jueves, 14 de octubre de 2010

LA PATRIA DE LOS LICEOS DE SEÑORITAS Y LA MUJER MÁS BELLA.

Allá por los primeros días del año 1993, el club Atlético de Madrid se encontraba en un gran bache –acababa de destituir a Luis Aragonés como entrenador, por los malos resultados- y contrató a un reconocido entrenador que había sido antes un mediocampista fino y elegante. Como entrenador había cosechado grandes éxitos en el Buenos Aires más humilde, en el barrio de Avellaneda, más en concreto en el club Racing, dónde, por el espíritu solidario y combativo del equipo, se le conoció como el jefe de la familia roja.
Cuando llegó a España Omar Pato Pastoriza, a entrenar al Atlético de Madrid, éste era un equipo roto y poco luchador. Pastoriza intentó contagiar su espíritu combativo al plantel de jugadores pero la prensa deportiva madrileña se cebó con él desde su llegada, hasta el extremo que duró apenas dos meses y cinco partidos. Omar Pastoriza, como buen rosarino desarrollado en el barrio de Avellaneda, era, a pesar de sus estudios sólo secundarios, un prodigio de freses ágiles e incisivas (siendo seleccionador de Venezuela dejó sentada esta lapidaria frase aplicable hoy 100 % a la realidad hispana: El futbol es patria porque cada pueblo marcha al ritmo de su selección nacional). Al final de un partido algo bronco, uno de los periodistas de cámara que ya lo tenían sentenciado, le inquirió sobre si el ardor de su equipo rayaba la violencia, a la que Omar Pastoriza, con su proverbial facilidad de palabra, respondió categórico: En España confunden el fútbol con un Liceo de señoritas.

El desaparecido Omar Pastoriza fue, además de un fino estilista, un visionario: se anticipó al delirio (político y mediático) de la Roja y a la realidad hispana (política y mediática) que es verdaderamente un Liceo de señoritas.

Y en ese mundo Liceo de señoritas, es todo un lujo para el viejo Dacio Gil volver a comparecer del brazo (o mejor aún abrazado: ¡que sueños!) de una mujer con el rostro y la figura que nos han legado las fotografías de 1880 y 1882 o con la sugerente y sensual imagen de Dominique Sanda en la película de Liliana Cavani Más allá del bien y del mal. Una auténtica señorita (“su hija es un diamante, señora” le dijo un viejo preceptor a la santa madre de nuestra protagonista) en la completa acepción de la palabra. Y no sólo, por supuesto, por los atributos morfológicos sino por la personalidad, inteligencia, criterio y voluntad de nuestra protagonista.
Escritora culta, libre, integrante de los mejores y más avanzados foros intelectuales de su época (socialismo, feminismo, la incipiente psicología, los círculos de Viena, París, Munich, Roma etcétera), confidente de los hombres más brillantes, mujer muy viajada y que pudo dedicarse al ejercicio clínico de su profesión de psicóloga intentando restablecer el equilibrio mental de mucha gente tras el trauma de la postguerra (Freud la calificó como “el poeta del psicoanálisis” y de mujer transida de “alegre optimismo”, y la apodó "la comprendedora"), que supo encarar la vejez de la manera más positiva (Peters certeramente habla de ella y de la fase final de su matrimonio con el brillante calificativo de “madurez sin desengaño”), celosa de su privacidad presente y futura y nada, nada conflictual; ni siquiera en su puesta en cuestión de los convencionalismos sociales.

El viejo Dacio Gil se alinea con su mejor biógrafo Heinz Frederick Peters y no puede negar cierta predilección por esta mujer que ni se vendió ella misma ni vendió a sus amigos o amantes, aunque cada cual, si esta mujer no le resultase indiferente, debería atreverse a sacar sus propias conclusiones de ella. Pero es claro que –escribe Peters- “lo que el místico llama amor con Dios, lo llamaba Lou unidad del ser; y si el místico busca esa unidad en la oración y la meditación, Lou lo buscaba en el amor. El afán de hallar la completa unión era la fuerza motriz de su vida amorosa”.

Lou la enamoradora, Lou la amorosa, todo lo demás serán conjeturas carentes de las más elementales probaturas documentales. Existe certeza de un sinfín de enamorados y pretendientes y una legión de dicterios y rumores propalados por lenguas viperinas de su mismo sexo capitaneadas por la hermana del ilustre filósofo sajón.

Frecuentó a las mejores ideólogas del feminismo pero nunca se consideró una de “nosotras”. Lou pretendió llevar a cabo la vida de sí misma con libertad y sin imposiciones ideológicas o convenciones sociales. Lou creía en la feminidad pero dudaba del feminismo. Llegó a afirmar en el trabajo “palabras heréticas contra la mujer moderna” que la feminidad es indudablemente floración feliz, extraordinariamente feliz –ojalá las mujeres lo comprendieran. Lou frecuentó y colaboró con Helen klot Heydenfeldt, Sophie Gouldstrikker (feminista homosexual, que vestía como un hombre y regía un establecimiento fotográfico), Anita Augspurg (titular del primer bufete de asistencia jurídica a mujeres), Frieda von Bülow (una feminista intelectual que buscaba un modelo estrictamente femenino sin hostilidad hacia los hombres y sobre la que Michaud arroja la sombra de haber sido amante de Lou, en base a la casi completa desaparición de la correspondencia entre ambas), la novelista y pedagoga sueca Ellen Key , mujer que siempre proclamó no haber tenido intimidad jamás con ningún hombre (con la que pasaba largas temporadas en Alvastra, en cuya playa consta fotográficamente que ambas se bañaban desnudas en 1911).
Hoy difícilmente una paritarista o una feminista admitiría de grado la frase de Lou La grandeza de la mujer radica en la falta de ambición. Es un organismo encerrado en sí mismo que disfruta en sí mismo de la felicidad de existir. Como concluye Giroud, ella no forma parte del colectivo de mujeres de su época que hablaban de liberación; está por encima o, en todo caso, fuera.

Participó activamente de las mejores tertulias sobre el incipiente socialismo europeo pero nadie puede atribuirle en rigor militancia en alguna de sus líneas de pensamiento. Se limitaba a intentar aprender de cada ser humano, para así poder trasladar lo aprendido a su proyecto de vida en libertad.

Acompañó a mentes preclaras en el centro de la intelectualidad mundial que algo se barruntaba del próximo colapso trágico de un sistema de vida y convivencia con la Primera Guerra Mundial. Si se siguen sus memorias con atención (“Mirada retrospectiva”) se comprobará que en ellas no se recogen emociones directas, ni descripciones de uniones amorosas ni heridas íntimas. Hacen un frio resumen de todos (o casi todos) los personajes de la época que la pretendieron o frecuentó, pero nada puede colegirse si sus relaciones llegaron a ser físicas. Stephane Michaud parece apuntar que en una ocasión pudo ser forzada o violada por el escritor Constantin Brunner (“¿Realmente Brunner retiene a su amante en el momento más intenso de su relación?”) aunque lo expone entre brumas. Lo que sin embargo afirma de manera categórica es que si Ellen Delp (a quien Rilke y Lou llamaban “hijita”) no hubiera deslizado su indiscreta confidencia a H.F. Peters, nadie hubiera sabido nunca que Lou estuvo alguna vez embaraza, con lo que las conjeturas de su vida hubieran sido aún mayores, sólo desveladas por algún testimonio de sus amantes recogido por el propio Peters. De las memorias de Lou no habrían podido extraerse sino exclusivamente destellos de amor, entrega y ternura. Y también, por supuesto, de firmeza en el final de las relaciones. De ahí que Peters hablase de sus connotaciones de hermana o de esposa como característica de su relación con los hombres.
Ha quedado, pues, que Lou poseía el don de penetrar completamente en el alma del hombre que amaba. “En mi larga vida –afirmaba el médico sueco Bjerre- no he conocido a nadie que me haya entendido tan rápido, tan bien y de una forma tan plena. A su fuerza de voluntad poco común le gustaba triunfar sobre los hombres…su compañía resultaba estimulante. Se sentía en ella la chispa de la genialidad. Uno se sentía más grande en su presencia”. Con Sigmund Freud ocurrió lo mismo: siente una fuerte atracción por “esta mujer de inteligencia terrible”. Atracción que fue larga y fructífera para ambos (aunque Freud nunca agradecería lo suficiente los desvelos de Lou con su hija Anna –fue su tutora intelectual y personal-, a la que el maestro la encomendó para que la hiciera crecer como escritora y persona) aunque sólo en el plano intelectual pues nunca tuvo -según él mismo confesó a un amigo tras la muerte Lou- ningún deseo sexual hacía ella, a pesar de haber sido el padre del psicoanálisis un auténtico Casanova. Como señala Giroud, Freud la amó con ternura, le agrada su sencillez y su naturalidad. “El hombre más pesimista del mundo –según Giroud- , el que dirá no entra en los planes de la Creación que el hombre sea feliz, se siente fascinado por la confianza de Lou en la gloriosa belleza de la vida.”

