdugos. Será, sin duda, el desarrollo reglamentario el que perfilará los contornos de los verdugos oficiales, de los forzosos y de los voluntarios y de sus organizaciones formales e informales. Todo son hasta ahora conjeturas a la luz de la advocación del ministro del ramo. Habrá que esperar a ver cómo se desarrolla el lenguaje y los actos institucionales. De momento el viejo Dacio Gil ha vuelto a colocar en posición de lectura sus libros sobre maltrato, acoso, organizaciones tóxicas, dimisión interior, manipulación, desestabilización psíquica y violencias varias; incluidas las institucionales en sus diversas modalidades. Lugar destacado ocupan ya sobre su mesa de trabajo las obras de Leymann, Hirigoyen, Goldhagen, Piñuel, González de Rivera y demás expertos.

A pesar de su ya provecta edad, habida cuenta que el déficit de caja va a mantener en activo a los funcionarios hasta los 80 años, el viejo Gil piensa que tal vez empapándose de nuevo de la ciencia de la victimología pueda encontrar un hueco para colarse de rondón en los escalafones judiciales sin tener que opositar a codazos y recomendaciones con otros candidatos, ahora que los funcionarios judiciales van a estar generosamente retribuidos pues –de ser cierto lo que dice el ministro del ramo- parece que han sido repudiadas definitivamente las “sustituciones” a través de las cuales han hecho carrera infinidad de jueces y magistradas.
La realidad discurre siempre más veloz que los sueños, pues el viejo Dacio Gil se ha topado hoy con una noticia impactante que pudiera haber asestado el golpe de gracia a su eventual e inconfesa ambición de practicar el deporte que practica alguna magistrada de calzarse togas y mucetas para poder perseguir a ciudadanos de bien por imaginarios y delirantes delitos de calumnias a su señoría. En la página 40 del diario Información  de hoy se recoge que un jovencísimo recién egresado de la Universidad de Alicante ha obtenido plaza (BOE 18.10.2012) de magistrado suplente en la Audiencia Provincial de Alicante. La noticia lo dice todo y hace ocioso cualquier comentario adicional o sueño modernizador.

De nada parecen servir las proclamaciones del afectado ministro de justicia. Ni abriendo las 24 horas para atender a todas las víctimas los juzgados cumplirían su misión constitucional. De nada sirve proclamar derechos variopintos y estatutos diversos si de un plumazo fiscal (tasas exorbitantes) la justicia se hace inalcanzablemente onerosa para el común de los mortales.

Víctimas somos una gran mayoría. El acoso institucional (hard o soft, que tal da) es tan desmedido que ya no somos soberanos ni al intentar localizar nuestro nombre en los listados expuestos en los zaguanes del colegio electoral. Nos hacen votar –si es que lo hacemos- con el pensamiento rápido y relegando el pensamiento despacioso racional a un plano secundario y fatigoso. Es evidente que ya no podemos votar racionalmente pues hemos sido brutalmente condicionados en nuestras emociones desde instancias institucionales.
No hace falta haberse empapado de las añagazas que enumera –cabalmente argumentadas- el premio nobel Daniel Kahneman para afirmarlo. No hay más que observar en derredor. Oscura alternativa tenemos: siervos, ciudadanos, consumidores...víctimas.


martes, 9 de octubre de 2012

OXIGENAR MOMIAS


España sigue enfrascada en una incomprensible y onerosa campaña institucional de distracción. Todo parece apuntar a que las aristocracias del régimen y sus asesores de imagen han pactado esto del independentismo y las elecciones autonómicas como cortina de humo para ganar tiempo y seguir sacando capitales del territorio español. No es nada nuevo, ya ha pasado en otras latitudes como en Argentina en 2001: cuando los “iniciados” ya habían expatriado todos sus capitales y esquilmado las reservas del país, todo estaba dispuesto para reconocer el Default en perjuicio de quienes menos capacidad de maniobra, recursos y perpectivas han tenido siempre. Institucionalmente aquí parece estar pasando lo mismo. En mentes mínimamente racionales e informadas este constante si, no, de nuevo si, de nuevo no que contenía aquella canción la tarara  que recuperase para el patrimonio hispano ese folclorista erudito segoviano que es Ismael: el rescate sí; el rescate no; el rescate madre que NO pago yo, parecen cantar nuestros políticos y tecnócratas. Algunos, con cierta malicia, apuntan a que esta concatenación de elecciones incomprensibles se han concebido como elemento de chantaje o meramente dilatorio a los acreedores.

La experiencia histórica pone de manifiesto que tras los grandes fastos (olimpiadas, exposiciones universales, campeonatos deportivos etc.) aparece siempre la bancarrota tras un goteo constante de agujeros y desbarajustes económicos, presupuestarios y de corrupción en la contratación, pues tan corrupto es el que da como el que toma. Según esta lógica histórica a puntito estarán de estallar los escándalos económicos de las recientes olimpiadas de Londres. Vértigo da intentar hacerse la representación mental de lo que se descubrirá en Brasil dentro de unos años, rebasados el campeonato de fútbol, las olimpiadas y el boom del ladrillo que suelen acompañar al “desarrollo económico” del que se benefician irrespetuosamente unas pocas empresas multinacionales aunque a su rebufo se terminan lucrando las élites corruptas de las instituciones varias y los políticos de turno. El viejo Dacio Gil tal vez no llegue a ver la explosión de la corrupción en Brasil (a quien dejarán caer en caída libre), pero sí las generaciones más jóvenes. Esa es la lógica instrumental del capitalismo global.

Hace unos años, no tantos, nos llenábamos la boca hablando de mcdonalización de la sociedad o la toyotización de las organizaciones. Era el primado indiscutible e indiscutido de esa teología que hemos conocido como  calidad totalnormalización institucional. Raro ha sido el organismo público–el CSIC incluido- que no dilapidaba sus presupuestos de formación en cursitos de ese calibre presididos por transparencias, diagramas y retroproyecciones que repetían los lemas al uso de eficacia y eficiencia. Y nada extrañaba la proliferación de contingentes chiringuitos destinados exclusivamente a sangrar –con la connivencia de los responsables públicos- los presupuestos de las administraciones con letanías malamente digeridas de procedencia norteamericana o japonesa. Piadosamente, dando ejemplo de recogimiento y humildad humana, podemos inquirir ahora la pregunta del millón. ¿De qué han servido y qué legado nos han comportado todas aquellas monsergas extraídas de Tom Peters, López de Arrortúa y compañía? Pues es evidente: para movilizar un mercado (sospechosamente boyante en aquellas fechas) de intangibles inmateriales que nos ha hecho devenir en la actual crisis, pasando por la ingeniería financiera y presupuestaria y la Nueva Gestión Pública que lo ha devastado todo. Todos éramos ricos. España era un nuevo Eldorado, o eso nos hacían creer. Ahora la cruda realidad aprieta y los espectros de unas cajas esquilmadas legal o ilegalmente nos producen vértigo por la sima (puro cono de deyección) en la tendremos que instalarnos quienes ya carezcamos de las fuerzas imprescindibles para emigrar con la misma dignidad que lo hicieron nuestros antepasados.