Otra característica de Lou Salomé es su la forma como enfocó la vejez, tal y como han destacado unánimemente todos sus biógrafos. Trabajó sin desmayo hasta sus últimos días pues no le gustaba que la compadeciesen. Adoptó a la hija de su marido Andreas y su ama de llaves, María Apel y pulió sus memorias de aristas personales. Repitió que merecía la pena envejecer y trató de ratificarlo con sus obras. Parece que al final de sus días, se llegó a interrogar para qué había valido tanto trabajo desarrollado en su vida. Su vida dejó una estela indeleble. Su vida será una u otra cosa según la imaginación y la información de cada cual. El viejo Dacio Gil lo tiene claro: era la Diosa de la belleza, la ternura y el amor. Ahora que todos malbaratamos por todas partes la palabra empatía, bueno será rescatar que Lou entendió la psicología de los hombres (de tantos hombres) como nadie parece haberlo hecho: poniéndose en la posición, las pulsiones y los encelamientos de la mente de los hombres sin intentar imponer más que su idea de la libertad compartida o su gusto por la vida. Como acertadamente apunta su biógrafa Giroud, hasta ella ninguna mujer fue deseada por tantos, salvo quizás algunas actrices, y ese hecho no le resultaba en absoluto desagradable, aunque sintiera más el deseo de amar que el de ser amada: un rasgo poco femenino.

Y ya, casi para terminar (¡que pena, con lo agustito que se está abrazado a Lou!), interesa a este viejo Dacio Gil disipar las sombras de duda (hipótesis lo llama ella) que parece auspiciar Françoise Giroud en su biografía de Lou: por un lado un “hipotético” incesto durante su infancia por parte de algún hermano, colegido simplemente del dato de que llamase a Ree y Rilke “hermanos”. Por otro una “hipotética” anorexia deducida de los datos de que Lou era excesivamente delgada, comía como un pajarito, no tenía unos senos voluminosos y era especialmente brillante en el plano intelectual. Ni que decir tiene que ambas hipótesis parecen traídas por los pelos con objeto de aumentar las ventas del libro. Giroud no aporta ningún documento o testimonio más o menos científico que corroboren su liviana suposición.

El curioso enamorado o la curiosa escrutadora –o viceversa- pueden llegar a las conclusiones a las que su fantasía, experiencia mundana o personal y análisis de datos les conduzcan. Lou no se lo ha dejado fácil, pues expurgó su memoria y su Mirada retrospectiva de datos escabrosos. En las antípodas de lo que se lleva hoy en día. Pero cada cual es libre de llegar hasta donde pueda o quiera. En cualquier caso Lou Andreas Salomé es una mujer interesantísima y casi sin paragón en la historia. Bueno sí, tal vez Aspasia de Mileto, a la que amaron los filósofos y Pericles desposó, pueda considerarse un antecedente de Lou. Poco sabemos de su vida, pero las malas lenguas coetáneas también la tildaron de hetera. Otra mujer interesante pero de la cual el viejo Dacio Gil no dispone del caudal de información de la protagonista de estos cálidos abrazos.

Quien sienta curiosidad por Lou puede intentar conseguir la película de Liliana Cavani “Más allá del bien y del mal” que a Dacio Gil le parece una buena película si se la contextualiza en su época de producción dentro del cine italiano. La película es una libre adaptación de hechos rigurosamente históricos. Sólo falla en su parte más lírica y pretendidamente artística, que parece demasiado escorada en sugerir la homosexualidad latente o explícita de los otros miembros de la santa trinidad. Y ya para el perdidamente enamorado, Dacio Gil recomienda hacerse -cuestión nada fácil, por otra parte- con la ópera titulada Lou Salomé de la que fué compositor el malogrado director de orquesta Giuseppe Sinopoli con libreto de Karl Dietrich Gräwe.

Y ya como colofón, para los expertos en secretos de alcoba y desnudeces morales, el viejo Dacio Gil propone comparar la vida de Lou con la de Sabrina Minardi que ha sido aireada recientemente en los medios (EL PAIS 10.10.2010), una escort (hetera en el lenguaje de los antiguos griegos) a la que parece que "amaron" futbolistas, mafiosos, banqueros de Dios, arzobispos y políticos. Quien opte por Sabrina Minardi y sus historias no debería intentar indagar la vida de Lou Andreas Salomé, pues perderá el tiempo. Sería como comparar la seda o el lino con el esparto. Para los hombres la atracción femenina es una cosa y la belleza femenina que te atrapa irremediablemente otra. En lo poco que se sabe (escabroso todo) sobre Sabrina Minardi es difícil encontrar un gramo de empatía. En Lou debieron haber toneladas…

domingo, 10 de octubre de 2010

ÍCARO MOLIDO DIVISA CON OPTIMISMO LA SOCIABILIDAD DEL SER HUMANO.

Está visto que en la sociedad-tiovivo en la que nos hemos instalado, hasta las tertulias con vocación de entrenamiento intelectual son actividades de riesgo. A partir de ahora el viejo Dacio Gil deberá pensarse acudir a departir –a aprender, para ser más exacto- con los sabios que se prestan a una quedada tras las impertinentes insistentes invitaciones del usufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia. El perseguido en esta ocasión ha sido un agudo analista de la realidad sociopolítica que desmenuza los acontecimientos con una óptica de máxima precisión que le permite decantar lo verdadero de lo falso, la esencia de las adherencias contingentes. El viejo Dacio Gil hubo de insistir e insistir ante el sabio para que éste abandonase su castillo-laboratorio donde ahora, además de seguir siendo una eminencia en su disciplina, se ha especializado en la intelectualidad centroeuropea y podría decirse que estaría hoy en disposición de sacar a la luz una historia intelectual de los Karl Kraus, Hermann Broch y compañía, comparativa con la realidada actual.

El pasado sábado presidido por la constante lluvia el sabio accedió a mantener la tertulia, para lo que el viejo Dacio Gil eligió una céntrica cafetería de moda, de esas de escasa luz, aspecto más o menos Zen y concurrencia mayoritaria de visitantes extranjeros. La tertulia discurrió, en lo adjetivo, entre aguas minerales y tés, y en lo sustantivo repasando la decepcionante realidad hispana e intentando dicotomizar la realidad del ruido mediático y la bullanga: el vacío político e institucional, la deriva perversa de la universidad y el seguimiento del mercado literario más reciente, entre otros muchos extremos de repaso. Liquidada la consumición y la cuenta, así como decaído ya el vigor dialéctico, el viejo Gil, por imperativos de la edad, decidió visitar el mingitorio para aliviar el rebosante liquido –H2O comercial exclusivamente- de su vejiga. Lo que pasa en estos templos de consumición vestidos de Zen es que el que no es asiduo se pierde en la penumbra interna cuando en el exterior la noche ya ha desplegado su carpa. El viejo Dacio Gil, henchido de la sabia doctrina del egregio contertulio, se dirigió presto a la toilette sin saber muy bien dónde se encontraba. En eso que vio su decrepito matrimonio de carne y huesos volando por una empinada escalera apenas iluminada por unos diminutos fluorescentes azules, chocando ora en los escalones, ora en la pared, ora precipitando todo lo que el torbellino provecto atropellaba en su caída, hasta que dio con su mollera recién culturizada contra una pared metálica. Ahí terminó el vuelo. La cacharrería de osamenta, grasa y pellejo produjo tal estrépito al colisionar con el decorado Zen y la empinada y larga escalera que, transcurridos breves instantes, pudo comprobar aturdido su desgafado, sangrante y dolorido fardo rodeado de una gran ofrenda de solidaridad multilingüe capitaneada por el sabio amigo. La conclusión fue la normal en estos casos: traslado a las urgencias del hospital y todo lo demás, pudiendo comprobar en persona que el servicio de salud (al parecer privatizado en su gestión) funcionó razonablemente y, tras muchas pruebas, el joven médico de turno esgrimió otro razonable pronóstico de magulladuras y contusiones varias sin detectarse rotura ósea alguna ni afectación cerebral. Al menos lo intentado aprender del sabio tertuliano no se había perdido por la colisión entre el decorado Zen y al agnóstico fardo. Molido, resquebrajado pero con el depósito de reserva de pensamiento crítico al parecer intacto. Podría haber sido peor en varios sentidos. Dios aprieta pero no ahoga.