Quien no tiene preocupación alguna por el futuro económico (es ubicuo y multiforme por naturaleza) es el ex Valdepeñaskari manchego José Bono que carece de otra empatía que la de consigo mismo aunque aparenta –sólo aparenta- preocuparse por los demás. El nuevo melenudo carece de visión panorámica descendente.  Uno de los más genuinos representantes hispánicos del “cacicato estable” acaba de presentar el primer tomo de sus memorias que le permiten seguir en el candelabro y en su vida acomodada. Se ignora quién ha sido su negro o amanuense, pero el veterousufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia, que ha hojeado el libro de marras, no le augura un sitial destacado en la historiografía memorialista española. De entre los memorialistas españoles vivos el mejor texto sin discusión hasta el momento es el de Jorge Verstrynge pues en los recuerdos recogidos por el tangerino se aprecia un componente de verdad y profundidad del que los demás libros carecen a primera vista. Al fin y al cabo Verstrynge es un hombre ilustrado y con un background internacional y personal del que carece el albaceteño. Acaso, de manera especial, porque la verdad institucional sólo la pueden propalar quienes han sido descabalgados con cierta violencia y no se empeñan en seguir viviendo como procónsules pisando callos y cabezas.

Aquellas Memorias de un maldito de Verstrynge enriquecen a quien  acude a ellas con ánimo de comprender el subsuelo de la institucionalidad y no sólo por el morbo del actuar hueco de las celebridades en sus relaciones palaciegas. El autor las presentó en público en 1995, cumplidos los 50 años, muy joven para lo que se estila en la piel de toro en el tema de desvelar secretos institucionales, pero contienen los enjundiosos juicios de un albatros. Por ejemplo (p. 151)  puede leerse la sigueinte reflexión “¡Si el pueblo supiera cuán poco cuenta en las decisiones de los políticos!... si supiera que éstos sólo le temen en el momento de sublime soberanía, en los segundos o fracciones de segundo entre cerrar el sobre de la papeleta y meterla en la raja de la urna”.

Para el viejo Dacio Gil la perla principal de entre las muchas que contienen esas memorias de un maldito es la contenida en la página 94, en la que el autor reflexiona al hilo de un consejo vital de su padrastro, René, al que el viejo Gil reconoce por lo leído gran categoría humana y filosófica siquiera sólo por lo que traduce el consejo: “Se lo que quieras, lo importante es que hagas lo que te gusta. Pero no seas nunca policía, que es feo fisgar y delatar, ni juez, que quien lo es y duerme tranquilo, es que no tiene conciencia, ni militar, por lo mismo, ni cura, porque se aprovechan de la debilidad de los hombres, ni banquero, porque se es por herencia, o sea, sin mérito; o por saber robar legalmente, o sea, sin ética…”. El viejo Dacio Gil tiene a gala haberse apropiado de tan sabio consejo y trata de esgrimirlo las poca veces que algún joven requiere su ayuda amiga.

Jorge Verstrynge murió para la política institucional víctima del fuego cruzado amigo y enemigo y tras una fiera campaña del diario “regeneracionista”. Por eso sus memorias son un rico vergel (a diferencia de las recientes del de Salobre) para hacerse con la cabal semblanza de cómo pueden funcionar los partidos y los políticos de la derecha como Bono, ya  militen en uno o en otro partido turnante o en los adyacentes. Tómese como ejemplo lo apuntado sobre, en aquellos momentos, un futurible como Alberto Ruíz Gallardón: “Descarté a Alberto Ruiz Gallardón (en la directiva de las juventudes de AP) por venir propuesto por hombres de Laureano López Rodó, es decir, por el Opus Dei…” Cuando el memorialista  hace recuento de su candidatura a la alcaldía de Madrid destaca que colocó a Gallardón junior “como número cinco (así me lo había rogado su padre, y la verdad es que no me venía mal un jurista ni que su padre me debiera un favor, que por cierto jamás agradeció: aún no sabía yo que los prohombres de la derecha española creen merecerlo todo y, por lo tanto, no tener que agradecer nada a nadie)”. Apunta también que, tras el 23 F los Gallardones –padre e hijo, es decir: Gallardón y Gallardín- trataron de resucitar la extrema derecha a través de colocar a Alberto al frente de una fórmula vertebrada en torno a una asociación de excombatientes. “Así-dice- los Gallardones se quitaban la careta”. Tras la destitución del profesor tangerino como secretario general de AP su sucesor sería Alberto Ruíz Gallardón “un perfecto facha cuya definición política se resumía entonces en No soy tan religioso como debiera (revista Tiempo 15.9.86)".
A pesar de desvelar importantes datos de los Gallardones, Verstrynge concluye sus memorias con generosidad y altitud de miras reconociendo que su opinión sobre Gallardón hijo había mejorado y conjeturaba que daría guerra en el futuro.

Alberto Ruíz Gallardón acaba de abrir un enorme boquete en la aparentemente homogénea política antifuncionarios del gobierno Rajoy: ha negociado bajo cuerda privilegios inadmisibles con las asociaciones de jueces que se habían levantado en armas egoistas (en togas y puñetas) contra las instituciones (el gobierno, el CGPJ y la sociadad misma): ni límite de moscosos, ni congelación de oposiciones, ni eliminación de bufandas, ni sustituciones ajenas, ni limitaciones en las bajas por enfermedad… A los privilegios y excepciones se han unido, por su cara bonita de aristócratas de Estado, los fiscales por aquello de que don Alberto es miembro del cuerpo.
Allá por finales de los años 80 del siglo pasado, ya los socialistas con las tan cacareadas leyes de incompatibilidades y de medidas para la reforma de la función pública mostraron la vía para establecer excepciones a las rígidas restricciones funcionariales: Por goteo se fueron excepcionando de los recortes a los altos cuerpos funcionariales (el funcionariato) que parasitan en la administración pública para provecho propio, de sus integrantes y de los grupos (los intereses del sector) a los que representan. Era el "cuerpo a cuerpo" en pos de la excepcionalidad. El rigor de aquellas leyes lo terminaron sufriendo los de siempre: subalternos, auxiliares, administrativos y personal vario y sin clasificar. Estos leguleyos públicos metidos desde pequeñitos a políticos desprecian al pueblo que les vota y al que dicen representar y gestionar. Su santo y seña es Carl Schmitt y su teoría del poder como mecanismo para impartir, a conveniencia espuria, excepciones a la regla general, del Estado de excepción permanente tan clarividentemente puesto al descubierto por Giorgio Agamben.

Lamentablemente, toda esta clase política y sus escuderos los que se autoproclaman nobleza de Estado, son esencialmente insolidarios. Su deporte es el de oxigenar momias como palanca para obtener sus privilegios. Emplean una técnica que parece infalible: El Sí, Ministro, tras haber amenazado con huelgas y paralizaciones varias. Con permanente desprecio del interés general y de los ciudadanos. El método de siempre que termina dejando con el culo al aire a todos los gobiernos, desenmascarando la falsa coherencia técnica de sus medidas. Bandolerismo de cuello blanco: Robar a todos aquellos otros parias para dárselo selectivamente a los nuestros.

Lo que nos queda por ver aún...



martes, 2 de octubre de 2012

EL LEGITIMADOR ILEGÍTIMO.