El viejo Dacio Gil que cree desafiar la doctrina del miedo imperante, tras el vuelo y el aterrizaje forzoso le ha tomado cierto repelús a los establecimientos de estética Zen carentes de agresividad lumínica. En ese sentido -como en otros muchos, para su propia desgracia- Gil es ya puro anacronismo: camisa deportiva clásica y pantalones vaqueros frente a la camiseta y los chinos dominantes; intento de solemne profundidad de raciocinio frente al alegre y divertido ocio de los parroquianos del local; estética de orate frente a la apariencia juvenil de los maduros consumidores; vista achicharrada de leer en el transporte público y en cualquier sombrajo frente a la rápida movilidad visual de parejas de enamorados, exóticos turistas y viejos con apariencia juvenil. Corre el peligro el descolocado autor de esta crónica de recluirse definitivamente en su monasterio libresco, una vez se reponga del apaleamiento autoinfligido, sin salir de casa más que lo estrictamente imprescindible. Acaso tenga que aprender de los sabios, ya no en torno a unos tes o aguas minerales sino por video-conferencia u otro producto tecnológico similar. El viejo Dacio Gil, empero, es un desastre para las nuevas tecnologías, pero si la política imperante tiene demostrado que el miedo hace milagros y gana elecciones, ¿por qué no ha de aprender, por miedo, Gil a utilizar ese moderno aparataje relacional?. De lo contrario, acaso para Gil la elección racional se reduzca a recluirse y callar, como en los matrimonios al uso.

Pero una cosa es clara: la particular experiencia del vuelo del Plus Ultra ha terminado convenciendo al viejo Gil de que existe, por una parte -y principalmente- un enorme lecho de sana solidaridad ciudadana y, por otro, un razonable funcionamiento de los jóvenes sanitarios del servicio de urgencias del hospital público, amén de la constatación de que los sabios están siempre, por lo general, dispuestos a ayudar y dirigir a sus semejantes, como se ha demostrado concretamente en la urgente evacuación sanitaria del fardo Gil hacia el hospital. Si la sociedad presenta inequívocos signos positivos, algo falla, pues, en este sistema de convivencia. Parece claro que están siendo los políticos y sus siervos quienes vienen devastando este país y los de su entorno. La experiencia personal denota que el futuro parece arrojar límpida luz por parte de la médula: los ciudadanos.

Un hecho tan menor y banal como Dacio Gil en el papel involuntario de Ícaro pude aportar también elementos para la esperanza. Eso insufla ánimos para intentar hablar en lo sucesivo de las quiebras del régimen (acaso no sistema) en el que estamos insertos y de la urgente repristinación de los sistemas de convivencia humana ya inexcusablemente deseconomizables. Y ahora que tanto se habla de señoritas y de enciclopedia Álvarez, el viejo Dacio Gil reaparecerá tras las magulladuras abrazado una vez más a la señorita Lou para complir de una vez la palabra comprometida. Con la señorita Lou Salomé -luego señora de Andreas, pero distinguida señorita siempre-, que no necesitó de sectas ni sectillas que salieran en defensa de su imagen: ella sola se supo defender de las lenguas viperinas de su mismo género…y enamorar a muchísimos hombres. A todos los hombres.

martes, 5 de octubre de 2010

SER ANTISISTEMA ES SINÓNIMO DE SER OPTIMISTA.

El viejo Dacio Gil escuchaba hoy, martes 5, la radio, y harto de naderías, colocó el dial en Radio 5. Todo noticias para huir de tanta publicidad y propaganda. En el momento de la sintonización un entrevistador hacía una introducción sobre un tipo de violencia al parecer detectada en la ciudad de Barcelona durante las manifestaciones callejeras de la huelga del pasado 29 S. El periodista, intentando contextualizar, habló de “violencia de los grupos antisistema” y repetía varias veces el vocablo “antisistema” para distinguirlo de las actitudes de los piquetes propiamente dichos. El entrevistado a la primera pregunta directa del periodista más o menos le dijo: ”como cuestión previa permítame que le precise que no me parece muy correcto el empleo del vocablo “antisistema” para identificarlo con cierta violencia callejera. Yo mismo, a mis 67 años, me encuentro frente al sistema, podría decirse que yo soy antisistema. No me gusta absolutamente nada el sistema en el que me muevo.” En ese momento el periodista –con gran educación, demostrando un buen nivel de información y esforzándose por encuadrar precisamente su pregunta- retranqueó dubitativo. Formuló de nuevo su pregunta con más precisión pero aludiendo de nuevo a los “antisistema”. El interpelado, que en la pregunta anterior había demostrado que conocía a la perfección el terreno que pisaba, en ese momento argumentó a tumba abierta sobre el mal que la prensa hace en la ciudadanía en general y en la juventud en particular, empleando términos equívocos como el utilizado reiteradamente por el entrevistador: habló de altermundismo, de movimientos antiglobalización, de los fallos del sistema de convivencia y de las limitaciones del pensamiento exclusivamente económico en el que nos ahogamos como si fuese el único posible. El entrevistado evidenciaba ser un hombre culto y con criterio. Desarrollaba su concepción ética.

Al pobre periodista parecía chafársele en alguna medida su entrevista, pero el oyente atento -el viejo Dacio Gil escuchaba impactado las reflexiones de ese hombre de 67 años que estaba dando una lección magistral sin plegarse a las limitaciones impuestas por el medio radiofónico- de seguro estaba enriqueciendo sus conocimientos y su espíritu gracias a que el espacio discurría por derroteros distintos a los que debía pretender el educado e informado director del programa. La entrevista duró alrededor de cinco minutos, poco se hablo de la violencia callejera del 29 S en Barcelona, pero el profesor compendió en esos 5 minutos en las ondas lo que casi nadie se atreve a decir por aquello de aprovechar los escasos instantes de gloria mediática que se le presentan a uno. Y lo hizo en corto y por derecho; sin pelos en la lengua e identificando la raíz de la cuestión.

El entrevistado resultó ser un profesor de la Universidad Pompeu y Fabra y director del Instituto de Movimientos Sociales de dicha Universidad catalana. Al final, el buen entrevistador (lástima no haber retenido su nombre para publicitarlo como merece) dijo el nombre del entrevistado: Francisco Fernández Buey, el catedrático de Filosofía Política y acrisolado luchador por una sociedad mejor. El análisis de sus palabras y su argumentario denotan que ya no es el utópico luchador de aquellas míticas revistas Zona Abierta, Mientras Tanto o El Viejo Topo que tantos y tantos ámbitos de debate abrió. Que ya no es ese luchador comunista ortodoxo, pero que conserva todo el espíritu crítico que vierte ahora sus diatribas contra los simulacros de democracia capitalista de la misma forma como antes lo hizo contra el franquismo.

El viejo Dacio Gil encontró a través de las ondas a un Francisco Fernández Buey como más reposado, con la seguridad y desenvoltura del sabio que ha llegado a asimilar contrariedades pero que se niega a aceptar que no haya alternativa posible al desatino reinante. Habló como sólo los hombres muy vividos –y acaso también altamente decepcionados- pueden hablar sin compromisos con Poder alguno. Como el hombre culto que ya no aspira a mayor honor o recompensa que iluminar a los desorientados ciudadanos que quieran rebelarse con el status quo a través del pensamiento crítico. Su lucidísima descripción del “sistema” dominante, atribuyéndose él mismo la condición antisistema ha permitido recordar a los eventuales oyentes que todavía quedan pensadores independientes que proclaman que este sistema se ha deshumanizado en el delirio economicista. Eso sólo pueden hacerlo en la actualidad los sabios que recapitulan sobre la nada en que tiene instalada el ser humano su frágil tienda de campaña. Que lo hacen sin mordaza ni autocensura políticamente correcta.

Hay que saludar y agradecer como se merece que haya aún un canal de radio como Radio 5 Todo noticias, un programa como el de hoy martes a las 18 horas y un periodista con la mano izquierda como el aludido entrevistador. La entrevista ni mucho menos quedó desmerecida por las puntualizaciones de Francisco Fernández Buey. Antes al contrario, se enriqueció con ellas. No se habló de la violencia del "cojo manteca" o de otras violencias similares, pero se discurrió sobre la esencia. Démos pues al César lo que es del César y la radio pública ha demostrado en el caso comentado que hace honor a su apellido de pública. El viejo Dacio Gil ignora si la entrevista era en directo (posiblemente no), pero es un auténtico acierto haberla puesto en el aire íntegramente.

A Francisco Fernández Buey hay que reconocerle que con su ejemplo crítico nos enseñe que hay resquicios para la esperanza, que no sólo cabe sino que es necesaria la desobediencia civil. Para poder entender que si surge verdaderamente una “masa crítica-crítica” se puede desmontar esta gran mentira económico-mediática empeñada no sólo en devaluar un día sí y otro también los derechos ciudadanos sino –lo que es más grave- convertir en espectro fantasmal la dignidad humana inalienable.

En las coordenadas lúcidamente delineadas por Francisco Fernández Buey, el viejo Dacio Gil también se considera un antisistema. Y anima a los demás a que sigan la estela de este sabio que puede que esté de vuelta en algunas cuestiones, pero que, desde luego, no pasa por su cabeza que nos encontremos ante un indefectible fondo de saco. Y, si lo fuera, nos enseña que sólo hay que saber rasgarlo.

lunes, 4 de octubre de 2010

¿SIERVOS, CIUDADANOS, CONSUMIDORES O COBAYAS?

Cuando todavía creíamos en algo, solíamos repetir, cual si de verdad axiológica se tratase, aquello de que la democracia era el paso de la condición de siervo a la de ciudadano. Nos creíamos ciudadanos. Proclamábamos un derecho adquirido por accesión: tras innumerables luchas sociales, políticas y económicas. Hoy, dado que la desgracia se ha cebado con casi todo el mundo que no sea gran especulador financiero o banquero, aquellas viejas ideas ya poco nos convencen: consumimos lo que nos echan y no somos siquiera capaces de devolver en un restaurante caro (el que se pueda permitir este tipo de restaurantes, tipo Jockey, del que desgraciadamente llegan noticias anticipando su inminente que cierre, como otros muchos hundidos por la crisis) un solomillo achicharrado o unas natillas demasiado saladas. Ya casi nadie tiene el coraje de hacer el ademán de levantarse de la mesa y marcharse del establecimiento. Hemos perdido todos categoría personal, sumidos en esa masa informe incapaz de distinguir las muy maquilladas series biográficas noveladas, tan al uso en las televisiones (Suarez, el Rey, Raphael, el cardenal Tarancón, doña Letizia, la Residencia de Estudiantes, etc.) con la verdadera historia y sus recovecos y sangrantes contradicciones.

Decían que con la postdemocracia habíamos abandonado ya la efímera condición de ciudadanos para pasar a la de consumidores. Que los persuasores ocultos nos conducían por la senda que querían, ya fuese la compra de papel higiénico o desodorantes; domiciliar una nómina bajo el influjo de Nadal o pseudo asegurar -como Soy, Soy, Soy-, un vehículo en una empresa más inmobiliaria que aseguradora de vehículos; o incluso depositar el voto en unas elecciones autonómicas o intentar elegir al alcalde del pueblo. Un rescoldo de esta condición de consumidores lo hemos tenido con las primarias de los socialistas madrileños tan parecida a la de la oferta de las compañías de telefonía móvil en constante competencia a pesar de actuar como trust, siempre de consuno. Como un observador agudo apuntó la semana pasada: nunca un trasero tan glorioso recibió jamás tantas patadas dirigidas a otro como el de doña Trinidad Jiménez. Patadas propinadas por parte de todo el mundo, incluida la prensa amarilla, azul, rosa y hasta la ultramontana. Hasta ayer los admiradores de los genuinos atributos de la primaria candidata socialista pensábamos que era radicalmente inmerecido el pateo recibido por ese ilustre trasero. Sin embargo ayer, al verla matrimoniada votando, rosa en mano, junto a su “esposo de ocasión” (ese vividorcillo del CSIC que se ha cebado con los ciclistas y que de seguro querrá sacar también tajada, contante y sonante, del solomillo vasco como ha sacado antes de otros vampiros o viajes a eventos más o menos deportivos) los devotos de aquella anatomía nos hemos derrumbado. Por cierto, que por obra y gracia del "matrimonio primario", las chicas del basket lideradas por Amaia Valdemoro pudieron celebrar tranquilas y a su bola la medalla de bronce sin el incordio del flequillo del investigador don Jaime embutido en su representación institucional. Y no piense mal el eventual seguidor de esta Tribuna Alta Preferencia, que no nos derrumbamos por pensar que ese fenomenal trasero era fruto del clembuterol, no. La depresión se nos produjo al verla haciendo el papel de esposa de ese engendro que no parece ni carne ni pescado y que vive de las dietas y del paquí-pallá deportivo en su coche oficial o vuelo en preferente. ¡Si al menos tuviera la galanura de desplazarse en las bicicletas que van dejando en el camino los ciclistas injustamente demonizados o cabalmente descubiertos…!
La pésima gestión pública actual (llamarlo política sería mentir) se hace hoy más con el culo que con la cabeza, pero un estético trasero como el de doña Trinidad no es todavía suficiente, hoy por hoy, por sí solo para ganar unas primarias. Y menos entre unos correligionarios y correligionarias donde no sobresalen atributos estéticos de ese calibre.

Indudablemente el matrimonio fotográfico de conveniencia Jiménez-Lisavetzky denotaba ayer con toda claridad que esto de las primarias socialistas es una monumental farsa genuinamente yankee. Concebida para agitar un mal cocktail: la campaña de implantación de un producto en el mercado que suele ser muy agresiva en su primer estadio de lanzamiento. Mas o menos como esa discoteca de Águilas, en Murcia, que se abarrota a diario tras el escándalo mediático de su nombre La Meca, revocado por la revuelta producida. El escándalo de su denominación ha sido su mejor publicidad y reclamo. Lástima que el mercado pueda amañarlo todo de esta sibilina o subliminal manera. El antiguo ciudadano, ayer consumidor, se ha vuelto un bovino seguidor de este tipo de simulacros publicitarios y contribuye con su estulticia a crear un mercado, exiguo pero mercado. De cubatas, de votos, de nutracéuticos, de lo que sea.

La prensa de las otras diferentes trincheras ya se encargará de ir desgranado en estos días los fallos comerciales de las primarias socialistas. Y lo harán pro domo sua, para contribuir a la victoria electoral del otro bando (que tal baila o peor), pasándole luego al eventual sustituto del pobre Zapatero, sin prisa, facturas e hipotecas varias. La prensa española es la que es, no vamos ahora a aparentar que nos escandalizamos. Esta piel de toro e islas adyacentes (¿Se puede decir todavía piel de toro sin escandalizar a los zoófilos encubiertos catalanistas?) tiene la prensa que se merece y la institucionalidad (?) que también se merece. Y valga un solo dato para validar el anterior aserto: el análisis mediático del 23 F ecuatoriano, que la prensa patria nos lo ha vendido como una especificidad de ese país volcánico y exportador de bananos. Se nos ha dicho que Ecuador tiene muy baja institucionalidad, pero se ha callado que las pocas instituciones que subsisten íntegras en España han devenido simples camarillas y la realidad –incluido el malestar por el recorte de sus bufandas de los institutos armados- difiere en poco entre España y Ecuador. Entre EEUU y Guatemala.