El viejo Dacio Gil –sería deshonesto no reconocerlo a estas alturas de su azarosa vida- lee para intentar comprender. Se sumerge en la lectura acaso para distanciarse de la realidad que ni termina de convencerle ni ya, lamentablemente, le mueve demasiado a la acción. De ordinario, las sombras de la banalidad del mal le suelen acechar cuando trata de hacerse una representación mental de las organizaciones y de las instituciones. Perdidos los iniciales ardores juveniles por intentar cambiar radicalmente el mundo para hacerlo más humano y equitativo a través de un “uso alternativo” del derecho administrativo, sólo aspira ya a poner su granito de arena para que el mundo –incluidas las instituciones- recuperen la decencia y la cordura. Humilde objetivo por completo alejado de las monsergas institucionales al uso. Aspira a intentar comprender vertiendo su experiencia vivida a la actualidad presente. Viene lanzando sus particulares mensajes dentro de unas botellas (de plástico, por supuesto, pues no da para más la exigua soldada) por si el destino hace que a alguien puedan serles de utilidad. Y en este punto valga un inciso para recomendar la película una botella en el mar de Gaza basada en la novela del mismo título de Valerie Zennatti. Sorprende el film por el tratamiento humano (nunca demasiado humano) dado a un conflicto incomprensible, ni siquiera desde la óptica del sufrimiento inveterado del pueblo judio. Sensibilidad (humana) contra la barbarie institucionalizada (e inhumana). Dos jóvenes que intentan comprender más allá de los mensajes (cruentos e incruentos) de todas las instituciones, incluido el entorno familiar. Una pedagógica cinta con final feliz pero sin empalago ni perdices.


Solíamos decir que el futuro era de los jóvenes, que los mayores debíamos ir dejando el paso franco a las nuevas generaciones. Que eso era ley de vida. Lo solíamos decir, pero la crisis globalizada se ha encargado de derribar tan precisos apotegmas de la solidaridad intergeneracional. A lo más que vamos a dejarles a los jóvenes es una deuda imposible de levantar por una sola generación y que previsiblemente ha de lastrar a sus descendientes. Ni ley, ni vida lograremos legar. Anomia y sinvivir, trampeando los innumerables obstáculos impuestos por los salvadores de los bancos.
Entre los sabios señeros, hay uno descarnado pero bellamente preciso (que viene llamando a la realidad por su nombre y levantando todos los velos, cual si de un Peter Noll hispano se tratase). No es otro que Antonio Gala, que desarrollaba recientemente en su Tronera (El Mundo 19-9-2012 Mis ninis) esta donación envenenada que hemos tenido a bien (¿o será, logicamente, a mal?) legar entre todos a nuestros jóvenes. Donación maligna a la que hemos contribuido todos los consentidores: desde los políticos a los ciudadanos corrientes, ambos por acción u omisión. En la de hoy, titulada Por Amor, Gala vuelve a radiografiar la realidad con plena lucidez y desconsuelo. Esta es la transcripción literal de la nueva Tronera:

A algunos de los gobernantes -por así decir- se les dice la palabra “cultura”, y exclaman “¿Escultura? Eso es cosa de artistas”. El resto, que tiene mejor oído, sonríe y dice: “De ella vienen nuestros males, es lo que hace que nos desobedezcan; con un 30% menos nos obedecerían mejor. No estamos para lujos”. Los museos, los libros, la belleza, los escarceos científicos están mejor inmóviles: dan más seguridad… Hablamos de dinero, de bancos, de bankias. De momento no se nos van a ir las cosas fijas que heredamos… Los súbditos más listos, por propia conveniencia, ya colaborarán: no tienen más remedio. Ahora tenemos que mostrar la mejor cara. Y procurar que los incendios no devoren los mejores paisajes. Y que con ello la gente confunda y obedezca. La creación es cosa de DIOS no de los hombres. Los museos que contengan lo antiguo: eso que ya está deteriorado, no se notará si se estropea algo más… Y el progreso parado nos hará menos daño. ¡Viva España! Pero, claro, con la boca cerrada: si no ¿qué pensarán de nosotros los de fuera? Sic transit gloria mundi. ¡A la mierda!.

El viejo Dacio Gil continúa aún impactado por la desproporcionada presencia policial en las últimas manifestaciones cívicas en la que predominaban los jóvenes a los que  les hemos extirpado la esperanza en la comunidad. Por la violencia física impartida y por la interesada violencia simbólica en los telediarios e informes autonómicos. Por la impresión deformada y totalitaria transmitida por los medios de comunicación. Por las justificaciones institucionales, incluidas las disquisiciones penales, procesales y constitucionales. Para el usufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia, en su corto entendimiento jurídico, en modo alguno se trataba de violencia contra las instituciones sino una manifestación pacífica de insolencia juvenil a la que se sumaron pacíficamente grandes sectores de la sociedad que piensan lo mismo de las instituciones. TVE y Telemadrid focalizaron el tema en “agitadores profesionales” y –como siempre- en “anarquistas” y “antisistema”. Puro estalinismo o franquismo en sus reaccionarios rectores de los medios de comunicación. En un país en constante campaña electoral y en campañas institucionales de imagen (la de la Casa Real es abrumadora y pluridimensional, lo que permite imaginar grosso modo, el coste y la soldada de sus creativos, gestores y ejecutivos de cuentas) el disparate y zafia mentira de los informativos ya ni indigna a la ciudadanía: Circo sin pan. Las mismas instituciones que fomentan y auspician la toma y los destrozos de los espacios públicos para celebrar a la Roja, al Madrid o al Atletico, reprimen con violencia la manifestación cívica (y en la mayoría festiva) que únicamente trata de destacar la falta de respetabilidad sobrevenida de las instituciones, devenidas en mafiosas y cleptocráticas. En una palabra, poniendo de manifiesto (manifestándose) que el legitimador es ilegítimo: que el Congreso es una fachada hueca de cartón piedra. Para decirlo en chuscos términos jurídicos: que el vendedor (el ganador electoral,  sus colindantes y  sus verdugos voluntarios: ¡Que se vayan todos!, suele clamar la ciudadanía cuando tiene la mínima oportunidad) ha violado o ha consentido que se haya violado el contrato social y constitucional. Es por eso que, por imperativo legal y bajo los auspicios del Estado de Derecho  se le reclaman el saneamiento por vicios ocultos y el saneamiento por evicción. Esas han sido las señas de identidad de los manifestantes, que no eran sino la representación de la mayoría ciudadana, harta de este simulacro de democracia, transparencia y rendición de cuentas: identificados todos en destacar que el legitimador se encuentra encastillado, premeditadamente aislado del pueblo: impartiendo ukases y decretos de excepción y de autoridad, no de consenso. El pueblo parece harto ya de que sólo los que hacen la Ley y sus adláteres puedan eludir siempre su cumplimiento por el método de la martingala invertida. ¿Cómo si no Gallardón, el mayor tenedor de esquinas comerciales en la capital, puede presentar una declaración de bienes como la que presenta? ¿Es acaso creíble de buena fe que una de los dos secretarios de Estado con abultado patrimonio, Montserrat Gomendio, lo tenga, y así lo declare, por los contratos de obras –también los institucionales, incluso en el CSIC- obtenidos por sociedades familiares o por su marido dedicado a la edificación? ¿Con las esquinas comerciales en Madrid qué es lo que ha pasado? ¿Se han esfumado o desintegrado?