Pero lo malo es que ya hemos quedado sólo reducidos a cobayas. En efecto, el sábado nos enterábamos que una carambola provocada por una investigadora sumamente ingenua había destapado de nuevo una manipulación imperial ignominiosa. Muy en la línea de las que nos viene anunciando con al parecer escaso eco ético, Naomi Klein. Somos ya unos cobayas a los que con el paso del tiempo a lo sumo se nos pedirá perdón ya muertos o provectos y a otra cosa mariposa. Eso ha pasado con los crímenes y atropellos nazis, con los de la guerra civil española, con las vacunas de la gripe A, con la pederastia eclesial generalizada y otros muchos atropellos humanos que se terminaron descubriendo tras años de silencio.
Ahora hemos sabido, gracias a la ingenuidad y el espíritu ciudadano de una profesora de la Universidad de Wellesley (Susan Reverby se llama la investigadora) que el servicio de salud pública de EEUU (institución institucionalizada y sufragada por ingresos públicos) inoculó sífilis y gonorrea al menos a 1000 ciudadanos. Primero mediante prostitutas infectadas y luego inyectándolo directamente en el pene en los brazos o en la cara. Eran guatemaltecos, pero eran –o deberían ser reputados- ciudadanos. Eran soldados, presidiarios e pacientes psiquiátricos, pero eran ciudadanos y por tales así deberían haber sido tenidos. Fue en los años 40 pero debieron ser tratados como ciudadanos. El experimento lo realizaron los norteamericanos mediante funcionarios públicos con pleno conocimiento de causa sobre ciudadanos guatemaltecos en la propia Guatemala. Hoy Guatemala es una sucursal en toda regla de los EEUU, donde incluso la miseria porta armas procedentes de EEUU. En Guatemala se produjo hace relativamente poco tiempo el asesinato del letrado Rodrigo Rosenberg Marzano, que anunció, mediante una grabación en video, que se produciría su asesinato. Tras la intervención de la CIA y el fiscal español Carlos Castresana oficiando de alto comisionado jurídico de la ONU, el evidente asesinato se trocó en que a Rosenberg “lo suicidaron”. Y todo bajo un guión muy parecido a Dallas, para que todo fuera fácilmente deglutible por los ciudadanos-cobayas guatemaltecos y por la inmensidad de conejillos de Indias de todo el mundo.

Noami Klein dedica la primera parte de su libro la doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, al doctor Ewen Cameron, que fuera presidente de la Asociación Mundial de Psiquiatría y a su técnica de interrogatorio conocida como “impulso psíquico” que más tarde sería asumida totalmente por la CIA (el denominado manual Kubark) con objeto de mantener a los sujetos en un estado de privación sensorial, más allá de su umbral de resistencia (recurriendo incluso a administarles curare). La técnica del doctor Cameron ("un genio de la destrucción de personalidades", según Klein) no era sino llevar a los pacientes a un estado de completa regresión que borrara hábitos, costumbres, pautas y recuerdos en los pacientes para poder alcanzar –según el eminente monstruo al que la comunidad científica de la época otorgó pleno reconocimiento- el estado mental de la tabla rasa. Estas técnicas se aplicaron en los años 60 y al saltar el escándalo en los 80, la CIA se avino a ciertas indemnizaciones a partir de 1988 por un monto de cerca de un millón de dólares. De ahí pasa Klein a Milton Friedman y la aplicación de la doctrina Cameron a las crisis militares, financieras, ecológicas y catástrofes naturales. El viejo Dacio Gil no va a destripar un libro que viene recomendando desde hace tiempo, pero indicará de nuevo que en todos los desastres que surgen hoy en el mundo se emplea constantemente la violencia, el terrorismo contra el individuo y la sociedad, importando un bledo a estos “hecedores de Tsunamis” la dignidad de la persona, individual o colectivamente considerada. Nada nuevo, pues en 2001 Gordon Thomas ya habló de lavado de cerebro, lobotomías, electroshocks, control mental, aislamientos y otras prácticas inhumanas y degradantes practicadas por funcionarios públicos estadounidenses sobre unos conejillos de indias que eran abandonados a su triste suerte cuando no vilmente asesinados para no dejar rastro. Peor que los toros catalanistas, vamos.

Tendemos a no querer ver lo que nos es incómodo o hiere nuestra sensibilidad. Pero todo eso existe y en cada vez mayor medida, dada la deshumanización que padecemos (la desnuda economía no permite afectos, piedad ni compasión). La prensa y el Poder intentarán poner sordina a esta noticia y a otras similares. Al fin y al cabo –dirán los sepulcros blanqueados- Guatemala es el patio trasero de EEUU y sus sectas y religiones economicistas. Hillary Clinton, como viene haciendo también Benedicto XVI con los tratos que parecen afligir ahora a la iglesia católica, ha entonado un acto de contrición: “A pesar de que estos actos ocurrieron hace más de 64 años, estamos indignados por el simple hecho de que semejante proyecto fuera auspiciado por el sistema público de salud de EEUU”. Por su parte Álvaro Colom, cuya sombra precipita cierto halo de sospecha, anunció que estudia exigir compensaciones para las víctimas. Lo que pasa es que puede que a Colom lo disuadan altas instancias institucionalizadas invocando el caso Rosenberg.

Como siempre el Poder arrea penitencias a deshora en culo ajeno, convirtiendo a los ciudadanos en cobayas, sin remilgo ético de ninguna clase. Frente a ello, el doble atracón de filetón de clembuterol es pura anécdota sin importancia. Muertos los afectados se suele pedir cínico perdón.

Luego dicen que los males endémicos de Latinoamérica se deben a su baja institucionalidad. ¿Acaso es buena institucionalidad hacer lo que hizo el sistema público de salud con los guatemaltecos contraviniendo las más elementales cautelas instrumentales de respeto a la dignidad humana? ¿O la ceguera o deslumbramiento de don Carlos Castresana con el suicidio perpetrado por otros en el caso Rosenberg deben considerarse paradigmáticos de la institucionalidad de los paises civilizados ? Algo huele a podrido en el sistema de convivencia que venimos aceptando y que ahora denominan institucionalidad. O, en palabras del sabio Judt, “algo va mal” en la forma en que nos relacionamos. Pateemeos, pues, el trasero de los arquitectos del sistema y de sus valedores, dado que la amenaza con descarriar en breve es más que cierta.

Doña Trinidad Jiménez no merece recibir en su bello trasero tantas patadas dirigidas a Zapatero. A lo sumo cachetitos benévolos del ejército de viejos verdes que vemos cualidades inmanentes en ella y su morfología, que no deja de ser una hermosa excepción entre sus correligionarias y correligionarios. Ella, además, algo sabe de sistema público de salud y de vacunaciones institucionales apresuradas y poco sopesadas de gripe A. Pero lo cortés no quita lo valiente: en los tiempos que corren debería tirar más un buen trasero que unos gnomos afanándose en dirigir una campaña de publicidad engañosa. Aunque cabe interrogarse si siendo simples cobayas podremos seguir distinguiéndo las témporas del culo o si la impotencia mental que se nos viene inoculando a todos terminará por llevarnos a la afasia ciudadana.

Este casi-difunto Dacio Gil, antes de mutarse en conejillo de Indias, quiere seguir removiéndose en su ataúd al alegre paso de doña Trinidad… aunque haya que mirarla de soslayo y desde la retaguardia. Mucho mejor eso que descubrir nuevos casos de la violencia institucional y el maltrato modal inaudito que asola este siglo sucesor del maldito siglo XX.

jueves, 30 de septiembre de 2010

ALGO SE RESQUEBRAJA GRAVEMENTE: O UN HOMBRE BUENO O REZAR.

Quería hablar el viejo Dacio Gil en este post de la huelga general del día 29 y sus consecuencias, pero la rabiosa actualidad le lleva al Ecuador y la violenta manifestación de policías contra el presidente Correa. A primera vista parecería una especia de “putch” de los institutos armados en una apariencia de reclamación de aspectos crematísticos y laborales.

El viejo Dacio Gil no puede sino recordar ahora el demencial Auto de la sección octava de la sala de lo contencioso-administrativo (¿de lo contencioso? ¿Administrativo?) del TSJM sobre la manifestación de la Guardia Civil con los antecedentes habidos del 23F. Ni pies ni cabeza tiene el Auto redactado en Madrid por doña Inés Huerta Garicano ni tampoco lo tienen las agresiones instrumentales de las fuerzas de seguridad ecuatorianas contra su propio Presidente de la República. Bananeras ambas situaciones. Tristes, lastimosas, paradigmáticas.
En el Auto del TSJM hay algo más grave que hasta ahora nadie se ha atrevido a sacar a la luz: Doña Inés Huerta Garicano y la sección octava al completo han querido hacer una sibilina llamada de atención al Gobierno preparándose el terreno para venideras manifestaciones ¡de los propios Jueces! Así está el patio. Así el carnaval. Pulsos entre unos y otros…sin dar la cara. Nauseabundo. Caciquil. Infraconstitucional.

Los que cogen la colita del derecho con papel de fumar dirán que Ecuador no tiene el desarrollo de España. Con eso intentarán calmar su conciencia. Pero sustancialmente no hay diferencias ¿O las había cuando el 23 F?