Quienes, premeditada o negligentemente, han demonizado a los manifestantes de Cerca el Congreso tratan de engañar a la ciudadanía. Tratan de ocultar que, desde su origen en la Edad Media, las fiestas de Navidad tiene su origen en las fiestas de los locos, las fiestas de los sandíos, las fiestas de los inocentes o las fiestas de los subdiáconos en las que el bajo clero organizaba una semana de bacanales en contra de sus superiores jerárquicos. La fiesta contra el legitimador ilegítimo ha tenido siempre tanto arraigo popular que fue adoptada en el mundo laico con las fiestas del carnaval que han llegado a nuestros días.

En las manifestaciones de Cerca el Congreso había ciudadanos españoles corrientes como Miguel Ángel Quinteiro, de 72 años, arrastrado por dos agentes en la Carrera de San Jerónimo o simples (pero enormes en su humanidad) ciudadanos normales que se prestaron a auxiliar a los apaleados por las fuerzas de seguridad (¿de quién?) como el camarero de la cafetería Prado, Alberto Casillas, al parecer posteriormente sancionado por la declaración de un UIP en el papel de sicofante delator de miembros pacíficos y silenciosos del pueblo. Según los medios de comunicación de hoy (por todos, El mundo, pag. 11), los sindicatos policiales cargan ahora verbalmente contra los políticos que -según proclaman ahora- “se esconden detrás de la policía para no dar explicaciones”. Un buen termómetro político el de las voces airadas de los sindicatos policiales: denotan una extrema debilidad del gobierno de turno, proclive al chantaje por seguridad. Tónica general ésta en todos los países del mundo. La irresponsabilidad organizada de la que se viene hablando en esta Tribuna Alta Preferencia.

El viejo Dacio Gil atisba elementos totalitarios institucionales y deriva generalizada en lo que viene aconteciendo ultimamente. A su entender, no se salva nadie, absolutamente nadie del espectro parlamentario y en especial de entre los turnantes. Tómese como ejemplo, entre los muchos habidos en todos los partidos, al señor Ruíz-Gallardón, el político más fatuo, devastador de presupuestos con sus ambiciones personales y decisiones “imaginativas” y delirante endosador de deudas astronómicas a las generaciones presentes y futuras mientras, sin pausa alguna, se ha ido haciendo, como ha quedado apuntado más arriba, con un ingente patrimonio de esquinas comerciales en la capital sin que ello haya entrañado medra alguna en su reputación política o tacha patrimonial. Pero esa es otra historia, digna de una posible próxima entrada específica en este blog.

Las manifestaciones ciudadanas son festivas y no tributan pero pagan un alto precio. Los poderosos sólo las consienten cuando dejan de molestarles. Siempre pueden echar mano de jueces dispuestos a reprimir la lucidez insumisa de los ciudadanos. Detengámonos siquiera un breve instante a pensar a qué tratan de dejar reducida la autonomía de pensamiento. Las demás autonomías y libertades personales, junto a la razón y al componente humano, despojadas de cualquier atributo, yacen ya en fila de a uno en la Morgue de la crítica. Quienes dicen detentar el Poder, por decreto-ley han impuesto que no se realicen autopsias...

miércoles, 26 de septiembre de 2012

EL RAYO VALLECANO COMO METÁFORA: NOCHE OSCURA Y APAGÓN INSTITUCIONAL

Tan lejos y tan cerca. España está últimamente siendo un calco del Everest: demasiada gente intentando entrar en el libro de los éxitos. Unos con reputada cualificación, otros confiándolo todo a las agencias especializadas en portear recordmen y recordwomen y a los sherpas tradicionales. Unos y otros sin respetar como se debe a la naturaleza. Y luego llegan las tormentas y los aludes. Y pasa lo que pasa. La naturaleza no es caprichosa, tiene sus tempos. Al hilo de los últimos luctuosos sucesos en la cordillera del Himalaya, lo recordaba el más deportista director general de tráfico que haya tenido nunca España: Carlos Muñoz-Repiso Izaguirre. Nada que ver con los mediáticos o políticos Miguel Muñoz, Pere Navarro o María Seguí, solapados lobbistas de los intereses del sector recaudatorio y asegurador. Muñoz-Repiso ha dedicado toda su vida al tráfico, tanto en las ciudades como en los montes más míticos y perdidos. Probo funcionario de raigambre familiar e intrépido pero mesurado alpinista que jamás osó alardear de nada cuando era especialista en bastantes cosas. Ahora, cuando los medios reclaman su opinión experta, él, humildemente, sólo se intitula responsable de la revista Peñalara. La España actual está extremadamente necesitada de gente como Muñoz-Repiso, capaz de encaramarse tanto por la Cabeza Mayor como por el Manaslu. Solo o junto a los no menos míticos Pérez de Tudela, Carlos Soria, Luis Méndez o Agustín Faus. Historia viva del montañismo español. Ellos sí que gozan de altitud de miras y no de servil visión de campanario. Hoy el alpinismo se ha convertido es una especie de Campo de Agramante en el que casi todos (¿Carlos Soria también? ¿Puede ser cierto?) buscan el éxito mediático o el lucro económico, cuando en otros tiempos era simplemente la versión más noble de la solidaridad humana y respeto por la naturaleza. El primer principio que internalizaba el montañero era el de saber desistir de una escalada cuando la naturaleza mostrase sus más agitadas fauces. Precisamente por no haber sabido ponderar la realidad de la retirada a timpo, la historia juzga severamente a dos extraordinarios y jóvenes pero muy experimentados montañeros como fueron Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, al haber incurrido en un exceso de juventud confiando irrestrictamente en su valía y experiencia desafiando las inclemencias del imponente Eiger que terminó cobrándose sus vidas y privando a España del lustre de montañeros de primerísimo nivel internacional. La nebleza del montañismo contemplaba el valor de la dimisión y la renuncia voluntaria.


Algo de soberbia de mancheguito debieron tener quienes se encaramaron por encima de las alturas de la cubierta de la tribuna alta de preferencia del campo de Vallecas para provocar una visión esperpéntica de la sociedad española del siglo XXI, el siglo de los casinos y los parques de atracciones. Visión esperpéntica pero no inveraz. El viejo Dacio Gil desaprueba por completo ese atropello pues no en vano se encontró, a pie firme, entre la multitud cerca de dos horas invadido por la incertidumbre de desconocer “a ciencia cierta” lo que estaba pasando ante el estrepitoso fracaso espectacular del representante de las fuerzas de seguridad en el campo de Vallecas (un policía nacional en puesto burocrático) y de la cúpula entera (incluida esa Delegada del Gobierno con aspecto –y bagaje argumental e intelectual- de dependienta de Saldos Arias) de las muchas comisiones antiviolencia que han crecido a la sombra del futbol-casino. Las comisiones antiviolencia han llegado a ser como los múltiples Observatorios que pueblan el parasitario, prebendario y esclerótico paisaje institucional hispano que con tanto gracejo destacase recientemente Antonio Burgos en su columna de ABC (El IVA, a los baños. 9.9.2012)

Lo ocurrido con las luminarias de Vallecas es sumamente sospechoso, caben muchas más hipótesis de las publicitadas oficialmente. Muchas más, sólo hay que detenerse a reflexionar en el agitado contexto en el que se encuentra España. Quédese el inquieto observador con la hipótesis que más le cuadre a su información o sus conjeturas informadas. Cabe todo. Y como cabe, la metáfora sobre el rayo vallecano está servida. Vayamos por partes.

Un mundo extremadamente vigilado. No hay que ser Armand Mattelart para discernir que no tenemos escapatoria, que todos nuestros movimientos, físicos, automovilísticos y de capitales, son conocidos por las oficinas de inteligencia. Otra cosa es que esos movimientos lleguen a procesarse del modo más cabal y ajustado a derecho. España es un inmenso entramado de cuarteles de policía y casas cuartel. Desde policías a agentes de movilidad pasando por espías, chivatos e infiltrados todos dicen haber pasado las pruebas físicas, no hay más que verlos y verlas, otra cuestión es la desolación que pueda invadirnos si tratamos de calibrar su nivel cognitivo o intelectivo o su sentido común, el del común de los mortales. Es decir, los “asuntos externos”, esos que afectan a las cuitas de los ciudadanos. Los asuntos internos es otro -lamentablemente  estructural- cantar. Todo ello dejando para otro momento el ponderar como merece la universalización de  la videovigilancia.

En un mundo tan vigilado y con tantas comisiones antiviolencia y partidos de alto riesgo causa estupor que haya podido pasar lo del corte de los cables eléctricos. La seguridad a oscuras. Las instituciones garantizadoras en la noche oscura. El responsable de seguridad del campo de Vallecas mudito. La intimidatoria presencia policial por tierra mar y aire, a escopeta calada, a todas luces desproporcionada e insultante, visto lo visto. Los aficionados agolpados a las puertas sin coscarse lo que estaba pasando. Los hinchas del Madrid confortablemente sentados en la grada de la Albufera cantando el cara al sol. Los seguidores del rayo de pie e incomunicados formando multitud afuera. Concretamente, los que debían acceder por el callejón de Arroyo del Olivar cada vez más hacinados con el paso de los minutos. Afortunadamente primó la cordura entre los aficionados ante el silencio de sepulcro (las instituciones garantizadoras en su sepulcro, como está mandado) de quienes deberían informar y mantener la calma y el orden.

Violencia en un mundo extremadamente vigilado, ¿cabe mayor contrasentido? ¿Acaso la violencia había sido previamente consentida? ¿Consentida por quién, si hay un representante permanente de las fuerzas de seguridad (y de la delegación del Gobierno) en el campo de Vallecas que cobra su soldada de todos los españoles? ¿Cómo  pudo llegar a acontecer lo acontecido? ¿Qué contenido efectivo y alcance real tiene la calificación de partido de alto riesgo? ¿Quién, sabiendo lo ocurrido, permitió que la gente se acercara al campo de fútbol e hizo tan desproporcionado despliegue policial sin informar previamente a la ciudadanía de las verdaderas razones? El vocablo sabotaje entraña algo muy serio, pero que muy serio. Y ha sido empleado con soltura impropia no sólo por el presidente del Rayo. Ahora deberá ser la policía científica (un oxímoron o una radical  contradicción conceptual) la que intente desentrañar (o enmarañar) el asunto.


Instituciones fallidas. Lo acontecido el domingo en Vallecas demuestra que las instituciones, tal y como están concebidas en la actualidad, defraudan sus objetivos y funciones. Mucho despliegue de medios humanos, semovientes y "lecheras" y ocurre la antesala de lo peor. Una masa agolpada en los muros del campo de fútbol que desconoce la esencia de lo que pasa mientras los responsables del orden guardan silencio y cuando se deciden a hablar –la última vez, pasadas las 10 de la noche- dicen que ¡el partido se va a terminar celebrando con normalidad!

Hasta la fecha nadie ha dimitido. El remedo de vendedora de Saldos Arias sigue manteniendo a su delegado de seguridad en Vallecas. Las sesudas comisiones antiviolencia cobrando sus dietas de asistencia -y sus pases de favor a los eventos- y sin tomar medidas preventivas. Ahora se crearán en la LFP subcomisiones de alumbrado y circuitos cerrados de televisión para su instalación en todos y cada uno de los campos. Como pasa siempre en el  post factum.

Era Vallecas y los sesudos miembros de los comités desconocen la realidad de Vallecas como desconocen la realidad de España. Sabemos más de la crisis, de defensa de la competencia, de bancos malos, de presupuestos financieros y de Deuda que de necesidades y cuitas de la ciudadanía y problemas autóctonos. Las instituciones en su premeditado laberinto. Sus miembros defendiendo sus retribuciones y gabelas y aferrados al viejo apogma de la función hace al órgano. La única institución que manda algo en el país es la televisiva, que lleva la estulticia del espectáculo del fútbol-casino a bares y telespectadores de pago. Las gratuitas han devenido carroña rosa.


El papel de la prensa. Desde hace tiempo la prensa ha traicionado su verdadero papel. No hay más que escuchar a De la Morena en el papel de Pinochet en sus programas. A De la Morena, a Gallego, a los de la Inter, la Cope, Punto Radio, Radio Marca, Onda Madrid o todas las demás. Sólo buscan el morbo o la pela. Los derroteros del As de Relaño (un tebeo para madridistas) escandalizarían, sin ir más lejos, a los propios Rienzi y Sarmiento Birba. Desprecian la objetiva información en pro de la venta de bazofia empaquetada de blanco. La crónica del “sabotaje” recuerda al periódico sernsacionalista El Caso de la época más profunda del franquismo. Era Vallecas y no la Casa (del) Real en el paseo de la castellana. Para parar el golpe había que sugerir la criminalización de la hinchada de la franja roja. Puede que haya sido un sector violento, pero es más que probable que se trate de otras hipótesis de más calado; no cabe despreciarlas. El juicio mediático ya estaba cocinado y servido previamente. Es lo que vende. Quienes, como el usufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia, hayan estado estoicamente a oscuras y a pie durante horas habrán sabido calibrar hasta qué extremo fabulan los grandes plumillas y voceros.
Narcotizados hasta ahora por el caso del independentismo catalán, el caso Bolinaga, el caso Bretón, la tristeza de Ronaldo etc., etc., etc., acaso el "caso sabotaje" de vallecas pueda servir de nueva cortina de humo para distraer la atención de los verdaderos gravísimos problemas existentes. Nadie nos ha informado de cómo llevaron el apagón las autoridaes en el palco si es que llegaron a acceder por la puerta de protocolo sin ser avisados previamente. 