La huelga general de 29S ha dejado clara una evidencia institucional: la huelga ya no sirve como mecanismo corrector de atropellos. La huelga general es un instrumento ya perimido. El 29 S ha sido su epitafio. Triste pero epitafio. Ya no sirve para las nuevas realidades. Para los nuevos atropellos. Mecanismos ideados para la revolución industrial han perdido vigencia en la deriva bancaria prometeica en la que nos despeñamos casi todos.

El viejo Dacio Gil salió el 29 por la mañana a apatrullar la capital en huelga haciendo pareja con su sola conciencia. En ese pacífico y reflexivo deambular callejero pudo extraer las siguientes conclusiones apresuradas:
a) Aparente normalidad excepto en la Gran Vía y Sol.
b) Cientos de machacas reporteriles haciendo entrevistas, tomando instantáneas y moviéndose ciclotímicamente a carreras en cada espasmo de los sindicalistas.
c) Todas la tiendas de chinos cerradas.
d) Bastantes tiendas de los mercados cerradas, así como pescaderías, fruterías etc.
e) Los centros oficiales con las puertas principales cerradas; permaneciendo abiertas las adyacentes, más discretas.
f) Los turista inmortalizaban con sus cámaras el paseo de los trabajadores al son sindical.
g) Algunos transeúntes –bastante más que en otras ocasiones- increpaban a los piquetes paseantes.
h) El paseo desde Plaza de España a Sol de los sedicentes piquetes se concretó en:
h.1 Infinidad de periodistas avisados.
h.2 Muchos miembros de los piquetes –pero muchos- haciendo fotografías a los establecimientos abiertos a modo de intimidación icónica.
h.3 Colocación por parte de los paseantes de pegatinas de “Cerrado por huelga” en todos los establecimientos.
h.4 Cierta provocación a la Policía (todos muy jóvenes y de aspecto no muy intelectual): “policía asesina” proferían para provocar en ortodoxia agitadora los paseantes.
h.5 Mayor presencia de escarapelas de CCOO y menor de UGT y mucho menor de CNT.
h.6. Especial encono con las tiendas de firmas de moda (excepto El Corte Inglés, férreamente acordonado por policía nacional).
h.7. Culminación en Sol con cánticos contra la Presidenta de la Comunidad.
Eso es, más o menos, lo que pudo apreciar este viejo Dacio Gil mientras apatrullaba (a pie, naturalmente) la ciudad en silencio expectante junto a su conciencia.

Tiene claro el usufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia que las huelgas fotogénicas ya no sirven socialmente. Hay que buscar nuevos mecanismos y actores. Esta huelga, además, tiene muchas interrogantes que la minan en su esencia y debilitan a sus aparentes beneficiarios: los sindicatos y el Gobierno.

Se hace cada vez más imprescindible que aparezca un auténtico líder democrático que trate de detener este sinsentido institucional manejado por camarillas. Una autoridad moral indiscutible. Un hombre bueno (o una mujer con principios). La ciudadanía, harta de engaños y desfalcos de unos y de otros, parece demandar que alguien verdaderamente la oriente y frene tanto avasallamiento institucional. Alguien sin ataduras ni pesebre. Alguien que no busque réditos electorales ni confesionales. Que pueda hablar sin prisa, sin orbyt ni vocento. Que transmita la esperanza que nadie es capaz de transmitir y que ponga orden en las pocas instituciones públicas que subsisten. Que haga desaparecer engaños, camarillas y quistes. Que pueda llegar a tiempo, en fin, de evitar las insurgencias, las asonadas, los putch. Esos movimientos insurreccionales como el que nos llega noticiado de Ecuador, parece que los jueces españoles -al menos algunos de ellos, muy significados- los añoraran.

La cosa es muy seria. Las noticias procedentes de Ecuador duelen y sobresaltan a este viejo Dacio Gil. Y deberían inquietar a los ciudadanos de bien. La violencia institucional que se mastica en el mundo contra las personas es intolerable ¡Demasiadas camarillas con una autarquía insólita se han apoderado de los restos de las instituciones públicas! La teoría de la “aniquilación” ha tomado cuerpo en la época de postguerra mundial sin conflagración en la que nos movemos…y con los bancos, como siempre en la historia, dispuestos a financiar -una vez saneados por los ciudadanos- a los golpistas de la más baja ralea y condición. El doble vínculo.

El mundo en este siglo XXI parece un volcán que se estuviera desperezando. Ecuador es un país de volcanes. Tomemos nota: algo sucio se está dando en aquel terruño hollado por españoles en el que está situada “la mitad del mundo”. ¿Qué pasa en la otra mitad? Pues casi lo mismo.
Vayamos recordando las plegarias al uso, por si acaso. La historia y los escenarios parecen repetirse.

martes, 28 de septiembre de 2010

LA FIESTA DE LOS JUECES.

Le cueste a quien le cueste habrá que reconocer que intentamos analizar el escenario público con un instrumental absolutamente obsoleto. La valoración de la Comunidad Autónoma de Madrid es un claro ejemplo. Es un auténtico acierto Albert Boadella en los Teatros del Canal. O Fernando Sánchez Dragó en la televisión autonómica. Lástima la supresión de su “Dragolandia”, programa cultural que estaba muy por encima de la media española de los últimos años.
Boadella ha tenido en cartel hasta ayer mismo la obra de Heinrich von Kleist el cántaro roto en una inteligente adaptación ampliada de Ernesto Caballero que introduce una contextualización española muy atinada que recuerda al CGPJ en plena orgía festivalera con el público. Por así decir, Caballero inserta el cántaro roto, que es una sátira judicial de hace 200 años de plena actualidad (el discrecional arbitrio judicial maridado con la arbitrariedad, no se ha alterado con el paso del tiempo) en un contexto de cánticos y fiesta de los jueces en su afán –vano afán- de querer hacer ver que son parte de la sociedad toda. Mas o menos como las jornadas de puertas abiertas bajo el lema “la justicia la hace el ciudadano” que recientemente se inventó la oficina de prensa del CGPJ.

El cántaro roto es un drama corto que satiriza el sistema judicial en un marco de abusos de poder y corrupción: El juez Adán debería hacer justicia sobre la rotura de un cántaro en la vivienda de Eva, pero se despeña por un abismo de triquiñuelas legales e ilegales para ocultar que fue él, Adán, quien rompió el cántaro. La interpretación de Santiago Ramos borda ese mundo de engaños judiciales que terminan desquiciando a la madre haciendo de abogada, al secretario, al imputado y a su señor padre, a todo quique y al propio público también, que ríe doliéndole lo que ve. El espectador se mueve inquieto en la butaca mientras ríe como se ríe y grita de angustia y miedo en la montaña rusa. Pero se ríe al fin, pues se trata de una comedia, de una sátira intemporal de un autor como von Kleist que aspiraba a que el ideal de justicia humana pudiera aplicarse objetivamente entre los hombres (un sistema judicial que, como indica su director de escena, “se parece inquietantemente demasiado al actual de España”).

Pero la obra de Ernesto Caballero es la fiesta de los jueces de la que el cántaro roto es un eslabón irreverente festivo más. Los miembros del consejo de jueces cantan y bailan y quieren hacer partícipe de su gozo a la sociedad. Y en eso los jueces se manifiestan humanos, demasiados humanos, compendio corrompible de ambiciones y frustraciones y de altos y bajos instintos y pasiones. El resultado resulta cómico pero inquietante: ¡es tan fidedigno con lo que en la actualidad nos acontece y sufrimos que los magistrados y magistradas que se crean descendientes de Dios en la tierra tienen que sentir un helador escalofrío al verse en ese espejo! Algunos espectadores se revuelven inquietos en la butaca y algunos se levantan y abandonan airados la representación. Se trata sin duda de magistrados reales o virtuales, de la democracia o del triste TOP. Los más jóvenes aplauden a rabiar y ríen los juegos de palabras y las situaciones absurdas que la compañía El Cruce, con Santiago Ramos y Ernesto Caballero a la cabeza de todo un elenco que está a una gran altura, va desgranado entre bailes y canciones.

Ernesto Caballero merecería una distinción oficial por el espléndido ensamblaje de su obra que engrandece aún más a Kleist. Su lúcida, actual y desprejuiciada iconoclasia hace reír, pensar y dudar de las institucionalizaciones humanas. Estamos necesitados de caballeros andantes como Caballero que nos despierten de este mal sueño en la larga noche oscura en la que nos encontramos.