La Real Casa. Afortunadamente el partido pudo llegar a celebrarse al día siguiente tal y como demandaban las televisiones de pago y sus interpuestos. Ya no hubo madridistas cantando el cara al sol en las gradas ad hoc. Hubo muchos menos aficionados vallecanos que los que habría habido el domingo (condiciones laborales extremas obligan). Comandos de periodistas micrófono en mano tomaban el pulso del sentimiento de los aficionados. El Real vistió de azul. Repartió dureza a mansalva con la aquiescencia de quien, en su posición de juez, la permitió el año anterior: los jueces son así, serviles con las casas reales y los poderosos. La prensa en su papel, silenciando cual tumba mora los vicios privados de la Real Casa (las entradas asesinas de Essien y Alonso que fueron indulgentemente consideradas por el juez de cámara y los plumillas, pues eso no vende ni satisface a las altas instituciones) pero magnificando el rasguño del leñador Pepe que se lanzó intimidatoriamente a la caza de la pierna de Lass. Cuestiones de estatutaria inimputabilidad penal e incluso civil y futbolera. El Madrid es real y el rayo vallecano. Del Madrid abajo ninguno. Essien debió ser expulsado por segunda amarilla un minuto antes del gol de Benzema. Todos han guardado silencio sobre el comportamiento deshonesto de Borbalán en ese extremo pues eso no vende ni da esplendor a la real casa. Con 0-1, el más duro de los miembros de la roja hizo no un placaje de rugby sino una llave de lucha grecorromana siendo el último defensa. Debió ser roja incuestionable, pero, por aquello de la alarma real (o social), se quedó en amarillita. Ni uno sólo de los reportajes que ha tenido la oportunidad de ver el viejo Dacio Gil ha mostrado las imágenes del acoso y derribo perpetrado por Alonso. Luego vino un penalty sugerido por el linier que había cobrado doble dieta y señalado por el juez venal. Esos son los intangibles con los que siempre cuenta de la real casa: de 15 a 20 puntos gratis por temporada. Juegos florentinos. La real casa es muy superior en todo al rayo, no  necesita ese trato deferente, pero cuenta con los intangibles por si acaso, eso tranquiliza mucho. Es como la justicia: todos iguales ante la ley pero unos más que otros, como en esa Guatemala a la que el ministro Gallardón quiere colonizar en su lamentable y corrupto sistema judicial: mandará a doctrinarios iluministas a que se paseen por Antigua, se acerquen al lago Atitlan y se asombren con Tikal por imperativos de colaboración judicial modernizadora. Las castas jurídicas, la aristocracia fiscal y judicial (y hasta la de la seguridad social y del tribunal constitucional) gustan de hacer viajes de turismo bajo veste de ayuda al desarrollo judicial. Pagan los españoles. Se moderniza el acervo particular de los viajantes.

 
Verdaderamente la noche oscura de Vallecas es una cabal metáfora de cuanto nos acontece: justificada crispación social; mundo extremadamente vigilado; instituciones fallidas; privilegios reales y madridistas; hipótesis y sospechas frente al silencio oficial; jueces reiteradamente corruptos con dietas dobles. El pueblo en su ignorancia natural e inducida. Ni una sola dimisión. Aludes y tormentas de mentiras institucionales. Visiones de campanario. Necesidad de verdaderos alpinistas de los de antes: ellos sí sabían el valor de la renuncia. 

jueves, 6 de septiembre de 2012

RECUPERAR LA CREDIBILIDAD DE LAS INSTITUCIONES


El estío es una época propicia para el picoteo. Un poquito de aquí, otro de allá, ahora que si esto, más tarde que si lo otro. Cualquier bibliófilo que se precie habrá de terminar reconociendo que en el verano picotea de varios libros a la vez. O, por mejor decir, busca en diferentes fuentes de información sin concentrarse en extraer lo mejor de una sola lectura. Por lo general ese picoteo suele degenerar en superficialidad lectora aunque hay honrosísimas excepciones. Esa es la reconfortante coyuntura en la que se ha encontrado el viejo Dacio Gil en estos dos últimos días mientras intentaba ordenar sus ideas para plasmar negro sobre blanco el evento de días pasados que pegó un considerable vuelco a las convicciones del usufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia.

Igual que de jovenzuelo admiraba a los jóvenes deportistas de éxito, en la actualidad el viejo Dacio Gil tiene sus maestros de culto. Son mentes lúcidas, longevas y de radical actualidad. Y por esos tres grandiosos atributos que distinguen sus ídolos intelectuales, Gil va viendo la luz en el eterno túnel en el que nos encontramos. La crisis es un elefantiásico Estado de obras hacia ninguna parte. Bueno, sí, hacia el enriquecimiento de los más ricos y la pauperización del resto de los ciudadanos.   Acababa de completar la lectura definitiva del demoledor último libro de Alejandro Nieto y recomenzado el reciente de Zygmunt Bauman cuando en el diario EL PAIS del día 4 de septiembre se insertaban sendos artículos de otros de los sabios de obligada consulta del viejo Dacio Gil: Ignacio Sotelo y Agustín García Calvo. El madrileño reflexionaba sobre lo que se juega Europa en las próximas elecciones norteamericanas. El zamorano sobre el Poder que carece de poder alguno. Comienza Sotelo el artículo Europa ante las elecciones en EEUU destacando la mayor conciencia política  de los europeos  (el 40% de los norteamericanos ni siquiera se registra para poder votar) y de ahí el interés de los europeos por quién salga elegido para  mandar en Washington  y afirma que “la crisis del euro nos ha hecho todavía más dependientes  (de la hegemonía  norteamericana, indiscutida desde la II Guerra Mundial) de lo que allí ocurra.” A lo largo del artículo Sotelo va desgranando el porqué  de sus preferencias  por Obama,  pues desconfía de la compleja personalidad de Romney, pero el  más grande aldabonazo lo da justamente al final del artículo cuando concluye: “En muchas de las grandes empresas norteamericanas siguen tentados en continuar la batalla contra el euro, el competidor más serio que les ha salido. Su caída llevaría a Europa a una situación de depresión y anomia de tales dimensiones que el capital americano podría comparla a precio de saldo.”  Sotelo es un sabio que muy pocas veces suele equivocar sus diagnósticos. Habrá que estar atentos a que el futuro de Europa se juegue nuevamente en Norteamérica.

Si alguien ha seguido con cierto interés el devenir de esta Tribuna Alta Preferencia tendrá seguro que Agustín García Calvo es igualmente un santo de culto imprescindible. García Calvo tiene una finísima producción para iniciados. Su ironía iconoclasta atina la mayoría de las veces. Con una  elegancia elitista que le es muy propia, el zamorano es un clarividente especialista en levantar el velo de las cosas y las instituciones. El artículo de opinión Lo que el Poder no puede es una obra maestra (como todas las suyas) a disposición de las mentes inquietas. A través de un diálogo garcía- calvinista (no todo va a ser platónico) el autor entra en la esencia misma del Poder. Destaquemos varias perlas:
-          "El Poder, sea el que sea, ¿no es el que puede?
-          Sí, el Alcalde, el Administrador, el Banco, el Padre de Familia, o Dios o la propia voluntad de uno, eso es el Poder, el que puede, ¿no?
-          Y ¿qué es lo que puede?
-          ¿Cómo que qué?: pues eso: lo que pueda más o menos, 3 semanas, 5 siglos… (…)
-          Vuelvo a preguntarnos ¿qué es lo que el Poder puede?
-          Pues lo que puede, ya está: ni más ni menos. O sea, lo que está mandado. Porque ya sabéis: los que mandan son los que obedecen, y, cuanto más obedecen, más mandan.
-          Por  eso será que el poder no ha podido inventar un truco con más poder de engaño que el del régimen democrático.
-          O sea, el pueblo dominado por el pueblo. –Como si el pueblo pudiera ser otra cosa que lo que sufre el pueblo.
-          Y ¿no será que viene  usted aquí, para librarnos del Poder, a engañarnos con ilusiones y esperanzas?  –No puedo, ese oficio está ya ocupado: es de lo que los políticos, financieros  o padres os informan cada día, a cada momento, para que os creáis más y más que no hay más que eso: que el Poder lo puede todo. (…)
-          Y entonces, ¿cuántas cosas hay que el Poder no pueda? ¿Muchas? –Pues esas, esas: como las que el Poder puede nunca son todas, estas son (¿cómo decírtelo?) casi todas, hermanita.
-          ¡Ay, verano de 2011, si volvieras a reír como tú sabías!  Porque, lo que es los que nos esperan…"

Genial –como siempre- el diálogo garcíacalvinista. Preñado de esencias.

Después de su reciente y rutilante presencia en el juvenil Rototom Sunsplash, Zygmunt Bauman ha demostrado ser una mente moderna, además de lúcida y longeva. Las reflexiones recogidas en la prensa de su breve estadía en Benicasim hicieron que el viejo Dacio Gil retomase con más convicción si cabe la lectura del último de sus libros, Esto no es un diario, en el que el humanista de origen polaco reflexiona sobre la cotidianidad más cruda. En uno de los primeros capítulos, el titulado Cervantes, padre de las humanidades, que recoge su discurso para la recepción del premio Príncipe de Asturias de la comunicación,   Bauman mantiene que la única certeza de esta vida es la certeza de la incertidumbre, Mantiene que en la derrota Don Quijote, tal como enseñara Cervantes, demostró  que “la única cosa que nos queda ante esa ineludible derrota que es la vida es intentar comprender (…) hacer pedazos  el velo, comprender la vida.” En un capítulo anterior, el epigrafiado como Del derecho a enriquecerse aún más, afirma: "una vez más, la operación de “rescate de la economía del país” se traduce en un permiso para que los ricos acrecienten su riqueza. Y, en cuanto a los pobres, ¿a quién le importan? (…) Los grandes usuarios de dinero que pueden permitírselo toman prestado efectivo para almacenarlo y, si lo ponen de nuevo en la circulación es con la idea de readquirir sus propias acciones o de financiar nuevas fusiones y adquisiciones (hostiles en su mayoría) (…) Son prudentes y no se precipitan construyendo nuevas fábricas o contratando más mano de obra (…) lo más probable es que tengan intención de usar ese dinero barato (y lo usen) para obtener tecnología sustitutiva de mano de obra y para recortar empleos (…) Todas las medidas emprendidas en nombre del “rescate de las economías” se convierten, como tocadas por una varita mágica, en medidas que sirven para enriquecer a los ricos y empobrecer a los pobres.”

En un capítulo más adelante, el titulado Del “no digan que no se lo advertimos”,  reflexiona el autor  respecto a la tendencia de los inversores (muchos de los quebrados  y rescatados con dinero público) a comprar acciones de empresas de las economías emergentes con el dinero ahorrado gracias a su reticencia a invertir en el propio país que les subvenciona, siguiendo la estrategia parasitaria, en busca desesperada de nuevos organismos huéspedes  tras haber matado a los anteriores: han descubierto una nueva tierra virgen (la “crísis del tequila” en mexico 1994; la crisis asiática de 1997; la catástrofe rusa de 1998; la debacle brasileña de 1999; el colapso argentino de 2002; las recientes resacas de Grecia, Irlanda, Letonia… van marcando las tendencias). Todo ello ante “la inoperancia de unos órganos concebidos con el propósito de poner frenos al capitalismo antes de que este seque , agote y eche a perder los pastos de los que se alimenta y lo sustentan (…) ¿cuántas tierras vírgenes habrá que conducir forzadamente a la catástrofe para que rompamos de una vez con esta rutina? ¿o acaso el capitalismo (y los estados y gobiernos que atienden sus necesidades) entraña la imposibilidad misma de aprender?” 

Buaman como siempre certero en el análisis. Con otras reflexiones, viene a decir lo mismo que Sotelo y García Calvo. Pero parecemos no querer comprender…
Sotelo, García Calvo y Bauman sirven de inexcusable introducción para entender las amenazas que se ciernen sobre España con la masiva retirada de depósitos bancarios y la pomposa creación del “banco de excepción” (el Banco Malo) que según el representante del gobierno, no le costará un solo euro ni a los ciudadanos ni a los funcionarios que un día sí y otro también se les detraen de su nómina esa especie de “contribuciones o anticipos (para la) Tesorería no reintegrables” o reintegrables vaya usted a saber cuándo y cómo.   Alejandro Nieto  tiene perfectamente documentados este tipo de procesos y lo ha vuelto a destacar en su última obra publicada: Mendizábal. Apogeo y crisis del progresismo civil. En puridad es una nueva entrega de su monumental teoría del desgobierno sistémico. Explicitados ya con enorme éxito el desgobierno burocrático y el judicial, restaba sólo el legislativo. Ha merecido la pena la espera y ni siquiera cabe estar pesarosos porque  el desarrollo de ese desgobierno de la  institución parlamentaria se  circunscriba a la etapa 1836 y 1837, pues a buen entendedor… bastan las densas y prolijas 1164 páginas del libro de referencia. Por él pasan, documentados, los negocios de la Casa Real y sus testaferros; las tediosas sesiones parlamentarias;  las confiscaciones indiscriminadas  por parte de la Hacienda Pública, los generales y espadones, que eran, a no dudar, los Iniestas, Messis y Ronaldos de aquella época: sus tristezas personales se solucionaban con guerras que traían fajines y pensiones para ellos a la par que el empobrecimiento general de las poblaciones; el papel de “sujeto pasivo confiscatorio” desempeñado tradicionalmente por  funcionarios, agricultores y paisanos; el rol desempeñado por los banqueros “de la cuerda” nacionales y extranjeros; el papel siempre vacilante de las instancias jurídicas, la bolsa y el empréstito nacional y así, una tras otra, todas las instituciones. Casi las mismas a las que ahora Jiménez de Parga (Secondat en su Brevete: Las Instituciones. El Mundo 4-9-2012) llama en la actualidad a preservar por todos ante un descrédito generalizado que ha afectado ya de manera irreversible a la esencia misma de la democracia española.

Alejandro Nieto advierte desde buen principio que el régimen constitucional que se quiso establecer terminó siendo una Monarquía sometida. Sometida en diferente grado a la tutela militar, a la de sus banqueros de cámara, a “policías  y conspiradores”, a  bullangas, a poderes fácticos bloqueadores, a camarillas, a censores, a ”la agencia de negocios que dirigía Fernando Muñoz”, a propietarios-legisladores, a jornaleros y pegujaleros, a eclesiásticos terratenientes etc., etc., etc. Prácticamente –salvando las distancias- una metáfora de la situación actual española, dónde sólo se mantienen en pie los Lobbies, con un sistema también sometido por todos los costados. Nieto afirma que en un contexto de una guerra carlista tan sui generis, “al final había que echar mano de los expolios sistemáticos y los saqueos."