Los espectadores canarios, manchegos y madrileños hemos disfrutado de este producto auténticamente cultural les pese a quien les pese. Parece que la representación se irá extendiendo (casi es mas certero el vocablo desparramando) por toda España. ¡No dejen pasar el verla! El viejo Dacio Gil se tiene prometido volver a verla donde quiera que se represente, haciendo turismo temático a la capital que acoja a esta compañía El Cruce, pues eso si que son solomillos de cultura y no el gato por liebre que nos colocan de matute las televisiones y productoras. Si, solomillo de cultura; no se inquiete el curioso lector por una metáfora tan alimentaria animal. Pero animales nos están haciendo con tanta carne roja, rosa y amarilla.

El lector inteligente habrá reparado que en una época de indigencia teatral en España se están representando dos obras de Heinrich von Kleist. Por un lado el cántaro roto y, por otro, la Marquesa de O que inmortalizase en los años 70 Eric Rohmer en el cine y que ahora dirige Magüi Mira e interpretan Tina Saiz y Amaia Salamanca (Barcelona, Teatro Romea, hasta el 12 de octubre). Una historia de honor humano –y también de justicia- en medio de un curioso embarazo que parece imaginario.

La actualidad teatral nos permite reflexionar unos instantes sobre Heinrich von Kleist de imprescindible lectura para quien crea, o crea creer, en la justicia y el Poder. Kleist, un funcionario descreído de instituciones garantistas y revoluciones pero cuyo lema era “por encima de todo siempre vence el sentimiento de justicia.”
Quien leyendo Michael Kohlhass no se conmueva es que carece de alma: un tratante de caballos que es objeto de un abuso de poder y trata de solucionarlo por la vía de los tribunales y la legalidad. La venalidad judicial y la falta de independencia le hacen perder todos los juicios. Y lo que es más importante: perder el juicio por acumulación de impotencia. Un Kohlhass del que Ernst Bloch llegó a decir que es homologable a El Quijote con la diferencia de que éste lucha sin apoyarse en ninguna institución, mientras que Kohlhass lo hace apelando a las autoridades, jueces y leyes existentes, llevándolas hasta sus últimas consecuencias con un resultado perverso para él: termina con la cabeza bajo el hacha del verdugo. Quien lea con detenimiento Michael Kohlhass o tenga el privilegio de asistir a la fiesta de los jueces y no le flaqueen las convicciones morales y jurídicas al uso es que tiene internalizado aquel apotegma totalitario expresado por Caifás de “ conviene que sólo un hombre muera por el pueblo y no que toda la nación perezca” al descubrirse el fraude en el que se basa la institucionalización de las garantías de la convivencia. De ser así, debería acudir con urgencia a un psicólogo a revisarse pues puede anidar en él una personalidad psicótica.

Verdaderamente la justicia es tal como se la representa. Es un interminable baile de máscaras, birretes, togas, pelucas, mucetas, mazos y puñetas. Tan interminable que, terminada el día 26 la representación en Madrid de la fiesta de los jueces, han comenzado ya el 27, sin solución de continuidad, los carnavales del caso Marbella que amenaza con el bombardeo mediático durante un año. El libreto es conocido: se disolverán todas las responsabilidades en florilegios forenses, prescripciones y deficiencias probatorias. Y se buscará un fiambre para imputarle todos los crímenes para que la fiesta siga “y la nación no perezca”.

El viejo Dacio Gil tiembla ya por eso mismo. Seguro que ya está cocido que van a buscar un Gil para imputarle todo y dejar las fruslerías menores para que el populacho trague carnaza. Si la festividad del Chivo ya está pasteleada, el viejo Gil habrá de esconderse no sea que en el delirio transgresor de estos carnavales judiciales-políticos-mediáticos entre la policía científica, el Ministerio Público (que no mengua en retribuciones y sinecuras aunque el sector público ya sea literalmente inexistente) y Sus Señorías busquen un chivo expiatorio de trazas Gil, pasando el humilde usufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia a ser fiambre por obra y gracia de algún sicario a la sazón agente secreto engrasado con fondo de reptiles, para poderle imputar a Gil todas las barbaridades perpetradas y consentidas y que los demás no terminen tirando de la manta dejando al descubierto la desnudez imperante.

El viejo Dacio Gil tirita porque los jueces y juezas tras las fiestas también se emborrachan, cantan, se entregan a la concupiscencia irrestricta, adoran al becerro de oro y hasta se solazan con la televisión basura. No se diferencian en nada de los demás humanos; vagos y maleantes incluidos.

Heinrich von Kleist no pudo soportar los carnavales de su época. Sus coetáneos no le tuvieron en la consideración debida. Era un genio que sólo fue reconocido con posterioridad. Como pasa siempre con los genios.

domingo, 26 de septiembre de 2010

GESPRO COMO SÍNTOMA Y COMO METÁFORA.

Si es que se veía venir. Con el humo informativo y los esperpentos mediáticos de género y corazón intentan cegar los ojos de los resignados ciudadanos conformistas, pero nos movemos en un lecho de detritus, de bilis y de regüeldos. Intentan entre unos y otros narcotizar al mujerío y al hombrerío para que todos los escándalos no estallen a la vez. Minas antipersonas, si, pero de detonación retardada. Sin embargo terminará estallando hasta la contabilidad de las asociaciones de apoyo a los patos o a los toros o las de preparación de la intendencia de los postreros peregrinos a Santiago. Es como si también en el subsuelo estatal todo estuviese carcomido: las academias de idiomas, los equipos de fútbol, las ONGs, los cepillos de las iglesias, los repartidores domiciliarios de pan y leche ¡y se destapa ahora lo de las administraciones (gestoras se llaman ahora) de comunidades de vecinos! El usufructuario de esta Tribuna Alta Preferencia se interroga por qué no han esperado un poco a sacarlo, si cualquiera que trate hoy con una administrador de fincas (todos basados en un eficiente empleado-contable-maquillador apellidado Excel) sabe que escaquea, de una u otra forma. Ahora resulta que al menos 300 comunidades de vecinos de Madrid están siendo víctimas de fraude por sus administradores.

Un dilecto amigo de Burgos se lo viene anunciando desde hace tiempo a este viejo Gil: retoma - dice- la administración de tu casa que el agujero será ya millonario cuando te quieras dar cuenta, sólo hay que levantar el velo del programa informático. El burgalés, que es avispado, procura no gastar en vano y aspira -además de otras muchas propiedades logradas con el sudor de su frente y el cálculo de su balance económico- a una lápida de mármol de carrara en el cementerio, por eso desde hace varios años ha avocado para sí todas las competencias de los administradores de sus pisos. Y lo grande es que, con los datos en la mano, ha podido convencer para ello a los demás copropietarios de las varias comunidades en las que tiene alícuota; lo que no es nada fácil en este mundillo de inquinas vecinales e intereses estrictamente personales.

Se lo llevan. Si, se lo llevan. O, en el mejor de los casos, lo contabilizan mal...pero no lo devuelven. En eso si que Dacio Gil es nostálgico pues conoció administradores de fincas honestos a carta cabal que no se les quedó un céntimo entre uña y carne. Antes al contrario: ponían su escaso dinero y mucho, mucho de su tiempo robado al reposo familiar, sin siquiera pasárseles por la cabeza el recurrir a los "propios" que hoy se llevan para sustituir estructuralmente al sedicente administrador en los actos que requieren su asistencia. Eran otros tiempos; eran otros hombres; eran otras bases éticas y morales. Había un concepto claro de justicia e injusticia. El propio padre y el suegro de este viejo Gil (honestos los dos, ejemplares ambos) hubieron de pluriemplearse como administradores de fincas, para sacar a la familia adelante. Cuando asentaron su posición profesional y la hubieron de dedicar más tiempo, dejaron de administrar fincas urbanas. O témpora, O mores!