Por su parte, al referirse a la contratación y los suministros, afirma que imperaban el agio y la corrupción pues “si se respetaban las garantías y los plazos establecidos en la contratación administrativa, los soldados terminaban en el frente desnudos y descalzos. Y si no se respetan ¿de qué valen entonces las leyes y los reglamentos? " Y afirma en ese contexto: “sabido es que el sistema político y legal está montado de una forma tal que, a través de las  holguras reglamentarias, se pueden hacer grandes negocios sin infringir las leyes”. Deja sentado que Mendizábal fue personalmente honrado y hasta que perdió buena parte de su fortuna aunque reputa como verdadera la acusación de “haber tolerado que sus amigos se enriquecieran a costa de la guerra y del hambre" (como ahora la crisis) "y la desnudez de los soldados" (como ahora la de  los funcionarios). Como extraordinario jurista que es, Nieto hace una pulcra distinción procesal entre requisas y saqueos aunque coincidan ambas  en el fin último. Y deja pasmado al lector cuando recalca que “la realidad era mucho más triste que lo que lucía en los partes oficiales”. La verdad es que la historia se repite inexorablemente. Nieto lo deja claro cuando reconoce que en su libro (como, por otra parte, puede apreciarse  en todos y cada uno de sus textos) lo que le interesa no son los textos sino la realidad: “Cuando los militares, forzados por las circunstancias, creían conveniente comportarse de una manera contraria a la constitución  y a las leyes, lo hacían sin vacilar sabiendo que de hecho eran impunes puesto que ninguna autoridad civil tenía coraje para reprocharles y mucho menos para hacerles frente o para exigirles responsabilidad personal (…) y en el supuesto de que tuvieran escrúpulos o sus abusos superasen los niveles habituales de ilegalidad, acostumbraban a buscarse  una constitucional mediante  el estado de sitio o de guerra que excepcionaba la aplicación de las garantías fundamentales.”

Es imposible destripar un libro de 1164 páginas, pero algo habrá que destacar -siquiera mínimo-  sobre la Deuda ante un estado incapaz de cumplir sus compromisos y con un mercado de empréstitos cerrado totalmente: “se trataba, en definitiva, de la historia de un deudor arruinado que no estaba en condiciones de cumplir con las obligaciones ya contraídas, que no podía pagar los interese que iban venciendo, y que para disminuir su importe no vacilaba en enajenar patrimonio nacional adquirido de un  golpe con la desamortización.” Así las cosas, el libro Mendizábal: apogeo y crisis del progresismo civil. Historia política de las cortes constituyentes de 1836-1837 enseña que la historia tiende a repetirse machaconamente.
Alejandro Nieto lo define perfectamente en el penúltimo párrafo de su libro:
El Gobierno, las Cortes, el Poder Judicial, y en definitiva todas las instituciones y prácticas públicas desembocaron en el caciquismo, que ha sido el único régimen constitucional que ha funcionado con eficacia en España.”

Como habrá apreciado el inquieto lector, estas cuatro  jóvenes lumbreras coinciden en su diagnóstico histórico. Entre los cuatro suman la friolera de 331 años pero se siguen mostrando con empuje juvenil en su forma de analizar todo lo que nos acontece.

    Tendemos a despreciar la voz de la experiencia y así nos luce el pelo. 
El usufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia volvía a la realidad recordando a aquel joven abogado del estado que si, en vez de haberse preocupado tanto por que le colaran a su hijo en la guardería de la agencia estatal para engrosar así sus retribuciones en especie, sin reparar en que podía estar pisando la plaza al retoño de alguna familia más necesitada, se hubiera preocupado más por desentrañar las denuncias que, sobre graves y diversas ilegalidades, le llegaban pormenorizadas tanto por correo electrónico como en soporte papel, tal vez muchos de los sobresaltos que vive en la actualidad la agencia que le cobija podrían haberse detenido. Acudió el leguleyo estatal a la vía más fácil, a la de la elusión de la realidad mediante el lenguaje burocrático y optando  por el modo de ir  tirando balones fuera. Un prototipo más  de la inacabable  desejemplaridad pública que se ha ido enseñoreando de nuestras instituciones. 
Si, por poner otro ejemplo, el Interventor de Hacienda,  ya fuera socio relevante del Real Madrid, del Alcorcón o del Swansea galés, se hubiera preocupado más por escudriñar los intersticios presupuestarios de la institución en  a la que supuestamente debía controlar internamente, acaso los desfalcos no habrían llegado a producirse o se habrían podido detener y subsanar a tiempo. Luego pasa lo que siempre pasa en las organizaciones tóxicas,  que se negocia y renegocia a cencerros tapados y a toda prisa, en desesperada operación de cirugía estética burocrática. Tierra quemada y removida, como si no hubiera pasado nada…cuando ha pasado mucho. Todos los concernidos por acción u omisión terminan  encomendándose al santoral entero, sin distinguir entre titulares y suplentes. No todo, pues, se produce por tristes confabulaciones astrales. Alguna (por no decir una concatenación de muchas) intervención negligente contribuyó a abonar aquellos lodos. Es más fácil mirar para otro lado, taparse con gracejo la nariz y adherirse a las gabelas y a los repartos de gratificaciones…y rezar para que lo que hay no estalle en su presencia. Sucumbir a los destellos suasorios de las camarillas de las organizaciones. La tumba de Bartolo. Esa ha sido la cultura burocrática que nos ha conducido a este Default a la española. Cultura burocrática que ha contaminado las labores de los empleados públicos superiores…y así una cascada de defecciones de la ética pública, de la moral laica. De aquellos polvos indefectiblemente han venido todos estos lodos y los que aún están por venir. Ahora pagarán los platos rotos los de siempre. A aquellos que sucumbieron al embeleso y al halago institucional (de la camarilla), el paternalismo que se termina imponiendo en todas las dictaduras ( la dictablanda, también en las capitalistas y financieras gestoras de la crisis), les volverá a abrir la vía de la productividad selectiva y a otra cosa mariposa. La vida misma.

Ese  es el orden natural de nuestras cosas. Ahora vienen ya las rebajas y los rescates.  Un banco malo del que se espera que trabaje dentro de la excelencia en la gestión y con métodos de buen gobierno. O sea un banco malo que sea muy bueno. Con los Lobbies internacionales ladrando en derredor. Pidiendo, tras las exequias de las pagas extraordinarias, los moscosos y con el IVA rampante, que desaparezcan los sábados feriados, el cafelito, las tapas, los puentes, la siesta, el jamoncito, las vacaciones de verano en la playa, los toros, la tortilla de patata y todo lo genuinamente hispano. Nueva tierra virgen, tipo Mallorca  repleta de súbditos alemanes gastándose los cuartos en biers,  frankfurters y hamburgers de las suyas, mientras los de la tierra lamen la herida de su paro y se preparan para lo peor. España de nuevo paraíso del turista y del inversor extranjero. Parecemos haber retrocedido a 1836.

Jimenez de Parga y Benigno Pendás, así como los banqueros, piden que, entre todos, recuperemos la credibilidad de las instituciones. Pero, ¿de qué  credibilidad hablan? ¿De qué instituciones? Antes habrá que ponerse de acuerdo si han existido verdaderamente instituciones decentes que merezcan ser recuperadas.

Echemos antes una ojeada por la historia y escuchemos con atención lo que intentan decirnos sobre todo eso  las mentes más lúcidas y longevas.