Hemos vivido en España una burbuja capitalista exacerbada que ha aniquilado valores esenciales de convivencia. Ya no se recuerda qué es eso de administrar “como un buen padre de familia”. Y los administradores pluriempleados a la antigua usanza si que lo eran. Vaya si lo eran. No les cabía otra en aquella época de estrecheces. El paraíso informático y monetario nos ha puesto en esta tesitura: El reinado de la apariencia y el maquillaje verbal (y de programación económica) ha mutado los honestos administradores de fincas en las pomposas “Gestoras de Comunidades” de hoy, con sus secretarias, telefonistas y machacas que sustituyen al secretario-administrador en la Junta General de la Comunidad de Vecinos y en casi todas las gestiones. Una franquicia, vamos, como esta dichosa GESPRO. Las presentaciones Excel han permitido, por otra parte, emborrachar a los copropietarios con una dorada lluvia de datos sólo descifrables con mucha paciencia… y manejando los documentos y facturas originales que nunca están a su disposición de buen grado.
Ninguno de los vecinos se para a pensar si los datos facilitados para la Junta coinciden al menos con el saldo bancario de la Comunidad, con la consignación básica de ingresos y gastos habidos. ¡Menudas sorpresas y sobresaltos surgen cuando se pide un extracto bancario a fecha determinada previa a una Junta General!
Las “Gestoras de Comunidades” son una hipoteca legal colada de rondón por el Gobierno Aznar al hacer suya una aspiración del Lobby colegial. Y el titular gestor se prevale de la situación inmanente (las inquinas y resquemores de los vecinos entre sí, bloquean la adopción de decisiones lógicas) para vivir como una reinona que, a lo sumo, pasa el trago anual de la Junta General: tres carajillos, dos rones y un lexatín y asunto concluido, en la Junta no hay alcoholímetros y en muchas, además, se sirven refrigerios. Y que la Junta dure, dure, dure… y los asistentes se cansen, cansen, cansen...de naderías tratadas con desproporcionada enjundia.

Desde que se sustituyeron los libros de actas foliados y autenticados esto es Jauja. El primer caballo de Troya fueron los libros de hojas intercambiables, luego el tratamiento informático-contable, luego la solemnización del secretario-administrador obligatorio y por fin las personificaciones jurídicas -por lo general S.R.L-, de éste para limitar las eventuales responsabilidades... que puedan llegarse a destapar. Hoy todo se puede posponer, amañar, retrotraer y rectificar. Nada ya es sólido y fidedigno. Chapucerías elevadas a dogma por la presentación informática ininteligible. O inteligible con paciencia y mucho oficio contable y experiencia. La mascarada del desarrollo de la Junta General es otra historia. De ciencia-ficción.

El viejo Dacio Gil por su provecta edad ha conocido administradores enajenados, defraudadores fiscales, incapaces por apocamiento, vividores, “capitanesgenerales”, pasotas, eternos dimisionarios que nunca dimitían y "chinchetas" imposibles de ser despegadas; es decir, de remover de su cargo ni con decapante. Cualquier Comunidad es un largo rosario de incidencias e incidentes, como la vida misma, como el Consjo de Ministros y el Parlamento. Y eso si no se trata de un condominio que en ese caso …es... es... un engendro ingobernable en el que se proyectan todas las vanidades humanas.

Y para qué hablar de las reparaciones de fachada y el spiderman comercial que se nos promete que vuela y se encarama. Mucho más caro que la revocación tradicional. Pero como los administradores no dejan de ser políticos de tres al cuarto (aunque alguno gasta un porsche; no se crea el eventual lector), juegan con el miedo y la aspiración a la inexpugnabilidad domiciliaria. A las marujas (ya sean hombres o mujeres, que en esto hay auténtica paridad en una Junta de vecinos) les venden que el trabajo de los spidermen es limpio y nada aparatoso, verdaderos trapecistas;hasta se suele traer a un extranjero a que cante a los asistentes a la Junta las excelencias, capurreando, del rapelar revocando la fachada. La comunidades suelen aceptar el reto de los escaladores. Lo malo es que el viejo Dacio Gil no conoce una sola comunidad de vecinos (lo del condominio es ya novelesco) que por “inevitables razones técnicas” no hayan visto instalados los andamios mientras veían esfumarse a los spidermen al primer día de su aparición. Llegando después unos bullangueros encaramadores de andamios. ¡En todos los casos! Y el trueque se hace ya sin Junta General, una simple Nota Informativa basta.

Somos-como dicen los optimistas y se ha recordado ahora con el bicentenario de las cortes de Cádiz- una Nación elegida por Dios, privilegiada, regida por los mejores hombres públicos: Gescartera, Forum Filatélico, Convoluto, Estraperlo, Gürtel, 5%, Filesa, Cajas de Ahorros, Roldán, ayudas al lino, Colón de Carvajal, Paesa, Opening, EXPO de Sevilla, el CSIC, estafas piramidales varias, tocomocho, trile, agencias de viajes esfumadas, Marbella, Mutua Madrileña y sus tres partes, multipropiedad, ITV automovilística, ITV de los edificios, la ORA, los controles de velocidad con radar, los falsos inspectores del gas y ahora, para colmo, las “Gestoras de Comunidades” como esta GESPRO.
Las comunidades de vecinos son para los políticos un fácil sujeto de imputación económica y fiscal. Se ceban con ellas, indefensas por incapacidad de consenso interno. Y el efecto dominó de GESPRO y de lo que venga en cadena les va a abrir los ojos a estos recaudadores compulsivos para seguir sacando dinero fácil: el comisario municipal en las Juntas y el Inspector de comunidades para controlar los buzones, los trasteros, las antenas y las plazas de garaje. Además de una contribución a un fondo de garantía específico no reembolsable. Mientras, los caraduras seguirán viviendo Excel va Excel viene. Acaso también se crearán auditores de comunidades de vecinos y si el administrador robó o no pagó los impuestos, contribuciones o la seguridad social del portero: multa solidaria a la comunidad que confió por escrito en el mangante. Estado de indefensión permanente de la personalidad jurídica colectiva vecinal. Mientras tanto, el Colegio de Administradores silbará mirando hacia otro lado, pues se sabe inmune e impune por las dádivas del poder; a lo sumo procurará cursos con baja cuota de inscripción bonificada para presidentes y vicepresidentes y demás marujos y marujas interesados.

El grave tema de la falsedad estructural de las gestoras de comunidades se saldará con nuevas burocracias y nuevas exacciones. Como siempre. Así, seguirán aumentando los vecinos morosos en las comunidades, alcanzando ya el índice de morosidad casi el 20 % en toda España. Conclusión: los ciudadanos se verán atacados en su economía desde el exterior (exacciones públicas y fraudes de los administradores), desde el interior (los vecinos morosos o de dudoso cobro) y desde la jurisdicción (gastos procesales cada vez más onerosos).

Mientras tanto la prensa bicolor (amarilla y rosa) nos bombardea ayer y hoy con la foto de esos señores satisfechos de haberse conocido celebrando el bicentenario de las Cortes de Cádiz, que se enumeran por orden de autoenamoramiento propio:
1. Don Francisco Javier Rojo García, linotipista él de lejana profesión, que se adora por haber llegado tras una larguísima concatenación de cargos públicos pensionados todos, a ser la segunda autoridad del Estado , habiendo obtenido (?) un doctorado honoris causa en una perdida universidad del Perú. Se aprecia a la legua que literalmente se adora. Él mismo se pondría de ejemplo curricular erga omnes: linotipista, sindicalista y juego de la oca político: de oca a oca y me nombran porque me toca. Al viejo Dacio Gil le causa estupor y turbación la figura del navarro don Javier Rojo. Paradigma de la deriva del país. Ejemplo de entusiasmo de haberse conocido y codearse con el Rey de España. Es el actual presidente de esa institución singular llamada Senado.
2. Don José Bono Martínez, un personaje inaprehensible. Nadie le conoce cabalmente su “bono-mía” (¿pero viene de don José la palabreja?). En sus miradas captadas por las fotografías parece apreciarse como si despreciase el peloteo (¿protocolo se dice, no?) del señor Rojo al Rey. Pero se ríe sin un pelo de tonto en el rictus. Cree –o sólo dice- que España es una elegida de Dios y de la Historia. No parecen las palabras de un indigente que no tenga dónde caerse muerto, a lo sumo de un ser poco documentado; como si dijéramos, superficial, para entendernos. Pero debe de ser sólo un espejismo, pues se trata del presidente del Congreso.

A ellos -y a otros tantos más- tal vez no les importe mucho el caso Gespro. Tienen otros administradores y más altas aspiraciones y preocupaciones. Pero el tema es muy serio. Más de lo que parece a simple vista. Síntoma y metáfora de lo que está por venir. La punta del iceberg. ¿Quién podrá parar el indefectible efecto dominó? Chi lo sa.